IES MARISMAS         Los Palacios y Villafranca
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Concurso literario

                                                     Curso escolar 2006-07  (Con muestra del recital poético)

                                       Curso escolar 2005-06 (Incluidos en la revista)

Curso escolar 2004-05

Curso escolar 2003-04

ACTIVIDADES ESCOLARES

Curso escolar 2006-07

 

Curso escolar 2004-05

PRIMER CICLO.
POESÍA

Primer premio

Título: ¡Qué bien me siento!
Autor: Ana Caballero Pérez

Segundo premio

Título: Mi tierra
Autor: Alejandra Muñoz Cintas

 

PRIMER CICLO.
PROSA


Primer premio.

Título: Los ocho enigmas

Autor: Miriam Estévez Lázaro


Segundo premio

Título: De África a Andalucía
Autor: Alejandra Muñoz Cintas

SEGUNDO CICLO.
POESÍA

Primer premio.

Título: Sueño
Autor: Inmaculada Picossi Moguer

Segundo premio

Título: Andalucía sin fronteras
Autor: Federico Lorente Fernández

 

SEGUNDO CICLO.
PROSA


Primer premio.


Desierto

 

Segundo premio

Título: Historia de un emigrante
Autor: Inmaculada Muñoz Romero

 

Curso escolar 2003-04

PRIMER CICLO.
POESÍA

Primer premio

Título: Andalucía
Autor: Rocío Sotelo Muñoz

Segundo premio

Título: Andalucía-2º
Autor: Estefanía Hernández Guzmán

 

PRIMER CICLO.
PROSA


Primer premio.

Título: El olivo

Autor: Ana Belén González Pérez


Segundo premio

Título: Las penas y alegrías de mi abuela
Autor: Almudena Carneiro Barrera

 

SEGUNDO CICLO.
POESÍA

Primer premio.

Título: Fiestas populares de Andalucía
Autor: Federico Lorente Fernández

Segundo premio

Título: Y me iré...
Autor: Ana Sierra

 

SEGUNDO CICLO.
PROSA


Primer premio.

Título: Recuerdos de un exiliado
Autor: Antonio Jiménez García

 

Segundo premio

Título: La hospitalidad de mi tierra
Autor: Isabel María García Caballero


 

 

CURSO ESCOLAR 2004-05

 

PRIMER CICLO.
POESÍA

Primer premio

Título: ¡Qué bien me siento!
Autor: Ana Caballero Pérez
¡Qué bien me siento!

Juguetes con los que puedo jugar.
Una comida que puedo saborear cada día que pasa.
Una familia que me ayuda en lo imposible.
Libros con los que puedo estudiar.

¡Qué bien me siento!

Unas amigas en quienes confiar.
Una mascota a la que puedo transmitir sentimientos.
Una cama maravillosa donde me embarco cada noche en un sueño.
Una habitación preciosa donde me desahogo cuando estoy triste.

¡Qué bien me siento!

Salir a la calle y respirar aire fresco.
Ver la televisión escuchando romper los truenos.
Cerrar los ojos e imaginarme la brisa en la cara.
Un libro donde voy leyendo palabras que me llevan a diferentes aventuras.

¡Qué bien me siento!

Arena de playa rozando mis pies.
Frío de la montaña helando mi cara.
Flores de primavera volando en el cielo azul.
Hojas marrones de otoño caídas en el suelo.

¡Qué bien me siento!

 

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Segundo premio

Título: Mi tierra
Autor: Alejandra Muñoz Cintas

Sus tierras y mares no tienen comparación.
Regadas por el Guadiana y el Guadalquivir.
Sus fértiles campos producen riqueza…
Ocho provincias la forman a cual mejor:
Sevilla, azul cielo, mezcla de olor a incienso y azahar;
Jaén, precioso paisaje de olivar;
Granada, recuerdo de otras civilizaciones;
Almería, dorada, mar de plástico;
Málaga nos dio a un genial pintor;
Córdoba, su gente y su mezquita son joyas sin igual…

¡Qué gran tierra me vio nacer!
¡Qué gran orgullo poder crecer entre tanta belleza!
Belleza por fuera y belleza por dentro.

Desde Jaén a Cádiz, desde Huelva a Almería,
Sus blancos pueblos reflejan el sol.

