Datos del Dolmen 
PROPIEDAD:   Pública, dependiente de la Delegación Provincial de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que lo adquirió en 1987. 
UBICACIÓN:   Sobre el "Cabezo del Zancarrón", en la finca "La Lobita", dentro del término municipal de Trigueros. Junto a él se encuentran otros tres pequeños dólmenes de menor envergadura que ya no encuentran en pie. 
ACCESOS:   Desde la carretera A-285, Huelva-Sevilla, desviándose hacia el norte a la mitad del km. 619, situado entre Niebla y San Juan del Puerto. Desde la carretera nacional 436 (San Juan del Puerto-Badajoz), vía Trigueros y camino agrícola asfaltado hasta el dolmen.  
CRONOLOGÍA:  Entre el 3.000 y el 2.500 a.C., dentro del ámbito cronológico de la Edad del Cobre o Calcolítico. 
TIPOLOGÍA:  Arquitectura megalítica. 
FECHA DE PUBLICACIÓN:  Declarado Monumento Nacional y publicado en el BOE, con fecha de 04/06/1.931. Está inscrito como monumento en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía.  


Características 

Dolmen de Soto

El Dolmen de Soto (3000 - 2500 años a.c.) es el monumento prehistórico más importante de la provincia de Huelva. Se encuentra enclavado en el cabecillo del "Zancarrón", en la finca "La Lobita" que pertenece al término municipal de Trigueros.

El mausoleo está construido, como la mayoría de los monumentos similares, en el interior de un túmulo bastante suave, de forma casi circular, que se destaca perfectamente del llano que lo rodea. Este cerrete, completamente artificial, es una acumulación considerable de tierra blancuzca, con la que están entremezclados pequeños fragmentos de piedra que fue traída desde lejos, pues no se encuentra en toda la finca. Solamente en la base aparece tierra rojiza, típica del subsuelo normal.

No se puede poner en duda que el Dolmen de Soto y el anejo a él pertenecen al pleno Eneolítico. Está comprobado esto por su gigantesca y complicada arquitectura que marca una habilidad constructora característica de la época mencionada. El Eneolítico es el período de transición entre el Neolítico y la plena Edad del Bronce. La misma fecha cronológica se deduce del ajuar funerario depositado junto a los cadáveres como ofrendas necesarias para la vida de ultratumba. Un número considerable y variado de representaciones gráficas en las paredes parece explicar la ausencia de pequeños ídolos sueltos de que aquellos pobladores dotaban a sus difuntos.

El Dolmen de Soto forma parte del conjunto de más de doscientos monumentos megalíticos de la provincia de Huelva, que se desarrollaron en el occidente europeo entre el Neolítico y la Edad del Bronce. Fue descubierto por don Armando de Soto en 1.923, iniciándose en ese mismo año las excavaciones, las cuales finalizaron tras el estudio de Hugo Obermaier, publicado en marzo de 1.924 en el Boletín de la Sociedad Española de Excursiones. Años más tarde, el 3 de junio de 1.931, el dolmen fue declarado Monumento Nacional.

Los monumentos megalíticos son construcciones funerarias para enterramientos generalmente colectivos de inhumación, entre los que uno de los más comunes es el dolmen (construcción en forma de enorme mesa en la que una losa horizontal está sostenida por dos verticales (ortostatos).

El de Soto es un dolmen perteneciente a la familia de los dólmenes de "corredor largo" (conjunto de dólmenes yuxtapuestos), siendo el más grande de los encontrados en nuestra provincia y uno de los mayores de la península. Está formado por una cámara y un corredor en "V" que se ensancha hacia el interior, variando su anchura desde los 0'82 m. en la puerta hasta los 3'10 m. en la cámara. Está orientado de Levante a Poniente, de tal manera que los primeros rayos de sol en el equinocio, avanzan por el corredor y se proyectan en la cámara durante unos minutos, en un rito donde quizás los difuntos renacían de la vida de ultratumba, bañados por la luz solar.

Es un sepulcro ciclópeo, perteneciente a los "Grandes dólmenes de galería de cámara ínica", de 20'90 m. de longitud, con 64 monolitos verticales calzados, 63 ortostatos en progresión creciente forman ambas paredes y uno sólo, de 3'41 m. de altura por 3'10 m. de ancho, con un grosor de 0'72 m. y un peso de 21'3 tm., ocupa la pared del fondo sobre los que reposan losas de granito de 4'20 m. de longitud de 13 tm. de peso, levantadas a 1'70 m. del suelo a base de planos inclinados de tierra prensada, brazos, rodillos y palancas.

Estos grandes ortostatos son de granito en su mayoría, junto con otros de arenisca y pizarra, traídos probablemente de una zona cercana a Tejada (Paterna del Campo), desde unos 40 kilómetros de distancia. Los ortostatos presentan numerosos grabados y algún resto de pintura, correspondiéndose con los restos humanos y de útiles allí encontrados. Éstos, por el contrario, son escasos y el hecho de que en otro dolmen cercano los hallazgos fueran cuantiosos, hace pensar que el monumento funerario fue poco utilizado, quedando pronto en desuso y relleno de tierra.

