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El Alcázar de Joaquín Romero Murube

 - Ruta literaria de un autor de la Generación del 27 -


 

              Justificación del Proyecto 

   Joaquín Romero Murube dirigió los destinos del Alcázar de Sevilla durante 35 años (1934-1969). Como consecuencia de su permanencia en estos reales lugares, aquí fraguó el poeta en gran medida su producción literaria y en numerosas ocasiones estos palacios y jardines se erigieron en auténticos protagonistas de sus escritos. Por ello hemos seleccionado 25 textos de su obra para ser recreados “in situ” por las personas que visiten el monumento y quieran hacerlo desde la perspectiva de la Literatura.(1)

  Esta Ruta literaria es la visión poética de un miembro de la Generación del 27 que vivió en el Alcázar y para el Alcázar.  El proyecto se convierte en una interesante y complementaria oferta, en la que apreciamos tanto el valor y la fuerza de la palabra, como las  destacadas anécdotas de singulares personajes que pasaron por el emblemático monumento sevillano. Vivencias únicas emanadas de una pluma prodigiosa, sabrosas lecturas ahora rescatadas ilustran el recorrido y enriquecen la amplia y rica oferta puesta a disposición del visitante.(2)

   El Real Alcázar de Sevilla, uno de los monumentos más importantes de la ciudad, ha sabido a lo largo de los siglos asumir su papel de privilegio en el dinamismo social, político y cultural de la capital andaluza.

  Además de su primigenia función de residencia Real de los monarcas españoles, el Alcázar a través del tiempo ha ejercido un  mecenazgo dinamizador en el ámbito literario y ha jugado un rol fundamental en el mundo de las Letras españolas.(3)

  Ya en el antiguo Dar al-Imara, Al-Mutadid convirtió su Corte en un recinto de fuerte vocación poética donde se educó el heredero, su hijo Al-Mutamid el mejor de los poetas en la España de los Taifas. El enamorado de Rumaykiyya instaló una academia literaria en el Alcázar al- Muwarak y en sus muros estucados se desarrolló por primera vez en España la tradicional poesía mural – epigráfica-.

   En el Palacio Gótico, con Alfonso X se establece la corte científica y literaria del Rey Sabio. El Libro de la montería de Alfonso XI se escribe en estos reales palacios.

   Pedro I reconstruye el Palacio Mudéjar y reanuda la vida literaria en la corte donde sobresale la figura de Ibn Jaldum. La dinastía Trastamara mantiene, aunque en menor medida, la corte literaria.

   En el Renacimiento tiene lugar en el Alcázar un acontecimiento que marca la historia y la literatura hispana; la boda del Emperador con Isabel de Portugal. Con motivo de este evento coinciden el embajador veneciano Andrea Navagiero, Baltasar de Castiglione -  nuncio del Papa -, Garcilaso de la Vega, el autor de las Églogas,  -gentilhombre del Emperador - y el tratadista de nuestras letras, el poeta Juan Boscán. Cuatro personalidades que serán los responsables de la introducción de la métrica renacentista, procedente de Italia, en nuestra literatura. Otra contribución de los Austrias en el siglo XVII será la construcción de un Corral de Comedias en el Patio de la Montería.

  Con la llegada de los borbones se representan en los salones del Alcázar las primeras óperas y se funda la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, afincada en este Real Palacio hasta los primeros años del siglo XX.

   En el siglo XVIII, el de la Ilustración, Francisco de Bruna y Ahumada y Pablo de Olavide dinamizan la vida literaria de Sevilla con enriquecedoras tertulias desde el Alcázar.

   La familia Montpensier ejerce su influencia y revitaliza el protagonismo de Sevilla y de su Palacio durante el siglo XIX.

  Será Joaquín Romero Murube en el siglo XX, el último exponente de esta dilatada tradición literaria en el Real Alcázar. El poeta de Los Palacios y Villafranca, tras ser nombrado Director-Conservador de estos reales palacios, reanuda los encuentros poéticos con el grupo “Mediodía” en el salón decimonónico de la China. Desde el  marco incomparable del Alcázar y sus jardines, el poeta va desgranando deliciosas Kasidas al añejo estilo oriental. Por su tertulia desfila una interminable lista de intelectuales.

