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Sábado 21 de octubre de 2017
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Vida y obra de Aguilar y Cano
LA VIDA Y OBRA DE AGUILAR Y CANO
Cuanto existe en el orbe con presencia material, necesita de un escenario donde producirse, sin que nada se libre de esa necesidad,ni aún lo que pudiera parecernos más alejado de lo físico o -por muy universal y complejo- menos necesitado de reales apoyaturas. Todo necesita, por tanto, de un lugar en el espacio y de un espacio en el tiempo. Ese espacio y ese tiempo concurren en Don Antonio Aguilar y Cano entre fechas muy sinuosas, caminando a veces por senderos tortuosos y con frecuencia trágicos de la reciente Historia de España, desde el comienzo mismo de lo que se ha venido a llamar Edad Contemporánea. Su vida transcurre entre el reinado de Doña Isabel II y el estallido y amplitud de la I Guerra Mundial (la Gran Guerra). Es decir, entre 1848 a 1916 y ello marcará, sin duda, el espacio y el tiempo de su existencia. España había puesto ya fin al Antiguo Régimen cuando él nació, porque en gran parte de Europa se había producido también la no siempre pacífica evolución de la Ilustración al Liberalismo. Tal transformación es especialmente visible en los últimos años del siglo XVIII y se tradujo en una crítica cada vez más dura y frecuente a los privilegios, sobre todo por los nuevos economistas en alza, por la difusión del pensamiento de Montesquieu y en el tono frecuentemente crítico de buena parte de la alta burocracia del Estado. Por consiguiente, no cabe lugar a dudas, que todo esto se reflejó en la vida misma de toda la nación española de aquel tiempo. Pero para que entendamos mejor esta situación, sólo me voy a detener en una figura excepcional de aquella época, ya que es un significativo ejemplo que todos podemos entender. Me voy a referir a la obra de Don Francisco de Goya y Lucientes. Pero, ¿por qué en él? Con toda seguridad, porque es donde se aprecia con más nítida claridad esa transformación en el devenir de su trayectoria pictórica. En ella se ve reflejada esa transición del mundo de la Ilustración y del Clasicismo al Romanticismo y Liberalismo.
 
QUÉ MUNDO HEREDÓ
 
La prueba irrefutable en el genial aragonés estriba en que cuando pintaba un año antes de la toma de la Bastilla a los Duques de Osuna, modelo de familia ilustrada, su estética evolucionaba claramente hacia el romanticismo y también hacia el liberalismo -como del mismo modo le ocurriría a Ludwig van Beethoven, adalid de la música romántica en Europa (recordar la III de sus sinfonías, La Heroica, dedicada a Napoleón Bonaparte)-, de tal manera que sus dibujos y sobre todo la serie de “Los Caprichos” muestran ya una dura crítica al mundo del Antiguo Régimen. Pero, además, ocurrió la reducción de España al “status” de potencia de segundo orden, sobre todo en el aspecto militar, en sus relaciones internacionales y en el aspecto económico, regresión que ha llegado a nuestros días y creánme que doscientos años son demasiados. A partir de aquí todo caerá como las fichas de un dominó dispuestas en fila india. La derrota de Trafalgar en 1805, la esperanza fallida de la Constitución de 1812, la pérdida del Imperio, el desafortunado reinado de Don Fernando VII, la desaparición de los señoríos, la desamortización del ministro de Hacienda Don Juan Álvarez de Mendizábal y como consecuencia de ella la exclaustración. Esa España y ese mundo heredó Don Antonio Aguilar y Cano, cuando nació en 1848 y ello marcó el espacio y el tiempo de su existencia. Lo que vendría después lo percibió y aprehendió muy bien. Reinado de Doña Isabel II, el Sexenio Revolucionario, la segunda guerra carlista, el reinado de Amadeo I de Saboya, la I República, Don Antonio Cánovas del Castillo como artífice de la Restauración en la persona de Don Alfonso XII, el turno de los partidos políticos, el caciquismo, el movimiento obrero, el rebrote del bandolerismo, la pérdida de Cubas y Filipinas y, como consecuencia de ello, la brillante pero a la vez amarga generación literaria del 98, el comienzo del reinado de Don Alfonso XIII y la I Guerra Mundial. En ese espacio y en ese tiempo transcurren los 68 años de vida de Don Antonio Aguilar y Cano. De todo ello, una mente tan preclara como la de él y con una formación tan culta y erudita, todo lo aprendió y todo dejó honda huella en su ánimo, pero lo que más influyó en su obra fue el romanticismo y en ciertas dosis el liberalismo.
 