Pese a sus grandes dimensiones solamente recibieron sepultura en él ocho cadáveres y en siete sitios diferentes. Todos ellos aparecieron sentados, en cuclillas, arrimados a la pared, en cuyo ortostato se realizó algún grabado representando la efigie del difunto, su signo protector totémico o alguna de sus armas. Junto a los cadáveres apareció un ajuar funerario compuesto de útiles líticos como hachas, cuchillos, etc.; material cerámico (a veces con decoración incisa) como vasos, cuencos, platos, etc.; un brazalete cónico de hueso; algunos fósiles marinos; etc. En la excavación también se halló una "mesa", ahora inexistente, en el centro de la cámara, justo delante de la cabecera, muy baja y rectangular. Sobre ella no se encontró nada y es de suponer que tendría una función ritual.

La conformación de la entrada y de la cámara es lo que más variaciones han sufrido, encontrándose en 1.923 los ortostatos del acceso desperdigados y faltando 2 ó 3 grandes losas que techaban la cámara. La primera restauración por parte del Ministerio de Cultura se llevó a cabo en 1.957. En 1.981 se acometió la primera fase del proyecto de restauración del dolmen por don Ismael Guarner. La segunda fase se efectuó en 1.982, también por el arquitecto Guarner, presentando la Memoria final de las obras realizadas en 1.985. En 1.986 se inició el proyecto de protección arqueológica del monumento por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, a través de la Delegación Provincial de Huelva, mejorándose el cerramiento, interior, entorno y acceso del dolmen, gracias a su conexión con la A-286, nacional 436 y una serie de caminos asfaltados.

Planta del Dolmen de Soto

Descripción del hallazgo por Armando de Soto 

Descubrimiento del Dolmen

Con fecha del 5 de Octubre de 1.923, desde Sevilla, el sr. Armando de Soto dirige esta amena e interesante carta al profesor Hugo Obermaier, relatando los hechos del descubrimiento.

“Mi distinguido y querido amigo:

Me pide Vd. que le haga la historia de cómo descubrí mi monumento y realicé las excavaciones, así como detalles de los sitios donde encontré el ajuar funerario.

Aunque las excavaciones han durado ocho meses y no he ido haciendo crónica diaria, me ha intersado tanto este trabajo, me ha proporcionado tales emociones en todo ese camino de lo desconocido, siempre con la ilusión de encontrar algo nuevo, que todo ha quedado en mi imaginación impreso como en cinta cinematográfica, lo que me permite relatar los hechos y ordenarlos como si tuviera delante su crónica.

A mi buen amigo el simpático y popular D. Juan Vides Alamo, de Trigueros, inteligentísimo labrador y ganadero a la moderna, debo la iniciativa de mi descubrimiento, pues me facilitó copia de un Acta del Ayuntamiento de Trigueros del dia 8 de enero de 1.823, en la que aparece una diligencia de demarcación que al pie de la letra dice de cierto terreno que “linda por el Poniente con el Cabecillo del Zancarrón donde está enterrado Mohamed Ben Muza, a quién se debe la primera obra algebraica, pues la publicó en el siglo octavo, que contiene la solución de las ecuaciones de segundo grado”.

En dicho cabecillo acababa yo de construir de nueva planta la casa del guarda de “La Lobita” y recordé que el maestro albañil me había dicho que en algunos sitios se había ahorrado el profundizar los cimientos por haber dado en piedra casi a flor de tierra. Interrogado el maestro albañil Manuel Fuentes, de Lucena del Puerto, que allí holgaba por ser el día 1º del año (de 1.923), me aseguró que a medio metro de profundidad y tangente al cimiento había visto él una piedra muy grande. Cogió la piocha y, dicho y hecho, antes de un cuarto de hora me descubrió a 95 cm. de la superficie la extremidad de una piedra horizontal. Así logramos descubrir como un metro de largo de la piedra que me figuraba ser tapamento de la sepultura del sabio moro. Basta por hoy, dije a Manuel Fuentes, que es un día muy grande para trabajar.

Al día siguiente, con cuatro hombres, logré dejar al descubierto una piedra de 3,25 m. de largo por 0,70 de ancho, y otra junto a ella en el mismo plano, de parecidas dimensiones. Sin elementos para sacar a flor de tierra esas piedras, por vehemencia o ignorancia accedí a la proposición de romperlas con un mazo de hierro casi por el centro o sea por el único sitio que sonaba a hueco. Para desplazar las mitades fue preciso ensanchar el corte de tierra formando dos planos inclinados; con mucho personal, al otro día y por medio de cuerdas y palancas, logramos quitar la piedra de la famosa sepultura. Toda ella estaba llena de arcilla durísima y solamente donde había sonado a hueco faltaría como 15 centímetros de relleno.

