El feminismo es un movimiento social, surgido en Occidente a la par que otros dos movimientos sociales clásicos: el movimiento liberal-democrático y el movimiento obrero. El movimiento feminista se propone terminar con las desventajas sociales de ser mujer; esto supone abolir el tipo de sociedad en que los varones dominan a las mujeres.

Ya en tiempos de la Revolución francesa, Olimpia de Gouges escribió en París la "Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana "; reclamaba allí un programa de igualdad jurídico-política para las mujeres. Por ser demasiado insistente en ésta y otras igualdades, Olimpia fue guillotinada unos años después; pero la semilla de la emancipación de la mujer, del feminismo de la igualdad, ya había sido echada en público, probablemente para no desaparecer mientras no se consiga ese objetivo histórico.

En el siglo XIX, colectivos de mujeres presionaban en los estados liberales para conseguir el voto político femenino, que les era negado. A mediados de esa centuria, celebraron una "Convención sobre los Derechos de la Mujer " en Nueva York, denunciando la exclusión del género femenino de las conquistas democráticas, reclamando la igualdad de todos los derechos.

PRIMERA OLA DEL FEMINISMO

Suele aceptarse que la primera etapa del feminismo, como fenómeno social organizado, se inició con la acción de las sufragistas, en un período que abarca desde mediados del siglo XlX hasta el final de la Primera Guerra Mundial.
Sin embargo, pueden encontrarse antecedentes en periodos históricos anteriores y muy especialmente en el ambiente creado por la Revolución Francesa y sus declaraciones en favor de la igualdad de todos los ciudadanos. Ya en aquel momento algunas autoras, y también algunos autores, con toda coherencia trataron de aplicar aquella igualdad también a las mujeres

Los vientos de libertad levantados por la Revolución encontraron un buen campo de cultivo en los Estados Unidos. A favor de estos vientos las mujeres lucharon por la independencia de su país junto a los varones y posteriormente se unieron a la causa de los esclavos. Ello les llevó a ocuparse cada vez en mayor medida de las cuestiones políticas y sociales.
Las mujeres aprendieron a hablar en público defendiendo sus derechos al tiempo que los de los esclavos porque comprendieron que eran cuestiones inseparables.

En Europa, el movimiento sufragista más potente y radical fue el inglés. Surgió en 1951, sólo tres años después de la Declaración de Séneca Falls, cuando un grupo de mujeres inglesas celebraron en Sheffielo un acto público en el que pidieron el voto para la mujer. Decididas a seguir procedimientos democráticos en la consecución de sus objetivos buscaron el apoyo de los parlamentarios. El día 13 de febrero de 1861, el conde de Carlisle presentó su petición en la Cámara de los Lores. Fue el inicio de un largo camino.

En España el feminismo entró tardíamente, cuando ya en Europa empezaba a perder su fuerza inicial, y nunca adquirió gran desarrollo.
En 1920 existían varias asociaciones feministas de diferente signo, de las cuales las más importantes eran la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, presidida por María Espinosa, y la Unión de Mujeres Españolas (UME), presidida por la marquesa de Ter. Para ellas eran temas prioritarios la educación de las mujeres, la reforma del Código Civil y el derecho al voto.
La República, instaurada en abril de 1914, dio satisfacción a la mayoría de sus demandas. El 1 de octubre de este mismo año se aprueba en el Parlamento el artículo 34 de la Constitución, que reconoce el derecho de las mujeres al voto, después de un doloroso enfrentamiento entre dos mujeres que se suponía deberían haber estado de acuerdo. Clara Campoamor, del Partido Radical, defendió con calor el derecho al voto como cuestión de justicia, y Victoria Kent, del Partido Radical-Socialista, se opuso por una razón de oportunismo político, suponiendo que las españolas se iclinarían hacia un voto conservador. Clara Campoamor consiguió una clara victoria, 161 votos a favor de la ley y 121 en contra, pero debió pagar un alto precio por ella ya que su propio partido llegó a abandonada posteriormente.