SU VIDA
 
Nació en Puente Genil (antes Puente de Don Gonzalo) el 27 de Abril de 1848. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Purificación. Según el Archivo de la misma, este acontecimiento se encuentra asentado en el apunte 28, página 134 del Libro de Bautismos, que comienza el 1 de Enero de 1846 y concretamente en el Libro 41 de ese Sacramento, donde se dice textualmente: En la villa de Puente Genil, Parroquia y Obispado de Córdoba, en veintiocho de Abril de mil ochocientos cuarenta y ocho. Yo, Don Juan José Morales, Presbítero, Vicario y Cura de la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación de ella, bauticé solemnemente a un niño que nació el día anterior a las once de la noche en la calle de la Plaza nº 8 y le puse por nombre Antonio de Santo Toribio. Hijo legítimo de Don Francisco de Paula Aguilar, boticario, y Doña Ruperta Cano. Abuelos paternos, Don Francisco Aguilar y Doña Concepción Fernández y maternos Don Antonio Cano y Doña Ana Gálvez, naturales y vecinos de esta villa, excepto el abuelo paterno que lo es de Aguilar. Padrino, Don Agustín Aguilar a quien advertí su obligación y parentesco. Testigos, Don Antonio y Don Francisco Baena. Y para que así conste lo firmo, Juan José Morales y la rúbrica. Era Don Antonio miembro de una familia de siete hermanos, hijo, como hemos dicho, del farmacéutico Don Francisco de Paula Aguilar que murió cuando todos tenían muy temprana edad. La familia salió entonces adelante gracias al apoyo del hermano de su madre, el sacerdote Don Agustín Cano Gálvez. También fue sobrino de otro sacerdote, Don Antonio Aguilar y Collado que curiosamente fue Párroco de la Iglesia de San Sebastián de Estepa. Cursó el Bachillerato en el Instituto “Aguilar y Eslava” de Cabra (Córdoba), donde fue premio extraordinario y obtuvo la calificación de sobresaliente en la mayoría de las asignaturas. Continúa sus estudios en las Universidades de Granada y Sevilla, recibiendo el grado de Licenciado en Derecho. Se traslada a Madrid animado por la idea de hacer carrera en política, pero no llegó a tener suerte pues sólo ostentó el cargo de secretario en la ciudad riojana de Logroño. Con anterioridad, concretamente el 5 de Septiembre de 1866, Su Majestad la Reina Doña Isabel II le concedió el título de Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, Orden Española que había sido instituida por este monarca en Real Cédula de 19 de Septiembre de 1771.
 
CABALLERO DE LA ORDEN DE CARLOS III
 
El citado documento reza así: “Doña Isabel IIª, por la Gracia de Dios y por la Constitución de la Monarquía Española Reina de las Españas. Por cuanto accediendo a las circunstancias que concurren en vos Don Antonio Aguilar y Cano, tuve a bien nombrarle por Mi Decreto de tres de Junio último, Caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos Tercero. Por tanto, os concedo las gracias, franquicias, honores, distinciones y uso de Insignias que os corresponden a tenor de los Estatutos; confiada por las cualidades que os hicieron digno de este honor y por el celo hacia nuestra persona que tenéis acreditado, os esmeraréis en observarlos y en contribuir al mayor lustro de la Orden. Y de este título ha de tomar razón el Contador de la misma. Dado en Zarauz a cinco de Septiembre de mil ochocientos sesenta y seis. Yo la Reyna. Yo Don Carlos Marín de Arriazxe, Secretario accidental de esta Real Orden lo hice escribir por su mandato”. Debajo de este texto tres firmas con sus correspondientes rúbricas. Y al pie del documento: “Título de Caballero de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III de que V.M. hizo merced a Don Antonio Aguilar y Cano”. Con el tiempo, fue miembro de las Reales Academias de la Historia y Sevillana de las Buenas Letras. En 1874, gana una plaza como Registrador de la Propiedad y elige primero la de Campillos, después ocuparía la de Estepa y más tarde la de Marchena, finalizando su carrera en Zaragoza. En la mayoría de las ciudades donde ejerció su profesión aprovechó su estancia para escribir la historia de cada una de ellas y como es natural, aunque en ella no ejerció, la de su villa natal, Puente Genil, en donde le hicieron cronista oficial de la misma. De su paso por Estepa hablaremos más tarde al referirnos concretamente a la Historia Ostipense. Falleció en Granada, para muchos en 1913, pero según los datos que he encontrado en la Biblioteca Nacional de Madrid dicen que ocurrió en 1916 y personalmente confio más en esa fuente. Sus descendientes residieron en su mayor parte en Madrid. Tuve el honor hace veinte años de conocer y conversar con su nieto Don Enrique Aguilar durante la visita que hizo a Estepa en 1985, cuendo se le dio el nombre de su abuelo al primer Centro de estudios de nuestra ciudad.
 
