CURSO ESCOLAR 2004-05
PRIMER CICLO.
POESÍA
Primer premio
Título: ¡Qué
bien me siento!
Autor: Ana Caballero Pérez
¡Qué bien me siento!
Juguetes con los
que puedo jugar.
Una comida que puedo saborear cada día que pasa.
Una familia que me ayuda en lo imposible.
Libros con los que puedo estudiar.
¡Qué bien me siento!
Unas amigas en
quienes confiar.
Una mascota a la que puedo transmitir sentimientos.
Una cama maravillosa donde me embarco cada noche en un sueño.
Una habitación preciosa donde me desahogo cuando estoy triste.
¡Qué bien me siento!
Salir a la calle y
respirar aire fresco.
Ver la televisión escuchando romper los truenos.
Cerrar los ojos e imaginarme la brisa en la cara.
Un libro donde voy leyendo palabras que me llevan a diferentes
aventuras.
¡Qué bien me siento!
Arena de playa
rozando mis pies.
Frío de la montaña helando mi cara.
Flores de primavera volando en el cielo azul.
Hojas marrones de otoño caídas en el suelo.
¡Qué bien me siento!
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Segundo premio
Título: Mi
tierra
Autor: Alejandra Muñoz Cintas
Sus tierras y
mares no tienen comparación.
Regadas por el Guadiana y el Guadalquivir.
Sus fértiles campos producen riqueza…
Ocho provincias la forman a cual mejor:
Sevilla, azul cielo, mezcla de olor a incienso y azahar;
Jaén, precioso paisaje de olivar;
Granada, recuerdo de otras civilizaciones;
Almería, dorada, mar de plástico;
Málaga nos dio a un genial pintor;
Córdoba, su gente y su mezquita son joyas sin igual…
¡Qué gran tierra me
vio nacer!
¡Qué gran orgullo poder crecer entre tanta belleza!
Belleza por fuera y belleza por dentro.
Desde Jaén a Cádiz,
desde Huelva a Almería,
Sus blancos pueblos reflejan el sol.
¿Quién lo cambiaría?
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PRIMER
CICLO.
PROSA
Primer premio.
Título: Los
ocho enigmas
Autor: Miriam Estévez Lázaro
Hace poco tiempo, menos de lo que te puedes imaginar, cerca
del sitio donde tú vives, Sevilla, vivía un chico llamado Jesús. Era
un chaval alto, fuerte y delgado. Su pelo era claro como los rayos de
sol que nos iluminan y sus ojos dos remolinos celestes y verdes. De
piel clara y sonrisa amable… Este muchacho andaluz era simpático,
amable, cariñoso, divertido, inteligente y, sobre todo, muy aventurero
y curioso.
Cuando a Jesús alguna pregunta le causaba interés, por muy
absurda que fuera, buscaba la respuesta en grandes aventuras.
El padre de Jesús era un comerciante muy rico y su madre, ama
de casa. Vivían de su trabajo y Jesús en sus estudios.
Un día, en la escuela, la maestra llevó a sus alumnos a ver
un pequeño museo de la ciudad. Jesús lo recorrió junto a sus amigos; su
“panda” estaba compuesta por Alvarito, su mejor amigo, Lola y Antonio.
Durante el trayecto fue todo con normalidad: todas las
esculturas, pinturas y demás objetos de arte tenían su lógica; pero no
sólo había en este museo objetos cercanos en el tiempo; también se
exponían otros pertenecientes a épocas mucho más antiguas.
Cuando iba por la mitad de un gran pasillo del museo observaron
un objeto que estaba expuesto, que era muy antiguo y que –por lo que se
veía- perteneció a Isabel la Católica. Era una tabla de cerámica en la
que se podían apreciar unos versos grabados que decían:
<<Tres barcos hacia otro mundo;
donde se observa el brillo del río;
entre bailes y locos;
donde rezan los moros;
leones en conjunto,
nace el niño de Andalucía;
la muerte más antigua de los toros;
el calor de Andalucía te derrite.>>
Jesús se interesó por este mensaje grabado -como ya he dicho,
era un muchacho muy curioso-, y preguntó a su “profe” de qué trataba.
-Este grabado fue encontrado por unos arqueólogos en Granada
–dijo la profesora con cara misteriosa-. Afirmaban que era un mensaje de
Isabel la Católica; pero no saben de qué se trataba y tampoco deberíais
interesaros tanto, pues es una cosa sin utilidad.
