REFLEXIONES
SOBRE EDUCACIÓN PARA LA CONVIVENCIA Y LA PAZ Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS.
A lo largo de la historia, la humanidad ha resuelto sus conflictos y
desavenencias mediante la guerra. Muchas veces nuestra alternativa personal para
resolverlos es la violencia y la imposición. En lo cotidiano, vemos
continuamente que cuando un poder social o una persona se impone sobre el
“otro”, están predispuestos a hacerlo por el mismo sistema: la fuerza. Y cuando
hablamos de conflictos, no nos referimos tan sólo al conflicto bélico sino
también a la contraposición de intereses entre personas o grupos o las
diferentes formas de entender las situaciones o actos. Nos referimos al
conflicto como un hecho natural de las relaciones sociales por lo que su
solución no puede ser mediante la violencia pues estaríamos asegurando de forma
permanente una sociedad violenta.
Se acepta que la
fuerza es el recurso último o habitual cuando está interiorizado como
parte de la cultura propia y de nuestra forma de hacer para obtener la razón. De
esta forma se continúa dando ejemplo para perpetuar el mismo mecanismo de
resolución de conflictos, la fuerza, y se está construyendo una sociedad
violenta y en permanente amenaza, siempre en nombre de la razón y la
verdad.
Pero a pesar de esta
realidad, la mayoría de las personas continuamos pensando que la violencia y la
imposición no es el mejor camino para resolver los problemas y que una sociedad
en paz sería muy deseable para el bienestar propio y para el progreso de la
humanidad. Para ello, para conseguir una sociedad en paz, como rasgo distintivo
de la especie humana, tenemos la inteligencia que nos permitiría comprender y
reflexionar sobre la realidad que nos rodea desde una perspectiva global, además
de comunicarnos, asociarnos y utilizar la libertad para crear y construir una
sociedad mejor. También es cierto que la inteligencia se puede utilizar para
todo lo contrario, pero seria una inteligencia mal entendida en cuanto que estas
actuaciones van en contra del progreso de la misma humanidad.
Por tanto la paz sería evidentemente una ausencia de guerra, pero ante
todo y como estructura preventiva, la paz sería un estado activo de toda
sociedad en la búsqueda de una sociedad más justa en la que los mecanismos para
resolver los conflictos deberían ser los propios de las capacidades que la
inteligencia humana nos permite: la comunicación, el diálogo y la cooperación.
Estas capacidades consideradas básicas de una cultura de la paz, deberían
ser aplicadas en todos los ámbitos y escalas de la sociedad: en la familia, en
el centro educativo, en el barrio, en la empresa, en la política y también a
nivel local y a nivel internacional.
Por esto, la paz también es
un punto de referencia hacia el que se ha de caminar, y sobre todo responde a un
modelo de convivencia y desarrollo sostenible en el futuro. La utopía es un
instrumento al servicio de la transformación de la sociedad. La educación ¡tiene
que tener también esta función transformadora! y necesita de utopías para ir
hacia ella. La paz, la justicia, la libertad, la democracia, la tolerancia y el
desarrollo, ¿utopías? ¡benditas utopías!. No podemos olvidar que en la raíz de
la violencia están las desigualdades económicas y la pobreza, el bloqueo de las
posibilidades de desarrollo, los gobiernos autoritarios, las discriminaciones
por razón de sexo, cultura, color de piel, credos, condición de nacimiento,
capacidades cognitivas, etc. y que la solución de estos problemas personales,
sociales y económicos a todas las escalas es prioritario para que se pueda
eliminar la violencia y construir la paz.
Entendemos que la paz empieza
por el rechazo de la violencia como forma de solucionar los conflictos. Y para
que esto pueda ser posible se debe dar un amplio consenso al respecto. Es decir
la paz se debe interiorizar culturalmente y esto supone erradicar la cultura de
la guerra y la violencia como forma de resolver los problemas que genera el
modelo de desarrollo actual.
Para nosotros, la cultura
de la paz se centra sobre todo en los procesos y en los métodos para
solucionar los problemas y esto supone generar las estructuras y mecanismos para
que se pueda llevar a cabo. Su generalización persigue la erradicación de la
violencia estructural (pobreza, marginación, etc..), así como la violencia
directa, mediante el uso de procedimientos no violentos en la resolución de
conflictos y mediante medidas preventivas.
La construcción de una cultura de la paz es un proceso lento que
supone un cambio de mentalidad individual y colectiva. En este cambio la
educación tiene un papel importante en tanto que incide desde las aulas en la
construcción de los valores de los que serán futuros ciudadanos y esto permite
una evolución del pensamiento social. Los cambios evolutivos, aunque lentos, son
los que tienen un carácter más irreversible y en este sentido los centros
educativos, ayudan con la construcción de nuevas formas de pensar. Pero la
educación formal no es suficiente para que estos cambios se den en profundidad.
