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"La lectura de un buen libro es un diálogo incesante, en el que el libro habla y el alma contesta" (André Maurois)
PLAN LECTOR 1. Desarrollo de las competencias básicas
La competencia lectora ha sido siempre un instrumento primordial en el aprendizaje escolar. Varias razones avalan esta afirmación. En primer lugar, los conocimientos de las distintas áreas y materias se articulan fundamentalmente de forma lingüística y simbólica; en segundo lugar, una gran parte de los conocimientos se obtiene a través de los textos escritos; por último, las diferencias observadas en lectura son, en gran medida, predictoras del futuro desarrollo educativo de los alumnos y alumnas. Pero, además, podemos afirmar que el desarrollo del lenguaje escrito y el éxito curricular son interdependientes: un buen nivel de lenguaje escrito es condición para el éxito curricular y, al mismo tiempo, difícilmente se puede alcanzar un nivel alto en competencia lectora sin un adecuado progreso curricular. Si la competencia lectora ha sido siempre un instrumento imprescindible para el aprendizaje escolar, esta exigencia adquiere mayor relevancia ahora, en la sociedad de la información y del conocimiento. A pesar de que a menudo se insista en la preponderancia de la cultura audiovisual, la sociedad del conocimiento refuerza el papel del texto escrito, por lo que la competencia lectora constituye un elemento insustituible de inclusión o integración en esa sociedad alfabetizada, caracterizada, entre otros, por estos tres aspectos: el nuevo concepto de alfabetización, la importancia de generar conocimiento y el enfoque plurilingüe. Las definiciones de alfabetización, competencia lectora y hábito lector han evolucionado a lo largo del tiempo y están cambiando en las actuales circunstancias: la información disponible es inmensa, los soportes en que se sustenta han experimentado y experimentarán en el futuro importantes cambios y con ello, los modos de leer, como la lectura hipertextual en textos digitales. Este nuevo escenario requiere el desarrollo de capacidades relacionadas con la búsqueda de información, con su evaluación y selección y con su tratamiento. En el nuevo contexto se ha instaurado ineludiblemente el aprendizaje permanente. Por ello adquiere gran importancia el desarrollo de las competencias que faculten a las personas para aprender de forma autónoma a lo largo de la vida. Es necesario, además, ser capaz de transformar la información en conocimiento y, aún más, de compartir ese conocimiento con los demás. Por otra parte, en el contexto en el que nos encontramos inmersos adquiere gran importancia la competencia plurilingüe y pluricultural. La competencia plurilingüe y pluricultural hace referencia a la capacidad de utilizar las lenguas para fines comunicativos y de participar en una relación intercultural en que una persona, en cuanto agente social, domina –con distinto grado– varias lenguas y posee experiencia de varias culturas. Esto no se contempla como la superposición o yuxtaposición de competencias diferenciadas, sino como la existencia de una competencia compleja e incluso compuesta que el usuario puede utilizar. (CONSEJO DE EUROPA, 2002: 167)
2.- Concepto de lectura
La competencia lectora (reading literacy) incluye una compleja gama de conocimientos y destrezas. La lectura pone en acción múltiples procesos cognitivos y metacognitivos en los que intervienen la capacidad de razonamiento, la memoria y los conocimientos previos del lector. Aunque el aprendizaje del código se realiza con relativa rapidez, posteriormente es necesario un proceso asociativo lento que requiere una práctica intencionada y sistemática. En el acto de leer, el lector interactúa con el texto en un contexto determinado: el texto no dice lo mismo para todos los lectores ni dice lo mismo a un lector en momentos diferentes. Esta concepción interactiva es la que subyace en las evaluaciones internacionales de la lectura que se están aplicando actualmente y, desde esta perspectiva, el propósito de la lectura adquiere una relevancia especial tanto en la enseñanza como en la evaluación de la competencia lectora. PIRLS (Progress in International Reading Literacy Study), evaluación internacional de la capacidad lectora aplicada a los niños y niñas de 9-10 años, define la competencia lectora como la habilidad para comprender y utilizar las formas lingüísticas requeridas por la sociedad y/o valoradas por el individuo. Los lectores de corta edad son capaces de construir significado a partir de una variedad de textos. Leen para aprender, para participar en las comunidades de lectores del ámbito escolar, y para disfrute personal. (MULLIS, 2006: 5)
3.- Dimensiones de la lectura
3.1. El contexto: situaciones de lectura El Consejo de Europa agrupó las distintas situaciones de uso de la lengua en cuatro ámbitos: público, personal, profesional y educativo. En su aplicación al ámbito de la lectura, obtendríamos cuatro contextos de lectura: lectura para uso público, para uso personal o particular, para uso profesional y para uso educativo. PIRLS plantea dos propósitos prioritarios de la lectura para esta franja de edad: lectura como experiencia literaria o como disfrute y lectura para adquirir y usar información. Por tanto, en el caso de la Educación Infantil y Primaria se priorizan los ámbitos personal (leer por placer) y educativo (leer para aprender).
