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De repente se me quitó la sonrisa
de la cara, conocía a mi tío y sabía que no era tan amable. Si nos había invitado
era por algo, algo que aún ahora no entiendo bien.
Al día siguiente hicimos las
maletas y nos pusimos en camino. Cuando bajé no podía creer lo que veía:
era una ciudad preciosa, con altas torres y en una de ellas un enorme
reloj. Habían un montón de carruajes que pasaban de un lado al otro. A lo
lejos vi un carruaje de caballos que se acercaba, ¡era mi tío! Se bajó y
nos saludó. Nos invitó a subir, decía que el camino a su casa era largo y
que ya que tenía el carruaje era una lástima ir andando. Estuvimos hablando
sobre mis notas y lo que debía hacer para mejorarlas, puesto que no fueron
muy buenas. Llegamos y bajé de la carroza, mi madre y mi tío bajaron un
rato después. Pasamos dentro de la casa. Era enorme: tenía dos salones, una
cocina, un salón de baile y una sala de reuniones. Subimos a la planta
superior: En ella había seis habitaciones, cada una con su dormitorio y su
baño. Mi tío nos mostró nuestras habitaciones. El dormitorio era muy
grande. Cuando estaba deshaciendo las maletas mi tío nos llamó. Mi madre
que también estaba bajó delante mía.
-Os quiero presentar a Melisa, es
la cocinera de la casa- dijo mi tío con una sonrisa- y éste es Juan, el
mayordomo.
Cuando nos disponíamos a subir otra
vez mi tío nos rogó que nos quedáramos puesto que ya estaba la cena.
Después de cenar fui a mi habitación, tenía mucho sueño. Llevaba ya un rato
durmiendo cuando me desperté, tenía mucha sed. Baje a la cocina y observé
que la puerta de la sala de reuniones estaba encajada e iluminada por un
candil. Eran la una y veinte de la madrugada. ¡Todos tenían que estar
dormidos! Me picó la curiosidad y me asomé. Mi tío estaba hablando con
alguien, un señor con el pelo gris y los ojos negros. Hablaban sobre
algo..., algo siniestro. Si no recuerdo mal estaban hablando sobre un
asesinato. Yo escuchaba:
-Señor Fernández ¿seguro que no se
echara atrás, verdad?
- A propósito ¿ha encontrado ha
alguien? – preguntó el otro hombre.
-Sí, mi sobrino y su madre. Mañana
iremos a por ellos mientras estén durmiendo, luego echaremos los dos
cuerpos al río como hicimos con su padre.
No,
no podía creer lo que estaba escuchando. Esa era la razón de su inesperada
invitación. Se me cayó el vaso al suelo, mi tío y su acompañante se
asomaron alumbrando con el candil. Me vieron pasar, pero al no haber más
velas alumbrando y al estar la puerta entreabierta supongo que creyeron que
era un gato. Subí a mi dormitorio. No podía dormir. En la cabeza seguía
oyendo aquellas palabras: “mañana iremos a por ellos como hicimos con
su padre”.
A la mañana siguiente mi tío nos
presentó al señor Pierg, un compañero de negocios. “Con él hablo
anoche” pensé. Fui a darme una vuelta mientras aquellas palabras
seguían repitiéndose en mi cabeza. Tenía que hacer algo, no podía quedarme
de brazos cruzados. Cuando regresé ya estaba la cena preparada.
-Llegas justo a tiempo- dijo mi
madre llevándome hasta el comedor.
Allí estaban sentados: mi tío Duck
y el señor al que había conocido por la mañana. Después de cenar mi madre y
yo subimos a mi habitación. Tartamudeando se lo conté todo. Empezó a llorar
y mientras la tranquilizaba le conté el plan que había tramado durante todo
el día.
-¡Bien, lo haremos!- dijo entre
lágrimas.
Nos mantuvimos despiertos, cada uno
en su cuarto. A las dos y diez oí que alguien entraba. Yo estaba escondido
detrás de la puerta al igual que mi madre, cuando se adentró lo suficiente
lo empujé y cerré la puerta con llave. Mi madre me siguió. Corrimos los dos
escalera a bajo y salimos a la calle. Mi tío y el señor Pierg que había
conseguido salir nos perseguían. Caminamos de prisa por las calles hasta
que llegamos a un río. Los dos
llegaron enseguida. Pierg me cogió por la espalda y mi madre
consiguió que me soltara tirándole una piedra. Al retroceder para esquivar
la piedra, tropezó y cayó desde el altísimo puente. Durante unos momentos
movió las manos pero enseguida desapareció y se perdió en el agua. Mientras
tanto mi tío se había puesto ante mi madre con una cuerda. Había rodeado su
cuello e intentaba ahogarla. Cogí una gran piedra y con furia se la lancé.
Le golpeó la cabeza, se volvió hacia mí y comenzó a balancearse. Después
tropezó y cayó por encima de la barandilla hasta el fondo del río mientras
soltaba un grito de dolor y miedo. Mi madre y yo nos asomamos y logramos
ver como después de unos segundos el cuerpo de mi tío desapareció bajo las
aguas. Mi madre y yo nos abrazamos. La pesadilla había terminado felizmente
para nosotros. Pero aún no sabemos ni mi madre ni yo por qué razón nos
había odiado tanto mi tío. El secreto se lo llevó al otro mundo.
Al día siguiente el periódico tenía
un titular peculiar: “LOS RESPETABLES DUCK YELI Y PIERG SCANSIN
DESAPARECIDOS”.
MARI CARMEN OSUNA FERNÁNDEZ 6º B
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