¿Son las cosas, los hechos, los sucesos y situaciones como aparentan ser?

Es ésta una pregunta que con esta u otra formulación todos nos hacemos en la vida cotidiana, esto es, en el mundo y en día a día de cada uno de nosotros, cuando trabajamos, cuando vemos la televisión, cuando charlamos con un amigo o nos cruzamos en la escalera con el vecino.

Hay una tendencia primera, elemental y acrítica a dejarse llevar por las apariencias de las cosas y los sucesos, a pensar y creer que el mundo es como parece. Lo que ocurre es que esa primera tendencia acrítica suele ser corregida también en muchas situaciones de la vida cotidiana. Y así todos somos conscientes que los colores no siempre son como en una primera aproximación nos parecían, pues dependen de las condiciones cómo se refleja la luz, que las formas de los objetos o su tamaño puede engañarnos en una primera aproximación, que el vecino que considerábamos tan simpático y educado resultó luego ser una persona irascible o colérica...

Puede decirse que la filosofía, como forma reflexiva y crítica de conocimiento, surgió del esfuerzo por traspasar el mundo de las apariencias sensibles y de las opiniones infundadas.

Parménides, filósofo giego que desarrolló su obra filosófica entre el 540-470 a.c., fue uno de los primeros en contraponer el mundo de la apariencia y la realidad. El mundo de las apariencias, sostenido en la información que nos aportan los sentidos, es un mundo plural, perecedero y cambiante, en que las cosas nacen y mueren, aparecen y desaparecen. Contrariamente el mundo real, que se sostiene sobre la razón lógica, es un mundo estable y permanente en donde la mente concibe la inmutabilidad y unidad de todas las cosas. Parménides opta por este mundo, al considerar que constituye la vía de la verdad. Consecuentemente con estos planteamientos, Parménides elaboró una visión abstracta de lo real, del ser, caracterizado con una serie de propiedades: unidad, inmutabilidad, eternidad, indivisibilidad...

El gran filósofo ateniense Platón (427-347) recreó de forma mítica la contraposición apariencia y realidad, construyendo a partir de la misma las bases de su teoría de la realidad y del hombre, el idealismo

Resumido de una manera simple y sencilla, podemos decir que el idealismo platónico se basa en la convicción racional y emocional de que este mundo material que nosotros conocemos y en el que vivimos no es verdaderamente real, no constituye la realidad verdadera. Este mundo, en efecto, no tiene el ser ni el valor de forma plena, pues todo lo real material nace y muere, aparece y desaparece, es y no es; en resumidas cuentas, lo material cambia y todo aquello que está sujeto a transformaciones no puede tener realidad plena ni valor pleno. Podríamos decir, intentando pensar como Platón, que un cuerpo bello siempre está expuesto a dejar de serlo, no tiene en sí mismo y para siempre la belleza, pues la edad, la enfermedad y la muerte se oponen a su plenitud estética. E igual ocurre con todos los valores y realidades de este mundo, cambiantes y sujetos a destrucción, expuestos siempre a dejar de ser. Sin embargo, nosotros podemos concebir la plenitud del ser y del valor, podemor pensar en realidades que no cambian, que valen siempre. ¿Existen esas realidades en las que al menos podemos pensar? Han de existir puesto que pensamos en ellas, solo que su modo de ser y de existir es diferente al de las cosas de este mundo. Existen en una dimensión diferente y tiene una realidad diferente a la de este mundo. Son las ideas, realidades no materiales, eternas, inmutables, únicas... que constituyen el ser verdadero, lo auténticamente real.

Pero si la realidad verdadera no es la que vemos y tocamos ¿qué es este mundo físico, qué es este cuerpo material que todos poseemos? Es claro que este mundo físico es material, cambiante y perecedero, pero también en él hay algo del otro mundo verdadero, algo de realidad y valor, pues nuestro mundo es un reflejo, una sombra o reproducción del mundo de las ideas. A esta interpretación que entiende que la realidad está escindida en dos dimensiones, la físico-material, corruptible y plural, y la ideal, inmutable y única, se le denomina dualismo .

