HISTORIA
Los primeros vestigios históricos de los que
se
tienen constancia reflejan la existencia de asentamientos humanos desde
época
muy temprana, que basaban su supervivencia en la agricultura,
artesanía y
comercio. En este contexto no faltan también testigos de
enterramientos
megalíticos como el "Dolmen" o sepulcro de cúpula de la Edad del Bronce,
descubierto
en la primera mitad del s. XX por D. Enrique Pérez
Núñez y hoy desaparecido
tras numerosas expoliaciones y destrozos. Fue posible, sin embargo, y
gracias a
los trabajos realizados por Pérez Núñez , la
conservación de importantes piezas
arqueológicas que actualmente integran los fondos del Museo
Arqueológico
Provincial de Huelva. Se tienen también
noticias de la
presencia romana en la localidad. Constatan esta afirmación los
restos
arqueológicos de origen romano que fueron depositados en el
Museo Provincial
por D. Agustín Galindo Moreno. Quizás las piezas
más significativas de esta
colección sean una lápida con inscripciones funerarias,
localizada en la finca
"La Nava",
y un gran bronce de Adriano, hallado en la Torre que da nombre
a la localidad, y en la que
posteriormente nos centraremos; por ser monumento emblemático y
distintivo de
San Bartolomé.
No podemos dejar atrás la mención a
piezas igualmente relevantes como son una gran pila de hormigón
y algunas
monedas. Todo ello atestigua la implicación cultural del mundo
romano en la
zona. Existe sin embargo una
afirmación,
posteriormente desestimada, que manifiesta la existencia de una
edificación
romana bajo la construcción medieval de la Torre antes
mencionada. Pero según las
prospecciones arqueológicas realizadas con motivo de la
restauración efectuada
a dicha Torre en 1986, esta teoría queda desechada.
Lo que si queda bastante claro, es que
podemos remontar su construcción a un periodo entre mediados y
finales del s.
XIII; por ser éste un momento en el que el territorio de la
actual provincia
onubense se hallaba inmerso en importantes convulsiones tales como:
revueltas
de la población; problemas fronterizos con la vecina Portugal ,
o los deseos
del reino de Sevilla de mantener su poder frente al auge de los
señoríos. Es ésta
una Torre
claramente exponente de
"Torre Vigía", que controlaba los puntos de comunicación
con la zona
minera serrana y la costa, hasta sus límites con Portugal.
La construcción se halla enclavada a unos
700 mts. del núcleo urbano, sobre una pequeña loma que no
supera los 128 mts.
de altura. De los trabajos realizados en ella se deduce que
poseía tres
plantas:
Una
para caballerías
Una
intermedia para habitáculo de los vigilantes
Una
tercera para vigilancia propiamente
La restauración realizada en 1986 era de
total urgencia, aunque el monumento perdió, en opinión de
la población local,
su anterior encanto y fisonomía, desapareciendo las conocidas
ventanas con
similitud a dos grandes ojos que parecían mirar hacía el
casco urbano.
Volviendo al devenir histórico de la
villa, hemos de mencionar que su territorio fue conquistado en 1257 por
Alfonso
X tras vencer al rey Taifa de Niebla Ifbn Mahfuz. Posteriormente a esta
conquista se llevó a cabo una reorganización territorial,
que dejaría en la
localidad inmersa en el Concejo de Gibraleón. Es por ello que
durante siglos ,
la historia de esta localidad andevaleña se vea inmiscuida en la
de su vecina
Gibraleón de la que sólo dista unos 14 Km.
Hemos de esperar hasta 1589 para
encontrar un documento en el que se alude claramente al asentamiento
poblacional en San Bartolomé de la Torre. Nos
estamos refiriendo a la Carta Puebla o de
Fundación otorgada por el Marqués de Gibraleón a la Villa de San
Bartolomé con
la finalidad de repoblar y reorganizar el territorio.
Durante el resto del S. XVI, la villa se
fue consolidando progresivamente. Sin embargo la economía y la
salud se
resintieron a causa de la guerra con la vecina Portugal entre 1640 y
1710.
La recuperación paulatina tras esta época
de crisis, vuelve a verse afectada por una coyuntura adversa entre 1778
y 1818,
pues la localidad se verá dañada por una plaga de
langostas que mermará sus
cosechas. Asimismo, el azote de las epidemias de peste y fiebre
amarilla
sacudirá a la población.
Todo ello, unido a las guerras que
asolaron el país, que se verá invadido por la Francia
Napoleónica,
hará que la población quede gravemente afectada. Con
estos altibajos
poblacionales se irá llegando a fines del XIX, cuando hallaremos
una mayor
estabilidad y crecimiento, como consecuencia de las medidas
desamortizadoras y
de la abolición del Régimen Señorial en 1836.
Como ya mencionamos con anterioridad, San
Bartolomé de la
Torre
se encuentra ligada al Marquesado de Gibraleón, que abarcaba
también las
localidades de Cartaya, Villanueva de los Castillejos; El Almendro;
Sanlucar de
Guadiana y El Granado. La descomposición de este Marquesado no
fue un proceso
fácil. Los problemas para llevar a cabo la repartición
territorial tras la
abolición del régimen señorial, se
perpetuarán hasta bien entrado el S. XX, ya
que son frecuentes los pleitos entre San Bartolomé y sus vecinos
limítrofes por
la determinación de sus respectivos territorios.
Las actividades económicas por
excelencia, siempre fueron la agricultura y la ganadería,
seguidas de la caza.
Los principales cultivos eran el trigo, centeno, legumbres y frutas,
además de
cera y miel. Priman el olivar, encinas y alcornoques, que
configurarán el
paisaje característico andevaleño actual.
Hemos mencionado antes la existencia de
algunos problemas para efectuar la repartición del Campo
Común del Marquesado
de Gibraleón; sin embargo y aunque parezca una paradoja, en la
actualidad todos
los municipios integrantes en aquel Marquesado, a excepción de
su titular
Gibraleón, constituyen una Mancomunidad de desarrollo denominada
"Beturia", de la que también son miembros las localidades de San
Silvestre de Guzmán y Villablanca.