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Miércoles 25 de noviembre de 2020
Reseña histórica
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Configuración de su personalidad

Los ya citados cursos 1.976-77 y 1.977-78 y los cinco siguientes en los que se hicieron cargo del centro equipos dirigidos por D. Enrique Valera, D. Juan Manuel Méndez y D. Lorenzo Fuentesal, forma el primer periodo de la vida de nuestro centro, en el que se formó su plantilla de profesorado, que ha continuado hasta cursos muy recientes con escasos cambios. En estos primeros años de funcionamentio el centro adquiere una serie de notas caracteristicas que, en mi opinión, han marcado toda su trayectoria posterior: el rigor intelectual humanístico y cientifico, la exigencia de trabajo y dedicación de alumnos y profesores, una manera de entender la disciplina como medio de trabajo, aceptada e interiorizada por todos, la participación activa de los alumnos en las reuniones del Claustro y en las sesiones de evaluación, el desarrollo de una convivencia solidaria y una agradable fluidez en las relaciones de los alumnos con los profesores y viceversa. En una reciente celebración del veinticino aniversario de la promoción 1.977-81 unos ciento veinte alumnos y una docena de profesores lograron reunirse poniendo ampliamente de manifiesto los caracteres antes señalados.

Dichas características son fruto, en primer lugar, de la extracción social del alumnado. El entorno natural del centro, formado por familias de clase media-baja, con abundante personal empleado en los servicios, con escaso porcentaje de titulaciones universitarias, pero con un afán de superaciòn social, ve en el estudio de sus hijos la posibilidad de conseguir una situación social y cultural superior a la que ellos recibieron. Sin duda no es este un fenómeno exclusivo de este Centro, pero se advierte de manera muy acusada en el mismo. Por otra parte la generación de profesores jóvenes, que se incorporó al centro en estos primeros años, trajo un aire nuevo a la enseñanza, especialmente en el modo de relacionarse con los alumnos, en la renovación de la práctica pedagógica seria y sin concesiones a la banalidad y en general, en la manera nueva de afrontar el trabajo en el aula. El Vicente Aleixandre gozó pues desde el principio de un buen nivel intelectual en el conjunto de su profesorado, lo que unido a la receptividad del alumnado, configuró un centro de estudios de un buen nivel medio, reconocido como tal en su entorno y apetecido por alumnos de otras zonas. Era en esos años frecuente la solicitud de ingreso de buenos alumnos que abandonaban los centros privados del barrio para obtener en los últimos años del bachillerato una adecuada capacitaciòn de cara a los estudios universitarios. Por último, era ya perceptible desde este comienzo, y aún contúa siéndolo, un sano y a veces exagerado espíritu crítico, que se manifiesta en el deseo de hacer oir su voz tanto ante la Administación, como en el propio funcionamiento interior. Quizá por ello ha sido norma de toda su andadura, y mientras ello fue legalmente posible, la supremacía del Cluaustro en la toma de decisiones y la participación activa de los alumnos en todos sus órganos. Pese a todas estas notas positivas, no sería honesto omitir algunas deficiencias que durante años ha habido que soportar, como la incomodidad y precariedad de sus instalaciones, la masificación del alumnado ( se alcanzaba en torno al millar de alumnos y unos sesenta profesores), distribuido en una ratio de 40 por aula, lo que sin duda restaba eficacia al esfuerzo y pedagogía activa pretendida por profesores y alumnos.