Baja visión y ceguera en los primeros años de vida. Atención Temprana:
Una propuesta de intervención.
Begoña Espejo de la
Fuente
Interedvisual
Índice
1.
Necesidad de una intervención educativa temprana. Justificación.
2.
Servicios de Atención Temprana para niños y niñas ciegos y con baja visión.
3.
Propuesta de un Modelo de Intervención.
1. NECESIDAD DE UNA INTERVENCIÓN EDUCATIVA TEMPRANA. JUSTIFICACIÓN.
La atención temprana de los
niños y niñas con ausencia total o parcial de visión en España se remonta a los
años setenta, cuando desde un equipo del entonces Instituto de Servicios
Sociales (INSERSO), en Madrid, y otro de la obra social de La Caixa de
Pensions, en Barcelona, se comienza a ofrecer un servicio público y gratuito de
estimulación para bebés con problemas visuales graves y de asesoramiento a sus
familias, conocido entonces como “Estimulación precoz”, término utilizado para
referirse a un tipo de intervención con niños menores de 5 años con algún tipo
de minusvalía. Este tipo de atención fue llevado a la práctica por
profesionales de la Psicología en la mayoría de los casos, en régimen
ambulatorio o domiciliario, y se ha ido extendiendo a partir de entonces, sobre
todo en el seno de organismos y asociaciones que trabajan con niños con
dificultades motrices, cognitivas y, o sensoriales.
En la actualidad (y desde hace
tan sólo algunos años) se denomina atención (o educación) temprana a la
modalidad de intervención educativa dirigida a cualquier niño o niña desde el
nacimiento hasta los 36 meses de edad.
La atención temprana no
consiste simplemente en el empleo de unos programas estandarizados, sino que es
una corriente educativa fundamentada en las posibilidades y necesidades de
desarrollo integral de niños y niñas menores de tres años. Responde a unos
presupuestos psicológicos y educativos determinados, cuyas bases se encuentran
en la Neurología y en la Psicología.
Durante los tres primeros años
de vida, y particularmente en los primeros 18 meses, el ser humano edifica las
bases de su desarrollo neurológico, que depende estrechamente de la actividad
sensoriomotriz. Una intervención intencional adecuada del adulto puede
favorecer la interacción del bebé con su medio, facilitando el aprendizaje,
previniendo en muchos casos lagunas o deficiencias y potenciando sus
capacidades cognitivas. Las teorías neurológicas al respecto son muy claras
cuando afirman que todo recién nacido, sea cual sea su hándicap, necesita un
periodo de crecimiento postnatal para alcanzar el potencial que posee (DELGADO,
1994, p. 148).
Cada niño o niña, sea cual sea
la alteración orgánica que presente, tiene unas necesidades educativas
particulares desde el nacimiento, unas características determinadas que varían de un caso a otro, aun cuando se trate
del mismo diagnóstico. Cuando esto sucede se ponen en marcha diferentes
mecanismos en el organismo para adaptarse al medio, en ausencia o por mal
funcionamiento de alguna de sus partes o funciones.
A la hora de abordar el
conocimiento de estos mecanismos de “adaptación” no se pretende establecer
categorías de seres humanos, sino los diferentes caminos por los que puede
transcurrir el desarrollo de cada individuo, aunque los procesos de aprendizaje
sigan los mismos principios en todos los seres humanos (MARCHESI y MARTÍN,
1990). En esta línea, las investigaciones más recientes en Psicología sobre la
ceguera afirman que una persona ciega tiene unas peculiaridades específicas y
unos hándicaps innegables respecto al vidente, un aparato psíquico similar y
una representación del mundo cualitativamente diferente, debido a la capacidad
para adaptar su evolución a la información sensorial de que dispone (OCHAÍTA y
ROSA, 1988).
El propósito fundamental de la atención
temprana va dirigido a favorecer (potenciar, facilitar) un desarrollo lo más
normalizado posible, teniendo en cuenta las potencialidades de cada bebé en
lugar de las incapacidades (deficiencias, discapacidades, minusvalías). No se
trata de ignorar el problema y actuar como si no pasara nada, sino de
proporcionar oportunidades de interacción con el medio, para facilitar el
acceso a la información , conociendo estrategias de aprendizaje alternativas .