SU OBRA
 
Fue un brillante abogado y un gran Registrador de la Propiedad, descarriado, como diría Ortega y Gasset, en la historia, en la poesía, en el arte dramático, en el ensayo y en bastantes cosas más. Cultivó, pues, muchos géneros literarios. En la Biblioteca Nacional de Madrid figura gran parte de su obra. -Apuntes históricos de la Villa de Puente Genil. Se reimprimió bajo el patrocinio de la Diputación de Córdoba en el año 1984. -El Libro de Puente Genil. Editado también por la Diputación cordobesa, en colaboración con la Obra Cultural de la Caja Provincial de Ahorros y el Ayuntamiento de su ciudad natal. -Una limosna por Dios. Se trata de un juguete dramático en un solo acto y escrito en prosa. Los “dramatis personae” lo forman Esperanza (niña de siete años), Carlos, Luis, Padre Ventura y un Criado. Cinco personajes en total. La acción es contemporánea y la concibió para la Señorita Dolores de Melgar y Mena (niña de siete años). Se estrenó, con gran éxito, la noche del 29 de Octubre de 1875 en el teatro que en su casa de Puente Genil tenía Don Joaquín Borrego Ruiz. La protagonista de la obra, Esperanza, fue representada por la citada Señorita Dolores de Melgar. Se imprimió un año más tarde, en 1876, en el Establecimiento Tipográfico cordobés “La Actividad” y se la dedicó a su hermano Agustín por el mucho cariño que le profesaba. -Manuel Reina: estudio biográfico. Este señor, como todos conocemos, es otro ilustre pontanés que da nombre a una calle y al Instituto de Bachillerato de la ciudad hermana. Se publicó en 1897 en el Establecimiento Tipográfico de Gálvez Muñoz. -Sueños del alma. Se trata de unos bosquejos, ensayos y artículos literarios originales, como él mismo lo definió. Fue divulgado por la Librería Rafael Mena, de Málaga, en 1878. -El Marqués del Aula. Se publicó a expensas del Excmo. Sr. Don Manuel Pérez de Guzmán y Boza y se imprimió en el taller que Rasco tenía en la sevillana calle de Bustos Tavera, nº 1, en 1897. En 1998 el Ayuntamiento de Estepa la volvió a reimprimir en edición facsímil. -Memorial Ostipense. Consta este libro en la Biblioteca Nacional, pero en la edición que realizó Litografía Anel de Granada en 1975, no en la edición de 1886-1888. Menciono, a continuación, otros libros del citado autor que no están catalogados en la Biblioteca Nacional: -Borrascas del hogar, que no llegó a publicarse. El manuscrito de la misma lo custodian sus descendientes. Conservo en mi poder una fotocopia que me facilitó mi amigo Antonio Rivero, a quien a su vez le entregó otra en 1985, el nieto del autor, Don Enrique Aguilar cuando visitó Estepa ese año. Es una entrañable “opus dramatica” en tres actos. El primero consta de doce escenas, el segundo de trece y de once el tercero. Los principales personajes son: Virtudes, Lola y Juan. -El Maestro Francisco Cano. Sobre la vida de este ilustre estepeño que llegó a ser Obispo de los Algarbes, en Portugal. -Estepa, nueva colección de documentos, datos históricos, noticias bibliográficas, anécdotas, etcétera, referentes a la citada ciudad. Imprenta de Antonio Hermoso, Estepa 1891. -Astapa, que se acabó de imprimir el 24 de Febrero de 1899. Pero como estas tres últimas hacen referencia a nuestra ciudad, hablaremos también de ellas al narrar su estancia en Estepa. También escribió: -Amarguras de amor, de la que sólo conozco el título y me ha sido imposible fijar su localización y quien puede poseerla, pero si sé que se trata de una obra de teatro.
 
