XII.- Nietzsche


    La vida de F. Nietzsche abarca la segunda mitad del siglo XIX (1844-1900). Éste es un periodo bastante agitado en toda Europa, con numerosas transformaciones sociales, políticas y económicas. Por un lado, supuso el final definitivo del Antiguo Régimen, y . A finales del XVII se producen la Revolución Francesa, la Independencia Americana (y a continuación la del resto del continente) y otras muchas reformas en toda Europa, siempre justificadas desde el punto de vista de los grandes ideales de modernos de libertad y de progreso. Incluso Napoleón y su avance bélico por Europa fue percibido por algunos pensadores como el último paso para la consecución universal del desarrollo. Sin embargo, conforme se ejecutan los ansiados ideales modernos, estos producen efectos contrarios: guerrs, explotación , miserias, desigualdad, etc. Por eso es también un período de enorme diversificación política, con la aparición de numerosas corrientes (socialismo, liberalismo, anarquismo, nacionalismos, movimientos obreros...) que fomentan la disputa política y enfatizan el papel del ciudadano. En Alemania, que a finales del XIX intenta afianzar una identidad propia, las cuestiones económicas, políticas y sociales se asumen como una cuestión nacional.

    Por otro lado el desarrollo científico y tecnológico produce también efectos contradictorios. La Revolución Industrial supuso la evidencia definitiva de la importancia de la ciencia y sus utilidades para la humanidad. Esto generó una gran espectativa. A mediados del XIX la mayor parte de Europa estaba altamente industrializada y la máquina de vapor era el ejemplo más claro de supremacía de la razón humana sobre la naturaleza. Pero la mecanización, tanto de la fábrica como de las comunicaciones no habían conseguido "liberar"al ser humano de sus grandes males.

    En cuanto a la cultura en general, ésta participa también de un periodo revolicionario: extensión de la educación, popularización de la literatura y el arte, proliferación de periódicos, etc. El Romanticismo refleja todas las contradicciones del mundo contemporáneo: las espectativas de la tecnología frente a la naturaleza, la fuerza y la persistencia de ésta, el desarrollo racional humano, y la deshumanización de la vida cotidiana, etc.. En Alemania el romanticismo se vincula al incipiente nacionalismo (Goete, Holderlin, Wagner...), y, aunque sirvieron de enorme inspiración para Nietzsche, éste finalmente resultó muy crítico con el conformismo que les achacaba.

    El pensamiento europero del XIX también refelja toda esta ambiguedad. La crítica ilustrada a la metafísica y la separación definitiva de ciencia y filosofía habían debilitado a esta última. Sin embargo, las grandes revoluciones en la ciencia y en la política abrían nuevos temas filosóficos. No sólo numerosos pensadores debaten sobre el papel de ser humano en el revolucionario mundo contemporáneo, sino que la reflexión se extiende a la ciudadanía en general, que comenta los periódicos y debate en los cafés y salones sobre el darwinismo, la antigüedad de la tierra, el papel del ser humano... Por ello, en la ciencias “humanas” y en la filosofía, aparece una corriente, el Positivismo, que pretende extender la mentalidad cientificista a estos dos ámbitos. En Alemania se estaba forjando una tradición propia en Filosofía: Kant, Hegel, Schoppenhauer... Estos autores uponen siempre tanto una inistencia en el racionalismo y el cientificismo, como una crítica al mal uso que hacemos de estas herramientas.

    Con tanta agitación, no sólo teórica, sino también revolucionaria, los ideales de la Ilustración (progreso, desarrollo social, libertad, la “promesa emancipadora”...) comienzan a derrumbarse. Precisamente Nietzsche será uno de los mejores críticos teóricos de estos ideales modernos y también de toda la tradición occidental, considerando que lleva siglos por un camino erróneo. Nietzcshe utiliza las nuevas formas de pensamiento contemporáneas, como el evolucionismo, aunque a menudo también las critica por considerarlas un elemento más de la consolidación de ese error.

    Friedrich W. Nietzsche nació en Röcken, (Turingia) en 1844, hijo de un pastor evangélico, que murió cuando él aún era pequeño, lo que hizo que Nietzsche creciera en un ambiente completamente femenino, dominado por el pietismo protestante (aunque acabaría volviéndose ateo). En la escuela recibió una sólida formación humanística, interesándose especialmente por la antigüedad clásica. Por ello, más tarde estudió filología clásica en las universidades de Bonn y Leipzig, entrando en contacto con la filosofía de Schopenhauer (que también influiría decisivamente en la formación de sus ideas) y con la música de Wagner, a quien más tarde conoció personalmente, y del que fue un apasionado admirador.