¿Cómo se representa Platón el papel del hombre es este mundo dividido?.La recreación metafórica de la situación del hombre en el mundo aparece reflejada en el mito de la caverna:

 
Represéntate el estado de la naturaleza humana, con relación a la ciencia y a la ignorancia, según el cuadro que te voy a trazar. Imagina un antro subterráneo, que tenga en toda su longitud una abertura que dé libre paso a la luz, y en esta caverna hombres encadenados desde la infancia, de suerte que no puedan mudar de lugar ni volver la cabeza a causa de las cadenas que les sujetan las piernas y el cuello, pudiendo solamente ver los objetos que tienen al frente. Detrás de ellos, a cierta distancia y a cierta altura, supóngase un fuego cuyo resplandor les alumbra, y un camino escarpado entre este fuego y los cautivos. Supón a lo largo de este camino un muro, semejante a los tabiques que los charlatanes ponen entre ellos y los espectadores, para ocultarles la combinación y los resortes secretos de las maravillas que hacen.

Glaucón: Ya me imagino todo eso
- Figúrate personas, que pasan a lo largo del muro, llevando objetos de toda clase, figuras de hombres, de animales, de madera o de piedra, de suerte que todo esto aparezca proyectado sobre el muro. Entre los portadores de todas estas cosas, unos se detienen a conversar y otros pasan sin decir nada.
- ¡Extraños prisioneros y cuadro singular!
- Se parecen, sin embargo, a nosotros, punto por punto. Por lo pronto ¿crees que puedan ver otra cosa de sí mismos y de los que están a su lado, que las sombras que van a producirse frente a ellos, al fondo de la caverna?
- ¿Ni cómo podrían ver más si desde su nacimiento están obligados a tener la cabeza inmóvil?
- Y respecto de los objetos que pasan detrás de ellos, ¿pueden ver otra cosa aparte de sus sombras?
- No
- Si pudieran conversar unos con otros, ¿no convendrían en dar a las sombras que ven los nombres de las cosas mismas?
- Sin duda
- Y si en el fondo de su prisión hubiera un eco, que repitiese las palabras de los transeúntes, ¿no se imaginarían oír hablar a las sombras mismas que pasan delante de sus ojos?
- Sí
- En fin, ¿no creerían que pudiera existir otra realidad que estas mismas sombras?
- Sin duda
- Mira ahora lo que naturalmente debe suceder a estos hombres , si se les libra de las cadenas y se les cura de su error. Que se desligue a uno de estos cautivos, que se les fuerce de repente a levantarse, a volver la cabeza, a marchar y mirar hacia la luz; eso ha de causarle mucho sufrimiento; la luz le ofenderá los ojos, y la confusión que sentirá le impedirá distinguir los objetos, cuyas sombras veía antes. ¿Qué crees que respondería, si se le dijese, que hasta entonces sólo había visto fantasmas, y que ahora tiene delante suyo objetos reales y más aproximados a la verdad? Si en seguida se le muestran las cosas a medida que se vayan presentando, y a fuerza de preguntas se le obliga a decir lo que son, ¿no se le pondrá en el mayor conflicto, y no estará él mismo persuadido de que lo que veía antes era más real que lo que ahora se le muestra?
- Sin duda
- Y si se le obligase a mirar el fuego, no sentiría molestias en los ojos? ¿No volvería la vista para mirar a las sombras, en las que se fija sin esfuerzo? ¿No creería hallar en éstas más disitinción y claridad que en todo lo que ahora se le muestra?
- Seguramente
- Si después se le saca de la caverna y se le lleva por el sendero áspero y escarpado hasta encontrar la claridad del sol, ¡Qué suplicio sería para él verse arrastrado de esa manera! ¡Cómo se enfurecería! Y cuando llegara a la luz del sol, deslumbrados sus ojos con tanta claridad, ¿podría ver alguna de las cosas que consideramos reales?
- Así de pronto, no podría
- Necesitaría, indudablemente, algún tiempo para acostumbrarse a ello. Lo que distinguiría más fácilmente sería, primero las sombras; después, las imágenes de los hombres y demás objetos pintados sobre la superficie de las aguas; y por último, los objetos mismos. Luego dirigiría sus ojos al cielo, al cual podría mirar más fácilmente durante la noche a la luz de la luna y de las estrellas que a pleno sol
- Sin duda
- Y al fin podría, no sólo ver la imagen del sol en las aguas y donde quiera que se refleja, sino fijarse en él y contemplarlo allí donde verdaderamente se encuentra
- Sí
- Después de esto, comenzando a razonar, llegaría a concluir, que el sol es el que crea las estaciones y los años, el que gobierna todo en el mundo visible, y el que es en cierta manera la causa de todo lo que se veía en la caverna
- Es evidente que llegaría como por grados a hacer esas reflexiones
- Si en aquel acto recordara su condición anterior, la idea que allí se tiene de la sabiduría y sus compañeros de esclavitud, ¿no se regocijaría de haber salido y no se compadecería de la desgracia de aquellos?
- Seguramente
- ¿Crees que envidiaría aún los honores, las alabanzas y recompensas que allí se daban al que primero veía pasar las sombras, al que con más seguridad recordaba el orden en que marchaban yendo unas delante o detrás de otras o juntas, y que en este concepto era el más hábil para adivinar su aparición; o que tendría envidia a los que en esta prisión eran más poderosos y más honrados? ¿No preferiría, como Aquiles en Homero, pasar la vida al servicio de un pobre labrador y sufrirlo todo antes que volver a su primer estado?
- No dudo que estaría dispuesto a padecer cuanto sea necesario antes que vivir de esa manera
- Fija tu atención en lo que voy a decirte. Si este hombre volviera de nuevo a su prisión, para ocupar su antiguo puesto, en este tránsito repentino de la plena luz a la oscuridad, ¿no se encontraría como ciego?
- Sí
- Y si cuando no distingue aún nada, y antes de haber sus ojos recobrado su aptitud, lo que no podrá suceder sin pasar mucho tiempo, tuviere precisión de discutir con otros prisioneros sobre estas sombras, ¿no daría lugar a que estos se rieran, diciendo que por haber salido de la caverna había perdido la vista, y no añadirían además, que sería de parte de ellos una locura querer abandonar el lugar en que estaban, y que si alguno intentara sacarlos de allí y llevarlos al exterior sería preciso cogerle y matarle?
- Sin duda
- Y bien, mi querido Glaucón, esta es precisamente la imagen de la condición humana. El antro subterráneo es este mundo visible; el fuego que le ilumina es la luz del sol; este cautivo, que sube a la región superior y que la contempla, es el alma que se eleva hasta la esfera de lo inteligible. He aquí por lo menos lo que yo pienso, ya que quieres saberlo. Sabe Dios si es conforme con la verdad. En cuanto a mí lo que me parece en el asunto es lo que voy a decirte. En los últimos límites del mundo inteligible está la idea del bien, que se percibe con dificultad; pero una vez percibida no se puede menos que sacar la consecuencia de que ella es la causa primera de todo lo bello y bueno del universo; que, en este mundo visible, ella es la que produce la luz y el astro de que ésta procede directamente; que en el mundo invisible engendra la verdad y la inteligencia; y en fin, que ha de tener fijos los ojos en esta idea todo aquel que quiera conducirse sabiamente.
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Dice Platón en esta alegoría que nuestra situación en este mundo es comparable a la de unos prisioneros que nunca han visto la luz del sol, por estar encadenados de pies y manos en una gran cueva, de espaldas a la única abertura que da al exterior. Dentro de la caverna y detrás de ellos arde una hoguera, que tampoco pueden ver, por hallarse de espaldas y porque se interpone una valla, a lo largo de la cual van pasando hombres portadores de figuras, de cosas y animales. Los prisioneros solamente pueden contemplar las sombras que se reflejan sobre el fondo de la cueva y que para ellos es la única realidad existente. En ese estado permanecen hasta que alguien les libera de las ataduras, los arrastra fuera de la caverna y les conduce hasta fuera para que vean el mundo real y el sol que hace posible ver todas las cosas.