PANORAMA DE FIN DE SIGLO
 
Como dijimos al comienzo de este trabajo, Don Antonio Aguilar y Cano llegó a Estepa como Registrador de la Propiedad. Hemos estudiado, también, el mundo que heredó y la España que conoció, pero cómo transcurrió su vida entre nosotros, de 1883 a 1906. ¿Qué se encontró aquí? En salud pública e higiene, epidemias y numerosas toxiinfecciones alimentarias; en política, el distrito cunero y sus caciques; en cuanto a la situación social, problemas entre jornaleros y terratenientes; En educación, el Colegio de Humanidades. Asimismo, marginación social para expósitos y gitanos; renacimiento del bandolerismo. En agricultura: desmontes de los encinares, la filoxera acaba con los lagares estepeños y existían serios problemas en el monocultivo. Se inicia, en cambio, un importante desarrollo industrial. Pero siempre atento a las inquietudes de su época, de inmediato comenzó a actuar. Fue uno de los fundadores del periódico “El Eco de Estepa”. En el desarrollo industrial de finales del siglo XIX, fue pieza clave ya que estuvo presente también entre los fundadores de El Faro de San Vicente en 1895, nombre de aquella central térmica de la calle Dehesa, que poseía una bellísima torre-chimenea construida en ladrillo tallado y que fue derribada cuarenta años más tarde, cuentan que por un suceso desgraciado que allí aconteció. Pero gracias a esta central, Estepa dispuso de luz eléctrica antes que otras ciudades más importantes. Y lo que más nos interesa, ¿qué escribió para nosotros? Citemos en primer lugar: -El Maestro Don Francisco Cano, Obispo de los Algarbes. Fue un ilustre estepeño, hijo de Don Alonso Cano “El Viejo” y de Doña María Álvarez. Se destacó por ser un gran literato y poseyó sobresalientes méritos, que le valieron para ser Visitador de la Universidad de Salamanca, Asistente de Sevilla, predicador, limosnero de S.M. Don Felipe II y confesor y Secretario de la Reina Doña Catalina de Portugal, quien le regaló buena parte de las importantes reliquias de santos para la Iglesia Parroquial de Santa María de Estepa y que se guardan en el Retablo Mayor de la misma. Finalizó sus años, siendo Obispo de la portuguesa localidad de Faro, en los Algarbes, donde murió. -Estepa, nueva colección de documentos, datos históricos, noticias bibliográficas y biográficas , anécdotas, etcétera, referentes a la citada ciudad. Imprenta de Antonio Hermoso, 1891, calle Bobadilla, nº 23 (hoy Cardenal Spínola 1 y 3). Es un bellísimo libro de 135 páginas con 11 capítulos muy breves y una miscelánea final. En la segunda edición del Memorial Ostipense, Litografía Anel, Granada 1975, se incluyó este opúsculo entre las páginas 573 a 680. Ocurrió que cuando Don Juan Borrego acometió la tarea de reeditar el Memorial, casualmente mi primo Manolo Chía le regaló el citado libro de 1891 y a él le pareció bien incluirlo porque así fue dado a conocer algo que muchos ignoraban de su