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Torres de almenara en la costa de Huelva
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Almenara, del árabe
al-manâra
(lugar de luz).

 


Torre Arenillas

 

 

 


Torre Arenillas

 

 

 


Torre del Catalán

 


 


Torre del Catalán

 


Torre de la Higuera

 

 


Torre de la Higuera


TORRES DE ALMENARA
Arquitectura del siglo XVI en nuestra costa

         Las necesidades de defensa de las costas han ocupado un lugar importante dentro de las estrategias militares a través de la historia. En la línea litoral de casi todos los países mediterráneos podemos encontrar fortalezas, baluartes, fortines, torreones y otros edificios similares, concebidos para salvaguardar la seguridad de sus pueblos. Durante el reinado de Felipe II, avanzada la segunda mitad del siglo XVI, se decidió la construcción de las llamadas torres de almenara en el segmento de costa que va desde la desembocadura del río Guadiaro, en Cádiz, hasta el cabo de Santa María, en Faro. Este proyecto se confió al comisionado real don Luis Bravo de Lagunas, que en 1577 recorrió la costa y se reunió con los Cabildos correspondientes, buscando los emplazamientos idóneos para su ubicación, y la forma de costear su construcción. En esta época ya se estaba levantando otra cadena de almenaras en el litoral mediterráneo andaluz.

        La costa de nuestra provincia, delimitada por las desembocaduras de los ríos Guadalquivir, al este, y Guadiana, al oeste, presenta actualmente once torres de almenara diseminadas entre los 117 kilómetros de litoral, en muy desigual estado de conservación. Seis de estas torres se encuentran en condiciones similares a cuando estaban en uso, (San Jacinto, Carbonera, Arenillas, Umbría, Catalán y Canela, de este a oeste); otra torre que aún se hallaba en pie a principios de 1989 y que ahora está desmoronada en la primera línea de dunas (Zalabar); otras dos torres en ruinas entre las cotas de pleamar y bajamar (Higuera y del Oro): y dos más de las que sólo pueden verse los cimientos cuando la marea baja lo suficiente (Asperillo, entre Matalascañas y Mazagón; y Marijata, en El Portil). Casi todas fueron edificadas entre los años 1577 y 1630, a partir de los diseños de Juan Martín de la Puente, y algunas posteriormente restauradas o levantadas de nueva planta durante la primera mitad del siglo XVIII.

         Las particularidades geodinámicas de nuestra costa han hecho que en estos últimos cuatro siglos casi ninguna de estas torres conserve la ubicación para la que en principio fue pensada. Algunas han quedado en terrenos robados por el mar (Marijata, del Oro, Asperillo e Higuera), y otras tan alejadas de la orilla que, en algunos casos, hasta han perdido la visual playera (Canela, San Jacinto y Umbría). Por eso, es incluso posible que en su momento existiera alguna torre de almenara de la que no queden vestigios; si tenemos en cuenta que estas torres se construyeron en lugares aproximadamente equidistantes entre sí, sólo habría que situar cada una de ellas en un mapa de la costa onubense para darnos cuenta de que hay huecos en los que no aparece ninguna. Por ejemplo, es posible que existiera una torre de almenara al este de la playa de Punta del Caimán, a media distancia de la torre del Catalán y la de Canela, como especificaba el primitivo proyecto de Bravo de Lagunas; y, seguramente, podría haber habido otra a poniente de Mazagón, entre las torres de la punta de Arenillas y la del Oro, llamada del Río de Oro en los documentos antiguos. Con la presencia de estas supuestas almenaras la defensa de la costa de Huelva habría quedado completa. Es bastante lógico pensar que ambas, en el caso de que llegaran a edificarse, hayan sido engullidas por el mar.

