RELATOS DE NUESTROS

ANTEPASADOS

Curso: 4º de Primaria

C.P.R. Valle Verde

 


INDICE:

RELATOS

CAPÍTULO1. Ana Isabel Torres Juárez. *

  • La tumba de muerto. *

    El trabajo. *

    Historias de las historias de mi madre. *

  • CAPÍTULO 2º. Verónica Mingorance Aneas. *

  • La fiebre. *

    El zapato. *

  • CAPÍTULO 3º. Ángela Cambil Fernández. *

    CAPÍTULO 4º. Noelia Torres Guirado. *

  • Las cacas de mulo no se comen. *

    Mi abuela y las muñecas. *

    Mi padre, el marrano. *

  • CAPÍTULO 5º. José Francisco Villoslada Fajardo. *

  • Mi madre enamorada. *
  • CAPÍTULO6º. Víctor Manuel Villoslada Aneas. *

  • La vida de antes. *
  • CAPÍTULO 7º. Javier Fajardo Ledesma. *

  • La vida de mi padre. *

    Travesuras de mi padre. *

    La vida de mi madre. *

  • CAPÍTULO 8º. Antonio Jesús Mingorance Sánchez. *

  • Mi madre. *
  • Las aventuras de mis tías y mi padre. *
  • CAPÍTULO 10: Alicia Aneas Arellano. *

  • La vida de mi madre. *
  • CAPÍTULO 11: Verónica Guirado Ruiz. *

  • La vida de mis antepasados. *

    El saco. *

  • CAPÍTULO 12: Rocío Fajardo Mingorance. *

  • Vida de mi abuelo. *

    Una visita a su novia. *

  • CAPÍTULO 13. Andrea Fajardo Torres. *

  • La paliza más grande. *

    La cojera de mi padre. *

    Zapatos de colores. *

  • CAPÍTULO 14. Lidia Aneas Arellano. *

  • Mi madre y mi abuela. *
  • CAPÍTULO 15. Lara Higuero Martín. *

  • La vida de mi madre. *
  • CAPÍTULO 16. Sonia Zamora Pérez. *

  • Vida de mis antepasados. *
  • CAPÍTULO 17. Ángela Fajardo Pretel. *

  • Mis abuelos. *
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  • CAPÍTULO1. Ana Isabel Torres Juárez.
  • La antigua vida de mis padres.

     

     

    La tumba de muerto.

    Mi padre me contó un día que yendo de noche por la puerta del médico le dijo un amigo a todos que si le daban mil duros iba al cementerio. Así lo hizo y encendió un mechero. Los amigos llamándolo, y él sin venir. Se le metió el pie en una tumba de muerto. Fueron por la mañana al cementerio y él ahí estaba, en la tumba del muerto , muerto de miedo.

     

    El trabajo.

    Mi padre empezó vendiendo tortas en Jete. Se ganaba cincuenta céntimos por pieza, después se venía andando para estar en la escuela a las nueve.

    Así estuvo hasta los diez años; después empezó a trabajar ganando veinte duros.

    A los doce años cambió de patrón, después a sus papis les daba mil pesetas y él se guardaba cincuenta duros para montarse en los columpios y ya hasta hoy.

     

    Historias de las historias de mi madre.

    Éramos emigrantes en Francia. Me costó adaptarme al idioma, y al clima. Una vez adaptados tuve una vida normal, de colegio, en familia, de amigos.

     

     

     

  • CAPÍTULO 2º. Verónica Mingorance Aneas.
  • La fiebre.

    Mi abuelita me contó que cuando nació ella tenía una hermana de siete años que se murió porque se creía mi bisabuela que tenía fiebre, la abrigó más de la cuenta y no le dio agua. Ya sabemos que el agua es sana. Y así murió. Y me contó que mi abuelita vivía en un campo y que iba a comprar al pueblo con la burra y una mula. Tambien tenía muchas cabras. Con la lana se hacían ellos los jerseys. Y vestían de oscuro los mayores, los más pequeños claro. Y así es la historia de mi abuelita.

     

    El zapato.

    Mi madre me dijo una vez que se orinó en un zapato porque no sabía dónde estaba la luz. Y una vez mi tita y mi madre se orinaron en la cama y cogieron un estropajo y un secador, hasta que se secó . Y como tenían. otro pijama igual se lo pusieron.

     

  • CAPÍTULO 3º. Ángela Cambil Fernández.
  • Mi abuela se vestía con una bata y se la amarraba con una cuerda.

    Mi padre, como era tan malo, un día no se comió la comida. Nunca lo podía pillar su madre porque corría mucho. Un día se metió debajo de la cama y lo encontró y le dio con la cacerola en toda la cabeza.

     

    Las manzanas.