  Cuando Sevilla inicia su etapa de desarrollismo y paralelamente comienza el periodo de destrucción y derribo, el escritor se erige en el único y gran defensor del patrimonio sevillano. Desde los periódicos denuncia, se opone y fustiga a las fuerzas políticas del momento con las que mantiene una desigual y quijotesca batalla.

  Por tradición, el Real Alcázar ha sido lugar de encuentro literario. Sirva esta Ruta como homenaje a la permanente vocación literaria demostrada por este histórico recinto y también como reconocimiento al espíritu poético de Joaquín Romero Murube que puso su vida al servicio del Real Alcázar.


 [1]Pulsando sobre los títulos se podrá ver un pequeño vídeo del lugar.

[3]Pulsando sobre el nombre de los personajes que van apareciendo, se enlaza con los vínculos correspondientes.

 

 

           Esta Ruta literaria se ha diseñado para que pueda hacerla cualquier tipo de persona, pero especialmente está pensada para los alumnos de Secundaria y Bachillerato. Por esta razón se inicia  la actividad por la Puerta de la Alcoba, lugar por donde empiezan su visita los escolares.

                        ACTIVIDADES PREVIAS

 Con algunos meses de antelación los alumnos realizarán una serie de actividades encaminadas a ponerlos en contacto con el escritor y con su obra.

 -         Conocer al escritor. Además de facilitarles una breve biografía, se les recomendará que lean otras de más amplitud que encontrarán en las siguientes publicaciones:       

         . Personajes históricos de Los Palacios y Villafranca.

         . Obra poética de Joaquín Romero Murube.

         . Joaquín Romero Murube. La luz y el horizonte.

         . Prosas líricas.

-         Realizar comentarios de textos que aparecen desarrollados en la página web de los IES Marismas y Joaquín Romero Murube.

-         Visualizar al menos uno de los tres audiovisuales:

             . Conocer a Joaquín Romero Murube.

             . Joaquín y Sevilla.

             . El Turdetano.

  

                A REALIZAR DURANTE EL RECORRIDO

 . Los alumnos, el día que hagan la Ruta literaria en el Alcázar llevarán un cuaderno de notas donde recogerán todos aquellos datos que consideren importantes para posteriormente poder responder al cuestionario que días después de realizar la ruta tendrán que contestar con la ayuda del cuadernillo que elaboraron. Habrá que prestar una atención especial a las explicaciones y aclaraciones del profesor porque de sus exposiciones saldrán numerosas preguntas del cuestionario.

 . En cada uno de los 25 lugares expresamente elegidos para recrear las vivencias o anécdotas a las que el escritor hace referencia, un alumno – distinto en cada punto -  leerá el texto seleccionado para ese lugar concreto.

. Pueden llevar cámara de vídeo o fotográfica con idea de conseguir documentación gráfica o audiovisual para ilustrar o bien obtener material para el posterior trabajo que habrán de realizar.

 

            ACTIVIDADES POSTERIORES AL RECORRIDO

 -         Contestar a un cuestionario establecido para comprobar si asimilaron los detalles del Paseo. 

-         Elaboración de un trabajo con los datos obtenidos el día que realizaron la actividad. Dicho trabajo puede estar enfocado desde distintas perspectivas: literaria, fotográfica, histórica, anecdótica, audiovisual, botánica, monumental, etc. Cada alumno afrontará su tarea desde el aspecto que le resulte más atractivo.

-         Exposición de los trabajos realizados. Se valorarán positivamente aquellos trabajos que aporten materiales fotográficos, audiovisuales y con soportes informáticos elaborados por ellos mismos.

 

EL PASEO

1.-En el exterior del Alcázar, en la entrada por la Puerta de la Alcoba.

  

Sevilla es la ciudad menos localista de España. Es una ciudad abierta, confiada y aparentemente alegre. Quien besa los labios de esta diosa indolente, ya nunca más puede huir de la seducción de sus encantos. Todos los pueblos, todas las razas pasaron por aquí y a todos sedujo el sortilegio de la ciudad.

 José María Izquierdo y Sevilla.