La conducta del bebé tiene un propósito. Nuestro desafío consiste en ser
capaces de leer esa conducta para poder proporcionarle los estímulos que
necesita (BARRAGA, 1987).
Desde los primeros años de
vida el desarrollo de los niños y niñas con alteraciones visuales transcurre
paralelo al de aquellos que no las tienen,
siempre que hayan recibido una estimulación adecuada a las necesidades
que conlleva la ausencia total o parcial de visión. Para afrontar con éxito
esta tarea deben tenerse en cuenta un conjunto de ideas básicas al respecto:
1) El organismo posee otras
vías sensoriales (olfativas, táctiles, auditivas) que, adecuadamente
estimuladas, pueden compensar en gran medida la falta de visión, de forma que
puede seguir la secuencia del desarrollo evolutivo general.
2) Conocer el desarrollo
evolutivo (desde el nacimiento) de las personas sin problemas de visión,
facilita la comprensión de las dificultades con las que se encuentra el bebé
con alteraciones visuales para desarrollar adecuadamente determinados
aprendizajes.
3) Es importante conocer las
características de la enfermedad visual, su origen, evolución y pronóstico en
cada caso, así como el diagnóstico oftalmológico correspondiente, para saber si
el bebé tiene o no restos visuales. De igual manera es necesario saber a través
de informes médicos, si existe alguna otra alteración, además de la visual.
4) Hay que estimular los
restos visuales desde los primeros meses, por muy pequeños que sean, porque la
capacidad de ver no es innata ni automática sino que se desarrolla con el uso
(BARRAGA 1980). El 98% de las conexiones sinápticas se establecen después del
nacimiento en el sistema visual (DELGADO ,1994). Sólo en las etapas tempranas
de la vida puede potenciarse el desarrollo de este, como medio de facilitar
gran cantidad y variedad de información al cerebro (luces, formas,
colores...). Posteriormente la
plasticidad cerebral decrece considerablemente y el aprendizaje visual se hace
prácticamente inviable.
5) El desarrollo del bebé
ciego no es el mismo que el del bebé con resto visual. No pueden considerarse las alteraciones
visuales en el mismo plano que la carencia total de visión.
6) Los niños y niñas con
ceguera necesitan una referencia táctil y, o auditiva para mantener contacto
con el medio que les rodea. Desde los primeros días, y durante más tiempo que
los bebés sin problemas de visión, necesitarán del contacto físico con la madre
y el padre (u otra persona que esté mas tiempo con el bebé) para sentirse seguros, para tener una especie de
"mediador" con el exterior, una figura de referencia.
7) Las capacidades auditiva y
táctil no son innatas sino que se desarrollan mediante el aprendizaje. En las
personas con alteraciones visuales graves se establece una estrecha relación
entre lo que tocan y escuchan, por lo que es muy importante la combinación de
ambos tipos de estímulos a la hora de presentarles objetos y situaciones.
8) La recogida de información
a través del sentido del tacto es analítica, por lo que las personas con
alteraciones graves de visión necesitan más tiempo para acceder a la estimulación del entorno.
9) Una de las limitaciones que
más influye en el desarrollo general del niño y la niña con alteraciones visuales
es la falta de iniciativa para desplazarse en el medio. Necesitan mucho más
tiempo para reconocer el entorno físico y asegurarse de que no existe ningún
peligro para ellos, además de puntos de referencia táctiles y señales de
anticipación que les animen a tomar la iniciativa en los aprendizajes motores.
Necesitan que se les proporcionen oportunidades para explorar activa y
espontáneamente, tanto espacios como objetos, con el fin de que puedan acceder
al mundo que está fuera de su cuerpo.
10) El lenguaje es un
instrumento fundamental de información para la niña y el niño con alteraciones
graves de visión, sobre todo en aquellas situaciones que hacen imposible
mantener un contacto táctil (percepción de objetos lejanos, conocimiento de las
personas, espacios abiertos, acontecimientos sociales, etc).
Gracias al desarrollo de la
memoria auditiva van asimilando desde muy pequeños un vocabulario que carece de
sentido para ellos, en mayor medida que otras personas sin problemas visuales.
Cuando el resto visual es nulo o muy limitado el repertorio de palabras
significativas (relacionadas con la experiencia directa) es más reducido, ya
que el aprendizaje de la realidad no puede hacerse de forma general sino parte
por parte, a través del tacto.