¿Quién lo cambiaría?


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PRIMER CICLO.
PROSA


Primer premio.

Título: Los ocho enigmas

Autor: Miriam Estévez Lázaro

Hace poco tiempo, menos de lo que te puedes imaginar, cerca del sitio donde tú vives, Sevilla, vivía un chico llamado Jesús. Era un chaval alto, fuerte y delgado. Su pelo era claro como los rayos de sol que nos iluminan y sus ojos dos remolinos celestes y verdes. De piel clara y sonrisa amable… Este muchacho andaluz era simpático, amable, cariñoso, divertido, inteligente y, sobre todo, muy aventurero y curioso.

Cuando a  Jesús  alguna pregunta le causaba interés, por muy absurda que fuera, buscaba la respuesta en grandes aventuras.

El padre de Jesús era un comerciante muy rico y su madre, ama de casa. Vivían de su trabajo y Jesús en sus estudios.

Un día, en la escuela, la maestra llevó a sus alumnos a ver un pequeño museo de la ciudad. Jesús lo recorrió junto a sus amigos; su “panda” estaba compuesta por Alvarito, su mejor amigo, Lola y Antonio.

Durante el trayecto fue todo con normalidad: todas las esculturas, pinturas y demás objetos de arte tenían su lógica; pero no sólo había en este museo objetos cercanos en el tiempo; también se exponían otros pertenecientes a épocas mucho más antiguas.

Cuando iba por la mitad de un gran pasillo del museo observaron un objeto que estaba expuesto, que era muy antiguo y que –por lo que se veía- perteneció a Isabel la Católica. Era una tabla de cerámica en la que se podían apreciar unos versos grabados que decían:

<<Tres barcos hacia otro mundo;
donde se observa el brillo del río;
entre bailes y locos;
donde rezan los moros;
leones en conjunto,
nace el niño de Andalucía;
la muerte más antigua de los toros;
el calor de Andalucía te derrite.>>

Jesús se interesó por este mensaje grabado -como ya he dicho, era un muchacho muy curioso-, y preguntó a su “profe” de qué trataba.

-Este grabado fue encontrado por unos arqueólogos en Granada –dijo la profesora con cara misteriosa-. Afirmaban que era un mensaje de Isabel la Católica; pero no saben de qué se trataba y tampoco deberíais interesaros tanto, pues es una cosa sin utilidad.

A pesar de lo aconsejado, Jesús mostró mucho interés por aquel mensaje. Pesó que podría ser un enigma cuya solución le llevaría al hallazgo de algún tesoro que habría escondido la reina con la esperanza de que algún buen andaluz lo encontrase.


Durante el resto de la visita, Jesús no mostró interés por ninguna obra, pues sólo pensaba en aquel misterioso mensaje.

Os preguntaréis por qué no hizo caso a lo que dijo su profesora: “… es una cosa sin utilidad…” Él pensaba que si no tenía utilidad, ¿por qué escribió este mensaje tan extraño?

Se interesó tanto que incluso copió el mensaje en su cuaderno. Al día siguiente seguía bastante pensativo y Lola se preocupó y le preguntó:

-Jesús, ¿qué te pasa, amigo? No te quiero ver así.

Lola era una chica muy dulce y agradable con todo el mundo. Su pelo moreno y negro, muy negro era como la noche; sus ojos, verdes como las hojas de las plantas en primavera, y sus labios rojos como la sangre de las venas. Su cara era morena y fina. No era ni muy alta ni muy baja. Activa, inteligente, cariñosa, estudiosa, simpática y muy educada. Jesús le contó todo lo que le pasaba, y ella le contestó:

-A mí también me parece sospechoso; pero no te preocupes, investigaremos.

Antonio y Álvaro quisieron ayudar también. Empezaron por el primer verso: <<Tres barcos hacia otro mundo…>>

Jesús y los demás pensaron en los tres barcos… Esa mañana en el colegio la maestra contó la historia de Cristóbal Colón. Les habló sobre las tres carabelas: La santa María, la Pinta y la Niña, con las que descubrió un nuevo continente: América. En ese momento, Jesús y Lola se miraron porque los dos pensaban lo mismo: <<Tres barcos descubren un nuevo mundo…>>. Quería decir que, con las tres carabelas, se descubrió América.

