LA ENERGíA SOLAR       

     El Sol, fuente de vida y origen de las demás formas de energía que el hombre ha utilizado desde los albores de la Historia, puede satisfacer todas nuestras necesidades, si aprendemos cómo aprovechar de forma racional la luz que continuamente derrama sobre el planeta. Ha brillado en el cielo desde hace unos cinco mil millones de años, y se calcula que todavía no ha llegado ni a la mitad de su existencia.
En un año, el Sol arrojará sobre la Tierra cuatro mil veces más energía que la que vamos a consumir.

¿Qué se puede obtener con la energía solar?
Recogiendo de forma adecuada la radiación solar, podemos obtener calor y electricidad.
  • El calor o energía térmica se logra mediante los colectores térmicos o placas solares. Se utiliza el calor del sol para calentar y puede aprovecharse para producir agua caliente, calefacción, climatización u otras aplicaciones.

  • La electricidad o energía eléctrica, a través de la energía solar fotovoltaica  que contiene la luz del sol, esta energía fotovoltaica se obtiene a través de paneles fotovoltaicos que absorben la energía solar. Se utiliza para suministrar energía en zonas aisladas.

Ambos procesos nada tienen que ver entre sí, ni en cuanto a su tecnología ni en su aplicación.

En el aprovechamiento térmico, el calor recogido en las placas puede destinarse a satisfacer numerosas necesidades. Por ejemplo, se puede obtener agua caliente para consumo doméstico o industrial, o bien para dar calefacción a nuestros hogares, hoteles, colegios, fábricas, etc. Incluso podemos climatizar las piscinas y permitir el baño durante gran parte del año.

Aunque pueda parecer extraño, otra de las más prometedoras aplicaciones del calor solar será la refrigeración durante las épocas cálidas .precisamente cuando más soleamiento hay. En efecto, para obtener frío hace falta disponer de una «fuente cálida», la cual puede perfectamente tener su origen en unos colectores solares instalados en el tejado o azotea. En los países árabes ya funcionan acondicionadores de aire que utilizan eficazmente la energía solar.

Las aplicaciones agrícolas son muy amplias. Con invernaderos solares pueden obtenerse mayores y más tempranas cosechas; los secaderos agrícolas consumen mucha menos energía si se combinan con un sistema solar, y, por citar otro ejemplo, pueden funcionar plantas de purificación o desalinización de aguas sin consumir ningún tipo de combustible.

En el aprovechamiento eléctrico, las «células solares», se perfilan como la solución definitiva al problema de la electrificación rural, con clara ventaja sobre otras alternativas, pues, al carecer los paneles de partes móviles, resultan totalmente inalterables al paso del tiempo, no contaminan ni producen ningún ruido en absoluto, no consumen combustible y no necesitan mantenimiento. Además, y aunque con menos rendimiento, funcionan también en días nublados, puesto que captan la luz que se filtra a través de las nubes.     

La electricidad que así se obtiene puede usarse de manera directa (por ejemplo para sacar agua de un pozo o para regar, mediante un motor eléctrico), o bien ser almacenada en acumuladores para usarse en las horas nocturnas. También es posible inyectar la electricidad generada en la red general, obteniendo un importante beneficio.

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