Ayudemos al niño disminuido visual a aceptar sus limitaciones

 

Dorys Gray

Susana Crespo

 

International Council for Education of the Visually Handicaped (ICEVH).

Córdoba - Argentina

 

Cuando sea grande, ¿podré ser policía? ¿Por qué no puedo leer los libros de mis hermanos? ¿Por qué soy ciego? ¿Por qué no puedo ver la luna? ¿De qué color son las estrellas?

 

Estas y muchas otras preguntas similares suele hacer el niño disminuido visual desde su más temprana edad, pues, desde pequeño se da cuenta que no puede realizar algunas tareas en la misma forma que lo hacen las demás personas.

 

A veces, se choca con cosas que no sabía estaban allí; no siempre encuentra el juguete que se le cayó; es difícil ubicar la comida en el plato, prenderse los botones de la caminas. A menudo no sabe dónde está su madre o qué está haciendo, a menos que pueda oírla o tocarla. Sin embargo, la mamá pereciera que siempre sabe dónde él está aún cuando trata de no hacer ruido para que no lo descubra.

 

Quizás el niño creerá cuando pequeño, que cuando sea mayor podrá hacer lo mismo que hacen los demás, pero pronto descubrirá que sus hermanos y amigos, aún siendo menores, lo hacen AHORA, bien, rápido y sin tropiezos.

 

Es en este momento, cuando descubre esto, que el niño con impedimento visual comienza con sus preguntas y se le dice: “No puede ver con tus ojos pero puedes –hacerlo con tus manos, tus oídos, tu nariz”. La respuesta es cierta y logra conformarlo, pero al escuchar siempre lo mismo , la explicación se convierte en algo rutinario y sin significado.

 

 

ACTITUD REALISTA

 

Hay que guiar al niño para que viva con realismo su propia situación y para que encuentre el aspecto positivo de la misma. Enseñarle que podrá pariticipar con los otros niños en muchos de sus juegos pero que habrá otros en que necesitará ayuda o que no podrá compartir. Enseñarle a escuchar y a orientarse con su oído; enseñarle a utilizar sus manos para hallar lo que busca, para conocer las cosas que pueblan su entorno.

 

Las preguntas del niño siempre están de acuerdo a su edad y madurez y las respuestas deberán ser simples, honestas y verdaderas.  Son los adultos quienes les dan connotaciones y significados que no tienen. Es un tremendo error pretender alejar al niño de su realidad, cambiando la conversación o diciéndole que cuando sea grande podrá hacer todo lo que hacen las personas con vista.

 

¡Podrá ser policía? NO, no podrá ver a los ladrones. ¿Por qué no puede leer los libros de los hermando? Porque ellos ven las letras y las figuras. Respuestas como estas satisfacen al niño aunque son difíciles para los padres.

 

Es frecuente que el niño formule la misma pregunta a distintas personas. Anita preguntó a la maestra si cuando fuera grande podría conducir un auto. La maestra le respondió que no, porque no vería a los otros vehículos y los atropellaría. “Tiene razón –respondió Anita- eso mismo dijo mi mamá. No podría ver a los otros autos”. Probablemente lo que Anita buscaba eran otras razones diferentes a las dadas por su mamá sobre por qué no podría conducir. Al escuchar lo que se le había dicho, en boca de otra persona, terminó por aceptar la razoón como verdadera y, en consecuencia, el hecho de que no podría ver.

 

 

PREPARAR AL NIÑO CON TIEMPO

 

Por lo general, el niño se enfrenta por primera vez con sus limitaciones cuando ingresa a la escuela. En su casa no tiene problemas y ocupa un lugar dentro de la familia. En la escuela ve a otros niños con mayor visión o visión completa, disfrutando cn las figuras de los libros, o dibujando, o pintando. Para él los libros no le causan ningún placer pero…, como quiere ser diferente a los demás y desea pertenecer al grupo, toma un libro, quiere ver las figuras y al no lograrlo, se disgusta y se enoja.