3.2. El texto: tipos de texto y géneros textuales.
Los tipos de texto incluyen tanto textos orales como escritos y son modelos teóricos, con unas características lingüísticas y comunicativas determinadas, que pueden encontrarse en numerosas situaciones comunicativas. Son tipos de texto el narrativo, el descriptivo, el expositivo, el argumentativo, las instrucciones… Los géneros textuales son las formas que adoptan los textos atendiendo a su función específica en la comunicación social. Son géneros textuales el cuento, la novela, la carta, la noticia, el editorial, la receta… La comprensión de los diferentes tipos de texto y géneros textuales requiere la activación de distintas estrategias lectoras; por tanto, la planificación didáctica debe garantizar la interacción con distintos textos para asegurar el desarrollo de las estrategias lectoras. El desarrollo de la competencia lectora de los alumnos requiere la selección de textos adecuados para los diferentes ciclos, textos que respondan a distintas situaciones de lectura, que abarquen tipos y géneros textuales variados y que incluyan actividades lectoras que supongan la activación de los distintos procesos lectores. En la interacción de los alumnos con los textos debe primar el criterio de variedad textual y en el caso de la Educación Infantil y Primaria, para un desarrollo equilibrado de la lectura y la escritura, debe favorecerse su contacto tanto con los textos continuos como con los discontinuos. En el Plan de lectura del Centro se especifican los tipos y géneros de texto que se trabajarán en cada uno de los ciclos.
3.3. El lector: los procesos lectores.
Desde el punto de vista didáctico conviene prestar atención a los distintos procesos lectores requeridos para garantizar la comprensión lectora. A continuación se presentan los aspectos de la comprensión involucrados en la competencia lectora en función de que se emplee de manera principal la información del texto o se necesite el conocimiento exterior al texto, de que se atienda a partes concretas del texto o a las relaciones dentro del mismo, se centre en su contenido o en su estructura. El desarrollo sistemático de la competencia lectora de los alumnos en el ámbito escolar requiere que se trabajen intencionalmente los distintos procesos lectores, sin que se produzcan desequilibrios importantes como, por ejemplo, un predominio excesivo de la comprensión literal sobre la interpretación. A continuación pueden observarse posibles actividades correspondientes a los diferentes procesos lectores, que pueden servir para revisar y completar los ejercicios de comprensión propuestos en los materiales curriculares.
Las tareas lectoras presentan una dificultad diferente en función de múltiples características relacionadas tanto con el texto como con los ejercicios propuestos. En cuanto al texto, el lector puede encontrar mayor o menor dificultad en función de su longitud, la proximidad cultural, la familiaridad o interés hacia el tema, la sencillez o complejidad del contenido, la organización de la información en el texto (tipo de relaciones que se establecen), información más o menos implícita o explícita y el formato (apoyos gráficos o visuales…). En relación con los ejercicios propuestos, la dificultad puede depender de la relevancia de la información requerida, el tipo y nivel de comprensión solicitado (localización de información, relaciones entre las ideas, hipótesis, valoración…), el número de elementos del texto que hay que localizar o manejar, el número de criterios que hay que tomar en consideración, la presencia de informaciones que interfieren con la que se solicita y el nivel de explicitación de la tarea. Por tanto, los ejemplos de actividades lectoras presentados en el cuadro anterior pueden ser aplicados en los distintos ciclos de la Educación Infantil y Primaria y el Primer Ciclo de ESO a diferentes niveles de dificultad. |