El primer filósofo que puso de relieve las razones para considerar los objetos inmediatos de nuestros sentidos como no existentes independientemente de nosotros fue el obispo Berkeley (1685-1753). Sus Tres dialogos entre Hilas y Filonus, contra los escépticos y ateos, se proponen probar que no hay en absoluto nada que pueda denominarse materia y que el mundo no consiste en otra cosa que en espíritus y sus ideas .

Su pensamiento podría servir de referencia teórica a Cesar, el protagonista de la película de "Abre los ojos".

Comúnmente los seres humanos creemos que las cosas materiales tienen una existencia real, distinta de la percepción que el entendimiento tiene de ellas. Lo que nosotros llamamos "cosa" (manzana, hombres, casas...) no es más que una colección de ideas. Por ejemplo, una manzana es un conjunto de un color determinado, de un olor específico, de una figura dada, de una consistencia determinada, en suma lo que Berkeley llaba un conjunto de cualidades primarias y secundarias. Y el ser de estas ideas consisten ser percibidas, de modo que las llamadas "cosas"no existen fuera del espíritu que las percibe. El objeto y la percepción son la m isma cosa y no pueden se abstraídos uno de otro. Lo que significa que no existe una sustancia corpórea o materia como algo distinto del conocimiento. Este objeto es sólamente una idea, y la idea no existe si no es percibida. La única sustancia real es el espíritu que percibe las ideas.

Comúnmente también los seres humanos creemos que las cosas tienen existencia aunque nosotros no las estemos percibiendo. Y así nosotros podemos pensar que hay manzanas en un árbol o libros en una biblióteca sin que sea necesario que nadie lo esté percibiendo. Pero esto sólo significa que si alguien estuviera en su presencia podría percibirlos.

Y si las cosas son ideas, sólo pueden existir en una mente que las contenga: en las mentes de los espíritus, pues no puede concebirse que un cuerpo actúe sobre el espíritu y pueda producir una idea. La materia, en el caso de que existiera, sería inactiva, no podría producir nada, y mucho menos podría producir algo inmaterial como la idea. Las ideas deben tener una causa, pero esta causa no es la materia. El espíritu humano puede actuar sobre las ideas uniéndolas o combinándolas entre sí. Lo que el espíritu humano no tiene es poder sobre las ideas que percibimos de forma actual, lo que nosotros llamamos "cosas". Estas ideas son más fuertes, más vivas y más distintas que las ideas de la imaginación. Deben ser producidas en nosotros por un espíritu superior, que es Dios. El mundo no es trascendente, no es separado, no es independiente; solamente existe "en el acto en que" (desde el lado divino) la mente infinita "lo crea" o (desde el lado humano) la mente humana lo perciba.

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