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Viernes, 25 de mayo de 2012
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martes 29 de enero de 2008 , 18:52 hs
"Hola y saludos a todos mis compañeros de la enseñanza.
Llevo diez años dando clases, concretamente en secundaria. Me encanta mi profesión (me refiero a la tarea de enseñar) aunque últimamente no lo estoy pasando muy bien. Veo cómo la administración poco a poco ha ido sumando "pequeños añadidos" y presiones a nuestro trabajo que, aisladamente, no significarían mucho, pero cuya suma se está convirtiendo en una tarea desagradable, tediosa, de poca utilidad práctica, puramente administrativa y que me está quitando tiempo para preparar mis clases de la mejor manera que sé.
Es decir: sé hacerlo mejor de lo que lo hago actualmente, pero no me dejan tiempo, porque vivo inmerso en un papeleo sin fin, dando explicaciones por escrito de lo que hago, de lo que dejo de hacer, de por qué lo hago, de cómo evalúo lo que hago, etc, etc. Y no me estoy refiriendo a las programaciones. No. Me refiero a la grande y creciente cantidad de planes ideados por nuestra consejería de educación, a saber: plan de igualdad, proyectos TIC, planes de autoevaluación y mejora, escuelas espacio de paz, días de celebración obligatorios, conmemoraciones obligatorias varias, informes requeridos por las diferentes actuaciones del servicio de inspección, pruebas de diagnóstico, etc.
No haré una lista de la enorme cantidad de trabajo burocrático que también crece año a año. Creo que todos somos conscientes de ello.
Lo que motiva este escrito es la flamante Orden de Incentivos tramada por los "responsables" educativos. Creo que ya es hora de que nos plantemos. Hemos tragado demasiado y ahora nos vienen con esta insultante y peligrosa iniciativa.
Insultante,porque, a fin de cuentas, nos culpa del fracaso del sistema, porque nos dice que no buscamos la excelencia en nuestro trabajo, porque asume que aun nos queda tiempo libre para hacer más cosas, porque aunque suene un poco fuerte suena a soborno refinado ("yo te pago más y tú me cambias mis fastidiosas estadísticas")
Peligrosa, porque va a dividir a los claustros aun más de lo que están, porque generará más burocracia, más "reunionitis" y más control, porque si finalmente el porcentaje de "éxitos" aumenta asumimos que la culpa era nuestra, porque si finalmente el porcentaje de "éxitos" aumenta la opinión pública se nos volverá aun más en contra si cabe ("mira estos cómo pasan la mano por dinero")
Propongo (más bien sueño) que todos los centros educativos de Andalucía o, al menos, la gran mayoría diga NO a este disparate. Creo que está en juego algo más importante que los famosos 7000 €. Está en juego nuestra dignidad y no debemos venderla.
Pensadlo. Y, si estáis de acuerdo, reenviad este mensaje a todos los compañeros de la enseñanza que tengáis en vuestros contactos, ya sean de primaria o de secundaria. Da igual.
Firmado: un simple profesor de secundaria."
Escrito por: Coordinador del Centro |
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martes 29 de enero de 2008 , 18:49 hs
Artículo de A. Pérez-Reverte publicado por "El Semanal" "PERMITIDME TUTEAROS, IMBÉCILES Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras– de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado– a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas. Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural–, pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones. Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española–. Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Galdós, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y génera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo. Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado."
