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En no demasiadas ocasiones se presenta la ocasión de realizar un trabajo de investigación con cierta hondura dentro del aula. Y todos sabemos la causística tan heterogénea que se puede presentar y los elementos de consideración que pueden venir a no diseñar estrategias que más de una vez se sueña con ellas, que rayan lo etéreo y paradisíaco, pero bastante se tiene a veces con sobrevivir entre infinitas carpetas expedientarias o entre insostenibles y ordinarias realidades que, mal que bien, son superadas con más valentía y pundonor que otra cosa, o que se soslayan para no dar de bruces -que casi siempre es peligroso -, etcétera, etcétera. Por ello, es edificante inmiscuirse en un proyecto de investigación de historia local partiendo de bagajes rayanos con la nada en lo que a este punto toca, en un grupo más encaminado a disciplinas técnicas o mal llamadas científicas [¡cómo si las humanidades y el estudio social no lo fuera!], y en un tiempo entre visto y no visto (medio curso académico, y compartiendo con otras áreas y, dentro de Reflexión Ética y Vida Moral compaginando, a veces, con otros aspectos curriculares programados), y que todo terminó casi como en cuento de hadas: todos felices, exponiendo ante el público paisano, con un dossier de textos editados de un modo más que digno, con la puesta en escena virtual a través de la red de redes, y encima con ganas de seguir, porque como buenos aprendices de investigadores, ya no paran. Siempre queda algo por hacer, algo habrá detrás. Yendo a la división clásica en la que hoy se dividen los contenidos en la programación y evaluación, en esta presentación hay que referir algunas reflexiones que nos parecen especialmente reseñables:
En fin, creemos que Villaviciosa y el grupo de alumnos que han llevado a cabo al trabajo que a continuación se presenta cumplían una serie de requisitos envidiables para acometer esta aproximación a su estudio general. Algo se ha hecho, pero también se abren tantas perspectivas, que ahora es cuando uno tiene más la sensación de que queda todo por hacer. Por supuesto que no termina para nadie lo hecho, porque éste afortunadamente, y esa es la impresión que queda al que ha estado pilotando mejor o peor la nave, no deja de ser un cambio de rumbo para algunos y un primer trecho de un largo camino que queda por recorrer a todos. José Ramón Pedraza Coordinador del trabajo
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