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Viernes, 25 de mayo de 2012
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miércoles 27 de abril de 2011 , 20:04 hs
Torre del Mar , 12 de abril de 2011QUERIDA ROSA:-Te echamos muchísimo de menos. - Esperamos que te recuperes muy pronto del todo. -Cuando estás con nosotros/as las clases son más amenas. - Nos alegramos de que todo te haya salido bien. - Estábamos todos/as muy preocupados por ti y por tu salud. - Y queremos que vuelvas pronto porque sin ti no es lo mismo. - Ya hace mucho que no nos vemos, por eso estamos hoy aquí en tu casa, para que te sientas querida por nosotros/as, tus amigos/as. Buscamos tu sonrisa alegre de niña feliz que deja atrás una etapa dura y desagradable.
TE QUEREMOS Y CONTAMOS CONTIGO
( Tus compis de 1 ESOA-B Bilingüe)
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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domingo 3 de abril de 2011 , 12:07 hs
Entrevista a MARÍA JESÚS FERNÁNDEZ 1.- Información sobre la entrevistada
Mª Jesús Fernández, profesora de Formación Básica, lleva 9 cursos en el centro y 26 años impartiendo clases.
2.- ¿Qué es Escuela de Paz? ¿Cuántos profesores están implicados?
Escuela de Paz significa educar en el valor de la no violencia, la convivencia pacífica, el diálogo… En el instituto somos un grupo de trabajo en el que participan un conjunto de profesores, abierto a la colaboración de todos y que de forma transversal, con la mediación de los tutores, intentamos que se fomenten esos valores.
3.- ¿Qué objetivos se plantea el grupo de profesores?
La consejería de educación plantea que se fomente una cultura de paz con unos objetivos relacionados con que el alumnado valore y respete a sus compañeros y profesores y se conviva en los centros de forma pacífica. Nuestro objetivo es plantear actividades para que se vayan interiorizando. También pensamos que hay que trabajarlos junto con el respeto y cuidado del medio ambiente
4.- ¿Qué motivo le animó a participar en este proyecto?
Pues como al resto del grupo, la convicción de que si se trabaja en el instituto la no violencia y la paz aportamos un pequeño grano de arena que contribuye a que la sociedad sea mejor. Yo creo que la sociedad se cambia desde la “escuela”.
5.- ¿En qué consisten las actividades que se plantean a lo largo del curso?
Pues planteamos varios tipos de actividades, de carácter lúdico y educativo. Todos los cursos realizamos tres fijas (una por trimestre): Certamen de narrativa breve sobre temas relacionados con la paz y no violencia, cine-forum con la proyección de una película que fomente la reflexión sobre estos valores y el concurso de fotografía sobre temas relacionados con el medio ambiente, bien de denuncia o exaltación de los espacios cuidados. Además se realizan exposiciones y charlas relacionadas con la integración racial, inmigración… . 6.- Ya que estamos en el aula de convivencia ¿Cree vd. que los problemas se resuelven con este sistema?
Los problemas con los que llega aquí el alumnado son muy complejos. El aula de convivencia intenta ser un lugar de reflexión en vez de un aula de castigo. Pero desde luego en los problemas de conducta del alumnado hay que intervenir desde distintos frentes: a nivel familiar, con el educador social, de forma multidisciplinar. No obstante, notamos que hay una reducción del número de alumnos con problemas de conducta, cuando reflexionan sobre lo que han hecho o dicho y se comprometen a remediar su error como hacen aquí, pienso que si no se resuelven, ayuda a ello.
7.- ¿Qué criterios siguieron para proyectar la película “Feliz Navidad”?
Pues el criterio de que es una película en la que se refleja cómo era a principios del siglo XX el ambiente en la escuela: propiciaba los valores belicistas, había un ambiente prebélico que se fomentaba dentro de ella. Vimos que se podían trabajar los valores de empatía , no violencia y sentido crítico. Refleja también que la venganza es un error, que la religión tiene dos vertientes… Pensamos además que al no ser una película muy comercial era interesante proyectarla
8.- ¿Piensa continuar dentro de este grupo de trabajo? ¿Siente vd. que este trabajo es valorado por la comunidad educativa? Sí, pienso continuar. Porque no se hace por buscar reconocimiento, sino por convicción. Porque creemos que es necesario. Pues sí, valorado en el sentido que creo que en el alumnado va calando.