A pesar de lo aconsejado, Jesús mostró mucho interés por
aquel mensaje. Pesó que podría ser un enigma cuya solución le llevaría
al hallazgo de algún tesoro que habría escondido la reina con la
esperanza de que algún buen andaluz lo encontrase.
Durante el resto de la visita, Jesús no mostró interés por
ninguna obra, pues sólo pensaba en aquel misterioso mensaje.
Os preguntaréis por qué no hizo caso a lo que dijo su
profesora: “… es una cosa sin utilidad…” Él pensaba que si no tenía
utilidad, ¿por qué escribió este mensaje tan extraño?
Se interesó tanto que incluso copió el mensaje en su
cuaderno. Al día siguiente seguía bastante pensativo y Lola se preocupó
y le preguntó:
-Jesús, ¿qué te pasa, amigo? No te quiero ver así.
Lola era una chica muy dulce y agradable con todo el mundo.
Su pelo moreno y negro, muy negro era como la noche; sus ojos, verdes
como las hojas de las plantas en primavera, y sus labios rojos como la
sangre de las venas. Su cara era morena y fina. No era ni muy alta ni
muy baja. Activa, inteligente, cariñosa, estudiosa, simpática y muy
educada. Jesús le contó todo lo que le pasaba, y ella le contestó:
-A mí también me parece sospechoso; pero no te preocupes,
investigaremos.
Antonio y Álvaro quisieron ayudar también. Empezaron por el
primer verso: <<Tres barcos hacia otro mundo…>>
Jesús y los demás pensaron en los tres barcos… Esa mañana en
el colegio la maestra contó la historia de Cristóbal Colón. Les habló
sobre las tres carabelas: La santa María, la Pinta y la Niña, con las
que descubrió un nuevo continente: América. En ese momento, Jesús y Lola
se miraron porque los dos pensaban lo mismo: <<Tres barcos descubren un
nuevo mundo…>>. Quería decir que, con las tres carabelas, se descubrió
América.
Cuando acabaron las clases, los cuatro tenían la intención de
preparar un viaje a Huelva; pretendían recorrer todas sus playas para
ver si encontraban alguna pista más. Recorrieron y recorrieron la costa
hasta llegar al faro de la playa de Isla Antilla. En la puerta había un
cartel también hecho de cerámica, que era un trozo de mapa. Alvarito lo
cogió disimuladamente y se lo llevó.
Los cuatro continuaron con sus investigaciones hasta que poco
a poco descifraron el mensaje. Tardaron una semana en conseguirlo. La
solución al enigma se encontraba en varias pistas: una en la playas de
Huelva desde donde zarparon las tres carabelas de Colón (“Tres barcos
hacia otro mundo”); otra estaba grabada en una campana de la Giralda, en
Sevilla (“Donde se observa el brillo del río”); la siguiente la tenía un
hombre que cantaba chirigotas en los carnavales de Cádiz (“Entre bailes
y locos”); otra se hallaba debajo de la estatua del becerro que se
encuentra en la mezquita de Córdoba (“Donde rezan los moros”); la
siguiente se encontraba en el Patio de los Leones de la Alambra de
Granada (“Leones en conjunto”); otra más en un cofre escondido entre las
rocas donde nace el Guadalquivir (“Nace el niño de Andalucía”); en la
plaza de toros de Ronda, de Málaga, se encontraba una nueva (“La muerte
más antigua de los toros”); y la última se hallaba en el desierto de
Tabernas, en Almería (“El color de Andalucía te derrite”).
Jesús y los demás fueron por cada una de las ocho provincias
buscando las ocho pistas. Todos eran trozos de algún mapa, y la unión de
sus piezas formaba un mapa del tesoro. En éste estaba señalado un punto
que parecía ser donde se encontraba… donde se encontraba la solución a
sus dudas. Según el Mapa del Tesoro se hallaba en Medina Azahara: Las
ruinas de los moros que están en Córdoba.
Jesús, Lola, Álvaro y Antonio llamaron a su profesora y le
explicaron todo lo que les había pasado, y ésta avisó a los arqueólogos
del museo que habían visitado.
El tesoro se encontró; era un cofre lleno de ducados, la
moneda de entonces. Fue a parar al museo arqueológico más importante de
España, y los chicos se hicieron famosos con el nombre de JÓVENES
DESCUBRIDORES.
Y tú ya sabes que si sospecharas de algo debes investigar,
pues podrías hacer un gran descubrimiento como el de Cristóbal Colón o
como el de estos chavales que con tesón descubrieron… ¡Si yo os contara!
