SOBRE CEREBROS, CYBORG, ROBOTS Y REPLICANTES

   
     
 
   

 

 

El universo Blade Runner es completamente artificial: plantas y animales han desaparecido (seguramente por extinción) de la tierra, y el hombre vive en una atmósfera cargada de artificios. En un mundo así los humanos nos se distinguen de los replicantes, porque en realidad se han roto las fronteras entre lo natural y lo artificial. ¿Pertenece el hombre a la esfera de la naturaleza o es un producto tan artificial como los propios replicantes?

Los textos que reproducimos plantean el complejo mundo de relaciones entre la inteligencia natural y la artificial.

 

“ Lo que hasta ahora se había considerado como la parte espiritual del ser humano podría no ser más que una expresión de la estructura neuronal

Los científicos están llegando a la conclusión de que la consciencia es algo parecido a un termostato, que percibe una situación externa, la procesa, y responde según la configuración de su programa. En nuestro caso, la situaciones externas serían los estímulos (la visión, el tacto, etcétera), y el sistema de procesamiento serían los circuitos neuronales que recorren las vías de análisis de la corteza cerebral. El que convirtamos esos estímulos en una obra de arte, en un drama o que ni siquiera nos inmuten dependería, siguiendo con la comparación, de la programación: la dotación genética, la estructura cerebral y las influencias ambientales. Así, con toda esa configuración cerebral de la que cada vez se conoce más aunque estemos a años luz de desvelar todos sus secretos no se pretende concluir que somos una simple máquina reguladora de estímulos, como el termostato, sino que puede servir para desvelar que lo que se ha llamado mente no es más que una función del cerebro. Las nuevas técnicas de imagen, los últimos avances en el estudio de la estructura cerebral y de las sustancias que participan en la transmisión de mensajes químicos y eléctricos a través del organismo han demostrado que la causa de los estados de ánimo, de las enfermedades mentales y de otras patologías importantes como la epilepsia o la miastenia tienen casi siempre una causa física. Y, como estados físicos que son, pueden ser alterados con la farmacología.

En este sentido, la revista Nature publica hoy un estudio importante: unos investigadores suizos han conseguido identificar una molécula clave que puede estar implicada en enfermedades como la esclerosis múltiple, la epilepsia o alteraciones del comportamiento como la depresión. Se trata de un receptor denominado GABA (B) (del neurotransmisor ácido gamma amino butírico), y es el último receptor que quedaba por clonar. Según Juan José López Lozano, neurólogo del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, este receptor se encuentra en muchas zonas del cerebro y de la médula espinal, pero todavía está por ver cuál es su función, cuántos subtipos hay y dónde están localizados antes de empezar a diseñar fármacos. Hace unas décadas, era impensable la identificación de moléculas clave para el funcionamiento del cerebro. Pero las sofisticadas técnicas de investigación van evolucionando y hacen posible hoy lo que entonces era sólo sueño, y, a veces, incluso una herejía. En 1895, un neuropsiquiatra llamado Sigmud Freud escribió un trabajo que pasó totalmente inadvertido llamado Proyecto para una Psicología Científica. En él se proponía por primera vez que los mecanismos de la mente (normales o anormales) podían ser explicados con sistemas cerebrales. Freud estaba en lo cierto, pero, sin embargo, desvió su camino, se olvidó de su proyecto, y se dedicó a otros menesteres durante el resto de su vida. Ahora, cuando ha pasado un siglo, la neurociencia ha retomado el proyecto visionario de Freud. La neuroimagen, los modelos animales, la electrofisiología, la neuropsicología, la neurofarmacología y los estudios anatómicos de los circuitos neuronales están identificando las causas de lo que hasta ahora se consideraban procesos más elevados. Las enfermedades mentales han estado tradicionalmente apartadas del resto de patologías por considerarlas parte de un proceso de conocimiento llamado mente. Pero hoy se entiende que los problemas de la mente surgen del cerebro, y la influencia del medio ambiente puede también afectar a la plasticidad neuronal.”

Seminario de Filosofía. El problema mente-cerebro

 

El lóbulo frontal

“Si alguna parte del cerebro merece destacarse sobre las demás, ésa es el lóbulo frontal, que ocupa toda la región anterior. Está protegido por la frente y por debajo descansa sobre una plataforma ósea. Su límite posterior es un gran surco que separa el lóbulo frontal del lóbulo parietal.