    Y como comía tanto escondió unas manzanas en el armario, en todo lo alto. Puso una mesa y encima una silla y se subió.

    Mi abuela no sabía qué hacer con ellos.

    Mi tito Eduardo cuando se venía de la escuela se iba al río a bañarse y mi abuela no sabía qué hacer con sus hijos , de lo traviesos que eran.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Mi abuela, en verano, le decía su madre que fuera a vender pan a Almuñécar.

    Mi bisabuela le decía: tira todo el río para adelante y lo encontrarás.

    Mi abuela tenía que ir con un saco de pan llenico a Almuñécar.

     

     

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 4º. Noelia Torres Guirado.
  • La vida de mis abuelas

    Las cacas de mulo no se comen.

    Mi abuela se llama Rosario y un día de pequeña, el día de reyes, mi bisabuela les puso una rodaja de chorizo de regalo a todas sus hijas y mi tita Carmela se las quitó. Las cambió por caca de mulo. Cuando mi abuela y mis tíos se levantaron y se preguntaron ¿ qué es esto?, mi abuela dijo:

    -¡Coméroslo y callaos!

    Mi tito Juan, el mayor, le dijo:

    -¡Pero mamá, si esto es caca de mulo!

    Y todos corrieron detrás de mi tía Carmela a pegarle una paliza.

     

     

     

     

     

    Mi abuela y las muñecas.

    Mi otra abuela se llama Angelita y otro día de reyes, como no tenía dinero, fue y a otra muñeca que tenía mi madre le puso otros ojos, con lana los pelos... y la cambió toda. Cuando mi madre se despertó y vió la muñeca se puso muy contenta.

    Cuando le miró las piernas ponía Mari Ángeles, y ese nombre se lo puso ella para que no se le perdiera.

    Le preguntó a mi abuela:

    -¿Mamá, por qué le has puesto mi nombre a la muñeca?

    -Para que no se te pierda.

    Después, en la basura vió los ojos, el pelo y todo, y se puso a llorar.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Mi padre, el marrano.

    Un día, cuando mi padre tenía cuatro años, como su cuarto estaba en lo más alto de la casa, se estaba haciendo pipí y no llegaba al cuarto de baño. Total que se hizo pipí en el cubo de la fregona. Por la mañana mi abuela olió a pipí y no sabía lo que era. Después miró al cubo de la fregona y era eso. Y mi abuela le regañó.

     

  • CAPÍTULO 5º. José Francisco Villoslada Fajardo.
  • Mi madre enamorada.

    Mi madre y mi padre se conocieron en una discoteca y una amiga los unió. Todos los días bailaban juntos. El veinte de octubre de mil novecientos noventa y uno se casaron. Pasó un año menos seis días y nací yo.

    Y sin mi madre y sin mi padre soy un barco a la deriva.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • CAPÍTULO6º. Víctor Manuel Villoslada Aneas.
  • La vida de antes.

    Mi padre me ha contado que antes no había teles, había muy pocos coches y había que fregar en fregaderos y las mujeres y los hombres trabajaban mucho, porque se ganaba muy poco.

    Antes tenías que hacer ropa con hilos e ir a todas partes con burros y acarreaban las tablas, las piedras, la arena...todo eso con burros.

    Como no había grifos de agua tenían que ir al río o a otra parte a por agua.

     

     

  • CAPÍTULO 7º. Javier Fajardo Ledesma.
  • La vida de papá y mamá.

    La vida de mi padre.

    Mi padre, con nueve años, empezó a ir a la aceituna , al campo y a cuidar cabras.

    A los diecisiete años empezó a trabajar en la hostelería. A los quince o dieciséis trabajaba en Francia cortando uvas.

    De pequeño jugaba a la penca, a la partida, al borriquete y al abejorro. Cuando buscaban nidos hacían jaulas de penca.

    Mi padre como tenía ocho hermanos tenían que esconder los zapatos y la ropa para que no se la quitaron.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Travesuras de mi padre.

    Un día robaron una gallina, la mataron, hicieron una lumbre con papeles y se la comieron.

    Mi padre con sus hermanos ponían pilla pájaros y pillaban pájaros. Venía un hombre de Almuñécar y se los comprababa.

     

     

     

     

     

     

     

    La vida de mi madre.

    Mi mamá nació en Barcelona el nueve de octubre de mil novecientos sesenta y seis. Se vestía con falda blanca y sandalias blancas y una felpita y un totito. En la época de mi madre se llevaba una faldita corta y zapatos de horma. Mi madre vivió en una ciudad que es muy diferente a un pueblo. Allí no podía salir como aquí, que pueden salir los niños chicos solos a la calle. Su madre la llevaba al parque. Los domingos se iban a misa muy bien vestidos.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 8º. Antonio Jesús Mingorance Sánchez.
  • Mi madre.