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Segundo premio
Título: De
África a Andalucía
Autor: Alejandra Muñoz Cintas
Souliu Bekemala. Ese es el nombre con el que he pasado
miles de historias que, seguro, te interesaría conocer:
1970, Niurca Luskio da a luz a su cuarto hijo en África, es
decir, yo.
A los dos años de yo nacer, mi madre da a luz a su quinto hijo:
Haylla, mi hermano. Pocos días después mi madre agonizaba tras la falta
de servicios médicos en la pequeña aldea donde habitábamos, sus últimas
palabras fueron:
-Souliu. Tú que eres el más responsable de mis cinco hijos,
cuida de tu hermano Haylla.
Y esa fue la última vez que escuché su desvalida voz.
Unos meses después mi hermano Melo y mi hermana Guiana, que
eran los mayores, murieron asesinados por deudas pasadas de mi pobre
madre. Sólo quedamos mis hermanas Aída y Haylla, mi padre y yo. Entonces
fue cuando mi padre reaccionó decidiendo pedir dinero prestado a su
familia. Una semana después de tomar la decisión, iniciamos el viaje.
Fue muy largo y penoso; días enteros en autobús y finalmente andando
hasta llegar a la costa marroquí. Allí nos reunimos con otras personas
de distintos países cercanos al nuestro, todos diferentes, pero todos
con el mismo objetivo: llegar a España.
Al anochecer embarcamos en la patera; íbamos más de cuarenta
personas en un pequeño espacio; parecíamos sardinas enlatadas.
Era una noche fría y el cielo estaba estrellado.
Transcurrida una hora, estaba empapado por las olas. El
cuerpo lo tenía helado. La travesía se hacía interminable… De pronto
empezamos a ver pequeñas lucecitas al fondo. ¡Por fin!... Vimos la costa
andaluza. ¡Estábamos salvados!
Amanecía cuando desembarcamos en la playa. Todo fue muy
rápido. Nos cambiamos la ropa empapada y salimos corriendo para que no
nos atrapara la policía. Al parecer otra patera había llegado ya, pues
se veían en la arena las huellas descalzas de otros inmigrantes
ilegales.
Tras huir corriendo un par de kilómetros con Haylla en mis
brazos, nos paramos en un campo en el que había una nave abandonada;
para nosotros, una gran mansión. Nos quedamos allí durante unos dos
meses hasta que nos echaron y la derribaron… Para alimentarnos
recogíamos los desechos que encontrábamos en la basura. Con lo que la
gente tiraba, podría vivir en mi país una familia entera. También, hay
que decirlo, tomábamos “prestadas” alguna que otra gallina de fincas que
encontramos.
Como nos echaron de la nave, tuvimos que buscar otro lugar, y
para ello caminábamos kilómetros y kilómetros hasta que nos encontramos
con un agradable señor que nos dijo:
-¡Eh!, vengan ustedes aquí; móntense los cuatro en el coche,
que voy hacia Sevilla y allí seguro que encontrarán trabajo. ¿Vamos! ¿A
qué esperan?
Sin pensarlo un segundo más, nos montamos los cuatro; mi
padre no estaba muy seguro, pero finalmente se decidió.
Cuando llegamos a Sevilla todos nos quedamos sorprendidos de
su belleza; nos llamaba la atención una torre que destacaba sobre la
ciudad y que más tarde supimos que se trataba de la torre llamada “La
Giralda”. Había una calle adornada de palmeras que me
trajo recuerdos de mi país, un lugar rodeado de vides trabajadas por
gentes simpáticas y agradables.
Por mediación de Luis, que así se llamaba el señor que nos
trajo a Sevilla, mi padre y mi hermana Aída consiguieron trabajo en una
gran tienda de ropa, y con el dinero que reunimos alquilamos un pequeño
piso en el que yo permanecía largos períodos de tiempo cuidando de mi
hermano Haylla.
Con el paso del tiempo, mi padre logró independizarse y se
dedicó a la venta ambulante por los pueblos de Andalucía; todos le
acompañábamos porque había que ayudar a papá. Conocimos
infinidad de lugares bonitos, acogedores, como los pueblos blancos de
Cádiz, los situados en las maravillosas playas de Huelva…
Hoy en día tengo treinta y tres años y me encuentro
felizmente casado con una mujer española. Tengo mi propio negocio. Estoy
muy agradecido al pueblo andaluz que me acogió como uno más. Ahora
intento ayudar a inmigrantes que vienen hacia estas tierras.
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SEGUNDO
CICLO.
POESÍA
Primer premio.