Cuando acabaron las clases, los cuatro tenían la intención de preparar un viaje a Huelva; pretendían recorrer todas sus playas para ver si encontraban alguna pista más. Recorrieron y recorrieron la costa hasta llegar al faro de la playa de Isla Antilla. En la puerta había un cartel también hecho de cerámica, que era un trozo de mapa. Alvarito lo cogió disimuladamente y se lo llevó.

Los cuatro continuaron con sus investigaciones hasta que poco a poco descifraron el mensaje. Tardaron una semana en conseguirlo. La solución al enigma se encontraba en varias  pistas: una en la playas de Huelva desde donde zarparon las tres carabelas de Colón (“Tres barcos hacia otro mundo”); otra estaba grabada en una campana de la Giralda, en Sevilla (“Donde se observa el brillo del río”); la siguiente la tenía un hombre que cantaba chirigotas en los carnavales de Cádiz (“Entre bailes y locos”); otra se hallaba debajo de la estatua del becerro que se encuentra en la mezquita de Córdoba (“Donde rezan los moros”); la siguiente se encontraba en el Patio de los Leones de la Alambra de Granada (“Leones en conjunto”); otra más en un cofre escondido entre las rocas donde nace el Guadalquivir (“Nace el niño de Andalucía”); en la plaza de toros de Ronda, de Málaga, se encontraba una nueva (“La muerte más antigua de los toros”); y la última se hallaba en el desierto de Tabernas, en Almería (“El color de Andalucía te derrite”).

Jesús y los demás fueron por cada una de las ocho provincias buscando las ocho pistas. Todos eran trozos de algún mapa, y la unión de sus piezas formaba un mapa del tesoro.  En éste estaba señalado un punto que parecía ser donde se encontraba… donde se encontraba la solución a sus dudas. Según el Mapa del Tesoro se hallaba en Medina Azahara: Las ruinas de los moros que están en Córdoba.

Jesús, Lola, Álvaro y Antonio llamaron a su profesora y le explicaron todo lo que les había pasado, y ésta avisó a los arqueólogos del museo que habían visitado.

El tesoro se encontró; era un cofre lleno de ducados, la moneda de entonces. Fue a parar al museo arqueológico más importante de España, y los chicos se hicieron famosos con el nombre de JÓVENES DESCUBRIDORES.

Y tú ya sabes que si sospecharas de algo debes investigar,  pues podrías hacer un gran descubrimiento como el de Cristóbal Colón o como el de estos chavales que con tesón descubrieron… ¡Si yo os contara!

 

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Segundo premio

Título: De África a Andalucía
Autor: Alejandra Muñoz Cintas

Souliu Bekemala. Ese es el nombre con el que he pasado miles de historias que, seguro, te interesaría conocer:

 1970, Niurca Luskio da a luz a su cuarto hijo en África, es decir, yo.
A los dos años de yo nacer, mi madre da a luz a su quinto hijo: Haylla, mi hermano. Pocos días después mi madre agonizaba tras la falta de servicios médicos en la pequeña aldea donde habitábamos, sus últimas palabras fueron:

-Souliu. Tú que eres el más responsable de mis cinco hijos, cuida de tu hermano Haylla.

Y esa fue la última vez que escuché su desvalida voz.

Unos meses después mi hermano Melo y mi hermana Guiana, que eran los mayores, murieron asesinados por deudas pasadas de mi pobre madre. Sólo quedamos mis hermanas Aída y Haylla, mi padre y yo. Entonces fue cuando mi padre reaccionó decidiendo pedir dinero prestado a su familia. Una semana después de tomar la decisión, iniciamos el viaje. Fue muy largo y penoso; días enteros en autobús y finalmente andando hasta llegar a la costa marroquí. Allí nos reunimos con otras personas de distintos países cercanos al nuestro, todos diferentes, pero todos con el mismo objetivo: llegar a España.

Al anochecer embarcamos en la patera; íbamos más de cuarenta personas en un pequeño espacio; parecíamos sardinas enlatadas.

Era una noche fría y el cielo estaba estrellado.