    Con apenas tenía 25 años, Nietzsche fue nombrado profesor extraordinario (y luego catedrático, sin ni siquiera examinarse) de filología clásica en la universidad de Basilea, gracias, sobre todo, a las alabanzas de sus profesores y a los extraordinarios trabajos filológicos publicados antes de terminar sus estudios. Participó brevemente en la guerra franco-prusiana, aunque, llevado por su antigermanismo, renunció a la ciudadanía alemana para nacionalizarse suizo. En 1872 publicó “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música”, donde presenta unas teorías geniales pero muy controvertidas, por lo que fue duramente criticado por los filólogos más académicos y tradicionales (aunque fue recibido con entusiasmo por Wagner). Desde ese momento su obra, que es cada vez más filosófica, irá siempre dirigida hacia la crítica de la tradición y la cultura occidental y su confianza en la razón y la ciencia.

    En 1876 la salud de Nietzsche comienza a ser cada vez más precaria y tuvo que pedir la jubilación (padecía fuertes y constantes jaquecas, lo que le dejaba incluso ciego). La ciudad de Basilea le pagó una pensión durante el resto de su vida, aunque se dedicó a viajar constantemente a climas más favorables (inviernos en Francia e Italia, y veranos en los Alpes).

En 1881 Nietzsche conoció a Lou Salomé, de la que se enamoró profundamente, aunque no fue correspondido (ella se casó con un amigo suyo). Entre 1883 y 1889 vivió dedicado a pensar y a escribir, pero sus obras no tenían el éxito esperado y Nietzsche se iba quedando cada vez más solo (se distanció de Wagner, su hermana, que lo había cuidado toda su vida, se casó...). A esta época pertenece la obra seleccionada, “El Crepúsculo de los ídolos” (1888). A principios de 1889, en Turín, cuando ya estaba casi ciego, Nietzsche sufrió una crisis de locura de la que no se recuperó. Nietzsche vivió los últimos doce años de su vida en un estado de aletargamiento, bajo los cuidados de su madre y luego de su hermana, hasta que murió en el año 1900.


En el pensamiento de Nietzsche suelen distinguirse tres grandes períodos.

El primero, que abarca desde sus estudios en Leipzig hasta 1877, está representado básicamente por su obra El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música. En ella Nietzsche establece la distinción entre el espíritu apolíneo, que expresa el mundo como representación (artes plásticas) y el espíritu dionisiaco, que lo expresa como voluntad (música). Nietzsche exalta lo dionisiaco, que interpreta como encarnación de la voluntad de vivir, frente a lo apolíneo, que representa la huida ante la vida. El ideal estético del espíritu dionisiaco es el drama wagneriano, que pone en escena la fuerza incontenible de la vida.


Precisamente la ruptura de Nietzsche con Wagner es el hito que marca el tránsito del primer período al segundo, que va desde 1878 hasta 1882. Nietzsche reprocha a Wagner el haber cedido, en su obra Parsifal, ante los ideales del cristianismo, intrínsecamente contrarios a las fuerzas de la vida. En este segundo período, Nietzsche se aparta de los ideales y maestros que había admirado hasta entonces, se muestra crítico hacia el arte y la metafísica y se vuelve hacia el positivismo naturalista de la Ilustración, aunque sin caer en el culto al progreso. La obra central de este período es Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres (1878-1880), dedicado a Voltaire.


    El tercer período del pensamiento de Nietzsche arranca el año 1882 con la publicación de su obra Así habló Zaratustra. Las doctrinas de este período parten de la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad que había aprendido en Schopenhauer, pero rechazando la actitud de resignación ante ello. Nietzsche tenía la intención de presentar estas ideas en una obra sistemática que debía titularse La voluntad de poder, pero no pudo terminarla. Fue publicada después de su muerte con las anotaciones que se encontraron entre sus papeles póstumos.

    La obra seleccionada, Crepúsculo de los Ídolos (1888), pertenece a este periodo. En ella Nietzsche repasa su crítica a la tradición oocidental (que empezaría por Sócrates), a los grandes mitos modernos y los valores cristianos. Tambén critica a quienes en otra época fueran sus inspiradores, Shopenhauer y Wagner (la obra está escrita buscando un claro enfrentamiento con éste, parafraseando su "Crepúsculo de los Dioses").Esta obra está plagada de ironía y de critica a otros muchos autores, como Kant o Darwin.

