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Cítricos: riesgo de daños por caracoles y babosas

12/02/2019

Tras observarse en la última semana, de manera anecdótica, daños por caracoles y babosas en frutos de variedades Medias y Tardías por recolectar, y preverse para los próximos días temperaturas máximas en torno a los 21ºC y cielos despejados, se hacen necesarias las siguientes consideraciones sobre estos moluscos gasterópodos.

Si bien, los caracoles y babosas terrestres son considerados en el cultivo de los cítricos como una plaga secundaria, según la época y/o la edad del arbolado pueden causar de manera ocasional graves problemas. Los daños más importantes que producen son los ocasionados en otoño y primavera sobre los frutos, y es que tanto caracoles como babosas poseen en la boca una estructura llamada rádula con miles de dentículos que les sirven para raspar, produciendo heridas que penetran hasta el albedo (parte de la corteza más interna y de color blanco). En plantaciones de hasta cuatro años pueden afectar al desarrollo vegetativo del árbol al alimentarse de brotes, ramas y hojas. También pueden producir daños en las hojas, aunque sin apenas repercusión para el cultivo adulto.

Actualmente, en invierno, caracoles y babosas pasan por un periodo de hibernación. Éste será más corto o más largo según fotoperiodo y temperatura. Dichos factores deberán tenerse en cuenta, especialmente, en las zonas citrícolas ubicadas en provincias litorales de Andalucía, donde los inviernos suelen ser más suaves. Por tanto, con un periodo de hibernación más corto, podrían producirse en esta época del año daños en frutos tras un periodo de altas humedades o lluvias.

En el marco de la Gestión Integrada de Plagas, la Guía de Cítricos recomienda para el seguimiento y estimación del riesgo para el cultivo realizar un seguimiento de los niveles poblacionales mediante el uso de tablas de madera de 30 cm x 25 cm con tacos de 3 cm en los extremos colocadas bajo la copa de un árbol. Cada mes aproximadamente se realiza un conteo de los caracoles que se han fijado a la tabla a modo de refugio.

Como en el resto de plagas y enfermedades, en su control poblacional se antepondrán a los métodos químicos, y siempre que sea posible, medidas culturales, medios físicos, control biológico, control biotecnológico, etc. Ejemplo de ello se encontraría:

  • Evitar que las ramas toquen el suelo o las malas hierbas.
  • Diferentes aves pueden ayudar al control de la plaga, incluso aves domésticas.
  • Pueden colocarse láminas de cobre alrededor del tronco para evitar la subida de caracoles y babosas al árbol.
  • Pueden establecerse franjas de terreno limpias de malas hierbas que dificulte el desplazamiento de la plaga.
  • En otros casos podrían mantenerse zonas con malas hierbas que sirvan de foco de atracción de la plaga para poder tratar más tarde sobre ellas, evitando así tener que hacer aplicaciones en el cultivo.
  • Si la plaga está bien establecida en el cultivo, como último recurso podrán utilizarse aquellos medios químicos autorizados en el Registro de Productos Fitosanitarios del MAPA, que a fecha de esta actualidad fitosanitaria son el Metaldehido y el Metiocarb, ambos aplicados al suelo con una distribución general en forma de cebo. Esta acción debería ir acompañada de un buen control de las malas hierbas, especialmente en las zonas de goteros. Matizar que, en éstos momentos, en Producción Integrada de Cítricos en Andalucía, solo está permitido el Metaldehido.