Funcionalmente, el lóbulo frontal parece tener mucho que ver con lo que nos distingue de las demás criaturas vivientes, y al mismo tiempo nos hace a cada uno de nosotros diferentes. Y es que ahí reside la capacidad de mirar hacia el futuro, y también la motivación y las ganas de hacerlo, porque el lóbulo frontal interviene en el control de las emociones. Es el gran planificador, y, en cierto modo, nos confiere nuestra personalidad.

Evidentemente, es muy difícil relacionar conceptos tan vagos como personalidad, motivación, etcétera, con funciones biológicas, pero necesitamos recurrir a esos términos borrosos para entendernos entre nosotros (la ciencia odia lo impreciso, pero es que ésta es una ciencia muy especial).

Antiguamente se practicaba una técnica quirúrgica denominada lobotomía frontal, que consistía en la extirpación de parte del lóbulo frontal (las capacidades a las que nos estamos refiriendo no residen en todo el lóbulo frontal, sino sólo en su parte anterior, el llamado córtex prefrontal). Tan brutal intervención se justificaba en casos considerados como desesperados: delincuentes muy violentos, depresiones profundas o dolores muy intensos e intratables. La persona lobotomizada perdía toda motivación y capacidad de actuación, con lo que dejaba de ser violenta, o ya no se suicidaba por la depresión o por el dolor. En realidad, los pacientes declaraban que sentían el dolor con la misma intensidad que antes, ¡pero ya no les importaba!

En el lóbulo frontal se recupera información almacenada en otras regiones del cerebro y se mantiene en línea . Así es como manejamos al mismo tiempo muchos recuerdos y los combinamos de infinitas formas diferentes. ¿Qué es, a fin de cuentas, la imaginación, sino la capacidad de empalmar imágenes viejas para componer secuencias nuevas? ¿Y qué es la planificación sino la capacidad de crear virtualmente, es decir, en nuestro cerebro, un futuro posible que nunca ha existido en el pasado, que no es un recuerdo porque no ha ocurrido todavía? Gracias a la planificación, el futuro no se presenta por sorpresa, porque somos nosotros quienes lo construimos. Los chimpancés tienen poca capacidad de planificar a largo plazo; tampoco la muerte, el horizonte final de cualquier proyecto de vida, entra en sus planes, porque desconocen su existencia.

Nuestras frentes levantadas parecen sugerirnos la existencia de un gran lóbulo frontal detrás: tal vez por eso seamos mentalmente superiores a las otras especies humanas que han existido, incluidos los neandertales. Para comprobar si las apariencias nos dicen esta vez la verdad, un equipo internacional de paleoantropólogos y biomatemáticos hemos comparado los huesos frontales de una serie de fósiles humanos, que incluyen el famoso Cráneo5 de la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. Para ello, se han utilizado tomografías y un complicado método matemático que permite comparar curvas. El resultado se ha publicado en diciembre en la revista Anatomical Record. The New Anatomist . Como era de esperar, los perfiles externos de los fósiles son muy diferentes de los de un cráneo actual. La sorpresa, sin embargo, estaba dentro. Aunque el cerebro como tal no se conserva, la cavidad interna del cráneo, el endocráneo, reproduce su morfología con bastante detalle, y resulta que la forma del lóbulo frontal (cortado en su plano medio) no ha cambiado desde hace por lo menos medio millón de años, y probablemente mucho más.

En El origen de las especies , Darwin escribió: "La Psicología se basará seguramente sobre los cimientos de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales". Otros autores desde entonces (empezando por Wallace) han puesto en duda el adjetivo gradual y han entendido la aparición de las facultades y aptitudes mentales de nuestra especie como un cambio revolucionario (con o sin intervención divina). La constancia en la forma del lóbulo frontal a lo largo del tiempo apoyaría las tesis de Darwin (evolución gradual de la mente humana), puesto que nada especial parece haberle sucedido al lóbulo frontal cuando apareció el Homo sapiens.

Juan Luis Arsuaga es profesor de paleontología de la Universidad Complutense y co-director del proyecto Atapuerca.

 

Los 'cyborg'

Los 'cyborg', seres humanos con implantes electrónicos, son ya una realidad en Estados Unidos

El cyborg es un híbrido de carne y electrónica: un ser con implantes, que conserva su personalidad, su talento, sus gustos y sus recuerdos. Muchos científicos piensan que se trata de un superhombre, o más bien de un "hombre mejorado". Para los militares será un guerrero capaz de pilotar cualquier aparato conectándose directamente a su sistema informático. Para los intelectuales será un cineasta que filmará directamente con sus ojos. Para los filósofos será un gurú omnipresente y omnisciente que vivirá en simbiosis con las redes informáticas planetarias. Experimentos recientes demuestran que el futuro que imaginó Hollywood ya está aquí .

