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Domingo 24 de marzo de 2019
Biblioteca
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Historia de nuestra biblioteca
 Breve historia de nuestra Biblioteca
 I.E.S. Nuestra Señora de la Victoria
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La Biblioteca del Instituto, un fondo bibliográfico de primer orden

José Francisco Jiménez Trujillo
Profesor de Ciencias Sociales, Geografía e Historia


         La historia de la Biblioteca que hoy atesora nuestro Instituto va en buena medida paralela a su historia. Sus más de veintidós mil volúmenes hacen de ella una biblioteca única en un centro de estas características. Especialmente importante es su fondo antiguo.

         Esta historia, en un Instituto con más de ciento sesenta años, tiene tanto atractivo como algunas paradojas. En Málaga resultará llamativo al lector que se acerque a consultar los fondos de la hoy Biblioteca Provincial el que en algún libro que consulte figure el sello del antiguo Instituto Provincial. La razón es obvia, fue la propia biblioteca del Instituto histórico de Málaga la que por Real Orden fue calificada de “provincial” (1895) y pudo disponer desde entonces de un funcionario del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios. Es decir la gran biblioteca de Málaga fue la biblioteca del Instituto. Entre 1919 y 1924 fue su bibliotecario el poeta Salvador Rueda. Su historia fue azarosa desde que en junio de 1933 se trasladara a un lugar independiente con el nombre de “Biblioteca Pública Ricardo Orueta”, nombre que en 1937 se cambió por el de Cervantes1.

         Este azar –con los filtros que impusieron las normas dictadas tras la Guerra Civil- ha permitido, sin embargo, que en la Biblioteca del centro se conservase un fondo importante de “libro antiguo” que ya ha sido objeto de alguna exposición y que en su momento también se trasladó desde el edificio de la calle Gaona. En este sentido hay que apuntar que la histórica Biblioteca del Instituto Provincial recibió los fondos procedentes de la suprimida congregación de San Felipe Neri y del desaparecido colegio de San Telmo. A ellos se iría añadiendo las obras adquiridas por el propio centro, las donadas por particulares y las remitidas por los responsables de los distintos ministerios. En muchas Memorias de curso a lo largo del siglo XIX se dan cuenta de los libros que anualmente se iban incorporando2 . El resultado es que hoy en los estantes de la biblioteca del Instituto de Martiricos, junto al fondo más reciente y de uso por los escolares, seguimos conservando ejemplares editados desde el siglo XVIII. Los fondos incluyen además algunos títulos de publicaciones periódicas nacionales y extranjeras de singular valor, impresas en el siglo XIX.

         Libros y revistas nos ofrecen en algunos casos una valiosísima encuadernación que el paso del tiempo va deteriorando y que debiera ser de obligada y esmerada conservación. Por citar algunos ejemplos concretos, hablamos de obras eternas de la literatura universal, joyas bibliográficas encuadernadas en oro y terciopelo en tomos de gran formato como el Fausto de Goethe o La Divina Comedia del Dante; de la crónica de la mayor aventura del XIX, el viaje de Sir Stanley por el interior de África en busca del Sr. Livingstone –En el África tenebrosa-; de una sorprendente enciclopedia decimonónica sobre La Educación de la Mujer en tres tomos dedicados a la mujer de clase alta, media y popular; de las obras de Feijoo, con la característica encuadernación del siglo XVIII;  de los grabados de El Paraíso perdido de Milton o de la obra del geógrafo Ratzel en Las razas humanas. Y también de una imagen primeriza en Figaro Illustré de un “Buste de femme. Inconnue”, en el Museo del Louvre, que resulta ser La Dama de Elche.

            Todas ellas son publicaciones que nos resulta inimaginable encontrar en otro lugar de la provincia malagueña.

  Imagen del tercer tomo de La Educación de la Mujer, editada en 1878.
“Las niñas callejeras” componen uno de los tipos sociales retratados en el tomo dedicado a la clase popular. La obra entera es un magnífico documento para el estudio de las diferencias de género a lo largo de la historia.
     
  Lujosa edición del Fausto de Goethe en terciopelo y oro. Con un prólogo de Juan Valera, su edición es de 1878.     
  Las obras de Feijoo causaron una gran conmoción en la España del siglo XVIII pues “abrieron la puerta a la razón”. Nuestra biblioteca posee ediciones originales de sus obras, así como de algunas otras que protagonizaron el gran debate de la España de la Ilustración.      
  El número de febrero de 1898 de la revista francesa Figaro Illustré se abría con esta sorprendente imagen de “Une innconue” (una desconocida) del Museo del Louvre. Era la Dama de Elche que, años más tarde, pasaría a ser la gran estrella de nuestro Museo Arqueológico Nacional en Madrid.     
  El arte de disponer los campamentos militares también requiere de un aprendizaje. De esto –Tratado de castrametación- va esta valiosa edición de 1801 destinada a las Reales Escuelas Militares.     
  Edición de 1728 de un voluminoso tratado impreso en París sobre el arte de cortar las piedras. El libro está magníficamente ilustrado con las operaciones necesarias en esta “ciencia” tan necesaria a la arquitectura.     
  1    La historia de la Biblioteca que acabaría siendo la Biblioteca Provincial de Málaga presenta algunas zonas todavía no muy claras. Véase al respecto SALINERO PORTERO, J.: “El patrimonio bibliográfico en la Biblioteca Pública del Estado. Biblioteca Provincial de Málaga”, en VV.AA.: Patrimonjo Bibliográfico Malagueño, Málaga, 2002, pp. 81-107.

2    Con todas estas aportaciones, la Guía de Málaga y su provincia de MERCIER y DE LA CERDA, editada en 1866, afirmaba que la Biblioteca del Instituto constaba de 6.400 volúmenes y ya advertía que se encontraba abierta al público en horario de 10 a 3 y de 4 a 6 de la tarde. Por entonces era ya la más importante de la ciudad, seguida de las Palac.
 

 

  José Francisco Jiménez Trujillo
Profesor de Ciencias Sociales, Geografía e Historia