Recomendaciones de la Agencia de Calidad Sanitaria de Andalucía

Nº 18.- Competencia cultural

Marzo/2013

Introducción

Los grandes movimientos poblacionales derivados de la migración, las guerras o las grandes hambrunas, han convertido a las ciudades en auténticos mosaicos multiculturales. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística de 2003, el número de personas extranjeras empadronadas en España se ha multiplicado por cuatro desde 1998, representando en la actualidad el 6,2% de la población total. Madrid, Cataluña y Valencia acogen casi el 60% del total de población extranjera, mientras que en Andalucía, Islas Baleares y Canarias reside el 22,1 de la misma. Con respecto a la Comunidad Andaluza, el 3,71% de su población es extranjera. En el ámbito de la salud, esta realidad hace aún más compleja la atención sanitaria de estas personas; de hecho, con frecuencia los contactos interculturales tienden a verse como situaciones conflictivas, “en tanto que la proximidad al otro, el desconocimiento que sobre otros grupos culturales se tiene, provoca diversas reacciones que van desde posturas paternalistas hasta posturas racistas y xenófobas” (Tarrés Chamorro, S. 2001). En este sentido, el Manual de Atención Sanitaria Integral a Inmigrantes, publicado por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía en 2007, afirma que el incremento en los últimos años de la población inmigrante en la Comunidad Andaluza plantea dificultades a los servicios sanitarios. Entre los elementos que condicionan la normal integración de las personas al sistema se encuentran las barreras culturales; a su vez, los riesgos derivados de la diversidad cultural vienen determinados por las diferencias en la forma de entender la salud y la enfermedad en sus culturas de origen, así como por la desconfianza que puedan tener acerca del respeto hacia sus creencias. El proceso de inmigración no sólo implica a los inmigrantes, sino también a la sociedad receptora; de este modo, los servicios de salud se convierten en un lugar privilegiado para los encuentros interculturales. Pero el fenómeno de la multiculturalidad precisa de “la aceptación y respeto por las diferencias culturales, la sensibilidad para entender cómo esas diferencias influyen en las relaciones con las personas y la habilidad para ofrecer estrategias que mejoren estos encuentros culturales y alivien las desigualdades existentes” (García-Carpintero Blas, E. Rico García-Amado, S. 2012).

Para articular las respuestas al fenómeno de la multiculturalidad y a los problemas de salud de la población inmigrante, en Andalucía desde el año 2001 se han desarrollado diversos Planes Integrales que pretenden conseguir, entre otros objetivos, el establecimiento de relaciones de interculturalidad basada en la especificidad de cada cultura, capacitando a los profesionales de la salud para una mejor atención al emigrado y sus familias. La presencia, cada vez mayor, de personas de diferentes culturas en nuestro medio supone un verdadero reto para el sistema sanitario y sus profesionales.

Situación actual

Los Programas de Certificación de la Agencia de Calidad Sanitaria recogen diversos estándares de calidad relacionados con el fenómeno de la migración, la diversidad cultural y la multiculturalidad en el ámbito de la atención sanitaria. Con respecto a los Programas de Certificación de Centros Asistenciales y Unidades de Gestión Clínica (UGC), sus manuales de estándares incluyen 12 indicadores de calidad relacionados con estos ámbitos. Entre éstos, el 100% de los Centros en proceso de certificación han aportado 3 que son obligatorios para alcanzar la certificación: “Se garantiza el cumplimiento de los derechos del paciente”, “Los pacientes son informados de todos los aspectos relacionados con su problema de salud” y “Está garantizado el acceso a la atención sanitaria a las personas inmigrantes”; por el contrario, el estándar “Es conocido y utilizado por los profesionales la Carpeta de Salud del Plan de Atención Integral a Inmigrantes de la Junta de Andalucía” es el que con menos frecuencia aportan. En el mismo sentido, el 100% de las UGC en proceso de certificación cumplen con el estándar “La Unidad de Gestión Clínica difunde el contenido de la Carta de Derechos y Deberes” y “Las personas son informadas de todos los aspectos relacionados con su salud”, mientras que el estándar “La Unidad de Gestión Clínica realiza una valoración de la persona y su entorno para identificar sus necesidades y facilita su acceso a recursos de apoyo” es el que se aporta con menos frecuencia (62,9% de las UGC en proceso de certificación de la calidad).

En relación a los Programas de Acreditación de Competencias Profesionales, 15 de sus manuales incluyen 10 Evidencias relacionadas con el fenómeno de la multiculturalidad en el ámbito de la atención a la salud. Hasta la actualidad, los profesionales en proceso de acreditación de sus competencias han aportado alguna de estas evidencias en el 31% de los proyectos de acreditación en curso, destacándose que dos de estas evidencias se ha aportado en más del 70% de los proyectos:

  • Realización de intervenciones para el abordaje de personas inmigrantes y/o con diferencias transculturales (73,9%).
  • Desarrollo de estrategias de intermediación cultural (72,7%).

Finalmente, en el ámbito de la Acreditación de Actividades de Formación Continuada, desde el año 2005 hasta la actualidad, la Agencia de Calidad ha acreditado más de 600 actividades de formación organizadas por centros sanitarios del SSPA, relacionadas con áreas temáticas referidas a la diversidad cultural, migración, transculturalidad, multiculturalidad, interculturalidad, diversidad cultural, competencia cultural y migración. Para estas actividades formativas se han ofertado más de 26.000 plazas para el conjunto de los profesionales sanitarios.