El uso de palabras sin
sentido va a tener normalmente, una intención
comunicativa, y sólo deberá considerarse negativamente si el propósito es la
repetición en sí misma. Cuando se
desconoce esta situación, y el adulto no interviene adecuadamente, puede
producirse en algunos casos un desfase entre el aspecto cognitivo y social del
lenguaje, si es utilizado sólo como instrumento para responder al ambiente, y
no con contenido semántico y comunicativo a la vez.
Las ideas que acabamos de exponer, sobre
algunos aspectos que conlleva la ausencia total o parcial de visión desemboca
en una serie de implicaciones educativas, sobre todo en el ámbito familiar. La
familia es la que interviene desde un primer momento: la madre, el padre,
incluso los hermanos y otros familiares son los auténticos protagonistas del
proceso educativo, los que tienen que interactuar día a día para proporcionar a
su hijo o hija con alteraciones visuales graves una estimulación integral
adecuada.
Ninguna madre, ningún padre
poseen conocimientos especiales por el hecho de serlo. Necesitan información y
tiempo para adaptarse a la nueva situación que supone una maternidad y
paternidad responsables, y que se complica cuando su bebé ha nacido con alguna
alteración. Es entonces cuando un asesoramiento profesional adecuado puede
ayudarles a enfrentarse ante la nueva e inesperada situación.
Durante los primeros meses la
influencia de la madre, del padre (de las figuras de apego) es decisiva para el
desarrollo integral del bebé, por lo que deben implicarse desde el principio en
la educación de su hijo o hija. Los
profesionales de la educación pueden ayudarles a hacerlo, evitando en lo
posible actitudes paternalistas y de tipo clínico, realizando la intervención tras la puerta de
un gabinete o consultorio, mientras los familiares permanecen en la sala de
espera. Con esta actitud sólo se consigue que las familias crean que su hijo o
hija tiene un problema que necesita el tratamiento de los especialistas, y que
no es necesaria para nada su intervención, porque no están preparados para
ello. Nada más lejos de la realidad.
Es fundamental que la familia
participe en la elaboración de los programas a través de las orientaciones del
profesional. Cuando los padres confían en éste es que han comenzado a confiar
en las posibilidades de su hijo, y están comprobando que es capaz de hacer las
mismas cosas que otros bebés. Poco a poco comienzan a hacer muchas preguntas,
y se dan cuenta por sí mismos de lo que
es conveniente para su hijo o hija, a través de la observación y su interacción diaria.
Como resumen de las ideas que justifican una
intervención temprana decir que los
niños y las niñas deben recibir en sus tres primeros años de vida una
intervención educativa intencional. El papel de los educadores en general
(familia y profesionales de la educación) debe consistir en buscar las
estrategias adecuadas que les ayuden a desarrollar sus potencialidades.
2. SERVICIOS DE ATENCIÓN TEMPRANA PARA NIÑOS Y NIÑAS CIEGOS Y CON BAJA
VISIÓN.
En España, los convenios entre
las administraciones educativas1y la Organización Nacional de Ciegos
Españoles (ONCE), permiten garantizar a los niños y niñas con alteraciones
visuales graves el derecho a recibir un tipo de intervención educativa, la
atención temprana, no incluida en el sistema educativo ordinario, ya que, si
bien la Ley de Ordenación del Sistema Educativo (LOGSE) especifica cuáles deben
ser los objetivos para el primer ciclo de Educación Infantil2 las
administraciones educativas en nuestro país no han establecido los medios
necesarios para garantizar este tipo de intervención educativa como un derecho
para todos los ciudadanos menores de tres años.
Así pues, los actuales Equipos
Específicos, formados por profesionales pertenecientes a la Administración
Educativa y a la ONCE, atienden a niños y niñas con alteraciones visuales
graves escolarizados en los niveles de Educación Infantil, Primaria y
Secundaria. Cuentan con un Servicio de Atención Temprana en el que participan
especialistas de Ciencias de la Educación, de la Psicología y del Trabajo
Social.
Los primeros objetivos
generales para la intervención específica en el campo de la atención temprana
con niños y niñas ciegos y con baja visión fueron propuestos por el Negociado
de Acción Educativa de la ONCE en 1992. Dichos objetivos son los siguientes:
- Facilitar atención educativa a la población infantil
entre 0 y 3 años.