Título: Sueño
Autor: Inmaculada Picossi Moguer
Anoche tuve un sueño. Soñé
con un mundo imaginario; un mundo que alcanzaba el límite de
lo imposible.
Soñé que paseaba por un desierto en el que en la lejanía
había un pequeño pueblo del antiguo oeste.
Soñé que escalaba una montaña que rozaba el cielo
y cuando llegué a su cima vi la nieve más blanca mezclada
con el más puro y precioso mar de nubes.
Soñé que andaba entre campos de olivos sin fin y que
asistía al nacimiento de un río bastante sabio cuyo
rumor contaba las más bonitas historias.
Soñé que me bañaba en aguas puras, cristalinas
y frías y que unas ninfas jugaron conmigo.
Soñé que anduve entre grandes patios viejos con las
paredes llenas de flores que escondían dulces hadas.
Soñé que nadaba entre aguas tibias y di un paseo por
unas playas fantásticas donde vi correr a los más bellos
caballos.
Soñé que me movía entre azahares y que su dulce
olor mezclado con incienso me envolvía eternamente.
Soñé que estaba en una aldea, muerta en invierno, viva
en primavera, cuando repicaban las campanas y miles de peregrinos
se acercaban a ver a una preciosa pastora.
Soñé con ese mundo fantástico al que no pude
entonces poner nombre…; pero ahora caigo en la cuenta de que
hay uno perfecto: ANDALUCÍA.
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Segundo premio
Título: Andalucía
sin fronteras
Autor: Federico Lorente Fernández
Me gustaría
escribir
Algo de Andalucía,
Sin tópicos, sin ambición,
Con sentimiento: una poesía.
Que exprese con
hidalguía
Con sinceridad y temple
La grandeza de esta tierra,
La hospitalidad de su gente.
Desde siglos ya
remotos
Fuimos pueblo conquistado
Y con todos, sin problema,
Convivimos como hermanos.
De todos ellos
aprendimos
Su cultura, su saber,
Sus costumbres, su lenguaje,
Su forma de proceder.
No olvidemos el
pasado
Y abramos el corazón
A todo el que de lejos llega
Buscando comprensión.
No importa que sea
rumano,
Marroquí o de otra nación,
Que tenga la piel oscura,
Que hable la lengua o no.
Que aquí no existan
prejuicios,
Aduanas ni fronteras,
Todos sean bien recibidos,
Todos de buena manera.
Sea Andalucía por
eso,
Un espejo, un crisol,
Donde quepa cada uno,
Donde quepan un montón.
Pues no es hora de
divisiones,
De diferencias, de enemistad,
Es hora de estar unidos
De caminar a la par.
Sigamos los
andaluces
Siendo un pueblo ejemplar,
De tolerancia y respeto,
De acogida y amistad.
Sea por Andalucía
libre,
España y la Humanidad.
¡Qué corazón tan grande
quien lo siente de verdad!
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SEGUNDO
CICLO.
PROSA
Primer premio.
Desierto
Segundo premio
Título: Historia
de un emigrante
Autor: Inmaculada Muñoz Romero
He logrado llegar, esquivar a la policía, luchar contra
grandes olas, salvar mi vida en el mar, y llegar a tierra desconocida.
No sabía donde me encontraba; corría y corría sin ningún
rumbo fijo. A lo lejos vi un gran cartel (sé leer y escribir
perfectamente) donde había escrito: “BIENVENIDO A HUELVA”, y allí empezó
mi aventura.
Al
llegar a Huelva contemplé los enormes campos vestidos de rojo y con ese
olor a riquísima fresa. Lo único que yo quería era un trabajo, y vi un
cartel en el que ponía: “Se necesita gente para trabajar en la fresa”; y
allí fui yo, a la fresa. Era un trabajo duro y poco remunerado, así que
después de varios meses decidí marcharme. Mi dinero era escaso y me
trasladé a un lugar muy cercano: Cádiz.
Llegué a esta tierra iluminada de fiesta. Era febrero y presencié
algo que nunca pude ver. el carnaval. ¡Menudo arte! Encontré trabajo en
la hostelería, de camarero; algo duro y mal pagado. Un señor me dijo que
en Málaga había mucho trabajo como pescador, así que decidí marcharme
allí.
Ya en Málaga… ¡Ummmm!, aquel olorcito a pescado frito y
a Semana Santa me cautivó. ¡Qué gusto! Estuve trabajando varios meses
pescando, pero lo tuve que dejar; aquello del agua me impresionaba
demasiado. Mi enfrentamiento con el agua había sido tan duro y había
visto morir a tantos y tantos amigos, que me sentí muy mal. Me fui de
allí y llegué a Granada.
