TEORÍAS DE LA VERDAD

 Carlos Escaño Fryganas - Apuntes

 

1. El problema de la verdad

 

            Existen tres formas clásicas de negación de la verdad, las cuales son agnosticismo, escepticismo y relativismo. Claro está, estas negaciones tienen bases y justificaciones diferentes.

 

            ‘Agnosticismo’, del griego agnostos, de agnoein, -no saber, ignorar-, es un término acuñado por Thomas Henry Huxley en 1869, para diferenciar su sistema de ideas del de los metafísicos, que mantenían poder probar la existencia de Dios o sostenían la racionalidad de la fe. En general, supone la afirmación de que no hay que creer en aquello para lo cual no existen suficientes pruebas. En sentido estricto, suele entenderse como la afirmación de que no es posible afirmar racionalmente la existencia de Dios ni su no existencia.

           

            ‘Escepticismo’ del griego skeptomai, investigar atentamente, o simplemente de skeptesthai, investigar. Concepción en teoría del conocimiento que sostiene, en principio, que la mente humana no es capaz de justificar afirmaciones verdaderas. Un escepticismo extremo o absoluto sostendría que no existe ningún enunciado objetivamente verdadero para la mente humana, o la imposibilidad total de justificar afirmaciones verdaderas. El escepticismo moderado o relativo sostiene que son pocos los enunciados objetivamente verdaderos, o bien establece dudas razonadas sobre la capacidad de la mente humana de poder conocer las cosas y, por lo mismo, la somete a examen. Este relativismo propugna una actitud crítica ante el dogmatismo.

 

            ‘Relativismo’, -del latín relativus, relativo, de referre, que es llevar algo a su punto de partida- es aquella afirmación de que todo conocimiento o todo valor moral dependen esencialmente del punto de vista del sujeto que los tiene. Hay relativismo cuando la dependencia del punto de vista subjetivo es total. Sus dos especies clásicas son el relativismo epistemológico y el relativismo ético. El primero defiende que no hay verdades universalmente válidas e independientes de la apreciación de los sujetos; el segundo niega que existan normas morales universalmente válidas. La consecuencia es que tanto el mundo del conocimiento como el de la moral dependen de diversos condicionamientos, que pueden ser el individuo, la sociedad o la cultura, ya sea en el aspecto psicológico, sociológico o histórico.

 

            Comparado con el escepticismo, el relativismo afirma menos. El escepticismo afirma que no hay verdades o, si las hay, son escasas. El relativismo sostiene que las verdades tienen un valor relativo al -en dependencia con el- sujeto. El relativismo se distingue del subjetivismo en que éste establece una dependencia directa entre el conocimiento o el valor y la consideración del sujeto; mientras que el relativismo hace depender el conocimiento o el valor de factores externos al sujeto. En la práctica se identifican, porque en la expresión «el hombre es la medida de todas las cosas» -quintaesencia del relativismo- el término «hombre» ocupa el lugar del sujeto pensante y el lugar de la historia cultural de este mismo sujeto pensante.

 

            En la sociedad de la información, en la época actual, el problema de la verdad es más acuciante que nunca. Existen muchos medios de comunicación e información, donde Internet, quizá la tecnología de la información más importante de nuestro tiempo, tiene un especial protagonismo. Estamos inundados de información, y en teoría, hay una enorme facilidad para acceder a ella; sin embargo, no tenemos ninguna seguridad acerca de la veracidad de la mismas, ni podemos entender demasiado bien el por qué se seleccionan determinadas noticias, mientras que muchos otros hechos son ignorados. ¿Qué criterios siguen esas selecciones? De qué modo se elabora la información que nos permita valorar su veracidad? En esta época el saber es tan inabarcable que cada parcela de las especializaciones es un compartimento estanco opaco para los legos en la materia en cuestión, y donde comprobar la veracidad de las informaciones procedentes de los distintos campos del saber muchas veces no puede ir más allá de los argumentos de autoridad y de la impenetrabilidad de las afirmaciones ex catedra.

 

            Desde luego, la problematización de la verdad llega más lejos cuando desde determinados ámbitos se defiende la posesión de una verdad absoluta, en muchos casos excluyente, y algunos otros, incluso defendiéndose a modo de imposición o ejerciendo algún tipo de violencia, ya sea una violencia ejercida directamente o una violencia discursiva, intolerante, represora.

 

 

2. Definición de la verdad

 

            Históricamente en occidente el problema de la verdad se ha planteado sobre la discusión entre realismo e idealismo, aunque cabe tener en cuenta que hay distintas variantes dentro de esta clasificación general. El problema se plantea a través de las propiedades trascendentales, es decir, Verdad, Realidad y Bondad, de donde la Bondad sería el valor primordial de la verdad.

 

            El primer tipo de realismo, denominado ‘realismo clásico’, ‘realismo antiguo’ o ‘realismo ingenuo’ se caracteriza por afirmar una verdad fundada en una realidad no cuestionada, es decir, se trata de un realismo aceptado como una posición natural y de forma acrítica. En cambio, el realismo crítico no acepta esta idea, ni la propuesta por el «nuevo realismo», de que lo percibido forma parte del mundo físico, ni un «monismo neutral»,  y sostiene que, además del mundo físico real, existe también el mundo de la percepción. La manera como se interpreta, esto es, qué clase de entidad corresponde a los datos sensoriales, difiere según los diversos autores. Mercier, Lovaina pertenecen al grupo de filósofos escolásticos que buscan enfrentarse con una perspectiva crítica del realismo.