- Detectar con la mayor brevedad posible a los niños
diagnosticados con ceguera o baja visión.
- Establecer líneas de actuación y apoyos que garanticen una atención
directa cualificada a los niños y a sus familias.
En este sentido, en la Guía de
Servicios sociales, educativos y culturales de la Dirección General de la ONCE
(Madrid, 1992) se especifica: "la ONCE desarrollará su programa de
Atención Temprana con el objetivo de eliminar la influencia negativa que la
pérdida total o parcial de la visión puede ejercer sobre el desarrollo
intelectual, motor, conceptual y social del niño, creando las condiciones favorables
que garanticen la maduración infantil normalizada a través de la orientación
familiar y la aplicación de programas específicos de desarrollo".
Andalucía cuenta con una
experiencia pionera en nuestro país desde principios de la década de los ochenta,
y que es llevada a cabo por la Consejería de Educación y Ciencia desde el
Centro de Apoyo a la Integración de Deficientes Visuales (CAIDV), de Málaga, a
partir de un modelo de intervención que incluye la atención educativa a todos
los niños y niñas menores de 36 meses que presentan una alteración visual
grave, teniendo en cuenta los criterios de la Organización Mundial de la Salud,
coincidentes con los de la Administración Pública de Servicios Sociales, Instituto
Andaluz de Servicios Sociales (IASS) e Insituto de Migraciones y Servicios
Sociales (IMSERSO).
Este modelo de intervención
ofrece un Servicio de Atención Temprana formado por diferentes profesionales
procedentes del Trabajo Social, de la Psicología, de la Medicina y de las
Ciencias de la Educación, funcionarios todos de la Consejería de Educación y
Ciencia de la Junta de Andalucía o de la ONCE, que proporciona una atención
directa tanto a la familia como a sus hijos, a través de tres modalidades de
intervención:
a) Domiciliaria. La
intervención se lleva a cabo en el domicilio familiar, siempre que su hija o su
hijo no esté escolarizado en ningún centro educativo.
b) Escolar. La intervención
educativa se realiza en el centro educativo al que acude el niño o la niña con
alteraciones visuales graves.
c) Ambulatoria. Dirigida a
aquellos niños y niñas a los que no es posible atender en centros educativos o
en sus domicilios
3. PROPUESTA DE UN MODELO DE INTERVENCIÓN.
Un Servicio de Atención
Temprana para niños y niñas con ceguera y baja visión, para responder a las
demandas que exige una educación integral, debe estar formado por un equipo
interdisciplinar, con profesionales pertenecientes a diferentes ámbitos: el
educativo, el sanitario y el de trabajo social, cada uno de ellos con una
participación determinada en el proceso de intervención con los bebés y niños
menores de 3 años, con un funcionamiento basado en la coordinación entre todos
los miembros de dicho equipo.
1) Participación desde el
ámbito sanitario.
Cuando el problema visual se presenta
en el momento del nacimiento son los hospitales maternos quienes lo detectan,
gracias a la exploración oftalmológica que se realiza a todos los recién
nacidos.
En los casos de partos
prematuros, dichos exámenes son más frecuentes, y el diagnóstico precoz de una
posible inmadurez de la retina se completa con un seguimiento y tratamiento
continuados durante todo el tiempo que sea necesario.
Cuando el problema visual
aparece posteriormente, a lo largo de la etapa escolar, la detección se amplía
a los especialistas de otros centros médicos (ambulatorios, centros de salud,
consultas privadas), a instituciones que ofrecen servicios sociales (ONCE, IASS,
IMSERSO, etc.) y a los equipos psicopedagógicos que intervienen en las escuelas
infantiles.
En cualquiera de las
situaciones que acabamos de plantear, suele ser el médico el profesional que,
en primera instancia, pone en conocimiento de la familia la existencia de un
problema visual grave (o el que lo corrobora), y es la persona que debe iniciar
el proceso de orientación sobre los servicios educativos especializados a los que puede dirigirse.
