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Horacio, Carmina, Liber II: X Rectius vives, Licini, neque altum semper urgendo neque, dum procellas cautus horrescis, nimium premendo litus iniquum. auream quisquis mediocritatem diligit, tutus caret obsoleti sordibus tecti, caret invidenda sobrius aula. saepius ventis agitatur ingens pinus et celsae graviore casu decidunt turres feriuntque summos fulgura montis. sperat infestis, metuit secundis alteram sortem bene praeparatum pectus: informis hiemes reducit Iuppiter, idem submovet; non, si male nunc, et olim sic erit: quondam cithara tacentem suscitat Musam neque semper arcum tendit Apollo. rebus angustis animosus atque fortis adpare, sapienter idem contrahes vento nimium secundo turgida vela.
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Vivirás mejor, Licinio de mi alma, si no navegas siempre en alta mar, ni, por prudente temor a la tormenta, te ciñes demasiado a la costa impredecible. El que aprecia la dorada medianía libre se ve de la inmundicia de una casa ruinosa; tampoco habita, moderado, un palacio que despierte envidia. Con más frecuencia sacude el viento el elevado pino, con más estruendo caen de lo alto las excelsas torres y hieren los rayos la cima de los montes. El corazón bien dispuesto espera en la desgracia un cambio de fortuna; lo teme en la bonanza. Júpiter aleja los inviernos espantosos, más también permite que retornen. Si hoy va mal, no irá igual también mañana. Apolo a veces despierta con su cítara a la Musa hasta el momento enmudecida y no está siempre disparando el arco. Muéstrate en la adversidad valiente y animoso; con sensatez también habrás de recoger las velas tumefactas, si el viento es en exceso favorable. Traducción: Manuel de Paz Sánchez |
| Catulo, Carmina, LXXXV
Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris. Nescio. Sed fieri sentio et excrucior
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Te odio y te amo. Acaso preguntes porqué lo hago No acierto a explicarlo, mas siento que ocurre y vivo atormentado
Traducción: Manuel de Paz Sánchez |
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Horacio, Carmina, II, XIV Eheu fugaces, Postume, Postume, labuntur anni nec pietas moram rugis et instanti senectae adferet indomitaeque morti, non si trecenis quotquot eunt dies, amice, places inlacrimabilem Plutona tauris, qui ter amplum Geryonen Tityonque tristi conpescit unda, scilicet omnibus, quicumque terrae munere vescimur, enaviganda, sive reges sive inopes erimus coloni. Frustra cruento Marte carebimus fractisque rauci fluctibus Hadriae, frustra per autumnos nocentem corporibus metuemus Austrum: visendus ater flumine languido Cocytos errans et Danai genus infame damnatusque longi Sisyphus Aeolides laboris, linquenda tellus et domus et placens uxor, neque harum quas colis arborum te praeter invisas cupressos ulla brevem dominum sequetur. absumet heres Caecuba dignior servata centum clavibus et mero tinguet pavimentum superbo, pontificum potiore cenis.
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¡Ay! Póstumo, Póstumo, fugaces los años se van en un suspiro y la piedad no hará que se retrasen las arrugas ni la inminente vejez ni la indomable muerte. No, amigo, por más que cada día intentes aplacar con trescientos toros al inexorable Plutón, que por tres veces abarca a Gerión y a Tición con sus funestas aguas, que sin duda todos cuantos vivimos de los dones de la tierra habremos de surcar, ya seamos reyes, ya colonos sin recursos. En vano escaparemos al sangriento Marte y a las olas del Hadria que al romper rugen, en vano sustraeremos nuestro cuerpo en el otoño al dañino Austro; forzoso es visitar al negro Cocito, que discurre con lánguida corriente, y al infame linaje de Dánao y a Sísifo el Eólida condenado a interminable esfuerzo; forzoso es abandonar la tierra y la casa y la placentera esposa, y ninguno de estos árboles que cuidas, sino el odioso ciprés, seguirá al que fue su señor tan poco tiempo. Heredero más digno apurará el Cécubo guardado con cien llaves y teñirá el pavimento con ese magnífico vino, mejor que el de las cenas de los pontífices. Traducción: Manuel de Paz Sánchez |
| Liber I: III
Sic te diva potens Cypri, sic fratres Helenae, lucida sidera, ventorumque regat pater obstrictis aliis praeter Iapyga, navis, quae tibi creditum debes Vergilium: finibus Atticis reddas incolumem precor et serves animae dimidium meae.
Illi robur et aes triplex circa pectus erat, qui fragilem truci conmisit pelago ratem primus, nec timuit praecipitem Africum decertantem Aquilonibus nec tristis Hyadas nec rabiem Noti, quo non arbiter Hadriae maior, tollere seu ponere vult freta.
Quem mortis timuit gradum qui siccis oculis monstra natantia, qui vidit mare turbidum et infamis scopulos Acroceraunia? Nequiquam deus abscidit prudens oceano dissociabili terras, si tamen inpiae non tangenda rates transiliunt vada. Audax omnia perpeti gens humana ruit per vetitum nefas,
Audax Iapeti genus ignem fraude mala gentibus intulit. Post ignem aetheria domo subductum macies et nova febrium terris incubuit cohors semotique prius tarda necessitas leti corripuit gradum. Expertus vacuum Daedalus aera pinnis non homini datis; perrupit Acheronta Herculeus labor. Nil mortalibus ardui est: caelum ipsum petimus stultitia neque per nostrum patimur scelus iracunda Iovem ponere fulmina.
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Que la diosa, de Chipre soberana, y los hermanos de Helena, astros luminosos, y el padre de los vientos, refrenados todos,salvo el Yápix, te acompañe, ¡oh nave que me debes a Virgilio, ya que a ti te lo he confiado! y te suplico que me devuelvas incólume desde los confines del Ática a esa mitad del alma mía. Con triple coraza de roble y bronce se protegía el pecho el que arriesgó su frágil barca en el mar tempestuoso, y no se amilanó ante el violento Ábrego, enfrentado a los Aquilones, ni ante la funestas Hyadas, ni ante la rabia del Noto, el mayor soberano del Adriático, ya se empeñe en elevar, ya en hundir sus aguas. ¿Qué peligro de muerte temió aquel que vio con ojos impasibles monstruos marinos, mares turbulentos y, en Acroceraunia, los nefandos escollos? En vano un dios providente separó las tierras del Océano insociable, si, con todo, sacrílegos navíos recorren aguas que no debieran ser surcadas. A soportarlo todo se precipita la osada especie humana por medio de la impiedad vedada. El audaz vástago de Jápeto llevó a los hombres el fuego mediante un engaño. Después de arrancado el fuego de su morada etérea, la demacración y un nuevo batallón de fiebres se echó sobre la tierra, y el destino de la muerte distanciada, antes lento, apresuró su paso. Dédalo, con alas que al hombre se negaron, puso a prueba el cielo inhabitado. Quebrantó al Aqueronte Hércules con su esfuerzo. No ve nada imposible el género humano. Neciamente apetecemos el propio firmamento y, por nuestra impiedad, no permitimos que Júpiter deponga sus rayos virulentos. Traducción: Manuel de Paz Sánchez |