A la semana de estar sacando tierra, mi desilusión fue grande, pues habiendo profundizado metro y medio teníamos dos piedras verticales de cada lado descubiertas, como paredes laterales del “sepulcro” y nada habíamos encontrado de restos humanos, moneda ni cerámica. Me parecía inútil continuar aquel trabajo, mucho más haciendo falta el personal para otros de urgencia y resolví abandonarlo; pero todo el mundo sabe lo que puede en un marido la voluntad de su mujer, y la mía se había forjado tales ilusiones con el soñado hallazgo, que llegó a decirme que ella proseguiría los trabajos. Antes deseo tan vivamente manifestado, se reanudaron los trabajos con mayor empuje a los 4 días. Confieso pues que, sin su entusiasmo, nada hubiera hecho.

A los 8 ó 10 días de los nuevos trabajos habíamos descubierto otra losa de techo y otras dos verticales de modo que teníamos ya unos cuatro metros de longitud con dos paredes de grandes piedras; pero como aquéllo tenía trazas de ser una galería subterránea y encontramos una hacha prehistórica de piedra pulimentada, de buen tamaño, ya pude pensar que se trataba de un dolmen, puesto que teníamos delante varias piedras verticales con otras horizontales de techumbre.

Siguieron los trabajos de excavación con mucho cuidado en la galería, desde el centro hacia ambos lados o extremos, siendo descubierta la piedra grande del techo y habiendo encontrado dos hachas y algunos restos humanos. En este periodo de las cosas, vinieron desde Huelva a ver mis hallazgos el docto presidente de la Sociedad Colombina sr. Marchena Colombo y el gran Manolo Siurot, el hombre cumbre de la pedagogía, el que ha dedicado su vida entera el niño pobre amándolo con ternura de padre, y a crear maestros aptos para que lo imiten. Manolo Siurot se merece que todo el mundo lo quiera tanto como yo. Ambos amigos me confirmaron que se trataba de un domen cubierto diciéndome que por lo que ya se podía apreciar, iba a ser un monumento importante. Siguieron las excavaciones en la forma indicada, sacándose toda la tierra por medio de una cabria y un tiro. Por estar la arcilla tan compacta y tan dura como la argamasa, había que trabajar a punta de piocha y retirarla con azadas y palas, teniendo los obreros orden terminante de suspender los golpes en cuanto encontraran restos humanos o cerámica. Se intentaba la extracción de los mismos siempre con mucho cuidado; pero por la acción del tiempo y la presión se deshacían en cuanto se trataba de sacarlos de la masa dura con la punta de la navaja, operación que muchas veces hacía yo mismo, logrando algunos huesos sin romper, en mayor cantidad los de cráneos. Sólo he encontrado restos de ocho cadáveres en siete sitios distintos, con la particularidad de encontrarlos todos junto a la piedras verticales como a unos ochenta centímetros del suelo del dolmen. Dichas piedras verticales tenían siempre signos toscamente grabados, y en todas estas siete piedras, debajo de los signos, se encontraban restos de cerámica con huesos de cráneos, como si hubieran apoyado la cabeza del cadáver en platos o cuencos de barro, cuyos pedazos conservo. Los restos de cada cadáver siempre ocupaban muy poco espacio y nunca se presentaron en sentido horizontal, lo que me hizo pensar, por lo que había estudiado, que aquéllos cadáveres habían sido enterrados en cuclillas y probablemente atados.

Todos los restos humanos tenían a un lado hachas y al otro cuchillos, cinceles o puñales, y dos de aquéllos, además de lo dicho, conchas como las de los peregrinos. Con los restos de una madre con su hijo que se hallaron debajo de un signo que los representa, signo que Vd. me descifró estaban el precioso puñal y el brazalete de hueso que, por su pequeño diámetro se conoce que pertenecería al niño.

Las piedras de techo que faltan al final del dolmen, osea en la cámara grande, no cabe duda que fueron destrozadas recientemente para aprovecharlas en construcciones, puesto que he encontrado en varios trozos, algunos grandes, las huellas de los barrenos cuyo uso es de ayer mañana.

Se conoce que por la acción de las aguas y las labores sobre aquel túmulo artificial de tierra acarreada por los constructores del dolmen, quedarían al descubierto algunas partes de esas piedras, incitando a alguien a aprovecharlas, y que si no vieron más o no quisieron tomarlas fue porque todo el dolmen estaba lleno de esa argamasa tan compacta y tan recia. Gracias a ésto, no ha sido saqueado y destrozado el monumento.

Por feria de Abril, tuve la suerte de que se encontrara aquí, con su encantadora hija Gabrielita, el señor Conde de la Mortera, a quién relaté aproximadamente lo que llevo ya escrito y después de examinar casi todo el ajuar funerario y las fotografías del dolmen, tomó con mucho empeño que fuera Vd. quien lo estudiara y lo presentara a la Academia de la Historia para mi mayor garantía y de la Corporación. Sin pérdida de tiempo le comunicó su pensamiento al Duque de Alba, quien entusiasmado, como siempre, con todo lo relativo a descubrimientos y hallazgos prehistóricos, tuvo conmigo, entre otras muchas deferencias, la de indicarme que al día siguiente se marchaba a Madrid para cumplir con su deber ciudadano de votar en las elecciones a Diputados, y que enseguida regresaría en compañía de Vd., como en efecto sucedió, pues no podía esperarse otra cosa de la amabilidad de Vd. y de la eficacia de tan excelentes padrinos.

