ANTECEDENTES PARA LA AUTONOMÍA

Los procesos encaminados a conseguir que Andalucía se administre por parte de los propios andaluces y andaluzas (la Autonomía) se enmarcan en el contexto de los debates sobre una nueva organización territorial de España. Estos debates se desarrollan a partir del siglo XIX, en el marco de las tensiones entre el centralismo que defienden los regímenes absolutistas, y la descentralización que ofrecen las nuevas tendencias demócratas y republicanas federales.

La plasmación práctica de estos primeros intentos de autogobierno producidos a finales del siglo XIX tenderá hacia el federalismo, que defiende la asociación de distintos estados que delegan algunos poderes propios a un organismo superior. Esta idea evoluciona, y en tiempos de la Segunda República Española se desarrolla una idea pro-autonomista, en la que dentro del ordenamiento constitucional de España se le otorgarían una serie de competencias a determinadas entidades territoriales, es decir, a las comunidades autónomas.

Cuando se instaura la Primera República en 1873, se redacta un proyecto de Constitución Federal que, aunque no llegó a ser aprobado, organizaba España en 17 estados, uno de ellos, Andalucía. Esta es la primera ocasión en la que nuestra Comunidad Autónoma aparece como un Estado diferenciado, si bien integrado en la Unidad de España. Pero esta República se tuvo que enfrentar a problemas políticos muy graves como el Movimiento Cantonalista, que defendía asociaciones libres entre ciudades que se proclamaban independientes. Este movimiento tuvo una gran importancia en Andalucía, de hecho se constituyen cantones en varias capitales y pueblos importantes, hasta que son sofocados por el General Pavía quien, con su golpe de Estado, pone fin a este periodo democrático.

No será hasta 1883, en torno a la Asamblea Federal de Antequera, cuando se pueden encontrar los primeros signos de un regionalismo andaluz. En octubre de ese año se aprueba un proyecto de Constitución Federal para Andalucía que debía ser revisado y aprobado en una nueva asamblea que nunca llegó a celebrarse. El proyecto antequerano planteaba la necesidad de una Andalucía soberana, constituida en democracia republicana, dentro de una estructura de corte confederal.

En lo cultural, este final del siglo XIX está influenciado por el movimiento Folclorista que trataba de establecer las raíces de “lo andaluz” y crear sobre ello una conciencia regional.

A estos intentos de autogobierno, le seguirá en el tiempo el llamado Andalucismo Histórico, que nace entre 1907 y 1915, en el seno de las controversias del Ateneo de Sevilla sobre la construcción nacional y las identidades regionales. Estos debates generan un movimiento autodenominado Renacimiento Andaluz, difundido a través de las revistas “Bética” o “El Liberal”. Entre las figuras que participaron en estos debates cabe destacar a Blas Infante, José María Izquierdo, Guichot, Gastalver, De las Cagigas, Cortines, Murube y Rojas Marcos, entre otros.

La publicación de “El Ideal Andaluz” de Blas Infante en 1915 y la creación de los Centros Andaluces vienen a dar carta de naturaleza al Andalucismo Histórico, que tiene en la revista “Andalucía” su principal órgano de difusión. Se trataba de un regionalismo patriótico, no separatista, íntimamente unido a la convicción de que la solución de la crisis política y social de España vendría derivada del fortalecimiento de sus regiones.

Sin embargo, se trataba de una propuesta de difícil calado en la población, ya que los terratenientes se posicionaron a favor de un Estado centralista, mientras que las clases obrera y campesina se manifestaban hostiles a planteamientos interclasistas, siendo más proclives a posiciones ideológicas como el anarquismo y el socialismo, ideologías que estaban en las antípodas del nacionalismo.

A pesar de todos estos avatares, a este periodo de antecedentes de la Autonomía le debemos la aprobación de los símbolos de nuestra Comunidad Autónoma. Fue en la Asamblea de Ronda de 1918 cuando se aprobaron la bandera, el himno y el escudo propuestos por Blas Infante. Estos símbolos serán los que, muchos años después, tras el fin de la Dictadura de Franco y el establecimiento del Estado de las Autonomías, pasarán a ser los símbolos oficiales de Andalucía.

Podemos finalizar este periodo de antecedentes de la Autonomía con la negativa de Blas Infante a colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera. Esto provocó una reacción hostil al movimiento autonomista andaluz, paralizando su actividad y aplazando toda aspiración autonomista hasta que se retoma durante la Segunda República Española.

En la visita al Museo de la Autonomía de Andalucía este periodo está representado por una replica de la mesa del despacho de Blas Infante sobre la se exponen facsímiles de algunos documentos representativos, como el Proyecto de Constitución Federal de Antequera de 1883, donde se proclama Andalucía como “Soberana y Autónoma” o el Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Autonomía de Andalucía de 1933.

 


Asamblea de Ronda, 1918.


Revista "El Liberal".


Isidro de las Cagigas.


Bandera andaluza en el Ayto. Sevilla, 1932.