Ejercicio

 

 

   

 

La pregunta por la posibilidad de alcanzar la verdad es una de las más radicales de la filosofía. Sin embargo el filósofo español José Ortega y Gasset dice:

" De todas las enseñanzas que la vida me ha proporcionado, la más acerba, más inquietante, más irritante para mí ha sido convencerme de que la especie menos frecuente sobre la tierra es la de los hombres veraces. Yo he buscado en torno, con mirada suplicante de náufrago los hombres a quienes importase la verdad, la pura verdad, lo que las cosas son por sí mismas, y apenas he hallado alguno."

Tal vez los hombres de carne y hueso estemos más preocupados por otras cuestiones que por la verdad, pero históricamente la filosofía ha debatido siempre por la posibilidad o no de alcanzarla. En realidad, son muchas las preguntas que se nos plantean:

¿Podemos alcanzar verdades o estamos limitados a tener sólo opiniones sobre la realidad?

¿Tiene sentido hablar de verdades absolutas o las verdades humanas son relativas y están sujetas a las variaciones del tiempo y de la historia?

¿Cuáles han sido las posturas filosóficas centrales en torno a esta cuestión? Podemos resumirlas en los grupos siguientes:

DOGMATISMO. Da por hecho que el sujeto puede conocer el objeto, de tal forma que ni siquiera se cuestiona esta posibilidad. El dogmatismo da por supuestas la posibilidad y la realidad del contacto entre el sujeto y el objeto. Para él el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehende su objeto y conoce lo que el objeto es.

ESCEPTICISMO. En un sentido general, llamamos escepticismo a toda concepción para la cual no es posible conocer la verdad. Afirma que el sujeto no puede aprehender al objeto, por lo tanto el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible.

Su negativa a aceptar el conocimiento sensible y el racional se basa en la existencia de las diferentes experiencias de conocimiento entre los hombres: las impresiones de los sentidos son distintas en cada hombre; las opiniones consecuencia del ejercicio de la razón también son distintas y frecuentemente opuestas. Una consecuencia de este punto de vista es el subjetivismo, la imposibilidad de alcanzar el conocimiento de la auténtica realidad que esté a la base de nuestra experiencia subjetiva del mundo: no podemos decir “la nieve es blanca”, “la miel es dulce”, sino “en este momento la nieve me parece blanca”; “la miel me sabe dulce”.

RELATIVISMO. Relacionado estrechamente con el escepticismo, se halla el relativismo. Éste, como aquél, constituye una posición esencialmente negativa ante el problema que se pregunta por la posibilidad del conocimiento.El relativismo no niega sin más que el conocimiento sea posible, que la verdad exista. La posición relativista no va tan lejos. Sostiene simplemente que la verdad y el conocimiento, posibles y existentes de hecho, carecen de validez universal. Para el relativista, en efecto, no hay verdades absolutas, incondicionadas, verdades absolutamente válidas. Toda verdad, todo conocimiento, posee una validez limitada, restringida, relativa, condicionada por múltiples factores y circunstancias, que hacen que lo que es válido, verdadero en un determinado ámbito o contexto, pueda ser falso en otros.

El factor o circunstancia que limita o restringe el ámbito de validez de la verdad puede ser interno, intrínseco al sujeto cognoscente mismo o bien externo, extrínseco a él, arraigado en su entorno, en el contexto históricocultural o en alguna otra circunstancia ajena al conocer mismo. Como factores intrínsecos, distinguimos dos, principalmente: el sujeto individual (la peculiar índole cognoscitiva de cada sujeto singular, particular) y el sujeto específico (la especie humana como entidad propia y diferente de cualquier otra). Como factores extrínsecos, distinguimos: el contexto histórico cultural en que el conocimiento se produce (el círculo cultural, la época histórica) y la utilidad del conocimiento (el fin práctico del mismo

El relativismo individual limita la validez de la verdad y del conocimiento al sujeto singular, al sujeto particular que juzga y conoce. Según esto es verdadero para cada uno, singularmente considerado, lo que le parece verdadero: para el uno, esto, para el otro, lo contrario, caso de que se lo parezca. Fue Protágoras, en efecto, quien formuló la tesis principal de este relativismo, según la cual, "el hombre es la medida de todas las cosas"