Señalo con piedra blanca el 1º de mayo de 1.923 en que Vd., el Duque, y nuestro buen amigo Santiago Montoto, que con tanto interés había ido siguiendo mis investigaciones, me hicieron el honor de acompañarme a visitar el monumento. En esa memorable visita escuché de labios de Vd. muy sabios y amables consejos que he procurado seguir puntualmente, para lo cual he consolidado las tres piedras verticales que amenazaban desplomarse y he sostenido con viguetas las dos piedras del techo que partí para buscar la “sepultura del moro” y otras dos más que estaban partidas por el centro y aún no se habían desprendido. También ha quedado terminada la bóveda de sillería que suple las piedras del techo que faltaban.

Espero con verdadera impaciencia que venga Vd. pronto a estudiar detenidamente el Dolmen, para poder cumplir su ofrecimiento que tanto me halaga, de presentar ese trabajo, que seguramente será notabilísimo, a la Real Academia de la Historia. Así quedaré yo tranquilo de haber procedido en todo a su completa satisfacción, que será la mayor garantía de acierto, y así contribuiremos ambos a perpetuar el gigantesco esfuerzo de aquellos primeros pobladores de España, que tan grandioso culto rindieron a la muerte.

Con todo respeto le saluda muy afectuosamente su atento amigo y admirador q.b.s.m. Armando de Soto”.


Estudios de Hugo Obermaier 

Entrada al Dolmen

Hugo Obermaier (arqueólogo alemán, más tarde nacionalizado español, que tuvo a su cargo el estudio y análisis del Dolmen tras su descubrimiento en 1.923), realizó un amplísimo y detallado estudio del monumento y de otro pequeño y destruido dolmen próximo al que nos ocupa, con relación de las piedras, de los grabados, de los restos y de todo el ajuar funerario encontrado.

Dicho trabajo, con abundancia de ilustraciones, fué publicado íntegro por el “Boletín de la Sociedad Española de Excursionistas” en el año 1.924. Dada su longitud, sólo recogemos aquí su introducción y las conclusiones finales del citado arqueólogo.

Introducción:

"El Dolmen de Soto, mausoleo importantísimo de la Edad del Cobre (3.000-2.500 años antes de Cristo), se encuentra en el cabecillo del “Zancarrón”, enclavado en la finca de “La Lobita”, perteneciente al término de Trigueros, en el límite oriental de la provincia de Huelva.

Para visitar este monumento arquitectónico, el arqueólogo se dirigirá por la carretera Sevilla-Huelva hasta llegar, entre los pueblos de Niebla y San Juan del Puerto, a la mitad del kilómetro 619 y a la bifurcación del amplio ramal, que el sr. de Soto construyó a la derecha de la carretera, de la que para llegar al hipogeo hay una distancia de kilómetro y medio.

Dista el dolmen del mar (Puerto de Palos) en línea recta 18 kilómetros, y del río Candón, afluente del río Tinto, unos 500 metros.

El mausuleo está construido, como la mayoría de los monumentos similares en el interior de un túmulo (“El Zancarrón”) bastante suave, de forma casi circular y de 75 metros de diámetro, que se destaca perfectamente del llano que lo rodea. Este cerrete, completamente artifical, es una acumulación considerable de tierra blancuzca, con la que están entremezclados pequeños fragmentos de piedra y que fue traida desde lejos, pues no se encuentra en toda la finca. Solamente en la base aparece la tierra rojiza, típica del subsuelo normal.

En la cúspide del cabecillo se levantaba desde el año 1.919, una casita de guarda, edificio que ha sido demolido y reedificado.

El descubrimiento y la exploración del Dolmen se debe al sr. Armando de Soto, propietario de la finca."


Conclusiones:

"No se puede poner duda que el Dolmen de Soto y el anejo a él pertenecen al pleno Eneolítico (3.000-2.500 años antes de Cristo). Está comprobado ésto por su gigantesca y complicada arquitectura que marca una habilidad constructora característica de la época mencionada. La misma fecha cronológica se deduce del ajuar funerario depositado junto a los cadáveres como ofrendas necesarias para la vida de ultratumba. Entre aquellos utensilios y adornos figuran objetos de marfil, y una flecha de silex de tipo muy fino, un puñal de cobre y restos de cerámica que reflejan claramente la cultura eneolítica que representa al mismo tiempo el apogeo de la “Edad de Piedra pulimentada”. Es extraño que el domen grande no nos haya proporcionado nada de cobre y que en ninguno hayan aparecido ídolos de piedra, a pesar de no haber sido expoliados, según deducimos de todas las apariencias. Esta falta está bien compensada por el número considerable y variado de representaciones gráficas en las paredes, y por esta misma razón prescindieron quizás aquellos pobladores de dotar a sus difuntos de aditamentos en forma de pequeños ídolos sueltos.