Reporteros: Gonzalo Pastor y María Padilla (Alumnos de ICO)
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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domingo 13 de marzo de 2011 , 11:49 hs
El primer premio del IV Concurso de Escuela:Espacio de Paz en la modalidad de 1º,2º y 3º de ESO ha sido para el siguiente relato. Andrea, enhorabuena por este relato solidario y ejemplar, con una juventud así el futuro será más justo. Sigue creando estas historias y contágianos tu esperanza.Gracias.
Harerge( Etiopía),17 de Enero del 2011.
Querida Virginia: Sé que hace mucho que no contacto contigo, pero conozco por mi familia que has preguntado por mí y estás al tanto de todo. No obstante, quisiera contarte en primera persona todo lo sucedido en estos meses.
Como sabrás al final decidí que mi destino sería Etiopía, sí , ya sé que muchos de vosotros aún no comprendéis cómo dejé mi trabajo en el hospital para llegar hasta aquí, pero después de ver aquel terrible reportaje en televisión y animada por la coordinadora de la ONG , lo decidí , y ya sabes lo terca que soy.
El día que bajé del helicóptero y puse pie en tierra llovía mucho, lo cual me extrañó, pues me habían hablado hasta la saciedad de los problemas que acarreaba la sequía en este país , y , a pesar de estar bien informada de la hambruna y miseria , mi llegada al poblado fue una bofetada en plena cara: vi a un niñito intentando sacar una gota de leche del pecho de su madre que, seguramente, no sacaría debido a la extrema delgadez de ambos ; es una imagen que jamás podré quitarme de la cabeza.
Cuando me llevaron al hospital, improvisado en una gran carpa, me informaron de las principales enfermedades a las que nos enfrentábamos. Ingenua de mí , creí que no eran tan graves y que mi estancia allí sería de gran utilidad.
Aquella noche dormí de un tirón, decidida a poner en práctica mis estudios de medicina al día siguiente y hacer mi estancia útil y provechosa.
Fue por la mañana, ya en el hospital, cuando fueron cayendo una tras otra todas mis expectativas , sí Virginia , porque aquí una simple mosquitera resulta imprescindible para evitar el paludismo . En una sola mañana vi morir a varios niños de una "simple" diarrea, conocí muchos otros en un estado de desnutrición tal, que sus días de vida estaban contados. Sí, amiga mía, en Etiopía los niños tienen muy difícil llegar a cumplir 5 años , por muy duro que resulte decirlo , es la cruda realidad.
En mi segunda semana me asignaron como médico del centro de Alimentación Terapéutica, mi misión consistía en administrar los preparados alimenticios que nos enviaban a los niños que nos llegaban, lo peor era que no podíamos dárselos a todos , debíamos hacer diariamente un listado de los que estaban peor , porque el preparado no llegaba para todos ,¿puedes entender cómo me sentía? , todos los niñitos estaban en tan malas condiciones que decidir quién lo necesitaba más era como condenar a muerte al que ese día no lo tomara.
Fue en el centro donde conocí a Yumma, era una niñita de unos 10 años, pero su cuerpecito aparentaba 5 ,y ¿puedes creerlo amiga ? ¡en su tribu ya era considerada una mujer!.Su estado era lamentable , a veces me preguntaba cómo tenía fuerzas para sonreír , pero para mi asombro , cada vez que me acercaba a su cama me dedicaba una amplia sonrisa. Yumma era un encanto de niña y día tras día fue conquistando mi corazón y entablando una relación muy especial conmigo. Nos comunicábamos en francés idioma que dominaba más que yo , y fue así como un día me explicó que había visto morir a su padre de malaria y a su hermanito de hambre , y que su mamá se ocupaba de otros tres hermanos a los que traía al hospital a por su ración diaria de alimento . -¿Cómo puedes conservar esa preciosa sonrisa?- Le pregunté una tarde. -Me siento afortunada- Contestó.-Tú y tu gente sois ángeles que traéis paz a mi pueblo , yo solo conocía el hambre , la sed , la enfermedad y la muerte , y vosotros nos traéis comida ,agua , medicinas y esperanza de vida.