existencia y al no darse explicación de ello en su momento puede inducir a error o confusión. De modo que son dos libros distintos, el Memorial de 1886-1888 y éste que comentamos. Su contenido es variado y extenso, con anécdotas muy entretenidas y que hacen fácil y amena su lectura. -Astapa. Se trata de un importante estudio geográfico con una no menos importante Carta-Prólogo, escrita por el Excmo. Sr. Don Manuel Rodríguez de Berlanga. Se editó en Sevilla en la Imprenta que tenía Rusco en la calle Bustos Tavera, nº 1, en 1899. Se acabó de imprimir el 24 de Febrero de 1899. Poseo un ejemplar fotocopiado que me regaló mi buen amigo Rafael Romero que a su vez recibió otro de Don Juan Borrego. -El Marqués del Aula. Los ingenios de las flores de poetas ilustres de España (Estudios bibliográficos). Se publicó esta obra a expensas del Excmo. Sr. Don Manuel Pérez de Guzmán y Boza, Marqués de Jerez de los Caballeros y vio la luz en la sevillana Imprenta de Rasco, anteriormente citada, en 1897 y con una tirada de sólo cien ejemplares. Se reeditó por el Ilmo. Ayuntamiento de Estepa y se imprimió a través de la Diputación Provincial de Sevilla en el año 1998, en edición facsímil. Esto de dar a conocer cada año un libro referente a Estepa, bien por desconocido o por estar agotado, fue una importantísima labor realizada por Don Antonio Rivero, siendo Concejal de la Casa Consisterial ostipense y que no debió perderse esta acertada costumbre. Mi amigo Antonio (al tratarlo así puedo apear el tratamiento), nos cuenta en el prólogo que sólo pudo localizar tres ejemplares: el de la Biblioteca Nacional, que yo también encontré, pero no los otros dos, uno en la Biblioteca Universitaria hispalense y el tercero que es propiedad de Don Manuel Ruiz Luque, montillano que posee la mejor biblioteca de temas andaluces que existe. Don Antonio Aquilar y Cano escribió este libro por encargo de su amigo Don Francisco Rodríguez Marín, debido a que al morir el humanista antequerano Quirós de los Ríos, quien se proponía añadir a las “Flores de poetas ilustres”, unas biografías de cuantos personajes recogía ese libro. Se le encomendó a diferentes escritores el encargo pero sólo dos lo terminaron. Afortunadamente para nosotros Aguilar y Cano fue uno de ellos y por eso podemos disfrutar de esta magnífica obra: “Flores de poetas ilustres”, el conocido libro de Don Pedro de Espinosa, publicado en 1605, y que recoge varias composiciones del estepeño Don Adán Centurión, III Marqués de Estepa y también Marqués del Aula como debe denominarse. La obra de la que estamos hablando es una interesantísima biografía en la que Aguilar y Cano nos demuestra que Don Adán Centurión no fue solamente un conocido poeta, sino un buen aficionado a la pintura y a la arqueología. Llegó a reunir una importante biblioteca y un excelente museo, además de ser un gran militar y un eficaz administrador de sus cuantiosos bienes.
 
