Cómo decir que amo tu absoluto silencio,

El desorden de los musgos, los límites de tu piel,

La epifanía de tus signos. Tu espalda,

Cuando viene a confundirse con las sombras.

O es que Dios nos dio un tiempo,

Para trepar, como la madreselva,

Hasta las bocas heridas por la luz .

Soledad Zurera.

La ceniza en la taza. 2003