Le sonreí , pero sus palabras fueron un jarro de agua fría , sí Virginia , porque desafortunadamente , esa comida , esa agua y esas medicinas eran muy escasas y la vida... por desgracia la vida no podíamos dársela a todos los que la estaban perdiendo. Esa vida se le escapó a Yumma hace dos semanas , y su muerte hizo tambalearse todas mi esperanzas e ilusiones puestas en esa campaña . Me hundí en una terrible tristeza que hizo que me plantease mi regreso a España. Pero una noche soñé con Yumma que me repetía aquella frase que le enseñaron en el colegio : "Casi todo lo que realices será insignificante , pero es muy importante que lo hagas".Y fue así , reflexionando en esta frase , como volví al hospital con un sentimiento de paz conmigo y con el mundo, porque ,¿sabes amiga mía ? : aquí en esta inhóspita tierra he aprendido que la paz no es solo la "NO GUERRA" , la PAZ es la comprensión , la solidaridad , la empatía , el diálogo y sobre todo el AMOR por los demás.
Querida Virginia, espero que con mi carta puedas entender un poquito mejor mi decisión , te mando un millón de besos para que repartas con los demás , esperando noticias tuyas se despide una amiga que es un millón de veces más rica que cuando salió de España.
Lucía.
PRIMER PREMIO DE RELATO ESCUELA ESPACIO DE PAZ PARA 1º,2º Y 3º DE ESO : ANDREA ORTEGA RIVAS ( 3 DE ESO C )
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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martes 1 de marzo de 2011 , 19:13 hs
El primer premio del IV Concurso de Escuela:Espacio de Paz en la modalidad de 4º de ESO,Bachillerato y Ciclos Superiores ha sido para el siguiente relato.
Belén, muchas gracias por esta estremecedora historia y que sigas cosechando más premios y deleitándonos con tus palabras.
No necesita ojos quien tiene el cerebro vendado. Cómo de fría es el agua que roza sus manos heridas. Cree borrarlas conforme limpia el corte con el alcohol que ella misma se está bebiendo. El silencio atenúa la tensión que la envuelve. Tiene miedo aún. Tiene frío otra vez. Las otras heridas cicatrizan conforme se va corrompiendo su corazón. Y, si es oscuro el lugar donde se encuentra, con los ojos vendados, ella lo oscurece aún más. Entre los moratones y las heridas de la cara aún se puede ver el rostro envejecido de una niña, pues tan solo tiene dieciséis años. Es triste. Si al menos pudiera contarlo… pero… es tan intenso el miedo… es tan fría la soledad… es tan duro el olvido… Con gran dificultad se agacha apoyada a la pared ya que en el interior de su vientre está lo único que es capaz de hacerle sonreír hasta que él vuelve. Apoya su mano en el vientre tratando de calmar a esa criatura, como si quisiera decirle que ahí está bien, que todavía él no puede hacerle daño y no se da cuenta de que es ella la que lo está matando con cada trago que toma y con cada golpe que soporta. A veces son tan fuertes los dolores que ella misma cree que va a perderlo, pero, son tantas las noches que rogó no haberlo concebido… Sigue bebiendo de la misma botella que ayer volcó cuando él la tiró al suelo, quizá porque cuando logró despertar fue lo único que encontró a su lado, aunque a lo mejor esa sensación de embriaguez es lo que le permite aguantar un día y otro día y otro día sin cambio aparente en su mirada. Cae la noche como las hojas que habitan libres en los árboles que rodean su casa. A veces sueña con volver a respirar ese aire de otoño en primavera aunque despierta y vuelve a enredarse en su misma trampa, una vez más es otra bofetada que sopla sobre su rostro, otra patada que corrompe su triste vida, y es que al igual que cae la última hoja de esos árboles en otoño cae la última noche para ella en primavera…
PRIMER PREMIO. BELÉN MOLINA OCHANDO ( 2º BACHILLERATO A , 2011)
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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martes 1 de marzo de 2011 , 19:05 hs
El siguiente relato ha conseguido el segundo premio en el IV Concurso de relatos Escuela:Espacio de Paz en la modalidad de 4º de ESO,Bachillerato y Ciclos Superiores. Disfruten de la lectura y un abrazo solidario para Rocío por su sensibilidad y buena literatura. Gracias.