        De todas formas, hoy día se sabe que no todas las torres proyectadas llegaron a construirse, sobre todo por problemas económicos; por eso es igual de probable que no hubiera más que las que nos han llegado hasta nuestros días. Del mismo modo, también es posible que hubiera otras atalayas de vigilancia marítima o fluvial en lugares diferentes a los expuestos; por ejemplo, en un plano de las costas y puerto de Cartaya, perteneciente al año 1862, aparece una torre denominada del Terrón a unos dos kilómetros y medio al norte de torre Catalán, en la margen derecha del río Piedras. De esta torre se sabe que estaba almenada, que es anterior al menos en un siglo a la cadena de almenaras que nos ocupa y que desapareció a principios de 1900.

Las torres de almenara de nuestra costa presentan una serie de características comunes: casi todas fueron construidas con una planimetría parecida, aunque en realidad no hay ninguna igual a las demás, a base de sillares y piedra ostionera unidas con argamasa principalmente, aunque también se utilizó el ladrillo, sobre todo para las bóvedas interiores. La forma de todas ellas es de tronco de cono más o menos achatado, con un terrado superior que es donde se hacía la almenara o fuego de aviso (ésta es una de las características diferenciadoras con respecto a las almenaras del litoral gaditano, cuyas torres suelen ser troncopiramidales de planta cuadrada).

          La almenara más conocida por nosotros es, sin duda, la torre de la Higuera, en la playa de Matalascañas, más conocida como "la Peña". Su extraño aspecto se debe a que la erosión de la arena sobre la que se asentaba y la fuerza del mar la han hecho bascular, es decir, está invertida, lo que vemos arriba son los cimientos, mientras que la parte superior de la torre está hincada en la arena. Cumplió su cometido como torre de almenara durante poco tiempo, algo más de un siglo, ya que documentos de 1756 relatan que la torre estaba ya en esa época en ruinas a merced de las embestidas del mar.

         Cada torre de nuestro litoral tiene una sola puerta, situada en la fachada norte, es decir, en el lado contrario al mar, y a media altura (a unos 3,50 - 5 metros de la base, para dificultar su acceso a los enemigos); dicha puerta comunica con una cámara interior (o dos cámaras superpuestas, como en las torres de Canela y Punta Umbría, las mayores de toda la cadena defensiva), generalmente cubierta con bóveda semiesférica. En el centro de esta cámara existe un aljibe o pozo a fin de que la guarnición pudiera repostar agua sin tener que salir de la estancia; es también aquí de donde arranca una escalera de caracol, embutida en el ancho del muro, que conecta con el terrado superior. Además, como ya ha quedado dicho, fueron levantadas a distancia similar unas de otras, como defensa a las incursiones y pillajes de los piratas, sobre todo berberiscos y turcos; como vigilancia de posibles amenazas de las flotas holandesa e inglesa; y como lugar de aguada para las flotillas de bajura.

         Al contrario de lo que sucede en el litoral gaditano, las torres onubenses, si exceptuamos el caso de torre Arenillas, que sirvió para sustentar en su terraza superior un depósito de agua en la década de 1970, no se han reutilizado posteriormente. En Cádiz tenemos ejemplos de torres de almenara que han servido de depósito de municiones, de enlace telegráfico, de capilla, de faro, etc. Incluso algunas siguen prestando algún tipo de servicio en la actualidad. Tampoco han tenido uso posterior las treinta almenaras que se conservan en la costa malagueña.

         La guarnición era variable, pero casi siempre estaba compuesta por dos torreros y dos artilleros por torre, y ésta solía estar defendida con alguna pieza de artillería colocada en el terrado superior, casi siempre un sacre y un falcón.

         Actualmente hay un par de torres que son visitables y que incluso forman parte de los recorridos turísticos que proponen sus ayuntamientos: la que se conserva en Isla Canela y la de Punta Umbría. En ambos casos se ha adecentado su entorno y se ha colocado una escalera externa para su acceso. Es de esperar que los organismos competentes vayan tomando parecidas medidas de conservación en el caso de las demás almenaras, a fin de preservar estas construcciones del olvido y el deterioro.

Antonio Delgado Pinto
CEIP "Manuel Siurot
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