2.- En los jardines, antes de llegar al Laberinto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En uno de los últimos libros sobre jardines, aparecidos en España, se distinguen en los jardines del Alcázar sevillano tres zonas distintas: una la de jardines árabes, compuesta por la sucesión de patios que corren unidos por rejas, escalinatas y cancelas, junto a los muros del palacio – patio de la Danza, patio de la Galera, el Rústico, el del Príncipe -... Otra, renacentista, formada por aquel núcleo central de borduras de arrayán y boj, el más importante del conjunto, rodeado todo de verjas y portadas. Y la tercera, los jardines nuevos en los terrenos de la Huerta del Retiro, tras la muralla de los Grutescos. Pudieron añadir una cuarta zona de praderas y parques al estilo inglés en los terrenos que antiguamente ocuparon las huertas de la Alcoba y de la Alcobilla... En conjunto, todos estos patios, zonas y jardines, constituyen la muestra más acabada y perfecta del jardín hispanoárabe.

Sevilla en los labios.

 

3.- Dejando a la izquierda el laberinto y antes de llegar al Grutesco.

Miguel se había refugiado en el Alcázar, para seguir hacia Portugal. Una tarde, charlando distraídamente por los jardines, nos dimos de cara con el Generalísimo. Yo hice... lo que tenía que hacer: Presentarlos. Se estrecharon la mano... y Franco continuó su paseo...

 

 

4.- Cenador de Carlos V, construido con motivo de la boda del emperador con la infanta Isabel de Portugal   SITUACIÓN

    Es el mes de mayo y es en Sevilla. Son los Jardines del Alcázar. La emperatriz tiene una belleza cristalina – acordaos del retrato de Tiziano - concentrada principalmente en el color verdoso de los ojos y en la delgadez enhiesta y venusina de su figura. “Era la emperatriz – nos dice el cronista Alonso de Santa Cruz - blanca de rostro y de mirar honesto y poca habla y baja. Tenía los ojos grandes, la boca pequeña, la nariz aguileña, los pechos breves, la garganta alta y hermosa. Era de su condición mansa y retraído.

                     Los cielos que perdimos.

                                              Cuadros de Tiziano

 

 

 

5.-Maravilloso retrato descriptivo del  alma del rey don Pedro. En la Fuente de Neptuno.

Viven aún ciertas figuras y ciertos amores por estos jardines del Alcázar. ¡Don Pedro! Que nos perdonen los historiadores. Ni corona ni cetro. Mocito de Sevilla, niño de barrio con amores. Fino de cintura, aguileño, triste de amor y de sangre. Oía correr la fuente de sus jardines y se le encendía el pecho en recuerdos de mujeres. Por la noche chirriaban en la sombra los goznes de las cancelas. Tapias de cal. Bien valía su deseo un charco de sangre en las esquinas de los desafíos. Postigos que se abren a la media noche. Postigos que se cierran al alba. Veinte años, Veinticinco años desbocados, ardiéndole en pasiones por dentro de las venas. Siente la soledad hasta en las yemas de lo dedos. ¡Qué voz clara y lejana la del agua en los estanques! La noche de Sevilla provoca deseos aleonados. Este olor a jazmines calientes, este rumor de coplas y pechos femeninos que llegan de los barrios.

  Oía correr las fuentes de sus jardines -¡Las aguas llevan sus ojos!- y se le incendia el pecho en recuerdos de mujeres.

Sevilla en los labios.

 

6.-En estos jardines se produjo la entrevista de Boscán  y  Garcilaso de la Vega con los embajadores Castiglione y Navagero que motivó la introducción de los metros italianos  en la poesía española.- Jardín de las Damas.

    ¿Fue en estos jardines del Alcázar de Sevilla donde Garcilaso vio por primera vez a Isabel de Freire? ¡Lugar feliz y feliz incidencia que ha de motivar la voz más pura de la poesía española! El Navagero nos dice en el diario de su viaje por España y con referencia a estos días del imperial epitalamio: “Hay aquí en los jardines del Alcázar de Sevilla un patio de naranjos que es el sitio más apacible del mundo”.

                                                       Los cielos que perdimos.