La colaboración de los
profesionales de la Oftalmología no debe terminar en la primera fase de la
detección. Lo más adecuado sería realizar un seguimiento de la evolución del
comportamiento visual a lo largo de la escolaridad, en el que todos los
profesionales que interviniesen con el niño o niña confrontasen opiniones y
aclarasen dudas. Los profesionales de los Equipos Específicos de Atención a
niños y niñas con alteraciones visuales graves deberían tener la posibilidad de
consultar con los oftalmólogos que llevan cada caso, para conocer con mayor detalle cada diagnóstico y algunos aspectos referidos
al uso de auxiliares ópticos que podrían ser utilizados.
La participación de otros
profesionales de la medicina (Neurólogo, Médico Rehabilitador) se hace
imprescindible para conocer otros aspectos que influyen decisivamente en el
comportamiento visual, como ocurre en el caso de los niños y niñas con
alteraciones asociadas a la visual. Saber interpretar los potenciales evocados
visuales o auditivos es, en muchas ocasiones, el único medio para saber algo
acerca del comportamiento visual.
Por estas razones es necesario
que los Servicios de Atención Temprana mantengan una colaboración directa con
los departamentos de Neonatología, Oftalmología, Neurología y Rehabilitación de
los hospitales y Centros de Salud, con el fin de llevar adelante un programa de
detección lo más efectivo posible, informando y orientando a las familias.
Cuando no existe una
coordinación entre un Servicio de Atención Temprana y los centros sanitarios,
disminuyen las posibilidades de intervención desde el nacimiento para llevar a
cabo una estimulación del resto visual y para la prevención de posibles
trastornos en el desarrollo. Son las administraciones públicas locales
competentes en materia Educativa y Sanitaria las responsables de establecer los
mecanismos de colaboración oportunos.
2) Participación desde el
ámbito educativo.
Desde el momento en que la
familia de un niño o una niña con ceguera o baja visión ha recibido
información, por parte de un médico oftalmólogo, sobre el diagnóstico concreto
y su pronóstico (en los casos que sea posible), es el tratamiento de las
alteraciones visuales lo que comienza a preocuparles. Es decir, ya conoce cuál
es la situación pero no qué hacer para mejorarla.
Cualquiera de los
profesionales pertenecientes a un Servicio de Atención Temprana debe estar
preparado para intervenir desde el momento de la detección, ofreciendo ayuda al
bebé y a la familia. Puede ser un maestro o maestra, un psicólogo o psicóloga,
un pedagogo o pedagoga, la persona que tenga que intervenir en diferentes
momentos, bien realizando una valoración psicopedagógica o bien llevando a cabo
una atención directa periódica.
Antes de proponer a la familia
una atención específica, un Servicio de Atención Temprana debe realizar una
valoración funcional del resto visual, mediante la observación directa de las
respuestas del bebé en diferentes situaciones, y la recogida de información
proporcionada por la familia o los educadores del centro de Educación Infantil
al que asista. También debería hacerse una revisión de los niveles de
desarrollo por áreas.
A partir de esta información
inicial se elaborarán programas individuales y se decidirá la frecuencia de
intervención directa más adecuada para el niño o niña, así como quién debe ser
el profesional del Equipo encargado de llevarla a cabo. En este punto del
proceso se encuentra uno de los factores que determinan una atención educativa
de calidad para un Servicio de Atención Temprana: la posibilidad de responder
con recursos humanos adecuados los casos que se vayan presentando, y de una
forma inmediata.
No obstante, la atención
directa al niño y la niña no debe ser el objetivo fundamental de un Servicio de
Atención Temprana, sino la que se ha de realizar con su familia, o en el centro escolar
(cuando se dé el caso), trabajando sobre situaciones, rutinas y habilidades. No
se trata de incidir en el déficit sino en el desarrollo integral de cada bebé, interviniendo en la medida que sea
posible en los escenarios y contextos en los que se desenvuelve (hogar,
escuela, barrio).
3) Participación desde el
ámbito del Trabajo Social.