Transcurrida una hora, estaba empapado por las olas. El cuerpo lo tenía helado. La travesía se hacía interminable… De pronto empezamos a ver pequeñas lucecitas al fondo. ¡Por fin!... Vimos la costa andaluza. ¡Estábamos salvados!

Amanecía cuando desembarcamos en la playa. Todo fue muy rápido. Nos cambiamos la ropa empapada y salimos corriendo para que no nos atrapara la policía. Al parecer otra patera había llegado ya, pues se veían en la arena las huellas descalzas de otros inmigrantes ilegales.
Tras huir corriendo un par de kilómetros con Haylla en mis brazos, nos paramos en un campo en el que había una nave abandonada; para nosotros, una gran mansión. Nos quedamos allí durante unos dos meses hasta que nos echaron y la derribaron… Para alimentarnos recogíamos los desechos que encontrábamos en la basura.  Con lo que la gente tiraba, podría vivir en mi país una familia entera. También, hay que decirlo, tomábamos “prestadas” alguna que otra gallina de fincas que encontramos.

Como nos echaron de la nave, tuvimos que buscar otro lugar, y para ello caminábamos kilómetros y kilómetros hasta que nos encontramos con un agradable señor que nos dijo:

-¡Eh!, vengan ustedes aquí; móntense los cuatro en el coche, que voy hacia Sevilla y allí seguro que encontrarán trabajo. ¿Vamos! ¿A qué esperan?

Sin pensarlo un segundo más, nos montamos los cuatro; mi padre no estaba muy seguro, pero finalmente se decidió.

Cuando llegamos a Sevilla todos nos quedamos sorprendidos de su belleza; nos llamaba la atención una torre que destacaba sobre la ciudad y que más tarde supimos que se trataba de la torre llamada “La Giralda”. Había una calle adornada de palmeras que me trajo recuerdos de mi país, un lugar rodeado de vides trabajadas por gentes simpáticas y agradables.

Por mediación de Luis, que así se llamaba el señor que nos trajo a Sevilla, mi padre y mi hermana Aída consiguieron trabajo en una gran tienda de ropa, y con el dinero que reunimos alquilamos un pequeño piso en el que yo permanecía largos períodos de tiempo cuidando de mi hermano Haylla.

Con el paso del tiempo, mi padre logró independizarse y se dedicó a la venta ambulante por los pueblos de Andalucía; todos le acompañábamos porque había que ayudar a papá. Conocimos infinidad de lugares bonitos, acogedores, como los pueblos blancos de Cádiz, los situados en las maravillosas playas de Huelva…

Hoy en día tengo treinta y tres años y me encuentro felizmente casado con una mujer española. Tengo mi propio negocio. Estoy muy agradecido al pueblo andaluz que me acogió como uno más. Ahora intento ayudar a inmigrantes que vienen hacia estas tierras.


 

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SEGUNDO CICLO.
POESÍA

Primer premio.

Título: Sueño
Autor: Inmaculada Picossi Moguer

Anoche tuve un sueño. Soñé con un mundo imaginario; un mundo que alcanzaba el límite de lo imposible.
Soñé que paseaba por un desierto en el que en la lejanía había un pequeño pueblo del antiguo oeste.
Soñé que escalaba una montaña que rozaba el cielo y cuando llegué a su cima vi la nieve más blanca mezclada con el más puro y precioso mar de nubes.
Soñé que andaba entre campos de olivos sin fin y que asistía al nacimiento de un río bastante sabio cuyo rumor contaba las más bonitas historias.
Soñé que me bañaba en aguas puras, cristalinas y frías y que unas ninfas jugaron conmigo.
Soñé que anduve entre grandes patios viejos con las paredes llenas de flores que escondían dulces hadas.
Soñé que nadaba entre aguas tibias y di un paseo por unas playas fantásticas donde vi correr a los más bellos caballos.
Soñé que me movía entre azahares y que su dulce olor mezclado con incienso me envolvía eternamente.
Soñé que estaba en una aldea, muerta en invierno, viva en primavera, cuando repicaban las campanas y miles de peregrinos se acercaban a ver a una preciosa pastora.
Soñé con ese mundo fantástico al que no pude entonces poner nombre…; pero ahora caigo en la cuenta de que hay uno perfecto: ANDALUCÍA.