Escrito por: Coordinador del Centro |
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martes 29 de enero de 2008 , 18:47 hs
la tribuna
La dignidad docente Gonzalo Guijarro | Actualizado 17.01.2008 - 11:59 "La Consejería de Educación ha anunciado que los profesores que se comprometan a "mejorar el rendimiento de sus alumnos" recibirán hasta un máximo de 7.000 euros repartidos en cuatro años. Por "mejorar el rendimiento" ha de entenderse que falten menos a clase, que repitan menos cursos y que permanezcan más años en el sistema escolar, entre otras cosillas. Lo primero que llama la atención de tal medida es la gratuita e insultante suposición de que los profesores no trabajamos debidamente y a ello se deben los desastrosos resultados que acaba de reflejar el último informe PISA. Sin duda, como en toda profesión, algún zángano habrá entre los docentes, pero para eso está la Inspección educativa, para sacarlos a la luz y ponerlos a trabajar. Pero no, a los que no estén cumpliendo debidamente, a los zánganos, se les ofrecen 7.000 euros si prometen mejorar. ¿Y a los demás? ¿Qué pasa con los profesores que ya están haciendo cuanto pueden? Pues que se quedan sin nada, como premio a sus buenas prácticas docentes. Salvo que se sumen al carro, lo que, implícitamente supone reconocer que no lo estaban haciendo bien. Otra cosa chocante es que nunca se pretenda la mejora del rendimiento de esa caterva de asesores, pedagogos y expertos sin experiencia cuyo incesante crecimiento va parejo al empeoramiento de los resultados. ¿Se considerará causa perdida la de lograr que hagan algo útil? Pero lo más sorprendente de todo es la pretensión de que los profesores se comprometan a mejorar cosas que ni son de su competencia ni tienen la menor posibilidad de conseguir. Porque ¿qué puede hacer un profesor para que sus alumnos falten menos a clase? Los docentes ponemos las faltas de asistencia del alumnado en conocimiento de la Jefatura de Estudios del centro, y ésta, según ley, las comunica, cuando se superan ciertos límites, a Asuntos Sociales, que es el organismo encargado de investigar si existe dejación por parte de los padres. ¿Por qué no les piden a los de Asuntos Sociales que se comprometan a mejorar el rendimiento? Tampoco en lo de procurar que los alumnos permanezcan más tiempo en el sistema escolar parece que podamos hacer gran cosa, dado que es decisión del alumno cuándo interrumpe su formación e ingresa en el mundo laboral. ¿Y en lo de disminuir el número de repeticiones de curso? Bueno, ahí sí que podríamos hacer algo: aprobar a todos los alumnos por la cara para que pasen de curso y no repitan. Claro que eso equivaldría a desvirtuar nuestro trabajo, a corromper definitivamente el sistema de enseñanza del país, a engañar indignamente a la sociedad, a certificar una formación inexistente... Aunque, eso sí, cobraríamos ese dinerillo. Y, de paso, a los políticos que nos lo ofrecen les mejorarían algo esas desastrosas estadísticas que los ponen en evidencia. ¿Será esa su intención? Otro de los puntos de que depende el cobro del complemento es la disminución de las conductas contrarias a las normas del centro por parte de los alumnos. Pero, por supuesto, sin que se nos devuelva ni un átomo de capacidad sancionadora, de esa autoridad que se nos arrebató con la Logse y que nunca se nos ha devuelto. Es decir, que debemos ejercer más autoridad sin tenerla de hecho. También aquí se tienta al profesor para que venda su dignidad: ya que no dispone de herramientas para impedir las conductas contrarias a las normas, lo que sí puede hacer es silenciarlas, no reflejarlas en documento alguno, asumir el desorden en el aula y la consiguiente imposibilidad de enseñar a cambio de dinero. De hecho, lo único nuevo en esto es el ofrecimiento de dinero, pues hace ya muchos años que la Inspección presiona para que no se sancione a los alumnos más díscolos, aunque impidan el aprovechamiento de los demás. Las sanciones son "excluyentes", dicen. Pero la clave de tanto desatino nos la da la propia Orden que regula el complemento. Dice textualmente que "en educación los procesos son tan importantes como los productos". Una vez más, los "expertos" de la Consejería muestran una supina ignorancia de lo que es un sistema de enseñanza: los docentes no "producimos" aprobados, sino que nos esforzamos por transmitir conocimientos a seres humanos. Y esto no se consigue poniéndonos delante a los docentes una ridícula zanahoria de 7.000 euros para que entreguemos a cambio nuestra dignidad, sino con leyes coherentes con las necesidades y proyectos razonables de nuestros alumnos y con normas de convivencia que se cumplan realmente. Pero, al parecer, esa es la única respuesta que en la Andalucía imparable se sabe dar al desafío de la sociedad del conocimiento: criterios de cadena de montaje; si los profesores quieren plus de productividad, que produzcan más aprobados; que a los políticos les viene bien, aunque sea al precio del futuro de la sociedad."
Escrito por: Coordinador del Centro |
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lunes 8 de octubre de 2007 , 08:31 hs
En esta bitácora vamos a poder incluir todos los comentarios que nos parezcan oportunos en relación a la puesta en marcha de la plataforma.
Escrito por: Coordinador del Centro |
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