Encuentro eterno

Ella pasó corriendo bajo la lluvia. Una sombra emergió del callejón.

La calle estaba oscura. El silencio se había apoderado de ella.

El muchacho siguió a la chica. Era alto y delgado. Atractivo. Sus ojos despedían misteriosos destellos rojizos. Vestía completamente de negro.

Durante su recorrido el silencio se apoderaba de la zona. Sin embargo, a él no parecía importarle.

Al fin llegó a su destino, un bloque de pisos. Subió las escaleras hasta llegar al cuarto piso. Se situó frente a la puerta. Asió el pomo deslucido y la abrió.

Entró en una pequeña habitación. Tras la puerta izquierda apareció la joven que había visto en la calle. Su rostro denotaba sorpresa y temor. El chico esbozó una sonrisa y dijo:

-Al fin eres mía.

Y se abalanzó sobre ella. La joven gritó hasta que notó una dentellada en su cuello.

Minutos después, el vampiro se encontraba sentado en el sofá. Sobre sus piernas reposaba la cabeza de la desafortunada chica. Había dos marcas redondas y rojas en su cuello. El chico acariciaba su melena pelirroja mientras susurraba:

-Ahora tenemos toda la eternidad por delante para conocernos, amor.

Una sonrisa mostró unos colmillos blanquísimos.