LA SEGUNDA OLA DEL FEMINISMO

El detonante fue la publicación del libro de Betty FRlEDAN, La mística de la feminidad que apareció en Norteamérica en el año 1963 y en seguida se difundió por todo el mundo occidental. Poco tiempo después, la propia autora viajó por diversos países explicando sus planteamientos a través de conferencias, mesas redondas, entrevistas... Su presencia en Madrid, en los momentos que se iniciaba la transición política, dio ocasión a una de las primeras manifestaciones públicas de grupos de feministas después de la Guerra Civil.
El mensaje central de Betty FRIEDAN fue que «algo» estaba pasando entre las mujeres norteamericanas, algo todavía indefinido, que ella denominó «el problema que no tiene nombre. Eran muchas las mujeres que, a pesar de estar felizmente casadas, sin problemas económicos y con hijos sanos, experimentaban una asfixia interior tan misteriosa como intolerable. Era una sensación de vacío que Betty FRIEDAN achacó a no sentir la propia identidad, a saberse definida no por lo que se es sino por las funciones que se ejercen: esposa, madre, ama de casa...
Según Betty FRIEDAN, las hijas de las mujeres que realizaron aquel «viaje apasionado» que supuso la lucha por el derecho al voto fueron atrapadas por la «mística de la feminidad», que les hizo cifrar su felicidad en la dedicación exclusiva al servicio de las personas que aman, ya que lo contrario sería violentar su propia naturaleza femenina.
Para salir de esta trampa, «de este confortable campo de concentración», las mujeres deben romper las invisibles cadenas que les atan, tratar de desarrollar todas sus potencialidades y lograr su propia autonomía incorporándose al mundo del trabajo. Una vez planteado el problema, Betty FRIEDAN pasó a la acción creando, en 1966, la NOW (Organización Nacional de Mujeres), que consiguió afiliar en poco tiempo un elevado número de mujeres en todos los Estados de la Unión, llegando a ser la asociación feminista más influyente.
Poco a poco, incluso dentro de la misma NOW, fueron surgiendo mujeres más jóvenes con objetivos más revolucionarios que aspiraban a cambiar el sistema. Abandonando las ideas liberales adoptan el planteamiento marxista. Las mujeres son consideradas como el sexo oprimido. El culpable final de la opresión de la mujer no son los varones sino el capitalismo. «La liberación de la mujer no podía darse sin la liberación general de otros trabajadores oprimidos y explotados bajo el capitalismo. El capitalismo era concebido como responsable de la organización injusta del trabajo que oprime al obrero y oprime a la mujer con la doble jornada.»

FEMINISMO RADICAL

Algunas mujeres tomaron otro camino y se apuntaron a lo que se ha llamado el feminismo radical. Este considera que la opresión de las mujeres es anterior al capitalismo y no termina con él, como lo demuestra el hecho palpable de que en los regímenes comunistas, entonces todavía existentes , la mujer seguía siendo explotada. Por tanto, el origen de su explotación no está en el capitalismo sino en el patriarcado. En 1971, Kate MILLET publica Política sexual donde define el patriarcado como «una institución en virtud de la cual una mitad de la población (es decir, las mujeres) se encuentra bajo el control de la otra mitad (los  hombres).
Las radicales identificaron como centros de dominación patriarcal esferas de la vida que hasta entonces se consideraban «privadas». A ellas corresponde el mérito de haber revolucionado la teoría política al analizar las relaciones de poder que estructuran la familia y la sexualidad: lo sintetizaron con un eslogan: «1o personal es político».
El feminismo radical puso en práctica una forma de organización y trabajo que tuvo mucho éxito: los grupos de autoconciencia, en los que se impulsaba a cada participante a exponer su experiencia personal de opresión con la finalidad de que tomara conciencia de ella y la analizase en clave política con vistas a lograr una transformación de la situación.
Estos grupos de autoconciencia pagaron el mismo precio que todos los grupos que excluyen a priori cualquier tipo no sólo de jerarquización sino incluso de división de funciones. En el prurito de que cada participante debía tener la misma consideración, el avance se hacía casi imposible porque la última recién llegada podía poner todo en cuestión y obligar al grupo a empezar de nuevo.

FEMINISMO DE LA DIFERENCIA

Algunos grupos de feministas radicales fueron evolucionando hacia el feminismo de la diferencia, que aboga por identificar y defender la identidad propia de la mujer y marcar bien sus señas diferenciales. Consideran que los varones, debido a su psicología, son agresivos, guerreros, depredadores. Las mujeres no deben entrar en ese juego ni intentar imitarlos. Una de sus teóricas, la italiana Carla Louzi, afirma que «la meta de la toma del poder es totalmente vana». Y la francesa Luce Irigaray considera inútil o incluso nocivo empeñarse en obtener la igualdad. En Francia y en Italia existen notables partidarias del feminismo de la diferencia. Sus críticos dudan de que puedan construir la identidad femenina y a un tiempo destruir el mito «mujer».
Las teóricas de cada  una de las tendencias señaladas debaten entre ellas y en ocasiones se niegan mutuamente el título de feministas. Mientras tanto, los grupos feministas de base siguen su trabajo a menudo utilizando los diferentes lenguajes de forma alternativa y a veces hasta simultánea.




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