Otras obras importantes de Nietzsche, además de las ya citadas, son las siguientes:


Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873, publicado póstumamente)

Aurora (1881).

La gaya ciencia (1882).

Más allá del bien y del mal (1886).

Genealogía de la moral (1887).

El Anticristo (1895)

[Más información sobre El Crepúsculo de los Ídolos aquí.]

[PARA LA 4º PREGUNTA] 

La filosofía Nietzscheana puede considerarse una de  las más geniales creaciones de la historia del pensamiento. A pesar de que a menudo se ha confundido su filosofía con el Nihilismo (la negación y el vacio de valores humanos frente a la vida), su apuesta clara por al vida y por el individuo ha inspirado a numerosas teorías contemporáneas, como el Vitalismo (Ortega), o el Existencialismo (Sartre). Su crítica tanto a la tradición occidental como a la religión cristiana son similares a otras que ya comenzaron a principios del XIX, sin embargo, éstas son, según Nietzsche, insuficientes. Teorías como la de Hegel o incluso Schopenhauer (al que en cierto momento consideraba su maestro), no resultarían más que otra crítica menor y aparente al sistema, del que serían aún un claro resultado. Nietzsche propone ir más allá, reformulando el concepto mismo de lo humano, rechazando definitivamente todos esos valores consolidados de conformismo y mediocridad.

En general, puede decirse que la filosofía de Nietzsche es la formulación completa del irracionalismo. Su teoría supuso una clara oposición al racionalismo moderno, que Nietzsce unifica bajo una líne que, arrancando con Sócrates y Platón, se continuaría con autores como Descartes, Rousseau, Kant y Hegel. Aceptó numerosos conceptos schopenhauerianos, como la importancia de la voluntad frente a la razón, pero no comprendió su "pasividad".

Resulta curioso el uso de la genialidad nietzscheana que hicieron numerosas teorías políticas controvertidas. Por un lado, su crítica al sistema y su propuesta de reformulación fueron utilizados tanto por las ideologías de izquierda radical (que él rechazaba por consiedrarlas vacías y supérfluas), por el anarquismo de principios de siglo (al que equipara con el cristianismo, por utilizar la crítica para fomentar el mesianismo), e incluso por el Nacionalsocialismo (contra el él fue especialmente combativo). Muchas de sus teorías, como la defensa de los trabajadores, en un nivel de superarión de la propuesta marxixta, como el concepto de superhombre, fueron apropiados años más tarde por la propaganda nazi, (quizás gracias a la inmiscusión política de su hermana y su cuñado). Sin embargo, cabe señalar, por un lado, que Nietzsche manifestó en todo momento una clara aversión hacia la hiper-nacionalización que estaba formándose en Alemania a finales de siglo, llegando incluso a renunciar a su ciudadanía germana; y por otro lado que el concepto de superhombre es una idea moral y una actitud frente a la vida, y nada tiene que ver con connotaciones étnicas de ningún tipo.

CONCEPTOS FUNDAMENTALES:
Muerte de Dios, Eterno retorno, Übermensch (superhombre), Perspectivismo, Voluntad de poder


1.- Crítica a la tradición socrático-platónica.


Nietzsche plantea una crítica a toda la tradición occidental, sobre todo a Platón, ya que considera a este como el origen de dicha civilización y de la filosofía cristiana. Le culpa de haber traicionado el espíritu filosófico auténtico (el perspectivismo o la perspectiva de la vida), introduciendo un planteamiento antinatural y antivital y negando a la vida los instintos vitales que son sustituidos por unos valores fuera de este mundo. Al resultado de esta posición la denomina Nietzsche Nihilismo: se ha buscado un sentido tan transcendente, supremo, tan absoluto que, al no conseguirse, se ha suplido con una disparidad de valores mediocres que nunca terminan de satisfacer al ser humano. La historia de occidente es considerada la historia de un error, ya que esa línea socrático-platónica (y crsitiana) se convertiría en el principo rector de la humanidad durante siglos.

La crítica a la tradición socrático platónica la realiza desde 3 vertientes :

- Cuando medimos y cuantificamos no conocemos la verdad de las cosas, ya que la verdad nunca es cantidad sino cualidad. El conocimiento científico no nos permite captar cualitativamente lo real.