¿Pero quiénes eran aquellos constructores que vivían entonces en aquella región fértil, en medio de campos amenos y rodeados de rebaños abundantes, y buscando con avidez en las orillas del río Tinto, en las entrañas de la tierra, el cobre, más apreciado en aquella época que el mismo oro? Las teorías antiguas que atribuyeron los dólmenes a los celtas y a sus cultos “druidícos” están hoy totalmente desechadas, pues los celtas entran en España solamente hacia 600 años a.C. procedentes del sur de Francia, o sea unos 2.000 años después de la construcción de aquellos monumentos. También queda eliminada la hipótesis de que hubo un "pueblo de los dólmenes” que recorrería considerables porciones de Asía, Africa y Europa, dejando como testigos de su paso aquellas construcciones megalíticas. Las investigaciones antropológicas han demostrado que no hay en los dólmenes en modo alguno comunidad de raza. Conviene no olvidar que el problema de la etnología histórica de nuestra península está en parte aún por resolver.

¿Hay que considerar como los constructores de los megalitos del suroeste de España a los pobladores indígenas que descendieron directamente del pueblo que ocupaba aquellas regiones ya en la época de la piedra tallada? (Capsiense). ¿Es más lógico que estas obras se deban a un nuevo pueblo llegado de Africa, al parecer, y que es el que más adelante perdura en el pueblo íbero? Lo único cierto es que solamente a fines de la Edad del Bronce empiezan a alumbrar los primeros albores de la Protohistoria. Aproximadamente desde 1.300-1.200 a.C. se concreta a orillas del Guadalquivir un primer "Estado”, el "reino” de los Tartessios, riquísimo en toda clase de productos de agricultura, ganadería y sobre todo en metales. A su pacífica capital (Tarshich, Tartessos), cuya situación exacta se ignora afluía una inmensa riqueza metalúrgica, entre ella la plata y el plomo de las minas de Sierra Morena, el cobre de la cuenca del río Tinto, y el estaño importado de las islas Cassitérides, esto es, de Galicia. Para acaparar aquél tráfico lucrativo y obtener el monopolio comercial dentro del Mediterráneo, los Fenicios fundaron, según la tradición, hacia 1.100 a.C. la factoría de Gadir (Gades, Cádiz), supeditándose sin grandes esfuerzos a Tartessos que se vió desde entonces cerrado el paso por el estrecho de Gibraltar y fue destruido por los Cartaginenses hacia el año 500 a.C. Dentro del reino de los tartessios, y en su más importante región están enclavados los famosos centros dolménicos de Antequera y de Sevilla y el maravilloso monumento de Trigueros.

¿Nos autoriza este hecho geográfico a considerarle como obra tartessia? No lo creemos, pues aquellos dólmenes pertenecen a la época entre 3.000 y 2.500 a.C. y los tartessios aparecen, con fecha algo segura, únicamente unos 1.500 años más tarde, en aquella región seguramente muy codiciada por sus riquezas y que ha podido sufrir por esta razón, en aquel intervalo, más de una invasión de pueblos conquistadores. En vista de esto nos parece más prudente resistir a la tentación comprensible de relacionar aquellos megalitos con nombres concretos de la Protohistoria.

Esto no rebaja la extraordinaria importancia ni de la gigantesca cueva Menga, ni el dolmen elegante de Matarrubilla, ni del hipogeo hallado por el sr. de Soto, cuyo nombre quedará por siempre ligado a uno de los más resonantes descubrimientos arqueológicos que se han registrado en España durante los últimos lustros.

Y los visitantes del mausoleo del Cerro del Zancarrón, tan dignamente conservado por el sr. de Soto, estudiarán con honda emoción aquellos grabados extraños que les hablan de mortales desaparecidos hace 5.000 años, de comunidad de cultura o de uniformidad de creencias misteriosas desde el Mediterráneo hasta la Bretaña francesa y la Isla de Irlanda."


Estudio completo, publicado en 1.924 por Hugo Obermaier, sobre el Dolmen de Soto de Trigueros  
Estudio completo 1.924. Hugo Obermaier.   Lámina X del Estudio 

(Texto fascímil completo, facilitado por la Diputación de Huelva, del estudio realizado por el arqueólogo Hugo Obermaier sobre el Dolmen)