 

            El idealismo se puede definir, en cambio, como la prioridad de la verdad sobre la realidad. Dicho, de otro modo, el «mundo» no se corresponde con una realidad exterior, sino con las estructuras y la organización de la percepción dadas a la mente. Hay dos tipos de idealismo, el ‘trascendental’ que recoge el problema de conocimiento del noúmeno kantiano, y el absoluto de la filosofía de Hegel.

 

            De la discusión histórica sobre la verdad podemos extraer tres definiciones sobre lo que sea la verdad, apoyándonos en tres autores clásicos:

 

-          Conforme a aquello que precede a la razón de verdad y que se funda en lo verdadero, es decir, la verdad está en el ser. Ésta sería la posición de San Agustín

 

-          Aquello que realiza por completo y formalmente la razón de lo verdadero. Esta será la posición de Santo Tomás

 

-          La verdad es la rectitud perceptible por la sola mente

 

 

Estas tres dimensiones de la verdad las podemos representar así:

 

 

 

 

 

                              Adequatio res et intellectus

                             (fundamento propio, formal)

                                                                                            è Santo Tomás, Tarski

                         PENSAMIENTO = SER

       (efecto consiguiente, manifestación)           ( fundamento que precede) è San Agustín

 

                                                      Hilario

 

 

Lo anterior presenta el esquema básico de la discusión en torno a la verdad, que más adelante llegará a establecer las siguientes posiciones básicas:

 

1-      Adecuación entre pensamiento y ser

 

2-      Coherencia interna del pensar, coherencia interna de la teoría o del sistema. Se refiere a la coherencia entre los juicios de una teoría, a su consistencia en relación a un todo prefigurado

 

3-      Utilidad, concepto derivado del pragmatismo. Lo verdadero es definido por su consecuencia, porque nos va bien con ello, de donde la verdad o falsedad se deriva de sus resultados.

 

4-      Acuerdo intersubjetivo

 

 

3. Esencia de la verdad

 

            La verdad es algo exterior al pensamiento y el hecho de que se cumpla no depende de nada que haga el hombre. El pensamiento y el ser tienen que tener una identidad común para no darse totalmente a espaldas de la verdad, por lo que en el fondo, pensamiento y ser tienen que coincidir. Hegel dinamiza esta idea de la unidad entre pensamiento y ser (Parménides). Son distintos a lo largo del camino hasta que al final se identifique:

 

 

            El pensamiento es distinto de las cosas porque el pensamiento es finito, pero en la totalidad se hacen uno, se identifican. Heidegger parte de una unidad originaria entre pensamiento y ser –lo mismo- que han derivado en una distinción secundaria entre ser y pensamiento. Él distingue entre identidad y diferencia, de donde el pensar y ser han de ser idénticos, lo que conduce al pensamiento absoluto hegeliano (el ser más allá de los entes).

 

            Para Leonardo Polo la identidad originaria es Dios. Pensar y ser pueden unificarse; la mismidad y la identidad se distinguen. Tiene que haber conexión entre verdad y ser; identidad y mismidad es el límite, lo humano que tiene el pensamiento.

 

             A cualquier sujeto cognoscente se le manifiesta la realidad de forma plural. Pensamos en el conocimiento objetivo, pero lo que denominamos experiencia no es algo objetivable, pues se trata de la propia experiencia, de donde la experiencia de uno es diferente de la del otro: es heterogénea. Esa es la misma razón por la que es inútil el intento de objetivarla. El intento de formalización de la experiencia de cada uno, su descripción es algo que no se puede hacer completamente.

 

            La verdad puede tomarse de dos maneras:

 

-       Como propiedad de enunciados

 

-     Como contenido de conocimiento, es decir, el tema o asunto del que decimos verdad. Para Heidegger, el conocimiento es la verdad, y sólo aquél que conoce puede saber la verdad. Heidegger distingue la teoría de la verdad reaccionista y la presentacionista, haciéndose defensor de esta última. Para Heidegger, la verdad es aletheia –del griego, desvelar-, mientras que para Zubiri en realidad aletheia es retener, pues mientras se desvela se retiene el pasado.

 

            Según Heidegger, si nuestro pensamiento es verdadero porque se adecua a las cosas, también las cosas son verdaderas con la idea de Dios tiene de ellas; ésta es la visión clásica. San Agustín, Duns Scoto, marcan el concepto de la verdad clásica, ontológica. Por tanto es una adecuación de la verdad lógica con la ontológica. Para Santo Tomás la ciencia del hombre está medida por las cosas, pero las cosas están sujetas a la invención de Dios. Heidegger denuncia la verdad como adecuación como ontoteológica por lo que lo rechaza, al igual que rechaza la verdad como representación. En cambio, Heidegger defiende la presentificación; si no hay conocimiento de la realidad no habrá verdad, puesto que la verdad es conocimiento de hechos. La esencia de la verdad es el sentido del conocimiento, y las verdades son las experiencias del sujeto cognoscente.

 

 

 

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