Garcilaso de la Vega (selección)

Juan Boscán (selección)

  

 

 

 

7.- En los jardines hispano-musulmanes.

Por el fragmento de un poema árabe antiguo sabemos que el rey Almotamid gustaba del olor de los jazmines... ¿Qué resta en estos jardines de aquellos príncipes sevillanos crueles y poetas? Tal vez fuesen otros los jardines; pero por el fragmento de un poema sabemos que al rey Almotamid le enamoraban la blancura y el olor de los jazmines.

Sevilla en los labios.

 

8.-Frente al estanque de Mercurio, debajo de la arcada del Chorrón leyó Federico  García Lorca por vez primera el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejías".

 

Lo ha recordado el inmenso Jorge Guillén, en el prólogo a las “Obras Completas” de García Lorca: “Lectura maravillosa fue la del “Llanto” en el Alcázar de Sevilla, una tarde, primavera del 35. Con el poeta y el Sultán del Alcázar, Joaquín Romero Murube, nos encontrábamos unos pocos amigos de Ignacio Sánchez Mejías. No podía faltar Pepín Bello, tan querido por todos nosotros, gran humorista en acción, hoy retired humorist, como dice Chaplin en Limelight... Aquella elegía, aquella tarde, aquel jardín, aquellos amigos...”

 La Sevilla de Joaquín Romero Murube.

Llanto       Lorca en imágenes

9.- El grado de confianza y camaradería entre Federico y Joaquín llegó a ser tan fraternal como refleja esta carta.

(Frente al estanque de Mercurio)

   “Querido Federico. Eres un perfecto sinvergüenza: aún no has mandado los libros de Ignacio: aún no sabemos si has llegado a Madrid: aún está mi madre disgustada porque no has puesto unas letras diciendo que has llegado. Yo sigo haciendo la vaca cada día mejor. Da un abrazo a Pepe Caballero, otro a Neruda y otro lleno de gritos y ruido a Cotapo, tan fugaz en mi recuerdo. No termino sin llamarte otra vez sinvergüenza. Un abrazo, Joaquín.”

                                   Carta de Joaquín Romero Murube a Lorca.

Neruda: “Me gustas cuando callas”

Neruda (entrevista) 

10.- Entrada a la Galería del Grutesco.

    Paso a describirles la persona y la presencia de la Majestad Oriental de Transjordania. Y cuánto me duele que la realidad no me dé apoyo para una lírica y cromática parrafada. Pero el rey de los transjordanos es pequeñillo de cuerpo, menudo y sin aparato ni prosopopeya vestuaria que lo distinga o enaltezca suntuosamente sobre los demás mortales hijos de Alá. Esto a mi me defraudó poderosamente; y no quiera pensar cuánto más a mis braceros y peones, a los que exigí, sudé, reñí, animé, amonesté y ofrecí en la puntualidad y rapidez de sus trabajos, augurándoles la llegada y visita de un auténtico Rey de Oriente.

 

11.- Desde arriba, en el final de la Galería.

  Salió unos instantes a los jardinillos viejos que están costeros del Palacio. Por medio de un ministro y en idioma francés, me preguntaron si era cierto que en los jardines del Alcázar sevillano existían palmeras milenarias. Así, milenarias... La duda hubiera dejado muy mal a todos los reyes sevillanos empezando por el mismísimo Yusuf y terminando por mi colega en las celestes musas, gran Almotamid. Contesté con gran aplomo afirmativamente. Hubo un pequeño diálogo transjordánico entre el Rey y su intérprete. Me apretaban el cerco; Su Majestad quería saber cuál era la palmera más antigua. Yo, con una decisión que a mí mismo me asombraba, señalé la más alta entre las más lejanas. El Rey la miró larga, tierna y complacidamente. Después dirigió hacia mí su mirada con afecto y agradecimiento. Parecía contento. Yo suspiré. El honor y la vejez de las palmeras del Alcázar estaban a salvo. Toda esta escena duró poco más de un minuto. Pero yo sudé por todo un año.

Memoriales y divagaciones.