La sociedad, desde los diferentes ámbitos implicados y desde su capacidad
educadora, también debe incidir y apoyar los proyectos y programas educativos
formales. Así es importante que se genere un proceso de reflexión sobre como se
puede incidir en la construcción de la cultura de la paz, desde los medios de
comunicación, desde la familia, las empresas, las unidades de producción, desde
los ayuntamientos, desde las organizaciones no gubernamentales, desde las
asociaciones ciudadanas, etc. Se trata de generar una conciencia colectiva sobre
la necesidad de una cultura de la paz enraizada en la sociedad con tanta fuerza
que no deje lugar a la violencia.
En definitiva el derecho humano a
la Paz viene siendo reivindicado a lo largo de la historia de la humanidad de
diversas formas y en la actualidad plantea una exigencia compartida: la
construcción de una Cultura de Paz. Una cultura (conjunto de valores,
actitudes, tradiciones, comportamientos y estilos de vida) caracterizada por
ser una cultura de la convivencia y de la participación, fundada en los
principios de libertad, justicia, democracia, tolerancia y solidaridad. Una
cultura que rechaza la violencia, se dedica a prevenir los conflictos en sus
causas y a resolver los problemas por el camino del diálogo y la negociación.
Una cultura que asegura a todos los seres humanos el pleno desarrollo de sus
derechos y los medios necesarios para participar plenamente en el desarrollo de
la sociedad. Una cultura que puede definirse como “el proceso global de la
sociedad, a través del cual las personas y los grupos sociales aprenden a
desarrollar conscientemente, en el interior de la comunidad nacional e
internacional y en beneficio de ellas, la totalidad de capacidades, actitudes,
aptitudes y conocimientos para conseguir cada una de las metas que conforman la
Cultura de Paz”
Entendemos que la Educación para la Convivencia y la Paz es una prioridad
de cualquier sociedad. Así mismo entendemos que en ese proceso educativo
los conocimientos que debe poseer el alumnado son necesarios, pero más aún lo
será el dotarlo de actitudes, normas y valores con los que “poder
ser”.
No sabemos cuánto conocimiento de matemáticas, de sociales, de
literatura, de física... es
necesario para tener una vida digna, libre y solidaria. Pero, sí sabemos que
tener las habilidades necesarias para desarrollarnos como personas y mantener
relaciones sanas y ricas en los distintos niveles en los que nos desenvolvemos,
es una necesidad y un derecho básico.
La Educación para la Convivencia y la Paz (ECP), tiene mucho que ver con
el abordaje de conflictos.
En toda relación humana se dan conflictos, que denotan una necesidad de
revisión de esa relación. En ese sentido, pueden ser oportunidades de cambio y
mejora, de alcanzar mayor profundidad y madurez en las relaciones o pueden
generar destrucción. Por eso la ECP debe ofrecer pautas y herramientas que nos
ayuden a transformar los conflictos de manera productiva.
Esta educación, para que sea eficaz, tiene que ir muy ligada a la
realidad de las personas y hacer planteamientos realistas y prácticos que la
gente pueda comprobar en su experiencia. Uno de los problemas que puede tener
este tipo de educación es precisamente el plantear esquemas idealistas que
finalmente no tocan tierra y por tanto deslegitiman el trabajo. En este sentido,
no conviene centrarnos sólo en propuestas de diálogo y negociación sino tenemos
que mirar la realidad con el papel que el uso del poder y las normas juegan en
ella.
Sólo en la medida en que estas pautas se demuestren útiles podrán
realmente educar y transformar. La Educación para la Convivencia no se puede
sustentar en la adquisición de conocimientos sino más bien en el entrenamiento
en actitudes, competencias y técnicas. Sin embargo, no podemos dejar de lado el
campo conceptual y consideramos que son necesarios también espacios específicos
en los que recoger el saber acumulado en estos temas. Este tipo de
planteamientos requieren cauces prácticos de aplicación. Por ejemplo:
Ø
Sensibilización
del alumnado, profesorado, padres-madres y personal no docente en el manejo
de conflictos.
Ø
Trabajo
transversal en las diferentes áreas del currículo
Ø
Creación
y entrenamiento de comisiones de convivencia y mediación.
Ø
Inserción
en el reglamento de funcionamiento de mecanismos de participación y mediación.
Ø
Actividades
orientadas a la comprensión de conflictos sociales actuales a través de
charlas o talleres.