Recomendaciones

A pesar de que los Procesos de Certificación están poniendo de manifiesto el buen nivel de cumplimiento de criterios de calidad, tanto por parte de los centros y unidades asistenciales, como de los profesionales y de sus actividades de formación, la Agencia de Calidad Sanitaria entiende que esta compleja realidad social y sanitaria justifica la necesidad de formular las siguientes recomendaciones:

  1. Desarrollar habilidades culturales: la realización de prácticas profesionales culturalmente adecuadas a las características de los usuarios, hace que las intervenciones sanitarias sean más eficientes.
  2. Desarrollar una conciencia y sensibilidad cultural: es ser respetuoso, aceptar y apreciar los valores y las creencias, los estilos de vida, prácticas y estrategias de resolución de problemas de las personas que forman parte de otras culturas. Por lo tanto, la conciencia cultural requiere una autoevaluación continua de los propios prejuicios hacia otras culturas, así como un análisis profundo de la propia procedencia cultural (Papadopoulos I. 2006).
  3. Promover el encuentro cultural: este proceso estimula al compromiso del profesional con los usuarios (CampinhaBacote, 2003). En los contactos entre el profesional y los usuarios es importante cuidar al máximo las condiciones en las que éste se produce (contacto visual, expresiones faciales, contacto corporal, lenguaje no verbal, etc.), con el fin de obtener un resultado positivo que permita una atención pertinente y de calidad (Martínez M.F, Martínez J, Calzado V. 2006).
  4. Actuar como mediador/a intercultural: el profesional que atiende a la población inmigrante debe capacitarse como “mediador/a intercultural” de las personas que atiende. Se trata de ser capaz de adecuar la práctica profesional diaria a los hábitos de vida, costumbres y creencias que proceden de culturas distintas y desconocidas y que intervienen en el estado de salud de los pacientes y en su forma de enfermar o curar (Manual de Atención Sanitaria a Inmigrantes. Consejería de Salud Junta de Andalucía. 2007).
  5. Desarrollar competencias específicas relacionadas con el manejo de elementos estratégicos en el ámbito de la diversidad cultural:
    • Conocimientos profundos en relación a las creencias sobre el bienestar, la salud o los sistemas de curación de las distintas culturas: ello permitirá mejorar la relación paciente-profesional, la adherencia a los tratamientos, planes y cuidados a seguir, aumentar la satisfacción y facilitar la continuidad asistencial.
    • Abordaje de los aspectos culturales y de género:
    • Características especiales de la vacunación en personas inmigradas: conocer los calendarios vacunales de los países de origen, utilizar estrategias para aumentar la cobertura vacunal, o no desaprovechar oportunidades de vacunación, son elementos fundamentales que los profesionales sanitarios deben incorporar a su práctica.
    • Salud mental y migración: la inmigración es un Acontecimiento Vital Estresante y, como tal, puede ser un factor de riesgo para la salud mental de los inmigrantes, que incide directamente en su forma de entender y manejar su salud y sus cuidados. (Sayed-Ahmad Beiruti, N. Río Benito, M.J. Fernández Regidor, G. 2007). Así, la comunidad de acogida y, desde luego, los profesionales sanitarios que le atienden, juegan un papel crucial en el proceso de adaptación.
    • Enfermedades relacionadas con la inmigración: las patologías y procesos más prevalentes en la población inmigrante son determinantes de su salud, tanto desde el punto de vista biológico, ambiental, socio-económico, cultural, o sanitario.

En definitiva, los elementos que aseguran un adecuado manejo profesional frente a las personas culturalmente diferentes, configuran la denominada COMPETENCIA CULTURAL, entendida como el “conocimiento, entendimiento y habilidades sobre un grupo cultural diverso que permite al profesional de la salud proporcionar cuidado cultural aceptable” (Asociación Americana de Enfermería, 2007). La competencia cultural es un concepto emergente, enfocado a encontrar la mejor manera de relacionarse con personas culturalmente y étnicamente diversas (Kripalani S, Bussey-Jones J, Katz M, Genao I. 2006). En palabras de Osorio-Merchán y López Díaz, 2008) “la competencia es un proceso continuo que involucra la aceptación y el respeto de las diferencias y no permite que las creencias personales propias tengan una excesiva influencia en aquellos quienes tienen una visión del mundo diferente de la propia”.

Ser culturalmente competente supone conciencia de las propias actitudes y creencias, conocimiento acerca de las diferencias culturales entre los diversos grupos humanos, habilidades para trabajar con esos grupos, deseo cultural para comprometerse en el proceso de adquisición de conciencia, conocimientos y habilidades culturalmente adecuadas (Campinha-Bacote, 1998; Campinha-Bacote, 2000; Sue, Arredondo y McDavis, 1992).

El desarrollo de la competencia cultural permite a los sistemas sanitarios incorporar nuevos enfoques en el proceso de atención a la salud de sus ciudadanos. “La construcción de un interés común guiado por valores étnicos universales, es la garantía de que la multiculturalidad se oriente hacia la interculturalidad” (Cobo, R. 1999). La interculturalidad supone ir más allá del reconocimiento de la existencia de varias culturas: busca generar intercambios y reciprocidades entre los diferentes grupos respecto a las formas de entender y asumir la vida. Sin lugar a dudas, la salud es una de las problemáticas de mayor complejidad y sensibilidad frente a la diversidad cultural (Narváez Gonzales, R.H. 2011). La conceptualización de la interculturalidad en salud se desarrolla a partir del fenómeno de la globalización, que tiende a incorporar el derecho a la diferencia, distinguiendo y propiciando la convivencia entre distintos grupos culturales en un mismo territorio (Salaverry, O. 2010).

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