
Las diferencias individuales a la hora de aprender son una condición inherente al ser humano, pero a estas diferencias de partida, vienen a sumarse otras, que la educación tiene la responsabilidad de compensar. En las distintas etapas educativas es donde se pueden prevenir dificultades de aprendizaje y compensar deficiencias asociadas a un ambiente social deficitario o a la pertenencia a otras etnias y culturas.
Los docentes no pueden obviar la existencia de estas diferencias apoyándose en el lógico desarrollo evolutivo o en el carácter social de las mismas, sin caer en el riesgo de ahondar y profundizar esas diferencias. El educador debe enfrentarse al grupo sabiendo que cada uno tiene su propia singularidad. Tendrá que conseguir un equilibrio entre lo que debe ser igual para todos y lo que debe ser individual y diferente para cada uno, a fin de conseguir el desarrollo de todas las capacidades tanto físicas, como afectivas, intelectuales y sociales.
La diversidad será pues un problema sólo cuando la atendemos con propuestas educativas homogéneas ¿o no?