SONRISAS DE CRISTAL. El mar estaba en calma, las gaviotas se deslizaban a ras de aquella agua translúcida mientras el vaivén de las olas acompañaba a la sinfonía que me inundaba en la más profunda quietud… Todo encajaba perfectamente dentro del marco de una postal de vacaciones. Justo al filo de la orilla estaba yo, sentada, notando la continua humedad rondar por los dedos de mis pies. Escarbaba con ellos entre la arena mojada mientras el sol volatilizaba por la línea del horizonte. Sonreía y la curvatura de mis labios era espontánea, es algo que a día de hoy extraño bastante. Ahora me hallo sin playa, sin sol y sin agua salada. Me encuentro en mi casa, sola, como muchos de los días que llevo arrastrando conmigo desde hace meses. El café se me enfrió hará más de media hora y sé que es una completa utopía plantearme disipar lo tanto que me agobia: estar así y encontrar algo que me alivie. Entretanto, mi mirada nívea vaga sin punto fijo, necesito regocijarme con cualquier detalle, poder extraviar aquellos pensamientos por los que he velado noches innumerables, ser capaz de cogerlos en un gran puñado, tal y como se hace con la arena y lanzarlos lejos, muy lejos mientras la brisa los separase y se difuminasen entre otros muchos que ya habría lanzado anteriormente. Así sería tan fácil olvidar…
Eran las seis y media de la mañana; como todos los días el despertador me hizo rebotar de la cama como si Diciembre de 2012 hubiese llegado ya a nosotros. Aún las calles permanecían muertas, las farolas alumbraban los largos caminos oscuros y se podía comenzar a escuchar el chirriar de las compuertas del mercado municipal. La jornada diaria no debería extraviarse de lo “corriente“, pero como siempre se dice, pocas cosas que te esperas ocurren y todo lo que no te planteas acaba sucediendo. Y así fue. Recuerdo perfectamente nuestro primer encuentro. Ocurrió justo al lado del contenedor que hay próximo a mi casa. Éste yacía volcado y Lucas estaba allí, trabado entre las cadenas rotas de su bicicleta. En parte, resultó bastante gracioso verlo sonreír, abombando aquellas mejillas rosadas y sucias, típicas de un niño vivaracho de aproximadamente seis años, pero estoy segura de que captó con rapidez la sorpresa y preocupación que me llevé al verlo así, por lo que decidí ayudarlo, agarrándolo entre mis brazos para que se desenliase. No hacían falta las palabras para notar el sentimiento agradecido de sus actos. Después de incorporarse y sacudirse la ropa se inclinó hacia mí y me besó la mejilla, acto seguido, agarró la deteriorada bicicleta y se marchó corriendo. Aquel día fue el comienzo de la historia que cambiaría mi vida. Continuas veces lo veía pasar cerca de mi casa con bolsas cargadas de mandados. Lo que más me llamaba la atención era verlo siempre caminar con prisa de un lugar a otro. No era propio en un niño de su edad, le faltaba la esencia infantil que prácticamente todos los pequeños del lugar tenían. Pocas veces lo veía con propósito de hacer algo divertido, es más, me daba la sensación de que nunca hubiese llegado a experimentarlo y fue esto lo que me impulsó a querer tener un contacto mayor. Mi atención hacia él iba en aumento. Pasaron varias semanas hasta que no me decidí por invitarlo a tomar una merienda en mi casa. Tal y como preví, las risas y carcajadas no faltaron en nuestro encuentro, por lo que decidimos vernos más a menudo ya que el siempre se marchaba apurado en cuanto pasaban más de quince minutos. Los encuentros pasaron de ser casi nulos y breves en un principio, a ser tardes enteras en casa dedicadas a la atención del pequeño, como si de mí una madre se tratase. El mismo gusto por los helados exóticos y por las películas de terror; el apetito insaciable por las hamburguesas del bar de la esquina y las tardes de “no hacer nada” nos llenaban a ambos la vida de lo que nos faltaba mutuamente. A pesar de mis 26 años, siempre he sido una chica soltera y por lo tanto nunca he tenido la oportunidad de gozar del “amor” de un hijo. Lucas fue el que me brindó este placer. Fue el que me dio a conocer el cariño tan fuerte que se puede llegar a sentir por alguien.