 

Si en el hogar nunca se habló delante del niño de figuras o de dibujos el descubrimiento, de repente, de que estos existen, significa un duro golpe para el niño. Óscar fue único hijo hasta los diez años. Hasta esa  edad no sabía que era ciego, que sus padres y que las otras personas veían; ignoraba que existiera alguna diferencia física entre él y los demás. En su hogar todos los miembros habían vivido en función de Óscar, no se nombraban las palabras “ver”, “color”, o “estrella”.

 

Todos caminaban al ritmo del niñó, subían y bajaban las escaleras lentamente para que no advirtiera las diferencias. Óscar era “feliz” porque era “igual” a todos. Cuando nacío su hermano y este estuvo en condiciones de compartir sus juegos con Óscar, fue cuando notó, por primera vez, que el hermano encontraba el tren que corría cuando se le daba cuerda, que describía el color de los pajaros que cantaban lejos, que hablaba de figuras, de cosas, que él ignoraba. Fue entonces cuando preguntó: ¿Por qué mi hermano hace cosas que yo no puedo hacer? SE habían perdido diez años para decir la verdad; Óscar se sentía engañado por sus propios padres, defraudado, mentido ¡¡¡Qué difícil fue entonces enfrentarlo con su propia realidad!!!

 

Estas situaciones se evitan hablando de la ceguera con naturalidad, desde el comienzo, familiarizando al niño con el tema, con sus limitaciones y con sus diferencias físicas. El niño debe saber que él es CIEGO, que no puede ver en la forma en que los otros ven, pero que “ve” empleando sus manos, sus oídos, su olfato y hasta su gusto. Debe saber que podrá realizar la mayoría de las cosas que lo otros realizan aunque a veces la foram de hacerlo sea diferente, o más lenta. También debe saber que habrá cosas que no podrá realizar: manejar un avión, pintar, ser médico, ingeniero; bordar, participar en una competencia de ciclismo con personas con vista. Debe saber todo esto y aceptarlo con naturalidad, sin dolor.

 

 

ACEPTAR DIFERENCIAS

 

A medida que la edad del niño lo permite se le debe hacer comprender que todas las personas son diferentes; algunas son de baja estatura, otros son altos; o no oyen bien, o caminan con dificultad; hay quienes tienen condiciones para la música, para la escultura, pero muchos no la tienen. El ser diferente no tiene importancia pues son estas diferencias lo que hacen a las personas interesantes.

 

Es muy importante hacer la distinción entre aquello que el niño no puede hacer porque es ciego y aquello que no hace por otras razones. La falta de visión o una visión disminuida no debe ser NUNCA motivo para justificar la incapacidad para realizar actos o acciones comunes, propias de la edad.

 

Es posible y frecuente que de vez en cuando el niño deba responder a preguntas que se le formulen con respecto a su ceguera. Si los padres aceptan la condición de su hijo objetivamente, problablemente el niño también aceptará y responderá enforma simple y objetiva. A veces, sin embargo, necesita se le dé una contestación que pueda usar sin que le provoque violencia.

 

Hugo, a los cinco años, preguntó a su mamá: “Por qué soy ciego, los chicos quieren saber”.  La respuesta de la madre fue simple y honesta, clara y precisa, dijo la verdad, de manera que Hugo pudiera emplearla cuando se le preguntara nuevamente. “Porque tuviste un accidente, porque naciste así, porque te enfermaste cuando pequeño”.

 

SI DESDE EL COMIENZO SE TRATA LA DESVENTAJA Y LA LIMITACIÓN DEL NIÑO EN FORMA OBJETIVA, VERDEDETA Y SIN RETACEOS, nunca sufrirá el choque de enfrentarse con la repentina realidad de sus diferencias.

 

 

Dorys Gray

Susana Crespo

 

 

Texto tomado de Folleto informativo de igual título, editado por el International Council for Education of the Visually Handicaped (ICEVH). Córdoba (Argentina).

 

 

 

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