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Por
Andrés Martínez, 5º
Pedro era un niño de 9 años, que vivía en un pueblo con
sus padres. Era hijo único, no tenía hermanos, y se aburría un poco en
casa.
El mes de diciembre se le hacía larguísismo. Estaba desesperado porque
viniera la Navidad, para poder estar con su madre, padre, sus tíos,
primos, primas…su familia. Los regalos. Así era todos los años.
Pero un día su padre se fue y no volvió. Nadie sabía dónde estaba.
Ni la policía, ni nadie lo habían podido encontrar.
Pasaron muchos meses. Se acercaba la navidad.
La Navidad ya no era como antes porque había menos miembros de la
familia. Pedro echaba de menos a su padre. Al final, estuvieron la mamá,
los primos, las primas, los abuelos…
-¡Qué aburrimiento, sin mi padre no hay Navidad!-
dijo el niño.
La noche en la que debía de venir Santa Claus, Pedro estaba despierto
porque quería saber quién era Santa Claus. Cuando el niño se levantó y
bajó las escaleras a por agua, oyó la puerta y…¡era Santa Claus! Llamó a
su madre y su madre vio que no había nadie, y le dijo:- Vete a la cama,
que estás soñando.
Nadie lo creía ,nadie lo escuchaba, pero él insistía un a vez y otra vez
, porque él estaba seguro. No era un sueño. Todo lo que decía era
verdad.
Otra noche, apareció en la ventana una sombra extraña, Pero Pedro no se
asustó. Estaba en su cuarto y solo, pero no le dio miedo. Era alguien
que le resultaba familiar.
Era Santa Claus.
Pedro, muy contento, le abrió la ventana. Él no pensaba en los regalos.
En cambio le pediría a Santa Claus que le trajera a su padre a casa.
Santa Claus entró y se quitó la barba blanca y el gorro rojo y…
Y era…era… ¡Su padre!
No era el auténtico Santa Claus. Era su padre. Su padre había vuelto a
casa.
Estaba cargadito de juguetes. Pero el mejor regalo para Pedro era que
hubiera vuelto su padre.
Ahora ya sí que eran unas navidades de verdad, como las de siempre.
Felices Navidades a todos, de parte de Pedro y mía también.
FIN
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