
C.E.I.P “FRANCISCO AYALA”
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PLAN DE CONVIVENCIA
Estimados padres:
Dado que durante el presente curso escolar debemos elaborar y poner en marcha el Plan de Convivencia en los centros, nos vemos en la necesidad de exponerles y comunicarles la necesidad de la colaboración y coordinación entre familia y escuela.
Hoy día escuchamos con demasiada frecuencia expresiones como ACOSO, MALTRATO PSICOLÓGICO, … empleadas en muchas ocasiones, a nuestro modo de entender, demasiado a la ligera. Creemos que es necesario pensar un poco en lo que dichas palabras implican y que en cualquier momento cualquier persona, padres, madres, maestros, maestras, niños o niñas pueden ser acusados de realizar tales acciones. Que acusaciones tan graves pueden producir en cualquiera de esas personas, incluidos nuestros hijos, marcas muy profundas y que, por evitar posibles TRAUMAS, podemos crear otros muy difíciles de subsanar más adelante.
Los que realizamos este escrito somos maestros y maestras, también somos padres y madres, y también como ustedes, hemos sido niños y niñas.
Todos nosotros hemos vivido una infancia en la que ha habido peleas, enfrentamientos, hemos sufrido los motes ideados por nuestros compañeros, nos hemos reído o llorado con ellos. Nuestros profesores nos han castigado y regañado y nuestros padres y madres también, sin embargo, hemos ido acumulando experiencia, hemos conocido la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal y hemos aprendido, en definitiva, a ser personas.
Hoy día las cosas han cambiado mucho, se ha pasado de una férrea disciplina a una permisividad que, en algunos casos, es excesiva. Creo que ha llegado el momento de plantearnos hasta qué punto es beneficioso el que nuestros hijos consigan siempre, o casi siempre, lo que quieren, el que nuestros hijos desautoricen a sus mayores de la manera más natural y sintiéndose siempre en posesión de la razón.
Nuestros hijos deben tener patrones de conducta. Los patrones de conducta no deben estar nunca enfrentados, deben ser los mismos por parte de todas las personas que influyen en su educación. Los patrones de conducta hacen que los niños sean capaces de discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Les sirven para comprender que todos somos responsables de nuestros actos, que la vida no está llena de derechos, sino que en la vida hay también unos deberes que, si no son cumplidos, nos hacen perder nuestros derechos. Les hacen aprender que los derechos son de todos y no únicamente suyos y les hacen aprender, en suma, cuáles han sido sus errores y la manera de no volver a cometerlos.
Como profesionales de la educación nos sentimos muchas veces impotentes al observar que, cada vez con más frecuencia, todos nuestros esfuerzos por conseguir que nuestros alumnos y alumnas se conviertan en buenos profesionales y mejores personas, chocan con padres que, dando crédito siempre a sus hijos que, aunque digan la verdad, pueden tergiversarla en favor de sus propios intereses, desacreditan continuamente nuestra labor. La palabra del hijo o la hija está siempre por encima de su maestro, de su maestra y también, de la de su padre y de la de su madre.
Quizá no nos hayamos parado a pensar que nuestros hijos hablan y cuentan, pero que no sólo lo hacen en casa sino también en el colegio. Los niños ven y viven las cosas desde su poca experiencia y desde un prisma muy especial. Los que estamos acostumbrados a escuchar sus diatribas, hemos aprendido a lo largo de los años a reconocer exageraciones, a reconocer retazos de conversaciones que han oído para después reproducir otras que no tienen nada que ver con lo que en realidad se hablaba y hemos aprendido también que en más ocasiones de las que pueda parecer, inventan para obtener una atención que creen merecida pero no conseguida.
Desde aquí, queremos agradecer a todos aquellos padres y madres que comprenden la dificultad de nuestra labor, que antes de creer a pies juntillas lo que les cuentan sus hijos, acuden a hablar con nosotros, de buena fe, para aclarar posibles malos entendidos. A todos aquellos padres y madres que sabiéndose falibles son capaces de entender y perdonar que nosotros también lo seamos.
Desde aquí también queremos hacer entender que los niños y las niñas aprenden de la experiencia y que la experiencia debe enseñarles que la vida es también esfuerzo, que sus deseos no siempre pueden ser atendidos, que los errores deben ser corregidos, que más veces de las que se creen se equivocan, que sus mayores merecen respeto, que la vida no gira a su alrededor y que mañana no van a tener a sus mayores a su alrededor para que les resuelvan todos sus problemas.
Desde aquí les pedimos que unan sus esfuerzos a los nuestros a favor de aquello que a todos nos preocupa: nuestros hijos.
Atentamente:
EL EQUIPO DIRECTIVO Y CLAUSTRO DE PROFESORES DEL COLEGIO