Nuevos estudios 
Conjunto Dolménico del Soto  En los años 80, un proyecto de recuperación y estudio de los megalitos onubenses, llevó a los investigadores a iniciar los trabajos de información arqueológica para la restauración del Dolmen de Soto.
El dolmen se entendía en este proyecto junto a su entorno. De ahí que el primer trabajo consistiera en prospectar la zona próxima, localizando tres sepulcros más de menor tamaño pero idéntica constitución arquitectónica. Estos pequeños monumentos fueron excavados con interesantes resultados que permitían recomponer una necrópolis en la que el Dolmen de Soto inicialmente descubierto, era el sepulcro principal en tamaño y en decoración interior.
La única losa decorada procedente de la cabecera de un pequeño segundo sepulcro se encuentra en la actualidad en el Museo Provincial.
Entre los descubrimientos hallados cabe destacar un fragmento de estatua que se corresponde con la parte superior de un antropomorfo con brazos abiertos que debió componer una figura de gran tamaño.  
El Sol   Para los corazones animistas de los constructores del grandioso hipogeo de Soto, el Sol representaba la divinidad benefactora por excelencia. Cada alborada, sus rayos inundaban los campos, los ganados, las cosechas y el despertar de las gentes, impregnando a todos con su luz y calor, de la fuerza vital que había estado maniatada durante la noche. El temor, los espíritus malignos, las epidemias, la oscuridad, se desvanecían con los rayos purificadores del sol. Entre los ritos funerarios de paso o tránsito, para que el difunto tuviese un buen viaje, se destacaba el de orientar la entrada del sepulcro hacia la salida del dios Sol. La magia de su actividad sería sin lugar a dudas su mejor salvaconducto.
Durante el amanecer del día en que se sucede el equinoccio de primavera, 21 de marzo, y el equinoccio de otoño, 21 de septiembre, uno de los primeros destellos de la luz solar penetra por la escuadra superior derecha de la puerta, avanza por el corredor, ilumina la piedra dintel de sostén que se halla situada a 2 m. de la entrada, y se proyecta hasta la cámara durante un período de 3 minutos y luego se retira.
Esto demuestra que el hombre de los megalitos había desarrollado unos conocimientos científicos significativos, que le permitían conocer el calendario con asombrosa exactitud. 
Los Grabados  Destaca la abundancia del tema antropomorfo. La imagen humana se ha figurado en diferentes aspectos y según Obermaier, cada vez que sobre una losa aparece un personaje humano, bajo ella se localizó un enterramiento. Por tanto, los grabados antropomorfos indicarían la situación de los enterramientos.
Muchos de los personajes van armados con hachas enmangadas. En otros casos los ortostatos sin figuración humana aparente, ostentan diversas hojas de cuchillo y cinturones, lo que nos permite interpretarlos como figuraciones humanas también. Así tendríamos en el Dolmen, antropomorfos patentes, es decir rápidamente identificables como tales y antropomorfos latentes, figurados mediante los objetos que para el que conoce la temática los identificarían: las armas y el cinturón.
El grueso de la temática hace referencia a la imagen humana, pero otra parte importante está formada por zig-zags, ya sean grabados, ya sean pintados y por serpentiformes.
En suma, los grabados y pinturas que decoran la sepultura del Dolmen no son dibujos aleatorios y caprichosos, muy al contrario, forman parte de un código funerario que se conoce en toda la Península Ibérica. Ello supone que estas gentes enterraban a sus muertos con un ritual de imágenes relativamente establecido que revela una concepción del paso de la vida a la muerte, una serie de mitos sobre la muerte y, muy probablemente una demostración por parte de la sociedad que los realiza del asentamiento de los grupos en el territorio.
Así, las sepulturas no sólo son el lugar donde se entierra a los antepasados sino la huella de unos grupos en el territorio, el aviso para otros grupos de la antigüedad de los otros en la explotación de esas tierras. 
Origen de las Grandes Piedras  Un examen petrográfico de los ortostatos que forman el dolmen permite poner de manifiesto que estos grandes bloques no fueron transportados desde zonas tan lejanas a la construcción.
Obermaier pensó inicialmente que el material que formaba los ortostatos era granito, pero investigaciones actuales indican que estas rocas son principalmente de grauvaca y, en menor cantidad, calcarenita y conglomerado, que son rocas muy abundantes en áreas próximas al dolmen.
Las grauvacas aparecen a unos 2 km. al norte del dolmen. En esta zona se pueden observar estos materiales estratificados junto con pizarra. Por otra parte, las calcarenitas afloran en las inmediaciones.
En conclusión, puede deducirse que el dolmen fue construido probablemente con materiales procedentes de áreas próximas, sin necesidad de llevar a cabo grandes infraestructuras para su transporte. 


Grabados en el Dolmen de Soto 


Principales excavaciones e intervenciones en el Dolmen  
Fechas  Excavaciones e intervenciones 
1.923  Descubrimiento del dolmen y realización de las primeras excavaciones, a cargo de D. Armando de Soto Morillas.  
1.923  Construcción de una nueva casa para el guarda fuera de la zona de excavaciones y que al mismo tiempo sirve como museo para la exposición de los materiales hallados.  
1.924  Publicación de la primera y principal investigación sobre el dolmen, realizada por el arqueólogo alemán Hugo Obermaier.  
1.931  Durante la II República el Dolmen de Soto es declarado monumento nacional.  
1.957  Se ejecuta una pequeña intervención consistente en la retirada de tierras de su interior y se realizan los recalces de las dos losas laterales de la cabecera y de cuatro losas de la galería para evitar la caída de éstas, a cargo del arquitecto Félix Hernández. 
1.982  Se elimina la terraza existente sobre el dolmen, se sustituye la bóveda de la cámara por una losa de hormigón armado, se eliminan los perfiles matálicos de sujeción en las losas partidas de la galería y se sustituyepor una suspensión desde otra losa de hormigón superior, se eleiminan los recalces anteriormente realizados y se construye un nuevo sistema de drenaje. También se realizaron nuevas excavaciones en el entorno del dolmen, a cargo de Fernando Piñón, Primitiva Bueno y Rodrigo de Balbín.  
1.989  Promovida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía se realiza una nueva intervención que consistente en rehacer de nuevo la entrada, suprimir los peldaños de acceso, construir un nuevo muro de hormigón para marcar la localización del anillo perimetral y remodelar el sistema de drenaje añadiendo una lámina asfáltica para la evacuación y protección de las aguas pluviales.  
2.010/13  Construcción de un centro de recepción.
Realización de unos trabajos de investigación, que están permitiendo conocer cuándo fue construido el dolmen y poder ver por primera vez el anillo de piedras que lo rodeaba y parte de la cubierta de fragmentos de cuarzo, que dan la oportunidad de observar el dolmen como era originariamente.
Hallazgo de nuevos restos arqueológicos que nos aportan información valiosa sobre los primeros pobladores, el entorno donde vivían o su forma de vida.
Excavación de una zanja entre las piedras del anillo perimetral y la cubierta.  