En el comienzo de todo esto siempre añoré ese “algo” que sabía que él nunca había gozado. Era tan risueño y efusivo que a veces no me daba cuenta del estado pensante y decaído en el que se encontraba en ciertas ocasiones. Tuve que necesitar un mes para poder romper “la pompa perfecta” en la que me encontraba cuando estaba junto a él y percibir que nada era lo que parecía desde el punto de vista de Lucas. Comencé a analizar cada uno de sus actos con más detalle: Tocaba el timbre cabizbajo y su mirada perdida permanecía sumida en una tristeza que nunca llegaba a comprender. La ropa diaria era casi siempre la misma y no sé si me empezaba a obsesionar, pero su estado saludable parecía declinar con el tiempo. Estuve tan inmersa en la burbuja que había creado con este muchacho que pasé por alto lo más importante: Lucas tenía familia, era algo obvio y a la vez frustrante. Nunca tuve oportunidad de conocer a sus padres… Hasta cierto día.
Convencida de que debía conocerlos para así poder ampliar más el trato que tenía con el chico, decidí seguir a Lucas uno de los días que dijo que debía volver a casa con prisa. A pesar de que corría bastante con su antigua bicicleta, la cual arregló de forma casera, conseguí saber dónde vivía y esperé unos diez minutos para ser yo la que tocase al timbre después de haber entrado el en casa. Lo chocante fue que esperé como otros diez minutos más para intentar que me diesen una bienvenida. Nadie me abrió la puerta. Pegué la oreja a ésta y aquí fue cuando escuché ciertos gritos provenientes de una madre bastante exaltada. Rendida tras haber estado plantada en aquel felpudo durante unos veinte minutos, me fui de vuelta a mi casa con un pellizco en el estómago que aquella misma noche no me dejó conciliar el sueño. Los duros y continuos gritos de aquella madre no eran típicos y esto era algo que tenía totalmente seguro. No dejé que pasasen muchos días más hasta preguntar a Lucas por qué no me habían abierto cuando fui, sin ningún mal propósito, a hacerles una visita. Él, apurado, seguidamente me contestó que no me había escuchado: “Mi madre es una cascarrabias que no sabe hacer otra cosa que gritar a todas horas del día”. Tras esto y una media sonrisa esquivó mi mirada y mi intención a proseguir lo que hablábamos, y cambió totalmente de tema de discusión. Conforme las tardes pasaban, el mal presentimiento se unía a unas ansias increíbles por querer protegerlo. Noté cómo en mí misma el ánimo se desequilibraba, me era imposible estar bien pensando que detrás de aquella máscara infantil se pudiese esconder la peor de las experiencias. Después de otro atardecer junto a la chimenea y unos chocolates calientes ya bebidos, aproveché que Lucas se quedó dormido para examinarlo de forma rigurosa. El sucio rostro lo tenía limpio de cualquier indicio de violencia y esto me calmó relativamente. Pero fue levantarle con cuidado la camiseta lo que me llevó a lo que nunca quise haber visto en mi vida: Un moratón inmenso cubría gran parte de su costado y unos arañazos debajo del ombligo me daban la pista de que eran las marcas de las despreciables manos de su propia madre.
No sé cómo fui capaz de reprimir la inmensa rabia que sentí al ver aquello y bajarle de nuevo la camiseta con cuidado, despertarle como si nada hubiese ocurrido y decirle que era hora de llegar a casa. Esta fue la primera tarde que lo abracé con fuerza y le besé la frente con ternura antes de que se marchase de nuevo hacia la pesadilla que él creía que yo ignoraba por completo.