FAMOSO MUSEO
 
Finalmente en la página 23 del libro se habla del famoso museo que la familia poseía en Lora de Estepa. Se dice ahí que fue obra de él pero ocultaba su nombre y anteponía el de su hijo. Sobre esto Don Juan Juárez en su trabajo: Un verdadero museo en la Estepa del siglo XVII, I Jornadas de Historia, celebradas los días 10, 11 y 12 de Marzo de 1994, dice que la colección y el seguimiento del museo fue obra del hijo de Don Adán, Don Juan de Córdoba Centurión y consta por diversos testimonios que en 1659 el palacio de Lora estaba ya concluido y en pleno uso. En el frontispicio del mismo y sobre la puerta del suntuoso edificio, se leía esta inscripción: INMORTALI MEMORIAE S. D. IOHANNES DE CORDOVA CENTVRION ADAMI MARCHIONIS OSTIPONENSIS F. PHILIPPI. M. HISP. REGIS A CONSILIIS POSTERITATI CONSVLENS HAEC VESVSTI LACERA MEMBRA PER DITIONEM OSTIP. CONTEMTIM SPARSA QUOAD POTVIT AB INTERITV VINDICATVRVS SEDVLO CONLEGIT ET HIC ORDINE DIRIGENDA CVRAVIT ADIECTIS LOCORVM NOMINIBVS VNDE ERVTA SVNT VT SVVS VETVSTATIS HONOS CVIQ. SERVETVR ANNO ERAE CRIST. MDCLIX. Esta leyenda tallada sobre piedra del país, cuando desapareció el Museo, fue depositada en el Alcázar de Sevilla, concretamente en los Jardines del Buen Retiro. Después de la Exposición Iberoamericana de 1929 pasó al Museo Arqueológico de la Plaza de América y en 1994, Juan Juárez, Mercedes, mi mujer, y el que escribe para vosotros la encontramos en el compás sevillano del Convento de Santa Clara, casi a los pies mismos de la Torre de Don Fadrique,en donde con toda seguridad permanecerá. Y su obra cumbre: -Memorial Ostipense. Extracto de varios curiosos libros que se ocupan de la antigua Ostippo ú Stippo y actual Estepa, arreglado para darlo a la estampa. Imprenta de Antonio Hermoso, Tomo Primero publicado en 1886 y el Tomo Segundo en 1888. Es una obra densa, abundante en datos y fuentes de lectura, muy amena y bien estructurada. Comienza el libro con un agradecimiento al Ilmo. Ayuntamiento. A quien leyere, como prólogo del mismo y en el que cita las fuentes documentales, que son: -Discursos sobre la república y ciudad antiquísima de Ostippo y su fundación segunda, escrita por el Padre Fray Juan de San Román. Se trata de un manuscrito fechado en 1716 y que se conserva en la Biblioteca Provincial de Sevilla. -Antigüedades de Écija y Estepa, del Licenciado Don Juan Fernández Franco. -Franco ilustrado, del también Licenciado Don Fernando López. -La antigua Ostippo y actual Estepa. Copia puntual de varias lápidas, estatuas y otros vestigios, y fragmentos romanos de la antigua Ostippo; y Apuntación de otras Memorias y Noticias de los tiempos medio y último de la actual Estepa, que pueden servir de materiales para una historia completa de la dicha Villa. Todos estos datos fueron recogidos por el Rvdo. P. Fray Alejandro del Barco, Calificador del Santo Oficio y Ex-Provincial de los Mínimos de Granada, Año de 1788. Utilizó una copia del manuscrito que poseía Don Antonio Aguilar y Collado, Párroco de San Sebastián y tío suyo. En 1994 ha sido publicado por el Ayuntamiento en colaboración con Caja San Fernando., con introducción y notas del Rvdo. P. Fray Alejandro Recio Veganzones, Profesor de Arqueología en Roma. Se editó en Artes Gráficas Cosano de Estepa. -Inventario del archivo o fundaciones y noticias de Estepa. Manuscrito procedente del Convento de San Francisco y en aquel tiempo en poder de Don Francisco Ruiz y Marrón, ilustre sacerdote estepeño, Párroco de San Isidoro de Sevilla, en la que llegó a ser Rector de la Universidad. -El viaje arqueológico, del Sr. Oliver. -El diccionaro de antigüedades, de Ceán Bermúdez. -Antigüedades de las ciudades de España, de Ambrosio de Morales. -Historia de Granada, de Lafuente Alcántara. -Crónicas, escritores, varias memorias, documentos y papeles, cuya detenida enumeración sería demasiado extensa para su exposición. Finaliza el prólogo diciendo: “Si a pesar de todos nuestros esfuerzos no hemos podido acertar en la ejecución de nuestro pensamiento, no se olvide que esta es la obra de un AFICIONADO” (que yo transcribo con todas las letras en mayúscula). El Primer Tomo, el de 1886, consta de XXX capítulos que tratan de la localizacióm de Astapa o de si Astapa y Ostippo fueron una misma ciudad. Sigue con los monumentos de la época romana, la conversión de Estepa al Cristianismo, de la carencia de noticias del periodo visigótico, de la época árabe y cuando abundan más documentos es a partir de la reconquista de la ciudad durante el reinado de Don Fernando III el Santo. Continúa con el Señorío de la Orden de Santiago, la venta de Estepa y Pedrera a la familia italiana de los Centurión, instaurándose así el Marquesado que tanto influenciará en el desarrollo de la ciudad y de su Estado. Habla también de los usos y costumbres de esa época, de la expulsión de los moriscos y de los festejos más notables. Narra los conflictos que provocan las guerras de Portugal y Cataluña entre 1625 y 1658. Sigue con los problemas de la pobreza en aquella época y describe los actos religiosos. Dedica los capítulos XXIV y XXV a la Vicaría “vere nullius”. En los años 1741 a 1800, se detiene en la decadencia del poder señorial y finaliza con la Guerra de la Independencia y con algunas noticias de la primera mitad del siglo XIX.
 