En un Servicio de Atención Temprana el papel
que desempeña el trabajador o la trabajadora social es fundamental desde el
mismo momento en que se inicia el proceso de detección. Es el profesional que
mejor conoce, en la mayoría de los casos, cada uno de los ámbitos en los que el
niño y la niña con problemas visuales graves se desenvuelve, siendo el
interlocutor más idóneo para iniciar el proceso de intervención con las
familias. La información que inicialmente facilita va dirigida a orientarles
sobre las opciones educativas, las ayudas económicas y otro tipo de
prestaciones a las que pueden acceder. Este papel de "informantes" va
a convertir a estos profesionales en referentes imprescindibles de los padres y
las madres a la hora de abordar diferentes cuestiones y tomar decisiones a lo
largo del proceso educativo, ya que están capacitados para proporcionarles en cada momento la
información precisa, de acuerdo con sus necesidades y las de sus hijos e hijas.
En la organización de un
Servicio de Atención Temprana son esencialmente importantes, al menos, tres
momentos: la detección, la
intervención directa y la colaboración con otros
organismos e instituciones.
Las posibilidades de poder
ofrecer una atención educativa temprana dependen en gran medida de la
existencia de mecanismos eficaces para la detección de casos, como se expuso
anteriormente.
En primera instancia, se hace
prioritario mantener contacto permanente con los servicios de Neonatología y
Oftalmología de los hospitales materno-infantiles. En otro nivel no menos
importante estarían los centros de salud (consultas de pediatría y
oftalmología), los servicios de apoyo externo de las escuelas y los Centros Escolares.
Las demandas de intervención de un Servicio de
Atención Temprana deben canalizarse desde un primer momento a través de la
Trabajadora o Trabajador Social, estableciéndose un criterio básico: la
existencia de un informe oftalmológico (y otros si los hubiere). De esta forma
puede definirse el tipo de población beneficiaria de los servicios educativos
que se ofrecen.
En ausencia de dicho requisito
no debería iniciarse el proceso de intervención, ya que sin considerar los
criterios médicos se perdería eficacia a la hora de atender a los niños y niñas
que realmente presentasen alteraciones graves de la visión.
No obstante, en los casos que
no sea posible obtener un diagnóstico por escrito, la persona en cargada del
trabajo social orientará a los interesados hacia los servicios sociales de su
localidad, con el fin de que atiendan su demanda, realizando los trámites
oportunos.
La intervención es la parte
más importante de un Servicio de Atención Temprana. De su planificación depende
que los recursos materiales y humanos cubran de forma adecuada las necesidades
de los niños y niñas con alteraciones
visuales graves.
Desde el momento en que la
detección es un hecho, se da paso a un proceso de intervención directa de los
diferentes profesionales que constituyen dicho servicio, dirigida hacia tres
objetivos fundamentales (que son los del proceso de intervención educativa):
- Informar a las
familias sobre los servicios existentes para personas con ceguera y baja visión.
- Realizar una
valoración funcional del comportamiento visual.
- Proporcionar
apoyo directo a los niños y niñas para la aplicación de programas específicos.
b.1. Primer paso: Información a las familias
sobre los servicios existentes para personas con ceguera y baja visión.
Intervención de la persona encargada del trabajado social.
Una vez que el Equipo ha
recibido el diagnóstico oftalmológico del bebé, la Trabajadora o el Trabajador
Social realiza una primera entrevista con la familia, informándole sobre los
servicios educativos específicos, y las ayudas de diferentes organismos
públicos y privados (ONCE, IASS, INSERSO, etc.).
Paralelamente, debería
pedírsele a la familia, si fuese necesario, que acuda a una revisión
oftalmológica, con el fin de conocer datos más precisos sobre determinados
aspectos visuales (agudeza visual de cerca y de lejos, campo visual y otros), e
informarle, si procede, de los pasos a seguir para solicitar la afiliación a la
ONCE.
Otra información de particular
importancia hace referencia al consejo genético. En muchas ocasiones, las
familias no han sido advertidas con anterioridad de la importancia de
consultar con un médico especialista, que les ayude a disipar o aclarar dudas
acerca de la aparición del problema visual, y a tomar las medidas oportunas.
La información a las familias
hace desechar a los padres prejuicios y desconfianzas y contribuye a que se
sientan responsables de la educación de sus hijos e hijas.
b.2. Segundo paso: Valoración funcional del
comportamiento visual. Intervención de un Gabinete Psicopedagógico
Un Servicio de Atención Temprana debe contar
con profesionales de la Psicología y la Pedagogía que, junto con la Trabajadora
o el Trabajador Social, constituyan un grupo permanente, un Gabinete
Psicopedagógico, encargado de efectuar el análisis de los diagnósticos
oftalmológicos en base a dos criterios: el tipo de alteración y datos significativos sobre la alteración
visual (agudeza, campimetría y otros).