- Cuando cuantificamos lo que logramos descubrir de la realidad es simplemente lo que nosotros mismos antes hemos considerado, es decir, cantidades y números.


Así pues, las ciencias positivas no nos sirven para llegar a la verdad; además lo más importante para Nietzsche en el conocimiento, y en el hombre, es aquello que nos permite fundamentar una valoración de la vida, para lo que no nos es útil la ciencia positiva. La ciencia simplemente ha sustituido a la religión en la época moderna y es un arma que utiliza el poder para someter al individuo.

2.- La voluntad de poder


Frente al racionalismo tradicional, Nietzsche fundamenta su criterio de verdad en la voluntad de poder (en parte tomado de Schopenhauer), que él muestra en 2 hechos fundamentales:


Si el mundo es múltiple, cambiante y aparente, y el hombre está guiado por esa multiplicidad a través de los instintos, no podrá existir nunca la verdad absoluta ; frente a la metafísica platónica y cristiana, Nietzsche reclama una visión irracional del Universo. La verdad no puede ser algo absoluto ni definitivo, sino que será siempre relativa, individual, o como el mismo lo expresó “la verdad consiste en estar siempre en el error”. Dentro de esta relatividad, será más verdadera aquella perspectiva que favorezca la vida, aquella que siga los instintos vitales.

Aunque la verdad se mueva siempre en la apariencia, esta apariencia es necesaria para que el hombre tome su perspectiva vital de seguridad frente al Universo cambiante; el hombre necesita buscar la verdad mediante el error para autoafirmarse en sus instintos vitales frente a la irracionalidad del Universo.


Nietzsche define la voluntad de poder de esta forma: La verdad es aquella clase de error sin la que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir. El valor para la vida es lo que decide en última instancia.


El platonismo consistiría también en una cierta forma de voluntad de poder, consistente en defenderse del cambio y la transformación de este mundo mediante la noción de un Universo imaginario o suprasensible. Sin embargo, se opone a la postura de Nietzsche, ya que considera la verdad como única e inmutable. Según éste, la filosofía platónica ha dado un valor desproporcionado a los conceptos, provocando la aparición de un mundo ilusorio y falso que ha ignorado lo vital (Nihilismo).


Para Nietzsche hay que ser consciente del valor relativo que tienen los conceptos; el proceso de formación de un concepto para éste consistiría en:


Por lo tanto, el lenguaje tiene un valor metafórico, resultado de un proceso creativo y estético ; pero siempre tiene una verdad o validez relativa. Por lo tanto no nos va a permitir captar la verdad de una forma absoluta, sino tan sólo superar el caos que produce en nuestra mente el intento de captar aquello que es de por sí cambiante.

El lenguaje es la única forma de llegar a la verdad, y como tal, tiene mucha importancia. Nietzsche pretende sustituir los conceptos (fijos e inmutables) por metáforas (relativas y cambiantes), confiriendo al lenguaje la función creativa de captar artísticamente el sentimiento vital y el devenir del Universo; por lo tanto, la verdad será algo poético (en el sentido griego  poiesis , producción en sentido artístico).


En la filosofía de Nietzsche, a la concepción metafórica del lenguaje se une el carácter dionisíaco de la voluntad de poder. Representa metafóricamente sus planteamientos vitalistas a través de la mitología griega, en la que se observa un enfrentamiento entre los ideales apolíneos (equilibrio, virtud, racionalidad, ...) y los ideales dionisíacos (placer, instinto, vitalidad, ...) La filosofía occidental, encabezada por Platón y Aristóteles reprimió los planteamientos dionisíacos para ofrecer una visión del mundo apolista. Frente a esto, Nietzsche niega los ideales apolíneos y reclama el triunfo de los ideales dionisíacos mediante la utilización metafórica del lenguaje como expresión de la voluntad de poder. La negación de los ideales apolíneos implica la negación del principio de individuación, expresado en el platonismo por la idea de uno y sustituida en el cristianismo por la idea de Dios. Persigue un ateísmo radical: si negamos a Dios negamos al uno, y si negamos la idea de uno negamos los ideales apolíneos y afirmamos la multiplicidad dionisíaca, de tal manera que cada cual pueda expresar su propia verdad y sus propios dioses.