12.- El Jardín de los Poetas fue diseñado por Joaquín Romero Murube, junto a numerosas e importantes reformas en su etapa de Director

(Glorieta sur)

  Todas las tardes, al finar la jornada, Miguel León ha de pasar por las oficinas de los superiores de palacio para dar cuenta de los trabajos realizados durante el día, así como de cualquier otra novedad que merezca ser acusada.

 -¿Da usted su permiso?

 Miguel es ceremonioso y educado como suele serlo por naturaleza o intuición la gente del agro. Comienza su parlamento sin esperar que lo escuchen:

- A la paz de Dios. Hoy se ha regado el jardín del estanque y la costanilla de los almendros. Se están emparejando los cuadros del naranjal para labrar bien las acequias en los plantones nuevos. Faltó el hijo de Curro, que dicen que sigue con el dolor metido en los costados. Hay que comprar alambre y piedra de amolar para las azadas y escardillos. Han entrado tres volquetes de estiércol pasado... de otras cosas nada que mentar. ¡Bueno, sí!... He tenido que echar una “collerita”... Y si no manda usted otra cosa, hasta mañana, si Dios quiere.

Esto de “echar colleritas” llamó mi atención desde el primer día, y como no alcanzaba muy claramente su sentido, pedí una explicación sobre ello. Miguel fue entonces más explícito:

 - ...las colleritas, los novios o lo que sean... Gente desvergonzada que viene a los jardines para meterse manos con muy poco respeto. Si no los echa uno, terminan siempre haciendo indecentadas. ¿Cosas de la vida! ¡Lo que yo sé!

                                                     Discurso de la mentira.

13.- Fuente del Jardín de los Poetas.

 

 Vamos a ver, Miguel; quiero que hablemos un poco de las “colleritas”. Me parece que es usted excesivamente duro con esas personas que, casi a diario, amonesta e incluso expulsa del jardín. Me consta que muchas veces los hechos no llegan a mayores. Piense en que también usted fue joven alguna vez. Muchos de ellos son recién casados, gente ilusionada y amorosa que pasea por un jardín delicioso. El lugar invita un poco a la ternura y a la expansión sentimental. En ese caso la obligación del que lo ve es hacerse pasar desapercibido. Claro que esto es una cosa, y otra es que se cometan inmoralidades. Usted, que conoce mucho de la vida, según dice tantas veces, sabrá bien distinguir los dos extremos. Es decir; que no conviene ser exagerados por una parte, ni tampoco consentir desatinos ni extralimitaciones que ofendan a los más respetables sentimientos. Como regla, debemos adoptar un criterio prudente: ni molestar a aquellos paseantes que por sus circunstancias especiales son víctimas honestas de aquellos ámbitos, ni tolerar, desde luego, a los atrevidos y desconsiderados que ataquen a la moral con torpezas y liviandades. ¿Me entiendes?

- Perfectamente. Ya estoy en su pensamiento. Lo que no se puede consentir son los ataques a la moral. ¿No es así? Pues de acuerdo- contestó convencido.

  

14.- Glorieta Norte del Jardín de los Poetas.

  Pasaron varias fechas sin que hubiera que lamentar expulsiones ni desacato de ninguna clase. Pero cierto día, Miguel León dio, como de costumbre, cuenta de todos los trabajos, y al final, con gran naturalidad y sencillez, añadió:

- ...y he tenido que echar una “collerita”. Yo, le miré con asombro, pues creía que después de la conversación sobre aquel extremo su liberalidad para con las tiernas debilidades ajenas no daría lugar a nuevos desahucios.

-  ¿Qué han hecho, Miguel? -inquirí un poco sorprendido.

- ¿Qué han hecho?... ¡Casi nada! Estuvieron atacando a la moral lo menos cinco minutos seguidos.

                            Discurso de la mentira.

 

15.- En la Puerta de Marchena.

   

  Las largas y dulces ramas caían casi hasta la tierra como un fidelísimo velo de jade traslúcido. Me atrajiste con tus brazos. Pero yo asustada te dije:

-¿Y si alguien nos viera desde esas ventanas?

-Niña, ahí no vive nadie. Aquí no hay más que orejitas de hojas que no escuchan.

                                                     Diario de Anika.