Desde la apoplejía que sufrió en 1997, Johnny Ray está completamente paralizado. Ve y oye, pero no puede moverse ni hablar. Encerrado en sí mismo, sobrevive mal que bien, con el cuerpo atravesado por tubos y sondas, en una habitación del hospital de Veteranos de Atlanta. Sin embargo, cuando consigue superar su fatiga y su dolor, consigue llevar a cabo una hazaña sin precedentes: maneja un ordenador sólo con el poder de su pensamiento, gracias a un dispositivo electrónico implantado en el cerebro. Cuando se le acaricia la cabeza, se notan dos bultos duros bajo la piel, encima de la oreja y en la coronilla.

Johnny participa, desde marzo de 1998, en una experiencia inédita, que realiza un equipo dirigido por Philip Kennedy, profesor de Neurología en la Universidad Emory de Atlanta, y Melody Moore, profesora de Informática en la Universidad Estatal de Georgia. La fabricación de los implantes y la operación quirúrgica han planteado problemas muy complejos, pero Kennedy explica que el principio de funcionamiento, en sí, no tiene nada de misterioso: "Se sabe desde hace tiempo que las ondas emitidas por el cerebro son señales electromagnéticas que pueden detectarse y medirse. De forma que, ¿por qué no interceptarlas y aprovecharlas? Johnny está paralítico, pero su cerebro funciona correctamente. Por ejemplo, recuerda lo que hay que hacer para cerrar el puño: basta con quererlo. Cuando piensa en cerrar el puño, su mano permanece inerte, pero hay un fenómeno muy concreto que se produce en la zona del córtex que controla el movimiento de las manos: sus neuronas se activan y emiten señales". Para captar esas señales, el equipo quirúrgico de Philip Kennedy implantó en el córtex de Johnny Ray unos electrodos especiales, unidos a un hilo metálico que atraviesa el cráneo. Las señales se dirigen hacia un amplificador y un emisor de radio en miniatura, alojados entre el hueso y el cuero cabelludo. Desde ahí se difunden al mundo exterior, en forma de ondas de radio que atraviesan la piel. Todo ello funciona gracias a un chip electrónico y un inductor de corriente, también implantados.

Una vez en el exterior, las señales las capta una antena conectada a un receptor de FM, que las transmite a un procesador numérico encargado de convertirlas en datos comprensibles para un ordenador. Al final llegan a su destino, un ordenador de mesa normal y corriente, programado para interpretar esos datos como si fueran instrucciones procedentes de un ratón.

Con los ojos fijos en la pantalla, Johnny se concentra. El ordenador empieza a crepitar, lo cual indica que está recibiendo señales cada vez más rápidas, hasta llegar a cincuenta por segundo. De pronto, el cursor se desplaza de izquierda a derecha, disminuye su velocidad y se detiene sobre un icono. Para inmovilizar el cursor en el lugar deseado, Johnny se ha limitado a relajar su concentración. De esa forma puede activar un programa y, sobre todo, puede volver a escribir: al desplazar el cursor sobre las letras de un teclado virtual que figura en la pantalla, forma palabras y frases, responde preguntas y mantiene embriones de conversación con sus visitantes. Su próximo objetivo es navegar por Internet.Posee ya su propia dirección de correo electrónico ( johnny.ray@mindspring.com ), y desea que se publique en la prensa para recibir mensajes del mundo entero.

Según Melody Moore, responsable informática del proyecto, el sistema no tiene límites: "Con la práctica, un paciente implantado podría servirse de un ordenador tan bien como una persona no inválida, y quizá mejor: cuanto más directa es una interfaz, más eficacia tiene". Al cabo de varias semanas de pruebas, Johnny dijo que ya no le hacía falta pensar en mover la mano o el rostro. Ese rodeo no era más que una etapa transitoria: la plasticidad y la capacidad de adaptación del cerebro son tales que ahora le basta con pensar en mover el cursor.