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Segundo premio

Título: Andalucía sin fronteras
Autor: Federico Lorente Fernández

Me gustaría escribir
Algo de Andalucía,
Sin tópicos, sin ambición,
Con sentimiento: una poesía.

Que exprese con hidalguía
Con sinceridad y temple
La grandeza de esta tierra,
La hospitalidad de su gente.

Desde siglos ya remotos
Fuimos pueblo conquistado
Y con todos, sin problema,
Convivimos como hermanos.

De todos ellos aprendimos
Su cultura, su saber,
Sus costumbres, su lenguaje,
Su forma de proceder.

No olvidemos el pasado
Y abramos el corazón
A todo el que de lejos llega
Buscando comprensión.

No importa que sea rumano,
Marroquí o de otra nación,
Que tenga la piel oscura,
Que hable la lengua o no.

Que aquí no existan prejuicios,
Aduanas ni fronteras,
Todos sean bien recibidos,
Todos de buena manera.

Sea Andalucía por eso,
Un espejo, un crisol,
Donde quepa cada uno,
Donde quepan un montón.

Pues no es hora de divisiones,
De diferencias, de enemistad,
Es hora de estar unidos
De caminar a la par.

Sigamos los andaluces
Siendo un pueblo ejemplar,
De tolerancia y respeto,
De acogida y amistad.

Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad.
¡Qué corazón tan grande
quien lo siente de verdad!

 

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SEGUNDO CICLO.
PROSA


Primer premio.


Desierto

 

Segundo premio

Título: Historia de un emigrante
Autor: Inmaculada Muñoz Romero

He logrado llegar, esquivar a la policía, luchar contra grandes olas, salvar mi vida en el mar, y llegar a tierra desconocida.

No sabía donde me encontraba; corría y corría sin ningún rumbo fijo. A lo lejos vi un gran cartel (sé leer y escribir perfectamente) donde había escrito: “BIENVENIDO A HUELVA”, y allí empezó mi aventura.

Al llegar a Huelva contemplé los enormes campos vestidos de rojo y con ese olor a riquísima fresa. Lo único que yo quería era un trabajo, y vi un cartel en el que ponía: “Se necesita gente para trabajar en la fresa”; y allí fui yo, a la fresa. Era un trabajo duro y poco remunerado, así que después de varios meses decidí marcharme. Mi dinero era escaso y me trasladé a un lugar muy cercano: Cádiz.

Llegué a esta tierra iluminada de fiesta. Era febrero y presencié algo que nunca pude ver. el carnaval. ¡Menudo arte! Encontré trabajo en la hostelería, de camarero; algo duro y mal pagado. Un señor me dijo que en Málaga había mucho trabajo como pescador, así que decidí marcharme allí.

Ya en  Málaga… ¡Ummmm!, aquel olorcito a pescado frito y a Semana Santa me cautivó. ¡Qué gusto! Estuve trabajando varios meses pescando, pero lo tuve que dejar; aquello del agua me impresionaba demasiado. Mi enfrentamiento con el agua había sido tan duro y había visto morir a tantos y tantos amigos, que me sentí muy mal. Me fui de allí y llegué a Granada.

En  esta ciudad vi por primera vez ese manto blanco que cubre los campos verdes y las altas montañas llamado nieve. Trabajé como frutero, pero al haber sido criado en sitios cálidos, el frío me afectaba bastante y tuve que marcharme.

Seguí adelante y entré en Almería, provincia de playas limpias y frías. No pude quedarme allí porque hay demasiados inmigrantes y poco trabajo; y seguí mi camino hacia Córdoba, donde no estuve mucho tiempo por la escasez de trabajo; la cosecha de cereales se había dado muy mal. El mal tiempo afectó también a Jaén, donde igualmente no había trabajo. Mi última esperanza, Sevilla.

En Sevilla, no sé por qué, pero cuando iba entrando notaba el calor de la gente; algo muy difícil de explicar. Llegué cuando estaba la Feria; las mujeres vestidas de gitanas y los coches de caballos llenaban las calles. Fui a vivir a un pueblo cercano llamado Los Palacios que tenía mucho trabajo en la agricultura, y me instalé allí.

Hoy en día tengo mi propio negocio, un bar. Soy inmigrante que viene de lejos, pero me considero y me siento andaluz, sevillano y, por supuesto, palaciego.