     

    Mi madre nació en Caniles. Se crió allí. Nevaba todos los inviernos. Jugaba con sus amigas en la nieve. Hacía mucho frío y en la escuela no había calefacción. Había que llevar unas estufillas de carbón. Los domingos se iba a misa por la mañana y luego se iba a pasear al paseo y por la tarde iba al cine con sus hermanas. En febrero había un día que le llamaban el día de la vieja y todos los niños de la escuela iban de excursión. Las niñas llevaban un lazo muy grande en la cabeza de tálátáná. Y cada escuela lo llevaba de un color. La escuela de mi madre lo llevaba color rosa. En Caniles había una estación de tren; allí había una fábrica azucarera. El tren traía las cartas y el correo iba a por ellas en una tartana.

    Su hermana Carmela escondió detrás de un cuadro un paquete de caramelos rellenos. Un día mi tita Gracia y mi madre se encontraron los caramelos y se los comieron y rellenaron los papelillos de migas. Cuando días después mi tita los cogió se llevó una sorpresa pues se creía que se habían echado a perder y mi tita Gracia y mi mamá se meaban de risa. Más tarde se fue a Lentejí, se puso mozuela y se casó.

    FIN.

     

     

     

     

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 9. Esther Salas Rodríguez.
  • Las aventuras de mis tías y mi padre.

    1. Mi tía fuma por primera vez.

    Cuando mi tía era pequeña, enfrente de su casa había una cueva. Y al lado de la cueva un olivo.

    Todos los días se iban allí y jugaban a los piratas. Los niños eran piratas y las niñas enfermeras.

    Un día se sentaron bajo el olivo. Pero su hermano se fue al olivo a espiar. Mi tía y sus amigos creían estar solos y empezaron a fumar. Cuando pasó un rato su hermano salió y dijo:

    Te he pillado hermanita y se lo diré a papá.

    Como mi tía no quería que se lo dijese exclamó:

    -No se lo digas.

    Su hermano respondió:

    - Pues tendrás que hacer lo que te diga.

    Su hermano todo el rato:

    -Tráeme agua.

    Y mi tía.

    -Cógela tú.

    Dijo su hermano:

    -Que lo chivato.

    Y mi tía le tuvo que dar el agua.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 10: Alicia Aneas Arellano.
  • La vida de mi madre.

     

    Un día en verano se metió en una acequia a patinar y se le perdió la chancla.

    En verano como no había nevera mandó mi abuela a mi madre al nacimiento a por agua con un pipote o botijo. Venía ella dándole vueltas, dio con una piedra y se quedó con el asa en la mano.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 11: Verónica Guirado Ruiz.
  • La vida de mis antepasados.

     

    Mi abuelo de pequeño en vez de ir a la escuela iba a las cañas. Tenía que cuidar de sus hermanos y vestía con ropa negra. Conoció a mi abuelita y se casaron.

    Mi abuelo vivía en Jayena y mi abuelita en Otívar.

    Mi abuela y mi abuelo se fueron a vivir a Cázulas. En Cázulas tuvo a mi tito José y un año después tuvo a mi tito Andrés, y dos años después tuvo a mi madre. Y tres años después tuvo a mi tita Bea. Y mi tito José se llevaba a mi madre al río para ahogarla.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    El saco.

    Mi tito Andrés y mi tito José metieron a mi madre en un saco y la tiraron por la escalera.

    A mi madre le salió un chichón y de regalo le pegaron una palicilla.

    La campeona de natación.

    Mi tita se cayó a la fuente porque quería ser nadadora y se partió la barbilla.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 12: Rocío Fajardo Mingorance.
  • Vida de mi abuelo.

     

    Mi abuelo tiene ahora noventa y un años. Él dice que cuando era un niño no había tele, luz ni radio.

    Antes el mundo era muy aburrido. Él iba al colegio pero un colegio para niñas y otro para niños. Él jugaba a guerra con piedras y amigos porque no tenían juguetes.

    Cuando fue mayor hizo la mili y fue a la guerra.

     

    Una visita a su novia.

    En esos tiempos vivían en cortijos y mi abuelo fue a ver a su novia. En un aguacate había unos pantalones blancos, pero él no se creía que eran unos pantalones, era una mano que decía "ven, ven", y al ver aquello le entró un miedo terrible. Fue en busca de un amigo y estaba su madre regañándole en la puerta. Y le dice mi abuelo:

    -¿Qué haces en calzoncillos?

     

     

     

  • CAPÍTULO 13. Andrea Fajardo Torres.
  • La paliza más grande.

     

    Una buena tarde mi madre me contó una historia sobre mi abuela:

    Un día mi abuela se fue a trabajar y le dijo a mi madre: Carmen, hoy hazle la comida a los hermanos y lleva a Elías a la escuela de monjas.