Por otra parte, estamos totalmente de acuerdo con la idea en que la Educación para la Convivencia
va mucho más allá del Sistema Escolar. Si bien la escuela es un espacio de
socialización importante, las personas estamos constantemente educándonos en
diversos espacios. Si la educación para la convivencia y la paz no se convierte
en una transversal social que atraviese el mundo de los medios de comunicación,
la economía, la política, etc. difícilmente lo que se haga en la escuela podrá
tener mucha repercusión. Más bien se verán como planteamientos bien
intencionados que luego no tienen cabida en el mundo exterior a la escuela. En
este sentido, cabe destacar la responsabilidad de los medios de comunicación en
tiempos en los que probablemente son los mayores modeladores de los pensamientos
dominantes en las sociedades modernas. Debemos exigir a los medios una reflexión
sobre los contenidos que nos muestran en términos de ECP y por otro lado tenemos
que ser conscientes del enorme potencial que los medios nos pueden brindar para
ser canales de educación social. De aquí la importancia de implantar en nuestros
alumnos/as un espíritu crítico ante el bombardeo de noticias, programas,
propagandas... al que está sometido las veinticuatro horas del día.
Una de nuestras señas de identidad es la promoción del uso de la
mediación para la transformación de conflictos. La experiencia nos dice que la
mediación es un proceso muy educativo en los aspectos ya mencionados, y muy
efectivo en la transformación de conflictos enquistados.
Antes de seguir más adelante, parece aconsejable acotar el término
“mediación” ¿Qué se entiende por “mediación”? Existen numerosas definiciones al
uso del término. Para nosotros, la mediación se refiere a la participación
voluntaria en un procedimiento estructurado, en el que un tercero “neutral”
ayuda a las partes en disputa a
identificar sus intereses y resolver sus diferencias. Debido a que es un
procedimiento estructurado, la mediación tiene carácter
formal.
A través de la mediación, los implicados en conflictos pueden expresar
los puntos de discrepancia en un marco de colaboración. No se niega el conflicto
ni se renuncia a las convicciones y necesidades propias pero se exploran las
vías de hacerlas compatibles con las convicciones y necesidades de los demás. Es
un proceso que además de buscar puntos de acuerdo en cuanto a los contenidos de
un conflicto, atiende mucho a la recuperación de la relación entre las partes y
constituye una experiencia muy pedagógica para los que participan en
ella.
Para nosotros no sólo es importante la resolución en sí del conflicto,
sino cómo queda la relación de cara a futuros conflictos.
Vivimos en un mundo cada vez más interdependiente, en el que, nos guste o
no, tenemos que buscar fórmulas para convivir. Ya no tenemos nuevos mundos a los
que huir a crear una sociedad a nuestra medida, y además hemos acumulado la
suficiente capacidad de destrucción para acabar con la casa común en una
contienda. Ya no está en juego sólo la victoria o derrota de unos u otros. Está
en juego la supervivencia de todos y todas.
Esto que es una reflexión global, se puede aplicar perfectamente a
niveles micro. En una escuela, no sólo nos importa cómo resolvemos la
distribución de las aulas, sino cómo nos deja ese proceso para seguir
conviviendo y colaborando mañana. En este sentido, vemos que favorecer
mecanismos de participación de toda la comunidad, de diálogo, de negociación y
de mediación, humaniza las relaciones y ayuda a adaptar el sistema a las
necesidades de todos.
Todo sistema tiene sus vicios y tiende a perpetuarse, pero también hay
márgenes de actuación que permiten transformarlo. Creemos que este es el camino.
En todo lo que tiene que ver con la convivencia son muy importantes los
currícula ocultos. De nada sirve educar para el diálogo si luego no se va a
corresponder con la práctica.
Desde la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía se está
haciendo un gran esfuerzo en este sentido. La Consejera está apostando
fuertemente en pro de la Cultura de la Paz y todo lo que ella encierra. Durante
unos años, desde los distintos gabinetes provinciales, se está promoviendo y
propiciando adentrarnos en el mundo de la Cultura de la Paz y Noviolencia.
Los centros educativos constatamos la necesidad urgente de diseñar y
aplicar programas tendentes a la consecución de este objetivo.
La evaluación que realiza la Comisión Provincial encargada del Programa
ESCUELA ESPACIO DE PAZ, detecta que estos proyectos no deben ser unicentro, sino
intercentros, más aun, proyectos de población. En esta línea van sus
recomendaciones para el bienio 2006/08.
Torredonjimeno, pueblo pacífico, cuenta con un profesorado, claramente
identificado con la Cultura de la Paz y no ha dudado ni un momento que debía
responder y promover un Proyecto Intercentros, que bajo el título:
TORREDONJIMENO, ESPACIO DE PAZ se ha presentado a la convocatoria que a tal
efecto ha realizado la Consejería de Educación.
José
Chica Moral. Coordinador grupo de Trabajo:
Escuela,
Espacio de Paz del I.E.S. ACEBUCHE.