 


 

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CURSO ESCOLAR 2003-04

PRIMER CICLO.
PROSA
Primer premio.

Título: “El olivo

Autor: Ana Belén González Pérez


Hacía calor y el sol lucía radiante en un cielo azul. El hombre sudaba sembrando un pequeño olivo que, con mimo, regaba y cuidaba junto a pinares y encinas.
El olivo creció y se hizo grande y hermoso, pero se encontraba solo; echaba de menos al hombre que lo cuidaba; se alegraba cada vez que escuchaba su tractor.

Aquella mañana era distinta, había un olor a pólvora y unos extraños ruidos, eran cohetes que se oían en la lejanía. El olivo se puso contento al oír los relinchos de los caballos, las palmas y las canciones de aquella gente. Pudo ver a un hombre vestido con el traje típico andaluz, de chaquetilla corta y sombrero de ala ancha que guiaba una carreta muy adornada; trajes de volantes de vivos colores... ¡Envidia sentía de las flores del campo que prendían del pelo de las chiquillas!

El olivo impaciente estiró sus ramas invitándolos, por el fuerte calor, a cobijarse en su sombra. Pusieron mantas debajo de él en la fresca hierba que el rocío se había encargado de humedecer. En las ramas colocaron una cuerda formando un columpio y en él se mecían los niños con juegos alegres. Las guitarras, las palmas y las canciones sonaban con los estruendos de los cohetes y el flautín de los romeros. Aquello le alegró en lo más hondo de su alma y pensó: ¡Es el día más feliz de mi vida! ¡Para esto he nacido, bendita Andalucía que llena de alegría los campos cada año en primavera con sus romerías y fiestas!

Recordaba cuando el hombre que lo plantó vino a la recogida de la aceituna y escuchó que era la romería del pueblo. El olivo, en las noches de invierno y de heladas, se da calor con sus recuerdos y dice: ¡Ya vendrá la primavera y con ella el buen tiempo y su gente con canciones que me llenarán el corazón!

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PRIMER CICLO.
PROSA
Segundo premio

Título: “Las penas y alegrías de mi abuela
Autor: Almudena Carneiro Barrera

 

Mi abuela nació en Puerto Serrano, Andalucía. Durante largos años de su vida vivió allí, hasta que por fin conoció a mi abuelo José.

Se casó y, con la ayuda de algunos familiares, para olvidar un poco su vida de trabajo, se fue a vivir a Francia aunque con un poco de pena porque en el mismo lugar donde lo había pasado mal, también tenía sus buenos recuerdos: los campos verdes, las flores y, sobre todo, sus familiares.

Cuando tuvo a cuatro de mis tíos, como echaba de menos a Andalucía, veraneaba en ésta y, aunque todos venían en coche apretujados, por venir se soportaba todo.

Más tarde mi abuela y mi abuelo como querían que sus hijos vieran cómo es la vida en Andalucía, cómo se disfruta en estas tierra fértiles y buenas, decidieron que vendrían a Los Palacios.
Allí, en Francia, aunque estaban bien, no tenían mucho dinero, y debían alimentar a cuatro hijos, y como Andalucía posee muchas y buenas tierras, pensaron que sería mejor cambiar de aires.

Una vez aquí, tuvieron otros cuatro hijos, vivieron y viven felices y, de vez en cuando, se reúne la familia y cuentan su estancia en Francia, aunque opinan que aquí se vive mejor.

Hay una cosa que nunca olvidan: Que son andaluces y siempre lo serán (por algo será).

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PRIMER CICLO.
POESÍA

Primer premio

Título: “Andalucía
Autor: Rocío Sotelo Muñoz

 

Andalucía, tierra mía,
Andalucía, tierra de arte,
Andalucía, tierra de cultura
Y de alegres ciudades.

Andalucía, blanca y verde,
De gente buena y sencilla,
De alegres paisajes,
Desde la sierra a la campiña.

Andalucía mora y cristiana,
Cuna de arte y salero,
Donde hay muchos cantaores
Y muy buenos toreros.

Andalucía, madre de ocho hermanas:
Sevilla, Cádiz, Huelva, Jaén,
Málaga, Granada, Córdoba y Almería.
¡Cada una se merece una poesía!