3.- El nihilismo y sus formas.-


Para Nietzsche el Nihilismo no es un hecho concreto, una situación determinada, sino todo un proceso histórico, el resultado de toda una evolución de un determinado tipo de pensamiento y de una determinada tradición. Del mismo modo, unido a planteamientos evolucionistas, el nihilismo es también un proceso evolutivo, y como tal está inacabado y se presenta como el punto de inflexión para la creación de un nuevo tipo de pensamiento.

La época de Nietzsche es el momento en el que irrumpe con más fuerza el ateísmo, ateísmo que conlleva una pérdida de valores; por lo tanto, el hombre se encuentra históricamente sin rumbo, sin poder dotar a la existencia de un sentido que estaba asegurado cuando prevalecía la creencia en la existencia de Dios.

Hay que hacer una distinción en la idea de Nihilismo en Nietzsche:


La voluntad de poder implicará una nueva metafísica, una nueva visión del ser y del hombre, que se captará mediante las metáforas, afirmando la muerte de Dios y la concepción dionisiaca del mundo. La conclusión última que surgirá de la filosofía de Nietzsche se concretará en la idea del Superhombre, concepción que tuvo una gran importancia social y política en el siglo XX hasta el punto de aparecer negativamente en la historia europea. Sin embargo, hay  que señalar que este concepto no va 


El ateísmo de Nietzsche tiene un sentido muy especial, porque al negar el Dios monoteísta del cristianismo no niega la existencia de otros conceptos de Dios, sino que afirma el politeísmo. Su intención es volver a una situación politeísta, similar a la de la época de los dioses griegos, que hará que el hombre no pierda conciencia de que los dioses son producto de su creación metafórica.

La afirmación del politeísmo como característica de la visión de la nueva raza de hombres, a la que llama superiores, implica la afirmación de la libertad. El superhombre para Nietzsche representa la superación del nihilismo, la superación de la raza de esclavos que regían el mundo hasta ahora, afirmando la vida mediante voluntad de poder. El nuevo hombre superior es un estado evolutivo en la etapa de la evolución de las especies; en el Universo y en la historia se desarrollará una jerarquía en la que el superhombre implantará su voluntad de poder sobre los demás.

4.- La transvaloración moral y el ideal del superhombre.


Nietzsche critica la moral cristiana, reduciéndola a la moral de la renuncia y el ascetismo. De ella dice que su verdadero fundamento es el resentimiento, la rebelión de los inferiores  de las clases sometidas y esclavas, de aquellos a los que les está prohibida la verdadera reacción  a la casta superior y aristocrática., encontrando su compensación en una venganza imaginaria pero conservando la vida en el estado de degeneración. El hombre bueno ideal de la moral cristiana, el que viste poéticamente con su virtud, no es más que otro caso de resentimiento: cierra los ojos a la realidad, la cual está muy lejos de provocar a cada momento los instintos de benevolencia. El último resultado de esta concepción pesimista del mundo es el nihilismo: se niega la vida y los instintos vitales porque incluyen dolor.


Rechazando la actitud de resignación ante la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad, propone la aceptación de la vida tal y como es, espontáneamente, de ahí la radical crítica a los valores de la cultura europea en cuanto que nacen de la negación de aquello que la vida ofrece. Nietzsche intenta superar las conclusiones pesimistas, exaltando todo lo terrenal, corpóreo, antiespiritual, irracional, ... con la misma violencia con que es condenado por la moral ascética. La existencia del hombre es una existencia enteramente terrena: el hombre ha nacido para vivir en la tierra y no hay otro mundo para él. El alma no existe, el verdadero yo del hombre es el cuerpo, al que llama “la gran razón”. La reivindicación de la naturaleza terrestre del hombre está implícita en la aceptación total de la vida que es propia del espíritu dionisiaco. Esta crítica a la religión se extiende al pensamiento racional y científico; así, en Nietzsche hay también una de las críticas más radicales al cogito cartesiano1 .


Nietzsche veía su misión en la transvaloración moral, es decir, en la inversión de valores. Considera que su destino es abrir una nueva perspectiva: la vuelta a la vida, la conquista de un dominio absoluto del hombre sobre la tierra y sobre el cuerpo, la eliminación del carácter problemático de la vida. Esta transvaloración moral estará realizada por la voluntad fuerte y creadora que acepta el riesgo de la destrucción, la voluntad de poder; la realización de este ideal es el superhombre.

