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Llegaron las vacaciones
y no sabía lo que hacer. Entonces me di cuenta que cuando terminase el
verano me iba a ir con los más “chicos”. Estaba triste porque
me hubiese gustado pasar al instituto con mis compañeros de clase. Pero ya
no tenía remedio, ahora estaba arrepentido por no haberme esforzado. Así
que desde el 1 de julio fui a dar clases en el colegio. Entraba a las 9 de
la mañana y salía a la 1 de la
tarde. Luego volvía a las 3 y terminaba a las 5. Todos los días los niños
de 5º que me veían se reían de mí porque pasaba a 6º otra vez.
Todos
los sábados me iba al parque con mi bicicleta sobre las 10 y media de la
mañana. Aquel sábado iba tranquilo con mi bicicleta y a mitad del camino me
encontré con el profesor Quiroga al que yo le había dado muchas bromas pesadas,
frené y le pregunté:
-
¿Este año vas a dar inglés también?
-
No, pequeño, este año le daré a los de 5º. - me
respondió él.
-
Pues es una lástima porque ya se me ha quitado la
costumbre de gastar todo tipo de bromas pesadas.
Así pasaba el verano hasta que un
día que estaba jugando con la Play, mi madre me llamó diciendo:
-
Sergio, cariño, tienes que devolverle los libros a tu
primo porque ya no los necesitas.
-
No, mamá que
repito 6º de Primaria. ¿No te acordabas ya? – le dije.
-
Tienes razón, llamaré a tu primo diciéndole que
repites curso y que te los deje un
año más. – respondió un poco triste. “
Y esa es mi pequeña historia.
Espero que hayáis aprendido la lección:
“Estudiad y
esforzaros si no queréis que os pase lo mismo que a mí”
MANUEL LUIS AGUADO
MARTÍN 6º A
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