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Martes 22 de agosto de 2017
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Biblioteca

BIBLIOTECARIO
Francisco Montero Rastrero

ELOGIO DE LA BIBLIOTECA

                En esta época de publicaciones en pantalla, de la digitalización de los libros y la aparición de los lectores electrónicos, quiero dejar patente la fascinación, o mejor dicho, transmitir la fascinación por la página tipo códice o por la más simple tipo papel. Esta fascinación se refleja en el hecho de que en los visores para leer tanto periódicos como libros, o en las aplicaciones para iBooks o teléfonos avanzados, hay un intento de recrear la sensación de paso de una página de papel. Pero ello se hace siempre con refinamientos, para que la ilusión sea cada vez más completa, como por ejemplo, la simulación del ruidito del papel crujiente. Esta simulación, o en palabras de otros teóricos, servidumbre, tiene un nombre en inglés: skeuomorphism. En español se ha adaptado como esqueuomorfismo con el significado de “un objeto derivado que retiene como diseño ornamental elementos de una estructura que fue necesaria en el original”. De modo que cada vez que en los ebooks pasamos páginas estamos perpetuando las acciones propias de otro objeto diferente.

                Esta realidad nos lleva a reflexionar sobre si estamos ante el fin de las Bibliotecas tal como las conocemos, y por tanto, el futuro del libro y el de las Bibliotecas, es la lectura o consulta de las publicaciones solo mediante visores. Ya hace tiempo que en la Biblioteca Nacional, los códices, los incunables o las ediciones princeps, solo se pueden consultar de manera digital. Estos cambios tecnológicos, esta forma nueva de acceder a la lectura no es en realidad los que nos debe obsesionar.  Lo verdaderamente importante es que sigan existiendo personas que puedan plasmar en obras literarias el producto de su imaginación y que el cúmulo de obras se siga custodiando en las bibliotecas, espacio donde el lector tiene el derecho a utilizarlas sin restricción alguna, de manera democrática. Para tener una vida completa, hemos de tener la posibilidad a acceder a los mundos, sueños, pensamientos y deseos plasmados en los libros, y el lugar donde todo esto se nos multiplica es la Biblioteca. Con razón decía Julio Cortázar “la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas”. A la melancolía de no poder leer todo lo excelso que nos han legado las generaciones anteriores, le unimos la melancolía por no poder conocer  las obras que el futuro deparará.

FRANCISCO MONTERO





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