Sevilla, ciudad de cultura y arte,
De donde nacen pueblos
Y florecen calles...
¡A Sevilla la quiero más que a nadie!

Cádiz, a la orilla del mar,
De espuma plateada
Y arena fina y dorada...
Cádiz carnavalera y pesquera.

Huelva, madre del fandango,
Rociera y almonteña
Desde donde partió Colón
Para descubrir las américas.

Jaén, tierra jornalera,
De campos de olivos
Y de gentes buenas.

Málaga dorada,
De playas de ensueño,
De luna plateada,
De noches mágicas y embrujadas.

Granada, Sierra Nevada,
Desde el Albaicín y La Alhambra...
¡Granada, ciudad guapa!

Córdoba sultana y mora,
Cuna de la alfarería,
De grandes pintores
Como Julio Romero de Torres.

Almería, Almería,
Tierra de invernaderos
Entre la sierra
y la mina.

He aquí las ocho hermanas
Hijas de una madre, madre
Con arte, llena de color,
Perfumada por sus plantas,
Con su agua cristalina...
¡He aquí Andalucía!

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PRIMER CICLO.
POESÍA
Segundo premio

Título: "Andalucía-2º
Autor: Estefanía Hernández Guzmán

 

¡Te quiero Andalucía!
Playas, pinares, melancolías;
Pueblos, carreteras de romería,
Aldeas escondidas en la serranía...
¡Te quiero, Andalucía!

Bruja de noche, blanca de día;
Llena de tierra vacía,
Tristeza, llantos y poesía.

¡Cuánto te quiero, Andalucía!
¡La vida entera por ti daría!
¡Cuánto te quiero, Andalucía!

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CURSO ESCOLAR 2003-04

 

 

SEGUNDO CICLO.
PROSA
Primer premio

Título: Recuerdos de un exiliado
Autor: Antonio Jiménez García


Desde aquel día no encuentro explicación a la vida; siento que todo lo que me rodea es nada, un vacío infinito que se va agrandando con el paso de los años. Cuando anochece, encuentro añoranzas de épocas pasadas que intento ahogar entre suspiros amargos.
Solo, sin nadie aquí, la soledad es mi aliada, mi mejor compañera; compartimos las gélidas noches; sólo me escucha, no me responde, y, si lo hace, el leve susurro me traiciona.
Nada se mueve ante tantos recuerdos ausentes. El corazón no late, sólo siente recuerdos que no abraza. El silencio está presente, es inerte, conmovido. La oscuridad me envuelve sin más, impotente, al ver la tristeza que hunde mis ojos. Cargado de nostalgia, duermo. Sabiendo lo que el siguiente día me aguarda.

Me despierto y espero hasta el anochecer. Ha llegado mi hora, aguardo con sigilo el momento. Un escalofrío recorre mi cuerpo hasta congelar mi alma. La esperanza, ya perdida, no me acompaña; nunca me acompañó en nada. Prefiero morir que vivir fuera de mi tierra, expulsado, exiliado. Hablo con la luna, pero no dice nada; hablo con los pájaros pero no me cantan; nada me habla, nada habla; y yo ya no hablo. El vacío corrompe mi cuerpo, la nostalgia es su aliada. Un grito rompe mi alma: ¡Andalucía!

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SEGUNDO CICLO.
PROSA
Segundo premio.

Título: La hospitalidad de mi tierra
Autor: Isabel María García Caballero


Navegaban a la deriva por las costas de Huelva cuando en la mitad de la noche su bote sin rumbo llegó a tierra firme. Los jóvenes aventureros procedían de Marruecos. Muertos de miedo, en sus cuerpos una gran intranquilidad reinaba; palpitaban fuertemente sus corazones porque llegaban a una tierra de la que no conocían nada.

Nadie les vio llegar a la playa. Los chicos se refugiaron bajo los arbustos que encontraron en las dunas. Allí pasaron la cálida noche; noche en la que imaginaban la nueva vida que les esperaría. Tenían alguna idea por comentarios e historias que muchas personas de su país contaban, historias de un lugar imposible e inalcanzable para ellos, jóvenes oprimidos por la dictadura de su país.