En los informes médicos de los
niños y niñas menores de tres años, raramente aparecen datos completos sobre
estos aspectos, por lo que sería conveniente tener en cuenta dos
circunstancias: si la alteración visual es permanente (es decir, si se trata de
una patología), y si los resultados de los P.E.V. (Potenciales evocados
visuales) presentan algún tipo de alteración.
Cuando se confirma que la alteración visual
está dentro de los límites de la baja visión (según orientaciones de la Organizacioón
Mundial de la Salud), el Gabinete Psicopedagógico debe realizar una valoración
del comportamiento visual, con el fin de valorar la existencia o no de restos
visuales aprovechables, emitiéndose un informe que también debe incluir datos
acerca del desarrollo evolutivo por áreas. Además deben hacerse recomendaciones
sobre el tipo de programas específicos a utilizar, y el tiempo de apoyo directo
que precisa cada caso.
b.3. Tercer paso: Proporcionar apoyo directo a
los niños y niñas para la aplicación de programas específicos. Intervención de
los maestros y maestras especialistas.
Con el fin de facilitar al
máximo las posibilidades educativas, un Servicio de Atención Temprana debe
ofertar diferentes modalidades de atención, en función del lugar donde puedan
desarrollarse, para así adaptarse a las necesidades de cada caso:
- Atención domiciliaria. El profesional interviene con la familia en
el hogar. Suele ser la forma más eficaz de intervención, para lograr un clima
de confianza con la familia. Además proporciona oportunidades únicas para
conocer todos los aspectos que rodean el medio cotidiano del niño.
- Atención ambulatoria. Se plantea esta modalidad cuando se hace
imposible la intervención en el hogar, bien por ausencia de condiciones ambientales adecuadas (espacio, higiene,
accesibilidad, etc.), o bien por deseo expreso de la familia.
- Atención en Centros Educativos (guarderías, escuelas infantiles…).
Cuando el niño o la niña menor de tres años acude a un centro educativo, la
intervención con la familia suele reducirse, y es el profesorado el que recibe
las orientaciones específicas (aunque también se realicen puntualmente con la
familia). Además suele proporcionarse atención directa para ayudar a la puesta
en marcha y desarrollo de los programas individuales.
Una vez realizada la
valoración psicopedagógica y del comportamiento visual por el Gabinete
Psicopedagógico, el Servicio de Atención Temprana debe comunicar a la familia
el tipo de apoyo específico que se ha estimado conveniente para su hijo o su
hija. Es entonces cuando se hace necesaria la intervención del maestro o la
maestra especialistas, que se pondrá en contacto con los padres, para
informarles en qué va a consistir el trabajo específico, proponiéndoles un
programa de actividades y orientaciones a desarrollar en el domicilio o en el
centro escolar.
Las familias pueden preferir
recibir los servicios de varios profesionales a un tiempo (pertenecientes a
diferentes organismos), sobre todo en los primeros años de vida y cuando aparecen
deficiencias asociadas. Y es comprensible ante la idea de que toda ayuda es
poca para su hijo o hija. Esta circunstancia hay que tenerla muy en cuenta e
intentar en lo posible conocer en qué
línea trabajan otros profesionales, actuando coordinadamente siempre que sea
posible.
c) Colaboración con otros
organismos e instituciones.
Un Servicio de Atención
Temprana necesita, como se ha dicho anteriormente, una coordinación continuada
y eficaz con los centros sanitarios. Es la mejor forma de garantizar una
atención educativa temprana desde los primeros meses de vida a todos los niños
y niñas con problemas graves de visión.
Pero la tarea de
concienciación social sobre la importancia de la detección no puede acometerse
solamente desde el ámbito sanitario. Es la sociedad en general, desde la
familia hasta las administraciones públicas, pasando por las escuelas y los
medios de comunicación, la que tiene que hacer un cambio de mentalidad. No se
trata solamente de detectar para prevenir, sino también para ayudar y para
comprender las deficiencias, las diferencias, las minusvalías o como queramos
llamarles.
