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Sábado 20 de julio de 2019
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Filosofia y literatura

Toda la historia de la poesía moderna es un comentario ininterrumpido al breve texto de la filosofía. Poesía y filosofía han de unirse.

F. Schlegel

Fragmentos del Lyceum , 115

La estética contemporánea arranca del vasto proyecto de renovación que concibieron, a finales del siglo XVIII, los poetas y pensadores del primer romanticismo alemán. Novalis, F. Schlegel, Schelling y tantos otros vislumbraron los caminos que darían vuelo a la incesante búsqueda de los artistas y poetas que les sucedieron. Entre sus propuestas más fértiles para la creación contemporánea se encontraba la -poesía universal progresiva-, formulada por Friedrich Schlegel: una literatura en la que confluyeran todos los géneros en armonía. Tal fusión de géneros se manifestaba ante todo como una síntesis de poesía y pensamiento. -Poesía y filosofía han de unirse- -postulaba el filósofo-poeta. -La poesía trascendental proviene de la mezcla de filosofía y poesía- -corroboraba Novalis. Y sin embargo es éste uno de los proyectos románticos que más se han hecho esperar en nuestras letras.

Si rastreamos la presencia de la filosofía en la poesía española de las últimas décadas encontramos un ilustre precedente venido del otro lado del mar. La figura de Jorge Luis Borges, poeta y prosista consolidado como el escritor en español más universalmente reconocido del siglo, había ya empleado con éxito en sus poemas la metáfora heraclítea de la vida como un río (devenir), el panteísmo de Spinoza y la escisión cartesiana vigilia-sueño. Siendo Borges un maestro indiscutible entre nosotros a partir de los años 70 no es de extrañar que el culturalismo de los novísimos retomara la vía abierta por el genio argentino.

A partir de entonces se cita con profusión a los filósofos griegos en la poesía española. Sin embargo, conviene recalcar que rara vez se hace referencia a cualquier otro período de la historia de la filosofía, quedando en la práctica reducida la impronta filosófica en el poema a sus orígenes clásicos. Pese a que con los años se hace extensiva la nómina de autores citados a los estoicos tardíos latinos es con mucho Heráclito (seguido de lejos por Platón) el filósofo más mencionado por nuestros poetas. Nada más natural. A imagen de la herencia borgiana lo que nuestra poesía pone en escena son las viejas metáforas, no el pensamiento antiguo original. La razón se encuentra en el hecho de que los presocráticos fueron mucho más poetas que filósofos sensu stricto (según Heidegger la metafísica propiamente dicha nace de la mano de Platón). Así pues, si pensamiento hay entre los presocráticos es un pensamiento simbólico, poético, que se encarna en metáforas, no un severo discurso de conceptos encadenados a la luz de la razón. Tal es quizá la causa de la predilección de nuestros poetas por tales filósofos-poetas de la Antiguedad.

En definitiva, por lo común nuestra poesía se ha limitado a la elaboración de glosas de algunos filósofos griegos. Se ha revisitado más el estilo que el espíritu de la filosofía. De hecho, a Heráclito se le cita fuera de contexto, desde una perspectiva parmenídea, ajena al paradójico pensamiento heraclíteo, a la fusión de contrarios. Se imita el lenguaje, no el modo de pensamiento. A menudo nuestros poetas apenas se han dejado impregnar por algunas ideas filosóficas extraídas a modo de topoi literarios, lo cual es un primer paso, sin duda, pero no acaba de alcanzar la profunda transformación, la capacidad de sugerencia que la filosofía podría aportar a la poesía.

Además, el uso del lenguaje filosófico se manifiesta en general de una manera extemporánea, obsoleta a los ojos de la filosofía de nuestro tiempo. Desde Nietsche los filósofos han declarado la muerte de la metafísica tradicional, de la ontología de la presencia. Sin embargo, buena parte de nuestra poesía todavía se encuentra atrapada en modos de pensamiento superados. A menudo se escribe sobre los filósofos desde el sentido común (denostado desde antiguo por la filosofía), instalados en una mentalidad cartesiana (el yo centrado, la dicotomía cuerpo/espíritu) que la filosofía no dudaría en calificar de anacrónica, cuando no se confunde la metafísica con algunos tópicos manidos sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la existencia, el -carpe diem-, la presunta -otra vida-...

Sin embargo, en los últimos años encontramos también loables intentos de alcanzar el encuentro entre poesía y filosofía con el que soñaban los románticos alemanes. En esta breve antología encontrará el lector muestras de una y otra actitud. Mientras unos siguen cultivando la glosa, permanecen en una aproximación epidérmica, si bien dotada de encanto poético, otros se internan a fondo, se aproximan a un pensamiento actual, más allá de la ontología de la presencia. Nos encontramos pues en camino hacia una auténtica inmersión en las aguas de la filosofía, una profunda asimilación poética de la mirada filosófica contemporánea. Una asignatura pendiente, un territorio a explorar.

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