16.-A la muerte de Cernuda, Romero Murube fue el único escritor en dedicarle un artículo en los periódicos de aquellos días. (Frente a la Placa dedicada a Cernuda, en el Jardín de la Alcobilla.) 

             

  Y hoy, la muerte. Cinco líneas perdidas en el noticiario de toda la tierra: “Ha muerto el poeta sevillano Luis Cernuda”... Es pronto para hablar de todo el sevillanismo que encierra la obra poética de Luis Cernuda... Poeta amargo, desolador. Un sevillano difícil abre en la moderna lírica española la cima más alucinante del desprecio... A esa tumba mejicana que guarda los restos de un raro, peregrino poeta de Sevilla, en este noviembre agrio y ventolero, con nuestra oración, enviamos un poco de humedad de calle, patio gris, y mármoles sevillanos. No hay flores. Aún no hay violetas, ni tulipanes amarillos tan bienquistos por el muerto. Lloran los últimos jazmines, ya sin alma de olor. Y un nardo postrero se ennegrece con el frío de lo que acaba.  

                      Los cielos que perdimos.

Luis Cernuda (selección)

Cernuda: Poema cantado1

Cernuda:Fotomontaje

17.- En los Jardines de la Alcobilla, antes de llegar al Apeadero.

  Escribía enojado Camilo José Cela con el Director del Alcázar en su libro Primer viaje andaluz:

   Al otro lado de la Plaza del Triunfo está el alcázar, entre torres y altas y sólidas murallas. El vagabundo, en el alcázar es amigo de un empleado al que llaman don Joaquín...

El motivo de la ofensa queda expuesto por Cela, quien después de narrar la invitación de Romero Murube “con gazpacho andaluz y cocido sevillano”, le ofrece un aromático habano de sortija:

  -¿Fuma usted puros?

  -Sí, a veces.

  Don Joaquín, espejo de anfitriones, preguntó al vagabundo por sus costumbres.

  -¿Tiene usted costumbre de dormir la siesta?

  El vagabundo, a quien la digestión no había nublado del todo el discernimiento, entendió los alcances de las palabras de Joaquín. El vagabundo, poniéndose en pie, se despidió lo más fino que pudo...

“Primer viaje andaluz” se publicó en 1959. No negamos nuestra curiosidad por conocer la reacción de Joaquín Romero, que quedó, como casi siempre, en una frase y una media sonrisa socarrona:

  -Nunca podré agradecérselo bastante. Así todos sabrán que, que gracias a ser empleado del Ayuntamiento, he podido librarme de pertenecer a la plantilla de la Censura Oficial, como tuvo que hacer el pobre Camilo.

  La Sevilla de Joaquín Romero Murube.

Entrevista a Camilo José Cela(1 de 5)

 

18.- Patio de la Montería frente a la fachada del Palacio del Rey don Pedro.

    La fachada del Palacio del Rey don Pedro estaba, por la parte baja, enterrada unos 60 centímetros, pues el nivel del patio había subido, como el de toda Sevilla, por mor de las arriadas.

Los cielos que perdimos.

 

 

 

 

 

 

19.- Frente a la escalera que hay entre el Cuarto del Almirante y la fachada del Rey don Pedro.

     A la hora de atardecer llegaron a estos palacios del rey don Pedro. Estaba yo a la puerta principal para ofrecer mis respetos y servicios a tan altas embajadas. El Ministro de Estado de España, don Ramón Serrano Súñer, hizo las presentaciones. Y yo quedé maravillado de la mocedad del conde Ciano, pues siempre espera uno encontrar en estos graves cargos del Estado personas ya cuajadas en años y experiencia. Aparenta tener poco más de 30 años.