EL SEGUNDO TOMO
 
El Segundo Tomo fue también publicado en la Imprenta de Antonio Hermoso, dos años más tarde, en 1888. En la Advertencia del comienzo agradece la subvención que recibió del Ilmo. Ayuntamiento y muy especialmente al Sr. Alcalde Don Miguel Martín González, bisabuelo de mi presentador Don Rafael Romero Jiménez con el que le unía una gran amistad. Consta este Tomo de XII capítulos y comienza con la descripción de la actual Estepa, continúa con las ermitas extinguidas (San Juan, San Antonio Abad, ...) y describe detalladamente las Parroquias de Santa María, San Sebastián y los conventos de la Victoria, San Francisco y Santa Clara, para seguir con las Iglesias de Nuestra Señora de los Remedios y Santa Veracruz, la de la Virgen del Carmen, Virgen de la Asunción y de la Inmaculada Concepción. Describe también la casa de los expósitos, los hospitales y el Palacio de los Señores Marqueses de Cerverales, las casas del Cabildo, la cárcel, el pósito, el cementerio y las calles de la ciudad. Finaliza con numerosas notas bibliográficas y arqueológicas y con las villas y lugares del Estado de Estepa, deteniéndose en los hallazgos e historia de Aguadulce, La Alameda, Casariche, Gilena, Herrera, Lora, Miragenil, Pedrera, La Roda, Badolatosa, Corcoya, Marinaleda, Matarredonda y Sierra de Yeguas, sellando el libro con unos apéndices muy variados. Estos dos Tomos, como hemos dicho, también el dedicado a Estepa de 1891, salieron de los talleres de mi tío abuelo D. Antonio Hermoso. La Imprenta Hermoso surge como tal en tiempos de Don José Hermoso Muñoz, padre de mi tío Antonio. De la misma habla así Don Antonio Aguilar y Cano: “La imprenta de Estepa, encomendada a la inteligente dirección de Don Antonio Hermoso, hijo del anterior propietario, ha logrado un desarrollo tal que la coloca a la altura de una capital, tanto por las prensas de hierro de que dispone, por su excelente y bien surtido material, como por la variedad y perfecta ejecución de sus trabajos”. Cuando fallece en 1916 hereda la imprenta, su mujer, mi tía Dolores Chía Cruz quien al morir en 1931 la cede a sus sobrinos Antonio (mi padre) y Rafael Machuca Chía (mi tío). En 1967 mi padre vende su parte a mis primos y en la actualidad la dirigen los hijos de estos. Años más tarde, concretamente en 1975, Don Juan Borrego Castillo, en ese momento Concejal del Ilmo. Ayuntamiento, que entonces presidía mi tío Don Rafael Prieto Cabezas, emprendió con no poca carga de Romanticismo, pues todo lo realizó a su costa, la reedición de tan magna obra. Encargó el trabajo a Litografía Anel de Granada, incluyendo en la publicación el libro de 1891 y del que anteriormente hemos hecho mención. Recientemente, siendo Concejal Don Freddy Cabello Bermejo, se pensó en una tercera reedición y fue quien os escribe el que hizo la pertinente gestión con la familia granadina de los Anel. Me trataron con mucha amabilidad pero me expusieron la imposibilidad de realizar esa empresa por las razones que aludieron en aquel momento y que extenderían mucho mi exposición.
 
OTROS HALLAZGOS
 
¿Qué más ocurrió en su tiempo y en su vida en Estepa? Fundamentalmente los hallazgos del Tajo Montero en el año 1900, donde se localizaron interesantísimas piezas arqueológicas que al parecer regaló a Don Antonio Aguilar y Cano el propietario de la sierra, Don Rafael Machuca. Como por aquel mismo tiempo estaba excavando en Osuna Mr. Pierre Paris, Director del Museo del Louvre (probablemente siguiendo de cerca el descubrimiento de la Lex de Urso), se traslada a Estepa al enterarse del importante hallazgo y consiguió que le fuesen vendidas las piezas encontradas, por lo que pasaron al Museo de la capital parisina, donde permanecieron hasta el célebre intercambio hispano-francés, gobernando en el país vecino el general Pétain y en España el general Franco, con el cual también volvió a tierras hispanas la Inmaculada de Murillo. En opinión del arqueólogo estepeño, Don José María Juárez Martín, todo lo que allí se encontró suscitó desde su descubrimiento un enorme Despacho de Don Antonio Hermoso a finales del siglo XIX Imprenta Hermoso en 1952 interés. En una de las piezas, sin duda la más estudiada, los investigadores han querido ver sucesivamente la representación de Tanit, Apolo y Diana, sin que la controversia esté, al parecer, resuelta. Tanto de ésta como de las demás piezas conocemos, por supuesto, numerosas reproducciones. De todas, menos de una: la del dios barbudo que lleva en su espesa cabellera una corona. Su brazo izquierdo aparece desnudo y se apoya en un cetro..., que recuerda más bien al atributo de Júpiter o al tridente de Neptuno que al bastón de Asclepio. Esta escultura, junto a la inscripción, también descubierta, y otra en la que aparecen unos jóvenes músicos, quedó finalmente en el Louvre. Don Antonio Aguilar y Cano fue contertulio en Estepa, en la Farmacia de Don Antonio Machuca, situada en la calle Mesones, en el lugar que hasta fecha muy reciente ha ocupado el antiguo “bar Kiko”. Se marchó de Estepa por las amenazas de muerte que recibió su amigo Don Rafael García Casero, que comenzaba a destapar en la prensa el negocio del bandolerismo. Y en fin, un detalle que yo como cofrade no puedo omitir. En su libro “Apuntes históricos de la Villa de Puente Genil”, Don Agustín Pérez de Siles y Don Antonio Aguilar y Cano comentan que la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno llega a Puente Genil en 1622 y se trata de una obra anónima marcada con claros rasgos del manierismo, de talla completa para vestir y de tamaño natural. Puede considerarse una escultura prebarroca, con una resolución del cabello, la barba y la nariz que apuntan a un gran artista; con una mirada dulce, penetrante y serena que explica la devoción que consita en el pueblo pontanés y la polarización de los fieles con su imagen.
 