Al mismo tiempo, Melody Moore observó que Johnny emitía toda una gama de señales, de amplitud y frecuencia distintas. Ya ha clasificado una docena de modelos y prevé descubrir aún más. Este hallazgo descubre unos horizontes sin fin: "Se podría programar el ordenador para que distinguiera entre todas esas señales y las interpretara como distintos tipos de instrucciones. Por su parte, el paciente podría aprender a controlar y modular las señales y a enviar al ordenador un amplio abanico de instrucciones concretas". En esas condiciones, un paciente implantado podría manejar, al mismo tiempo, varios ordenadores. Mejor todavía: "Si se le implantasen varios grupos de electrodos, podría emitir cientos de señales al mismo tiempo y asignar a cada una función diferente, con lo que multiplicaría sus actividades hasta el infinito".

Ahora bien, para llegar a ese resultado sería preciso experimentar con pacientes menos afectados que Johnny, a quien le cuesta concentrarse y que se fatiga cada vez con más rapidez. Por motivos deontológicos, el doctor Kennedy se niega a tener en cuenta esta hipótesis, pero sabe que, de facto, sus trabajos están saliendo del terreno médico. Con el acoplamiento de una máquina electrónica y un cerebro humano se está avanzando, se quiera o no se quiera, hacia la creación de seres dotados de facultades mentales y sensoriales distintas de las que les había dado la naturaleza: "Las aplicaciones no médicas de nuestras investigaciones son inmensas -reconoce Philip Kennedy-, pero prefiero no pensar en ellas, me da un poco de miedo".

© Le Monde
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Internet como cyborg

Después de tantos años de esperar, y temer, la llegada de los cyborgs no nos dimos cuenta de que ya están entre nosotros. Sí, el cyborg, fusión del hombre y la máquina, es una realidad, aunque distinta a la esperada.
No llegaron como un Robocop, ese engrendro con cerebro humano y cuerpo de robot que camina sin doblar las rodillas. Lo hicieron de una forma más sutil y compleja: como una gran red mundial de cerebros-máquinas a disposición de los hombres. Internet.
"En la red, el espacio y el tiempo se dilatan. La convergencia de tecnología, neurología y vida cotidiana está generando un nuevo tipo de cyborg, simbiosis del hombre con su entorno tecnológico.
Internet no sustituye a las redes existentes. Las fagocita. No es sólo una red nueva. Es también una tecnología radicalmente nueva. Y nuestras redes de teléfonos, de radio, de televisión, nuestro dinero, nuestras películas, nuestras memorias, nuestros votos... todo cambiará al transformarse a la tecnología de los ordenadores. Dígitos. Unos y ceros mágicamente caídos desde el cielo.
Pero Internet no es sólo Gran Red-fagocitadora-de-Redes: es la extensión más poderosa de nuestro pensamiento. La metáfora perfecta del cyborg".
Estos conceptos pertenecen a Montxo Algora y fueron publicados en el sitio de Art Futura (www.artfutura.org), una entidad española dedicada al arte y la cultura digital, que todos los años realiza un encuentro-muestra donde asisten artistas y pensadores. El tema de la última, en noviembre de 2000, fue "Internet como cyborg".
La Red no responde al modelo de cyborg difundido durante años por el cine, la TV y la literatura de ficción. El hombre nuclear, la mujer biónica, Robocop y tantos otros hombres-máquinas sólo multiplicaban las capacidades físicas del ser humano.
En el otro extremo, Hal 9000 -la computadora inteligente de "2001 Odisea en el espacio"- y los replicantes de Blade Runner representaban los distintos caminos que podía seguir la inteligencia artificial. También repetían la idea de que en la fusión del hombre con las máquinas, estas aportaban habilidades físicas y aquel inteligencia. Si una máquina alcanzaba la inteligencia, era un escudero o enemigo del hombre, pero nunca completaba la simbiosis.
La realidad se encargó de borrar de un plumazo tanta ficción y futurología. Internet no es el oído de la mujer biónica y tampoco es inteligencia artificial.
Dice Piscitelli en su libro Ciberculturas que cuando el hombre mejora su capacidad de acceder, sistematizar, condensar o reelaborar la información "produce ventajas comparativas por encima de la inteligencia natural". Eso hace hoy Internet.
La potencialidad de la Red se explica por el principio de que el todo es mayor que la suma de las partes. Diez personas interactuando son mucho más que diez personas.
Para Javier Candeira, la mayor capacidad de procesar información que aporta Internet no sólo cuantitativa, sino también cualitativa. Lo revolucionario de la Red no es la capacidad de incrementar cantidades. Implica un salto cualitativo.
Es así - sostiene Candeira - porque "Internet es nuestro sistema nervioso colectivo de orden superior".

Lucio Boggio. Publicado en diario Río Negro el 8 de enero de 2001.