Ni la duda ni la indecisión se interpusieron esta vez en los planes que tan decididamente iba a realizar. Justo al día siguiente me levanté bastante pronto y cogí lo mismo que tiré sin pensar la noche anterior antes de acostarme. Cogí las llaves de casa y me miré por última vez al espejo. Las pupilas de mis ojos eclipsaban por completo el iris. La rabia y el dolor seguían dentro de mí, aumentando, arañándome el interior tal y como hacía aquella madre con su hijo. Una vez que llegué corriendo hacia mi destino, toqué tantas veces como gritos volví a escuchar desde dentro. Como era de esperar, no me abrían la puerta. Los toques al timbre se tornaron en interrumpidos porrazos y patadas pero aún así nadie me hacía caso. Viendo nula la forma de poder entrar por la puerta principal, salté las vallas que cercaban la casa y corrí hacia la trasera, encontrándomela abierta. Algo de suerte corría a mi favor. Una vez dentro los gritos se hicieron mucho más sonoros. Insultos realmente ofensivos contra el niño se enlazaban unos junto a otros como si de un disco estropeado se tratase. Muy levemente pude oír el lloro de Lucas. El corazón empezó a latirme con más fuerza y de repente alguien cayó escaleras abajo desde algún lugar de aquella desesperante y angustiosa casa. Los llantos de Lucas se agravaron más aún y la rabia estalló dentro de mí. Lancé un grito exasperado, clamando su nombre sin parar a la vez que me adentraba en la casa. Al acercarme del todo hacia los sollozos alcé la mirada y fui capaz de ver aquel rostro detestable, repelente y furioso que desprendía un odio increíble. No presté más atención a observarla y me lancé a ella por propio instinto, por proteger a Lucas de lo que estaba viviendo. Ahora los insultos de aquella mujer iban hacia mí y yo le replicaba entre más bramidos cómo podía existir alguien como ella. Me empujó de tal manera que choqué contra una lavadora y caí al suelo abatida. Cerré los ojos fuertemente, intentando regular mi respiración y en el momento en el que los volví a abrir con esfuerzo, un bote de lejía vino encaminado hacia mí, abriéndose y derramando en mi rostro su interior, a la vez que recibía el golpe. Todavía hoy no me explico cómo pude tener la energía suficiente para dar todo de mí y conseguir inmovilizar a la madre. Gracias a la ayuda de Lucas pudimos llamar a la policía, que en breve llegó a acudirnos, junto a la ambulancia.
Hoy Lucas estudia en Stratford gracias a una beca de estudio por sus buenas calificaciones. La madre, de la cual nunca llegué a recordar su nombre, sigue en la cárcel. Aquí dejo esto escrito para que se haga constancia de que fuiste tú, Lucas, el que me impulsó a conseguir aquella pizca de vigor que necesitaba para acabar con todo aquello. Fuiste tú el que me enseñó a querer a un hijo y el que me mostró todo el cariño que se le puede dar a una madre. Nadie supo hacerme ver la vida como me la hiciste ver tú, nunca.
Aquel mar, aquellas gaviotas y el agua translúcida; el vaivén de las olas y aquel añil claro que caía sobre mí desde el cielo, sinceramente los extraño, pero tengo tranquila la conciencia: Nunca me arrepentiré por lo que hice ni por lo que perdí al hacerlo. Daría miles de cosas por poder volver a notar la policromía de la vida. Sería la chica más feliz del mundo si pudiera agarrar con ambas manos dos canicas y ser capaz de distinguirlas entre ellas. Confieso que mi sonrisa no es la misma. Sé que el alma jubilosa que llevaba siempre conmigo se evaporó, arrastrando con ella lo que me podría hacer feliz en este momento. Lo que en un pasado era tan simple… ahora sería absurdo realizarlo. Pero es así, lo difícil es imposible y lo imposible se hace único.
Rocío Ligero del Río (2 Bachillerato A, 2º premio Modalidad Bachillerato, 2011 )
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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martes 1 de marzo de 2011 , 18:55 hs
El siguiente relato ha consegido el segundo premio en el IV Concurso de Escuela:Espacio de Paz en la modalidad de Secundaria. Enhorabuena a su autor y ánimos para conseguir más.
Esta historia trata de una vida sin tolerancia, de una vida de marginación completa. Una historia realista y sin final feliz que describe en resumidas palabras lo que puede llegar a sentir una persona cuando está total y completamente desolada, desterrada por el resto del mundo. Todo empieza en una escuela de secundaria. Empieza el curso y como cada año, niños nuevos entran para recibir una enseñanza superior o continuarla. El joven, protagonista de esta historia, entraba nuevo, pero en 3º de ESO. Lo cual era bastante difícil tratándose de un chico de edad entrada en la adolescencia y de origen étnico distinto al resto de sus compañeros. Sólo el inicio lo marcó para toda su estancia en la escuela; como era de esperar, los chicos y chicas se acercaban a él de formas variadas, algunos con simpatía, otro con envidia y muchos otros, con esa alevosía que distingue a los adolescentes en potencia, con sarcasmos y bromas pesadas. Bryan, que así se llamaba, pensó que era algo normal dadas las circunstancias en las que se encontraba. Aparte de ser nuevo en su escuela, era nuevo en el país, pues venía de la capital de Perú, Lima. Pero incluso eso pasaba desapercibido para los demás, puesto que era una escuela abierta a todas las clases étnicas habidas y por haber. Pronto se dio cuenta de que no era eso lo que le hacía diferente para los demás. Cuando entró a su primera clase, su profesora, una mujer un tanto entrada en años, le saludó con una calurosa sonrisa que le marcaba y definía aún más los rasgos de la vejez, él le devolvió una efusiva y radiante sonrisa como respuesta a su bienvenida. En ese momento se empezaron a escuchar los murmullos de chicos y chicas hablando entre sí, criticando al joven, ya fuese de forma positiva o con malicia. Se sentó en la única silla que quedaba libre en la abarrotada clase, al final del aula. Sacó el material necesario para tomar apuntes y seguir las instrucciones de su profesora. Todo marchaba bien, todo iba viento en popa, pero entonces sonó el timbre. No sabía cuán crueles podrían llegar a ser algunos niños. Formaron un corro a su alrededor impidiendo que viese más allá de los cuerpos de aquellos seres que perdían toda capacidad de pensar coherentemente cuando conseguían la oportunidad de acorralar al más débil, en este caso fue Bryan.