 

 

Memoriales y divagaciones

 

 

 

 

 

20. En el mismo lugar.

          Y ocurrió algo, a los pocos momentos de la llegada  que me corroboró la impresión de juventud que el Ministro italiano había causado en mí desde los principios. Hechas las presentaciones nos encaminamos hacia la escalera principal del palacio que está a la mano izquierda de donde yo le aguardaba, para aposentar a cada señor en los departamentos que previamente habían sido acondicionados según la principalía y rango de cada uno. A la cabeza del grupo íbamos el conde Ciano, el Sr. Serrano Súñer y yo. Como la escalera es de fábrica suntuosa, tiene el gradería de muy escasa altura, y el conde comenzó a subirlo de dos en dos escalones. Le imité para o quedar retrasado en la llegada. Y al ver el conde que yo podía seguirle sin agobio amplió la marca y abarcó tres peldaños de cada empuje. Y yo le seguí igualmente. Y el conde miró de reojo y sacó fuerte la lengua hacia un lado, en su gesto peculiar.  Y brincó y subió los últimos tramos de cuatro en cuatro gradillas. Y yo le seguí muy frescamente, pues una crianza campesina me ha hecho duro de piernas y ágil de miembros. Y llegamos a un mismo compás arriba, aunque guardando yo, intencionadamente un leve retraso, porque a ello obliga la cortesía y los usos de ceremonia. Y el conde rió muy fuerte al llegar a lo más alto, y con más llaneza e ingenuidad me dio su mano como a un compañero de diablura o triunfo deportivo.

          El cortejo nos seguía lejos, con paso académico.

Memoriales y divagaciones

21.- Por el corredor que separa el Cuarto del Almirante del Palacio del rey don Pedro; yendo hacia la Casa del Asistente.

 

I

  Por palacios y jardines

a buscar a Don Joaquín.

 por el corredor al patio

lo vieron los mozos ir.

    Los ojos grandes y tristes,

aguileña la nariz.

  Por el estanque del Yeso,

  o en la pared del jazmín,

por el mirador del Rey

 o en la galería sin fin,

 pasó celando su sombra,

  mozos, ¿pasó por aquí?

 

22. En la arcada renacentista de la Logia de los Levíes.

           

 II

Con los moros almohades

cantaba en un alhamí,

y el Sultán lo condecora

con la orden Medjahuí.

Con Alifonso discute

la grafía marroquí,

y entre cántigas y leyes

oscurecen a Merlín.

Con Don Pedro caminaba

seguido de un alguacil,

  lo que Juan Diente no sepa

lo sabe el fino Joaquín.

Doña Isabel y Fernando

por su celo en el regir

le regalan capisayo

de damasco y un tahalí.

Lo despide Carlos V

  porque parte hacia Munich.

Lo nombra Carlos III

 hombre probo y muy civil.

 

23. A la derecha del rincón de la Logia de los Levíes, bajo la placa de mármol que recuerda los 35 años de estancia de Joaquín Romero Murube en el Alcázar.

III

  Cancionero de las flores,

laberinto del jardín,

siesta de las albahacas,

 limón lunario o de abril,

 por entre las clavellinas

el espliego o el benjuí,

en la mano una azucena

y en el pecho un alelí

pasó soñando el amigo,

flores, ¿pasó por aquí?

 

(Itinerario botánico)

 

24.En el mismo lugar que el anterior.

IV

Subido en las altas torres

miraba al Guadalquivir,

con cada barco que parte

él se quería partir.

Por las murallas de oro

 contra el cielo azul turquí,

con una amante de niebla

lo vieron ir y venir.

En el fondo del estanque

de culantrillo y marfil

 con sirenas de agua dulce

lo vieron, vago, dormir.

Los pájaros que volaban

decían “adiós, Joaquín”.

  Solo el aura de las flores

pregonaba su existir.

  ¡Decid cielos de Sevilla,

decid!, ¿se fue por ahí?

Kasida del olvido.

25.- En el exterior del Alcázar -Patio de Banderas-.Volviendo a la narración de Abdullah, el rey de Transjordania.

  El rey, fiel a su programa, dijo que había que salir cuanto antes, pues se acercaba la hora en la que tenía que orar. Estos menesteres religiosos los cumplimentaba en una salita exenta de moblaje que tenía apercibida en el hotel en sitio próximo a su dormitorio. Iniciamos la marcha hacia los patios de entrada, donde se hallaban los coches. Las tropas rindieron honores y el buen Abdullah partió de estos Alcázares. Al rato un edecán venía a comunicarme que S.M. me había condecorado con la Gran Cruz de la Libertad de Transjordania.

                                                      Discurso de la mentira. 

 

 

 

 

                   

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