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Miércoles 10 de febrero de 2010
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ACTIVIDADES CULTURALES.
Manuel Jesús Caro Quesada y Juan Manuel Macías Ramos

¡Qué aburrido sería un IES en el que sólo hubiera libros, ordenadores, deuvedés,…, y no se hiciera otra cosa que enseñar y aprender! ¿Verdad que nos llenaría de desgana? Esto está lleno de gente y, donde hay tanta gente, tiene que haber diversión; y ya se sabe que, por desgracia, hay gente pa to y que se entretiene riéndose de los demás, cumpliendo así aquella antigua sentencia filosófica que afirma que toda aquella persona que se siente mal por algo tiende a descargar ese malestar en forma de ira y menosprecio hacia quien ve más débil. Pues bien, teniendo en cuenta que la gente que se divierte de esta manera está enferma -¡hombre, si se sienten mal es que están malos, digo yo! -, vamos a ver tipos de diversión sana y saludable que, como tienen que ver con la comunicación, son doblemente sanas porque purifican las emociones de emisores y receptores. Y tranquilizan los espíritus.
 

La primera forma de divertirse consiste en tener ganas de contar algo y mantener fresca la mente propia y ajena. Cuando encuentras un grupito de gente con esas intenciones es cuando te atreves a crear la revista de un IES, arriesgándote a quedar muy solo con el paso del curso escolar, aun a pesar de que amenaces al alumnado de ICO con suspender alguna evaluación como no te ayuden. Y es que al sentido de la responsabilidad le pasa como a la riqueza, esto es, que hay quien la tiene y quien no la tiene. Ya había una publicación, al parecer anual, en los años 50, Adelante, con claros matices de sindicalismo vertical pero muy bien hecha y con espacio para la voz de los alumnos, que era lo más importante; de ella hemos podido hojear los ejemplares de 1958 y 1960. En los años 90 aparece El tinglao, una revista en la que el punto jocoso, prácticamente inexistente en la anterior, llama mucho la atención, aunque es más un cúmulo de datos y curiosidades que un  cúmulo de chistes.
 

La revista La Crème nació en el curso 97 – 98 con el objetivo de servir de desahogo antiestrés para toda la comunidad escolar. Ya estábamos usando la sonrisoterapía que ahora está en boga en algunos anuncios de ciertas corporaciones dermoestéticas. En sus primeros años de historia, su contenido no iba más allá de la pura pamplina intrascendente que alegra la cara, esa que hace que los labios del lector se curven hacia arriba, formando un arco que dispara flechas de buen rollito de primavera. Aun así, no podemos ocultar que las cosas que en ella aparecían no eran del agrado de todo el mundo y, por eso, siempre se le ha dado a cualquiera la oportunidad de expresar ese desagrado por escrito para poder publicarlo en La Crème y convertir a ésta en lo que siempre ha sido el sueño de su director: un lugar donde manda la palabra y en el que todo puede aparecer, salvo el insulto y las caricaturas de Mahoma. ¡No echemos más leña al fuego!

Nuestra revista tuvo un parón de dos años y el curso pasado volvieron a escucharse los rotativos de nuestra imprenta. En este nuevo viaje por el mundo de la comunicación, La Crème se ha hecho más madura, como era de esperar con el paso del tiempo; técnicamente ha llegado a un estado casi inmejorable, gracias al uso de un buen sofbuer, y con la calidad de los gráficos mejorando, en busca de la luz que los hará salir de las tinieblas. Además, los contenidos ya no son todos una mayor o menor chorrada, que los hay tan serios que a veces da la impresión de estar leyendo el Finansial Teins. La actual revista del IES Don Bosco quiere ser lo que es, y por mucho tiempo.

La segunda forma de divertirse requiere más trabajo y dedicación, un mínimo de una hora semanal y un máximo de varios meses, casi los que dura el curso. El teatro siempre ha tenido cabida en nuestro centro, y siempre ha padecido de la misma enfermedad: la falta de gente y de espacios. Desde la década de 1980, las educadoras de la Residencia escolar crearon un aula de teatro;  Inmaculada y Cristina, educadoras aunque ambas médicos de profesión, montaron varias obras. Aurora Domínguez Berrocal se ocupó del vestuario. Dichas obras de teatro eran siempre un plato esperado dentro de las actividades de la festividad de San Juan Bosco

El año pasado se reanudó por casualidad, por aquello de conmemorar de manera más o menos original la publicación de un muy buen libro hace 401 años, y sin ninguna pretensión de dilatarse en el tiempo, porque cuantas más obligaciones te eches encima peor puedes acabar en todas ellas. Sin embargo, parece que esto del teatro ha gustado y que hay ganas de seguir haciéndolo. Vosotros no lo sabéis, pero el equipo o grupo de teatro del Don Bosco no para de reír durante los ensayos, porque eso de meterse en el pellejo de un personaje, de alguien distinto a ti, saca muchas cosas buenas del corazón y del coco y te permite conocer más a fondo a los demás y a ti mismo. En el curso anterior nos estrenamos con la obra Don Quijote CD y en este amenazamos con la representación del juguete cómico Un día más en 50 años, dirigido a criaturas de todas las edades, hecho para hablar del pasado desde el presente y a través de alumnos y alumnas que no pasan de 4º de la ESO (ni pasarán, como sigan así).

Igualmente merece nuestro recuerdo la labor de Aurora Domínguez Berrocal y de sus  clases de guitarras y habaneras. Inicialmente se impartían en el taller de aparado, después en el salón de la enfermería y finalmente en el aula de estudios del piso inferior de la Residencia.

No podemos olvidar todas las competiciones deportivas y los equipos de diferentes disciplinas que han dejado su sudor en nuestras pistas y en las ajenas, en estos 50 años; el taller de pintura de Manolo Blandón, y el de cerámica de Benjamín, que fue, además, capaz de montar en Valverde todo un festival de música alternativa en el año 98 para financiar el viaje de fin de curso de nuestros alumnos; la emisora de radio, que dejó de funcionar en el curso 99-00, y las proyecciones de películas vespertinas, pérdida que produce lástima, etc., etc.

Mención especial a los cientos de excursiones y viajes que han conseguido abrir el panorama cultural para nuestro alumnado.

 La conclusión de este artículo cae por su propio peso: los cates, con humor, son menos cates.

 

 

 
Ultima actualización: 17/10/2006
 
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