Vídeo informativo sobre el Dolmen de Soto 


Información del Centro de Visitantes 
DOLMEN DE SOTO.

Situado en una pequeña loma en la rivera del arroyo Candón, fue descubierto y excavado en 1.923 por el propietario de la finca donde se ubica., Armando de Soto. Fue declarado monumento nacional en 1.931. Y, desde entonces, ha sido objeto de diferentes intervenciones arqueológicas y obras de restauración.

La grandiosidad del dolmen comienza con un túmulo de 70 m de diámetro que conforma una colina artificial de 3'5 m de alto. La estructura presenta un atrio abierto que precede a la gran galería cubierta, de 21'5 m de longitud, orientada hacia el este. El vestíbulo de acceso y la antecámara están definidos por dos jambas decoradas con técnica de piqueteado y un hacha enmangada. La anchura y altura se incrementa de manera progresiva desde la entrada hacia la cabecera.

La singularidad del dolmen estriba también en la abundancia de grabados y pinturas en los ortostatos formando asociaciones complejas de elementos geométricos, antropomorfos, bandas, cazoletas, círculos, hachas, cuchillos, etc.

Una de las particularidades constructivas más relevantes es su orientación hacia el este, coincidiendo su acceso con los ortos solares en los equinoccios de primavera y otoño. Esta intencionalidad constructiva indica dos aspectos cruciales respecto a la observación astronómica y su uso ritual, por un lado, la necesidad de control de los ciclos de la naturaleza, de las estaciones, ya que estas comunidades campesinas contaban con la agricultura y ganadería como base de subsistencia. Y la idea del renacimiento, regeneración y purificación espiritual enraizada con el sistema de creencias de estas sociedades.  
CÍRCULO DE PIEDRAS Y ESTRUCTURAS DEL NEOLÍTICO.

El monumento megalítico es colosal por su tamaño, monumentalidad y alto valor simbólico. Descubierto y excavado por Armando de Soto en 1.923 fue publicado por el prehistoriador Hugo Obermaier, que destacó su grandiosa arquitectura y la abundancia de grabados en los ortostatos y estelas reutilizadas, siendo un caso verdaderamente singular en el contexto del megalitismo europeo del momento.

De manera previa al dolmen se ha documentado en recientes excavaciones arqueológicas la existencia de un círculo de piedras del Neolítico de tamaño y trazado similar al posterior anillo peristáltico. Contará con un diámetro de 60 m y estaba compuesto por piedras de distintas materias primas y formas: bloques, menhires y estelas-menhires de grauvaca, calcarenitas y conglomerados ferruginosos de tamaños diversos, distribuidos equidistantemente en el recinto megalítico.

Asociado a este círculo de piedras se han registrado un conjunto de estructuras (cabañas, hogueras, estructuras votivas o rituales) relacionadas con el uso del mismo en el marco de las prácticas ceremoniales, cultuales y astronómicas. Este gran megalito pudo ser un gran santuario para el culto a la muerte, veneración de las "divinidades" y tributo a la memoria de sus ancestros, cuyo uso perduró durante la Edad del Cobre cuando se transformó el monumento megalítico al construirse el gran dolmen mediante la reutilización de los menhires y estelas-menhires neolíticos.

La erección de un gran monumento que perdura en el tiempo y que integra materiales de tiempos remotos implica la existencia de una ideología y un sistema de creencias compartido, siendo un sitio de referencia territorial para las distintas comunidades que habitaron este territorio y espacio para la celebración de ritos y ceremonias. Por todo ello, este gran megalito pudo ser un gran santuario del Neolítico (V-IV milenio a.C.) destinado al culto a la muerte, veneración de las "divinidades" y tributo a la memoria de sus ancestros. Su uso perduró hasta la Edad del Cobre (III milenio a.C.), momento en el que se transformó el monumento megalítico en un gran dolmen mediante reutilización de los menhires y estelas -menhires neolíticos, que incluso pudo perdurar hasta la Edad del bronce, en el II milenio a.C.  
MONUMENTALIZACIÓN DEL MEGALITO.