La primera característica del superhombre es su libertad de espíritu. Debe librarse de las ataduras y poner todo su anhelo en poder volar libremente, sin temor, por encima de los hombres, de las costumbres, de las leyes y de las apreciaciones tradicionales. Su máxima fundamental es: llega a ser lo que eres; no ya en la concentración de una elección o de una idea única, sino en el sentido de la máxima diferenciación de los demás, del encerrarse en la propia excepcionalidad, de la búsqueda de una soledad inaccesible. La libertad interior propia del superhombre es una riqueza de posibilidades diversas, entre las cuales él no escoge, porque quiere dominarlas y poseerlas todas. De aquí nace la renuncia a la certeza, que es, en cambio, limitación y renuncia a las diversas posibilidades de error; de aquí, también, la profundidad del superhombre, la imposibilidad de centrar su vida interior, de la que no se alcanza nunca nada más que la máscara.


El superhombre es el filósofo del futuro. Los obreros de la historia, como Kant o Hegel, no son verdaderos filósofos; los verdaderos filósofos son dominadores y legisladores, preestablecen la meta del hombre, y para hacer esto utilizan los trabajos preparatorios de todos los obreros de la filosofía y de todos los dominadores del pasado.



FRAGMENTOS DEL TEXTO DE NIETZSCHE 

(“El crepúsculo de los ídolos”)

QUE HAN SALIDO EN SELECTIVIDAD:


AÑO 2007: “Dividir el mundo en un mundo "verdadero" y en un mundo "aparente", ya sea al modo del cristianismo, ya sea al modo de Kant (en última instancia, un cristiano alevoso), es únicamente una sugestión de la décadence, -un síntoma de vida descendente... El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una objeción contra esta tesis. Pues "la apariencia" significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada, reforzada, corregida... El artista trágico no es un pesimista, -dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es dionisiaco.


AÑO 2007: “Me pregunta usted qué cosas son idiosincrasia en los filósofos?... Por ejemplo, su falta de sentido histórico, su odio a la noción misma de devenir, su egipticismo. Ellos creen otorgar un honor a una cosa cuando la deshistorizan, sub specie aeterni [desde la perspectiva de lo eterno], cuando hacen de ella una momia. Todo lo que los filósofos han venido manejando desde hace milenios fueron momias conceptuales; de sus manos no salió vivo nada real. Matan, rellenan de paja, esos señores idólatras de los conceptos, cuando adoran, -se vuelven mortalmente peligrosos para todo, cuando adoran. La muerte, el cambio, la vejez, así como la procreación y el crecimiento son para ellos objeciones,- incluso refutaciones. Lo que es no deviene; lo que deviene no es... Ahora bien, todos ellos creen, incluso con desesperación, en lo que es. Mas como no pueden apoderarse de ello, buscan razones de por qué se les retiene. Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador?”


AÑO2004 – MEC: “La “razón” es la causa de que nosotros falseemos el testimonio de los sentidos. Mostrando el devenir, el aparecer, el cambio, los sentidos no mienten ... Pero Heráclito tendrá eternamente razón al decir que el ser es una ficción vacía. El mundo “aparente” es el único: el “mundo verdadero” no es más que un añadido mentiroso.”


AÑOO 2005: “Contrapongamos a esto, por fin, el modo tan distinto como nosotros (digo nosotros por cortesía ...) vemos el


problema del error y de la apariencia. En otro tiempo se tomaba la modificación, el cambio, el devenir en general, como prueba de apariencia, como signo de que ahí tiene que haber algo que nos induce a error. Hoy, a la inversa,

en la exacta medida en que el prejuicio de la razón nos fuerza a asignar unidad, identidad, duración, sustancia,

causa, coseidad, ser, nos vemos en cierto modo cogidos en el error, necesitados al error; aun cuando, basándonos

en una verificación rigurosa, dentro de nosotros estemos muy seguros de que es ahí donde está el error.


1 “Decir que cuando se piensa es preciso que exista algo que piense es simplemente la formulación de la costumbre gramatical que asigna a un acto la acción. Si se reduce la proposición a esto <<Se piensa, luego existen pensamientos>> se deduce de ello una simple tautología -Proposición verdadera en todos los casos  quedando fuera de la cuestión <<la realidad del pensamiento>> de modo que en esta forma se ha llegado a reconocer sólo la apariencia del pensamiento, fuese no una realidad aparente sino una realidad en sí”