Por estas razones, entre
otras, un Servicio de Atención Temprana debe colaborar con los organismos e
instituciones en la formación de los futuros profesionales que van a
intervenir, en uno u otro momento, con las personas ciegas o con baja visión.
En las Facultades de Ciencias de la Educación, Psicología, Medicina y
Fisioterapia, en las Escuelas de Enfermería y de Trabajo Social. En los Centros
de Formación Profesional.
A modo de conclusión:
La atención temprana, como
proceso educativo para potenciar el desarrollo de todos los niños y niñas en los
primeros tres años de vida, constituye el primer paso en favor de la
normalización educativa. La familia tendrá la oportunidad de comprender las
necesidades de su hija o hijo mediante el conocimiento de las particularidades
evolutivas que lleva consigo la ausencia total o parcial de visión. De esta
manera podrá ayudarle en su aprendizaje,
utilizando en algunos casos estrategias concretas, que van a facilitar un
desarrollo evolutivo normalizado. Desde esta situación no cabe hablar de
"integración", sino de Educación en el más adecuado sentido de la
palabra.
Realizar una intervención
profesional en el hogar permite una normalización educativa desde los primeros
meses de vida, requisito indispensable para ayudar al niño o a la niña a
participar de las oportunidades que le ofrece
el medio que le rodea.
Entendemos la estimulación
como una actitud basada en el respeto a las necesidades e intereses de cada ser
humano. De esta manera se facilita un clima afectivo que brinda confianza y
seguridad en los momentos más importantes de su desarrollo.
Notas finales:
1 En el caso de la Comunidad
Autónoma Andaluza, Acuerdo colaboración entre la Consejería de Educación y
Ciencia de la Junta de Andalucía y la Organización Nacional de Ciegos
Españoles, de 10 de junio de 1999. ▲
2 En el primer ciclo de la
Educación Infantil se atenderá al desarrollo del movimiento, al control
corporal, a las primeras manifestaciones de la comunicación y del lenguaje y,
en general, al acercamiento del niño a todas las pautas de convivencia y relación
social, así como al descubrimiento del entorno inmediato (Artículo 9,
apartado 2).▲
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LUCERGA, R. (1993): Palmo a palmo. Madrid: ONCE.
MARCHESI, A. y
MARTÍN, (1993): )Puede hablarse de una
psicología de la ceguera?. En Psicología
de la ceguera. Madrid: Alianza Editorial. Madrid.
OCHAÍTA, R. y
ROSA, A. (1988): El niño ciego: percepción y desarrollo psicológico. En Alumnos
con necesidades educativas especiales. Madrid: Popular-MEC.
VARIOS (1993): Currículo
Carolina. Madrid: TEA (1994).
DIRECCIONES
ELECTRÓNICAS DE INTERÉS RELACIONADAS CON LA ATENCIÓN TEMPRANA
Asociación de Intervención Temprana en Andalucía. AITEA:
E-mail: dulcenombre@vnet.es
Atención Temprana y disfunción
visual grave:
Web
del sitio: http://sapiens.ya.com/eninteredvisual/atencion_temprana.htm
Centro de Apoyo a la Integración de Deficientes
Visuales. CAIDV:
E-mail: 29601690@averroes.cec.junta-andalucia.es
Web del sitio: http://www.juntadeandalucia.es/averroes/caidv
Desarrollo Infantil Temprano.
DIT:
Web del sitio: http://www.worldbank.org/children/nino/index.htm
Educación Infantil:
Web
del sitio:
http://es.geocities.com/adaptacionescurriculares/EducacionInfantil.htm
GUÍA DE PADRES
Sobre el aprendizaje visual:
Web del sitio: http://www.ctv.es/USERS/tarso/padres.html
Unidad de Atención Temprana.
UAT. Fundación Braille de Uruguay:
Web
del sitio: http://www.fbraille.com.uy/fbu/uat/index.htm
NOTA:
El presente documento cuenta con un soporte gráfico en PowerPoint
titulado: La
Atención Temprana a DVG. La Baja visión y la Ceguera en la Educación Infantil,
Período 0-3 años. Propuesta de Intervención, cuyos autores son: Bueno,
M. y Espejo, E. En Web de INTEREDVISUAL.
Begoña
Espejo de la Fuente,
Pedagoga.
Málaga,
2002.
Interedvisual