Unos simples gestos le dieron a entender que tenía que empezar el a hablar. Con su agradable y parsimoniosa voz empezó: -¡Hola!- contestó con voz débil. El jefe, por llamar de alguna manera a quien manda en un grupo cerrado atacó primero. -¿Cómo te llamas?- dijo con un deje de desprecio en su voz. -Bryan- respondió el aludido. -Tienes nombre de nenaza. Ese comentario desencadenó una serie de risas y miradas furtivas hacia Bryan. -Es un nombre normal y corriente de donde yo vengo- dijo intentando ocultar el miedo en su voz. -Pues aquí no para que lo sepas- apuntó un miembro de aquella banda escolar. -Además, quienes mandan somos nosotros así que… te bautizaremos con un mote más típico de aquí, ¿te parece?. Todos rieron al unísono dejando de rodear al chico mientras decidían el nombre más indicado para aquella precoz víctima de los retrógrados humanos que pueblan aún nuestros países. -Capullo de Alelí, peruano marrano o simplemente marica, ¿cuál eliges? Perplejo, Bryan alcanzó a decir una sola palabra. -¿Qué? -Que qué mote prefieres que te pongamos, o lo decides tú o te llamamos como queramos.- lo miró con una falsa indignación y continuó: -Encima que te damos a elegir, los guiris no respetáis nada. La cara de aquel chico palideció al instante dejando ver su miedo y sus plegarias. -Dejadme en paz- dijo en tono cortante. -Creo que no te voy a hacer mucho caso marica- contestó desafiante. Entonces lo que ocurrió después es la misma historia que todos han de saber, si no es así ya va siendo hora de que abran los ojos e impidan que esto siga permitiéndose en los centros educativos y en los exteriores. Esta historia, como bien he dicho antes, no trata de un final feliz, ni mucho menos. Trata del maltrato psicológico que sufren algunas personas a manos de otras. Esta historia es para haceros comprender que hasta la mente más pequeña puede albergar una gran cantidad de malicia. Quiero haceros entender hasta qué punto puede sufrir una persona acosada diariamente en un lugar tan cotidiano como lo es un instituto. Hay quienes difieren de que eso sea cierto y que pase muy a menudo en las escuelas, si no me creen atrévanse a preguntarle a su hijo/a. Hay que afrontar las adversidades con la cabeza bien alta, de lo contrario podríamos tropezarnos y caernos al suelo. Tal vez con una metáfora no quede bien plasmado lo que intento decir, pero es la forma que tengo de explicarme. Ese niño, hoy en día está encerrado en su cuarto por miedo a los demás, ha creado una fobia poco común hoy en día, la agorafobia. Conocido mío y gran amigo, con distinto nombre claro está estuvo acudiendo al psicólogo y al psiquiatra durante mas de 3 años. Aparte de toda esa conmovedora historia, sé de buena tinta como es sentirse de esa manera. Los demás actúan como perros ante lo desconocido, lo intentan alejar como si fuese algo malo. Si permitimos que esto siga sucediendo las cosas empeorarán, pero si se crease un régimen de tolerancia cero y se hiciese respetar no duden que esto dejaría de suceder.
La moraleja de este cuento es tan simple y llana como un refrán muy típico: -Vive y deja vivir.
MANUEL CAMIÑA CARMONA ( Segundo premio en la modalidad de 1º a 3º de ESO- 2011)
Escrito por: Diego Sanchez Criado |
Revista Aquí y Ahora 2010-2011
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