TRES EJEMPLOS
 
Esa fue su forma de hacer historia, por lo que se desprende de sus libros un transfondo netamente romántico, por lo demás muy de su época porque muchos fueron así. Sólo tres ejemplos: Heinrich Schliemann, el arqueólogo alemán, que en realidad era un hombre de negocios muy acaudalado, creyó desde siempre que Troya existió y empleó mucho tiempo y dinero en encontrar la ciudad que Homero describe en la Iliada. Estaba tan enamorado de esa gesta que a una de sus hijas le puso el nombre de Helena. Y encontró los restos de la ciudad. Lord Hamilton, embajador inglés en la Nápoles de fines del XVIII, levantó de las cenizas las ciudades romanas de Pompeya y Herculano y gracias a él muchas de las piezas encontradas podemos admirarlas hoy en el Museo Británico. Y en tercer lugar, el arqueólogo alemán Adolf Schulten, que estudió a principios del siglo XX gran parte del antiguo Estado de Estepa y, sobre todo, excavó en la zona de los Castellares, enclave situado entre Herrera y Puente Genil, donde el río describe un arco de ballesta en torno a un acantilado y quiso adquirir con su dinero toda aquella finca. Estepa honró a Don Antonio Aguilar y Cano con una calle situada en el centro mismo de la ciudad, la que discurre de Mesones a Médico Ruiz, frontera al lugar de sus tertulias y por Orden de 5 de Febrero de 1985, la Consejería de Educación y Ciencia de la Junta de Andalucía (BOJA de 15 de Febrero), concede al Instituto de Bachillerato de Estepa la denominación de “Aguilar y Cano”. Fíjense, por tanto, las consecuencias que ha supuesto en el devenir de los tiempos la figura de tan egregio pontanés. Algunos han criticado su obra, pero en casi todas las Jornadas de Historia muchos le tienen como referencia bibliográfica y ello en la pluma de no pocos profesores universitarios, por lo que no cabe duda de que Estepa le debe aún una deuda impagable. En Febrero de 1986, para conmemorar el I Centenario de la publicación del Memorial Ostipense, el entonces Director del Instituto, Don José María Atencia Páez, tuvo la brillante idea de redactar un Anexo al mismo, con los acontecimientos ocurridos en Estepa desde aquella fecha a nuestros días. Trasladó la idea al Alcalde Don Jesús María Rodríguez Román que la aceptó sin reservas. Se formó una Comisión compuesta por: Don Juan Juárez, Don Antonio Crespo, Don Antonio Rivero, Don Manuel Salas, Don Javier Moreno, Don Manuel Santos, Don Clemente Rodríguez, Don Rafael Martínez, Don Juan Borrego, Don Gonzalo Crespo, Don Juan Luis Machuca, el Rvdo. P. Martín Recio, Don Rafael Moreno, Don José Fernández y Don Juan José Folguerá. Dicha Comisión estaba presidida por el Sr. Alcalde y el Director del Instituto, pero por diversas razones no pudo llevar a efecto sus fines. Don Francisco Rodríguez Marín, el ilustre cervantista ursaonense, de él poco se ha hablado en este cuarto centenario de la publicación de “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, !qué pena!, dijo de su amigo Don Antonio Aguilar y Cano: “De todo sabía y nada sabía de poco”.
 
Juan Luis Machuca Fernández
Administrativo del IES Aguilar y Cano hasta 2003