Cuentos del Cole

         EL ÁGUILA HERIDA

 

José Antonio Caro Martínez

C.E.I.P. “Santa Teresa” Estepa (Sevilla)

 

           Érase una vez un pueblo pequeño llamado Estepa. En él había un gran territorio de campos llenos de muchos olivos. Allí, en uno de los muchos campos que lo rodean, vivía un hombre llamado Andrés. Para la media de estatura de sus habitantes era alto. Tenía el pelo moreno, los ojos marrones y el cuerpo atlético. Destacaba entre sus vecinos y amigos por lo simpático que era. Le gustaba mucho hacer bromas, pero nunca muy pesadas.

 

 

 

 

 

  

 

Un día, cuando iba para su casa, vio a lo lejos una cosa en las ramas de un olivo. Parecía que se movía pero no podía adivinar de qué se trataba porque estaba todavía un poco lejos.  Al principio pues,  no sabía lo que era. Al fin,  cuando se acercó lo bastante, descubrió que era un águila. Se aproximó a ella muy despacio y con mucho cuidado la cogió entre sus manos. Al ver que apenas se movía, supo que estaba malherida y se fue corriendo hacía su casa. Allí su mujer le tenía la comida preparada. Pero Andrés entró y sin apenas saludarla, fue corriendo al armario del botiquín para poder curar al águila. La mujer lo siguió y cuando vio el estado en el que se encontraba el águila, estuvo a punto de desmayarse. Sólo cuando la terminaron de curar fueron a comer. Cuando todo se calmó, mientras los dos comían, le contó todo lo que había ocurrido.

Al día siguiente Andrés dejó el águila con su mujer y se fue a trabajar al campo como todos los días. Era una señora: baja, ojos azules, rubia y cuerpo atlético. María, que así se llamaba, se quedó en la casa cuidándola. Andrés, mientras trabajaba en el campo, no dejaba de pensar en el águila. Cuando acabó su jornada de trabajo, cogió el coche y se fue directamente a su casa. Y así un día y otro.

Pasaron los días y el águila aunque se sentía a gusto con ellos parecía un poco triste, daba la impresión de que echaba de menos a su familia. Así que Andrés habló con su mujer. Aunque los dos la querían comprendían que para ella era mejor volver con su familia de verdad. Entonces decidieron darle la libertad. Pero antes tenían que probar si podía volar. Así que se fueron al campo y desde lo alto de una pequeña colina la echaron a volar. Era increíble pero... ¡ya podía volar!

El animal remontó el vuelo y comenzó a revolotear una y otra vez por encima de Andrés y María. Era su forma de  darles las gracias y demostrarles su agradecimiento. Estuvo así durante unos minutos hasta que finalmente se alejó y desapareció por el horizonte. Los dos esposos regresaron a su casa un poco tristes porque ya no volverían a ver al águila , pero contentos porque habían hecho lo que debían.

Y así termina el cuento, que quiere enseñarnos esto:

 

“LOS ANIMALES DEBEN VIVIR EN LIBERTAD. POR MUY BIEN QUE LOS CUIDEMOS,

ELLOS PREFIEREN ESTAR CON SU FAMILIA DE VERDAD.”

 

 

JOSÉ ANTONIO CARO MARTÍNEZ  6º B

 

© TOMO V “Cuentos del Cole” CEIP SANTA TERESA. Estepa (Sevilla)