El dolmen cuenta con un túmulo de grandes dimensiones de morfología circular, con un diámetro máximo de 60 m, formando una colina artificial de hasta 3'5 m de altura conocida como el Zancarrón. El túmulo fue construido mediante continuadas capas de arcilla, rematado con un nivel de cantos de río (cuarzos y cuarcitas) que lo hacía resaltar visualmente en un radio de varios kilómetros sobre la zona llana que lo circunda. Está delimitado por un anillo perimetral de bloques de calcarenitas, conglomerados ferruginosos, lajas de pizarra y grauvacas dispuestos por grupos, integrando diversas piezas del anterior recinto megalítico neolítico: el círculo de piedras. Al exterior presenta un deambulatorio definido por un pavimento de cantos de cuarzo y cuarcita cuya función está vinculada al tránsito en torno al túmulo.

Presenta un atrio externo abierto que precede a la gran galería cubierta, de 21'5 m de longitud orientada hacia el este, con pavimento de arcilla compactado y firme en rampa descendente desde la entrada hasta la cabecera. En esta estructura se distinguen varios sectores: vestíbulo de acceso, antecámara, con presencia de dos jambas y un pilar, y la gran cámara. Su anchura y altura se incrementa de manera progresiva hasta la cabecera, en donde se presentan los ortostatos de mayores dimensiones y peso. La pared derecha está compuesta por 30 ortostatos, la izquierda por 33, y la cabecera cierra la estructura con una gran losa de 3'4 m de altura y 3'1 m de anchura, con peso aproximado de 21 tm. Contaba en origen con una mesa rectangular junto a la cabecera construida con cantos de río, interpretada como "altar" o "pila funeraria" para la deposición de materiales y restos óseos en relación con la prácticas rituales funerarias.

Los ortostatos y losas de cubierta son de grauvaca que proceden de diversos afloramientos al norte situados en el cauce del arroyo Candón. También se presentan otros materiales de medios geológicos más lejanos: calcarenitas del área de Niebla, areniscas, e incluso dos bloques de rocas volcánicas del Andévalo que afloran a más de 30 km de distancia.  
ARTE MEGALÍTICO. GRABADOS Y PIGMENTOS.

Prácticamente la totalidad de las piezas que conforman su arquitectura, casi un centenar, conservan algún tipo de decoración característicos del arte megalítico del Sur de la Península Ibérica, elaborados mediante diversas técnicas de grabados (piqueteado, incisión, abrasión, bajo relieve) y pinturas con motivos figurativos. Estelas y armas son los temas más visibles. De hecho el dolmen de Soto es el monumento megalítico con más representaciones de armas de toda Europa.

Son motivos muy esquemáticos, formando asociaciones complejas, representándose elementos geométricos (ángulos, zig-zags y serpentiformes), antropomorfos (sedentes, sedentes vestidos, cruciformes, estelas), bandas (banda compartimentada y banda con círculos), cazoletas, círculos, hachas y armas (alabardas, cuchillos o puñales con mango o sin mango), laciformes, líneas (incisas y piqueteadas), collares e informes, con grafías de grandes similitudes con otros megalitos de la fachada atlántica europea.

Las estelas tienen el interés añadido de que en gran parte son piezas fragmentadas, y reaprovechadas en la construcción por lo que su relación con un momento previo al dolmen, apunta interesantes lecturas de antigüedad para el origen del Soto. Muy probablemente un gran círculo, quizás el mismo que rodea al monumento en la actualidad, es el origen de parte de las estelas que forman sus ortostatos.

Para Hugo Obermaier los grabados representan los atributos o símbolos de los difuntos, ya que los cadáveres documentados dentro del dolmen aparecieron recostados sobre ortostatos que contenían distintos grabados.

Para Primitivo Bueno y Rodrigo Balbín las bases de la imprimación blancas, pintura roja y pintura negra configuran una decoración polícroma, nunca antes documentada en el Soto. El trabajo con luces especializadas y muestreos con microscopia han dejado a la luz la riqueza de una decoración compleja que enriquece el valor patrimonial del dolmen de Soto, situándolo entre los más destacados del megalitismo europeo. 
Planta del Dolmen  Círculo de piedras  Planta del círculo de piedras  Túmulo  Planta del túmulo  Alzados de los ortostatos 


Vídeo ilustrativo sobre la construcción de los dólmenes 


Galería de imágenes: interior y exterior. 
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Bibliografía y más información
en los artículos "El Dolmen de Soto", de T. Ll.; "El Dolmen de Soto", de Hugo Obermaier; "El culto a los muertos. El Dolmen de Soto", de Luis Domingo Delgado; "El Dolmen de Soto. Pasado y futuro", de P. Bueno Ramírez y R. de Balbín Behrmann; "¡Por fin llegó su hora!", de Mari Carmen Maestre Ruiz; "¿De dónde proceden las piedras del Dolmen?", de Teodosio Donaire; "Soto, sombra de lo que fuiste", de Teodosio Donaire; "¿Qué sabemos ahora?, de VV.AA.; e incluidos en las Revistas del Santo de los años 1.959, 1.982, 1.997, 1.998, 2.004, 2.012 y 2.015.
Extracto de la publicación "Clásicos de la Arqueología de Huelva nº 4", realizada por la Exma. Diputación Provincial de Huelva, en el año 1.991.
Paneles informativos y vídeos divulgativos del Centro de Visitantes del Dolmen de Soto.