Interesa resaltar en este mito algunos de los temas básicos de la doctrina platónica:

1. El alma es prisionera del mundo material, un mundo de oscuridad y sombras, un mundo no verdaderamente real.

2. Mientras el alma permanezca atada a la prisión de su cuerpo ofrecerá resistencias para enfrentase con lo real verdadero, tomará por real el mundo de sombras de la caverna.

3. La tarea de acceder al mundo de las ideas requiere la ayuda externa, la ayuda del filósofo, que obliga a los prisioneros a enfrentarse poco a poco con el mundo ideal, a través de sus preguntas y respuestas (dialéctica).

4. La meta del conocimiento es el ascenso a la idea máxima, que en Platón es la idea de Bien y que viene representada en el mito por el Sol.

5. Esta idea del Bien es la causa de todas las cosas, pues al igual que el Sol hace visibles las cosas de este mundo, la idea de Bien hace cognoscible toda lo verdad.

6. Es misión del filósofo que ya ha visto la luz del sol, que ha ascendido al mundo de las ideas, regresar a la caverna y ayudar a realizar esto mismo al resto de los hombres.

La idea platónica de representarse la existencia humana esclavizada y atada a un mundo de apariencias y sombras ha sido llevada al cine en una película de éxito como Matrix. Muchos han visto también en Abre los ojos una problemática similar a la planteada en Matrix. Te proponemos una reflexión personal sobre estas cuestiones.