    Mi madre llevó a mi tito Elías a la escuela y empezó a hacer la comida, puso la mesa y apagó la comida y fue a buscar a mi tito Elías. Cuando vino de recoger a mi tito empezaron a comer. Un rato más tarde terminaron de comer, mi madre acostó a mis titos y fue a quitar la mesa y por casualidad se le cayeron los platos al suelo y los recogió. Después los tiró por la ventana a la cuadra. Pero en la cuadra había una cabra embarazada y a los dos días a la cabra se le hincó un cristal en la barriga. Y se le rajó. Estuvo a punto de morir, pero el veterinario llegó a tiempo y le sacó el cristal y las cabrillas. Mi abuela le pegó una paliza a mi madre.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    La cojera de mi padre.

     

    En casa de mi abuela María son nueve hermanos y el primero que se levantaba se ponía lo primero que encontraba y el último no encontraba calcetines. Una mañana mi abuela se dio cuenta de que mi padre cojeaba, lo llevó al médico por si acaso tuviera un problema. Y cual no sería su sorpresa cuando le dijo el médico que se quitara los zapatos y empezaron a salir calcetines: 1, 2, 3, 4 y hasta siete calcetines en cada pié.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Zapatos de colores.

     

    Cuando mi padre hizo la comunión le compraron unos zapatos blancos y como no se los ponía estaban nuevos. Al tiempo llegaron las fiestas del pueblo y mi abuela le dijo a mi tía que a mi padre le hacían falta unos zapatos y le dio dinero para que se los comprara. Mi tía, que era muy pilla, pensó en pintarle los zapatos de la comunión de negro y así quedarse ella con el dinero.

    Mi padre se fue a misa el día ocho de diciembre, con los zapatos pintados, sin él saberlo. Cuando de pronto empezó a llover. Cuando mi padre miró hacia abajo y vió los zapatos blancos con manchurrones negros salió corriendo para su casa buscando a mi tía para matarla.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 14. Lidia Aneas Arellano.
  • Mi madre y mi abuela.

     

    Antiguamente se llevaba una ropa muy extraña. Mi madre llevaba un vestido de lunares.

    La comida era de cosas que obtenían con su propio sudor.

    Mi abuela vivía en Almuñécar.

    Mi abuela hacía muñecas de cartón para mi madre y tambien mi abuelo fue a la mili de antes.

    Mi madre se llama Toñi y su madre Ana María y su padre Antonio.

    Antes se hacían las camas con paja y lavaban con unas tablas.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 15. Lara Higuero Martín.
  • La vida de mi madre.

    Un día mi madre y sus demás hermanos se fueron con la bicicleta. Se montaron todos. Mi madre se montó también en la bicicleta y se estrelló con los rosales.

    Mi madre vivía en Mallorca. Estuvo en un colegio de monjas. En los reyes siempre tenía juguetes, así como sus hermanos.

    Cuando se hizo grande se vinieron a vivir a Otívar.

     

     

     

  • CAPÍTULO 16. Sonia Zamora Pérez.
  • Vida de mis antepasados.

     

    Por mis abuelos sé que antiguamente no había tantas cosas como ahora.

    Las mujeres para cocinar tenían que encender el rincón, para lavar la ropa tenían que ir al río o al lavadero que estaba en lo hondo del pueblo.

    Los hombres se iban al campo para cultivar sus cosechas y frutos.

    Antes, como no había nevera, conservaban los alimentos en orzas con manteca; hacían matanzas y se reunía la familia para ayudarles. Tampoco había televisores. Si en el pueblo había alguien que la tuviera pues se iban todos los vecinos a verla.

    Pero lo que sí hubo fue un cine donde hacían comedias y cantaban.

    Mi abuela, una vez, recitó una poesía y le dieron quinientas pesetas, que en aquel entonces era mucho dinero.

     

     

     

     

  • CAPÍTULO 17. Ángela Fajardo Pretel.
  • Mis abuelos.

    Mis abuelos han trabajado mucho desde pequeños. Mi abuelo trabajó en el campo. Y mi abuela de cocinera en una casa de Motril. Cuando se hicieron novios mi abuelo, un día, le quiso dar una sorpresa a mi abuela, llevándole una docena de pasteles. Y no se le ocurrió otra idea que ir a Motril con un amigo, los dos en la misma bicicleta.

    Estaban ya en mitad del camino. Empezó a caer un chapetón que no veían ni la carretera; pegaron tal trompazo que no se encontró de los pasteles ni el papel. Cuando se lo contó a mi abuela se echó a reír y le dijo que con la intención bastaba.

    Menos mal que a ellos no les pasó nada si no yo no estaría aquí.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Los riquísimos pasteles que se extraviaron