Mohamed y Aziz se miraban fijamente. No necesitaban palabras para comunicarse lo que sentían. Era lo que desde pequeños habían deseado, y a sus diecisiete años lo habían conseguido. Atrás dejaban a sus familiares, sus costumbres y todo aquello que ya echaban de menos. Rompieron en llanto y los dos amigos se abrazaron para compartir sentimientos que en sus adentros estaban produciéndose.

Pronto amanecería y ya los primeros rayos del cálido sol iluminarían los rostros cansados de Mohamed y Aziz.

En cuanto sintieron la débil claridad que por el horizonte nacía, los chicos se despertaron, y sin creer en dónde se hallaban, comenzaron a caminar, dejando detrás la playa en la que pasaron la noche, para llegar a un lugar donde encontrar algo que llevarse a la boca.

Mohamed y Aziz caminaban y caminaban entre pinares; sus estómagos empezaban a dar señales, estaban hambrientos. En los alrededores no encontraban nada que les saciara el hambre y la sed. Cuando ya sus sentidos empezaron a flaquear, se abrieron ante ellos grandes campos sembrados de fresas. Ambos se arrodillaron junto a un surco de dichos cultivos y, bajo los plásticos, encontraron algo maravilloso que les quitaba la sed; esos bocados dulces les animaban a proseguir bajo el incandescente sol.

En la lejanía, un grupo de recolectores de fresas les llamó la atención al comprobar que los jóvenes robaban sus frutos. Los chicos no reaccionaron de ninguna forma ante la llamada de aquellas personas, pues no entendían su idioma. Mohamed y Aziz se acercaron y, cuando se encontraron ante ellos, se miraron fijamente. No pasó mucho tiempo cuando Juan, uno de los recolectores, comenzó a reírse al ver a aquellos atemorizados e indefensos chicos. Empezaron estos a chapurrear palabras y, con gestos, le explicaron a Juan su situación. El hombre entendió que los jóvenes no tenían nada y que aquel mundo que se les presentaba no les era todo lo bonito y confortable que en realidad habían pensado. Juan los acomodó en su casa. Su mujer e hijos compartían la decisión del padre.

Ellos no imaginaban por qué aquella familia andaluza les trataba tan bien a cambio de nada; y aunque no tenía explicación, intentaban agradecer la hospitalidad de la que eran objeto ayudando a Juan en la recolección diaria.

Mohamed y Aziz disfrutaron de aquella vida y, aunque lejos de su tierra querida y de sus familias, ahora compartían algo que jamás habrían imaginado que harían con nadie, y era la cultura y el amor que entregaban a su nueva familia.

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SEGUNDO CICLO.
POESÍA
Primer premio.

Título: Fiestas populares de Andalucía
Autor: Federico Lorente Fernández


En las tierras cortas y frías
Del invierno, que aún perdura
Entre sedas de colores,
Entre alambres y cordeles
Se entremezclan sin descanso
Los murmullos de mujeres,
Que con gracia y con salero
Ven salir de entre sus manos
Flores, rosas y claveles
Salpicados de alegría
Perfumados de azahares.

Se acerca pronto la fecha,
Hay que echarse a la calle,
Hay que engalanar las puertas
Hay que adornar el aire.

Con mantones y abanicos
Con macetas y canciones
Con guirnaldas y pañuelos
Con mil flores de colores.

Ya está la cruz en medio
Ya está puesta con esmero,
Ya está en su sitio clavada
Ya se yergue hasta el cielo.

La fiesta ya ha comenzado
Ya ha comenzado el jaleo
¡Salid, a la calle, gente!
Salid, alegres palaciegos!
Que en la noche ya se escucha
Los acordes y el rasgueo
De bailes por sevillanas,
Copas, palmas, taconeo.

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SEGUNDO CICLO.
POESÍA
Segundo premio

Título: Y me iré...
Autor: Ana Sierra

Y me iré,
Dejando mis huellas
Para volver.

Sin llorar,
Sentiré la vida
Cómo se va.

Sin sentir,
Se quedarán mis recuerdos
Junto a ti.

Me dolerán
Las calles anchas, frías
Al caminar.

Girará
La veleta del destino
Dejándome atrás

En soledad,
Acompañado sólo
Por la gran ciudad,

Deambularé
Dando tumbos
En el ayer.

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