El relativismo específico, por su parte, considera como punto de referencia o factor limitativo de la validez de la verdad, no el sujeto singular, individual, sino el sujeto específico, la especie en su conjunto. El ámbito de validez de la verdad coincide plenamente con el ámbito propio de la especie de que se trate

El relativismo cultural (o histórico) no limita, como los anteriores, la validez de la verdad al individuo o a la especie, sino al ámbito cultural o a la época histórica en que tal verdad se produce. No hay verdades absolutas, universalmente válidas; la verdad es relativa, tiene una vigencia limitada, y su vigencia se halla determinada por el círculo cultural de procedencia o por la época histórica en que surge.

Finalmente, el pragmatismo es la forma de relativismo que limita la validez de la verdad y del conocimiento a la práctica y a la acción. Verdadero no es, según esto, la propiedad que tiene el pensamiento por su concordancia o adecuación con el ser. Verdadero es, por el contrario, el pensamiento, el juicio útil, adecuado a un fin Es usual considerar al filósofo norteamericano William James (1842-1910) como el verdadero fundador de esta doctrina.

Una variante del relativismo es la postura doctrinal de José Ortega y Gasset, denominada perspectivismo, la también llamada doctrina del punto de vista.

Analicemos a través de un texto de Ortega esta doctrina.

 

Desde este Escorial, rigoroso imperio de la piedra y la geometría, donde he asentado mi alma, veo en primer término el curvo brazo ciclópeo que extiende hacia Madrid la sierra de Guadarrama. El hombre de Segovia, desde su tierra roja, divisa la vertiente opuesta. ¿Tendría sentido que disputásemos los dos sobre cuál de ambas visiones es la verdadera? Ambas lo son ciertamente, y ciertamente por ser distintas. Si la sierra materna fuera una ficción o una abstracción o una alucinación, podrían coincidir la pupila del espectador segoviano y la mía. Pero la realidad no puede ser mirada sino desde el punto de vista que cada cual ocupa, fatalmente, en el universo. Aquélla y éste son correlativos, y como no se puede inventar la realidad, tampoco puede fingirse el punto de vista.

La verdad, lo real, el universo, la vida —como queráis llamarlo— se quiebra en facetas innumerables, en vertientes sin cuento, cada una de las cuales da hacia un individuo. Si éste ha sabido ser fiel a su punto de vista, sí ha resistido a la eterna seducción de cambiar su retina por otra imaginaría, lo que vi será un aspecto real del mundo.

Y viceversa: cada hombre tiene una misión de verdad. Donde está mí pupila no está otra: lo que de la realidad ve mi pupila no lo ve otra. Somos insustituíbles, somos necesarios. "Sólo entre todos los hombres llega a ser vivido lo humano" —dice Goethe—. Dentro de la humanidad cada raza, dentro de cada raza cada individuo es un órgano de percepción distinto de todos los demás y como un tentáculo que llega a trozos de universo para los otros inasequibles.

La realidad, pues, se ofrece en perspectivas individuales. Lo que para uno está en último plano, se halla para otro en primer término.

El paisaje ordena sus tamaños y sus distancias de acuerdo con nuestra retina, y nuestro corazón reparte los acentos. La perspectiva visual y la intelectual se complican con la perspectiva de la valoración. En vez de disputar, integremos nuestras visiones en generosa colaboración espiritual, y como las riberas independientes se aúnan en la gruesa vena del río, compongamos el torrente de lo real.

 

CRITICISMO . Se suele considerar a Manuel Kant el máximo representante del criticismo.La doctrina kantiana de la verdad es crítica con las posibilidades que tiene la razón humana para alcanzar el saber verdadero; no es dogmática, pues considera que la razón tiene límites, no es escéptica, pues entiende que hay saberes que son dignos de credito. En su Crítica de la Razón Pura Kant determinó cuáles son las posibilidades y los límites del saber verdadero. Y así para Kant hay conocimientos científicos que son universales y necesarios ( los grandes principios de la ciencias) pero la razón no puede ir más allá de los límites de la experiencia, de modo que dicha experiencia es el único mundo del hombre. Las grandes cuestiones de la metafísica (la existencia de Dios, la libertad, la posibilidad de una vida futura) caen fuera de las posibilidades de la razón.