En esta ciudad vi por primera vez ese manto blanco que
cubre los campos verdes y las altas montañas llamado nieve. Trabajé como
frutero, pero al haber sido criado en sitios cálidos, el frío me
afectaba bastante y tuve que marcharme.
Seguí adelante y entré en Almería, provincia de playas
limpias y frías. No pude quedarme allí porque hay demasiados inmigrantes
y poco trabajo; y seguí mi camino hacia Córdoba, donde no estuve mucho
tiempo por la escasez de trabajo; la cosecha de cereales se había dado
muy mal. El mal tiempo afectó también a Jaén, donde igualmente no había
trabajo. Mi última esperanza, Sevilla.
En Sevilla, no sé por qué, pero cuando iba entrando notaba el
calor de la gente; algo muy difícil de explicar. Llegué cuando estaba la
Feria; las mujeres vestidas de gitanas y los coches de caballos llenaban
las calles. Fui a vivir a un pueblo cercano llamado Los Palacios que
tenía mucho trabajo en la agricultura, y me instalé allí.
Hoy en día tengo mi propio negocio, un bar. Soy inmigrante
que viene de lejos, pero me considero y me siento andaluz, sevillano y,
por supuesto, palaciego.
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CURSO ESCOLAR 2003-04
PRIMER CICLO.
PROSA
Primer premio.
Título: “El
olivo”
Autor: Ana Belén González Pérez
Hacía calor y el sol lucía radiante en un cielo azul.
El hombre sudaba sembrando un pequeño olivo que, con mimo,
regaba y cuidaba junto a pinares y encinas.
El olivo creció y se hizo grande y hermoso, pero se encontraba
solo; echaba de menos al hombre que lo cuidaba; se alegraba cada vez
que escuchaba su tractor.
Aquella mañana era distinta, había
un olor a pólvora y unos extraños ruidos, eran cohetes
que se oían en la lejanía. El olivo se puso contento
al oír los relinchos de los caballos, las palmas y las canciones
de aquella gente. Pudo ver a un hombre vestido con el traje típico
andaluz, de chaquetilla corta y sombrero de ala ancha que guiaba una
carreta muy adornada; trajes de volantes de vivos colores... ¡Envidia
sentía de las flores del campo que prendían del pelo
de las chiquillas!
El olivo impaciente estiró sus ramas invitándolos, por
el fuerte calor, a cobijarse en su sombra. Pusieron mantas debajo
de él en la fresca hierba que el rocío se había
encargado de humedecer. En las ramas colocaron una cuerda formando
un columpio y en él se mecían los niños con juegos
alegres. Las guitarras, las palmas y las canciones sonaban con los
estruendos de los cohetes y el flautín de los romeros. Aquello
le alegró en lo más hondo de su alma y pensó:
¡Es el día más feliz de mi vida! ¡Para esto
he nacido, bendita Andalucía que llena de alegría los
campos cada año en primavera con sus romerías y fiestas!
Recordaba cuando el hombre que lo plantó
vino a la recogida de la aceituna y escuchó que era la romería
del pueblo. El olivo, en las noches de invierno y de heladas, se da
calor con sus recuerdos y dice: ¡Ya vendrá la primavera
y con ella el buen tiempo y su gente con canciones que me llenarán
el corazón!
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PRIMER CICLO.
PROSA
Segundo premio
Título: “Las
penas y alegrías de mi abuela”
Autor: Almudena Carneiro Barrera
Mi abuela nació en Puerto Serrano,
Andalucía. Durante largos años de su vida vivió
allí, hasta que por fin conoció a mi abuelo José.
Se casó y, con la ayuda de algunos
familiares, para olvidar un poco su vida de trabajo, se fue a vivir
a Francia aunque con un poco de pena porque en el mismo lugar donde
lo había pasado mal, también tenía sus buenos
recuerdos: los campos verdes, las flores y, sobre todo, sus familiares.
Cuando tuvo a cuatro de mis tíos,
como echaba de menos a Andalucía, veraneaba en ésta
y, aunque todos venían en coche apretujados, por venir se soportaba
todo.
Más tarde mi abuela y mi abuelo como
querían que sus hijos vieran cómo es la vida en Andalucía,
cómo se disfruta en estas tierra fértiles y buenas,
decidieron que vendrían a Los Palacios.
Allí, en Francia, aunque estaban bien, no tenían mucho
dinero, y debían alimentar a cuatro hijos, y como Andalucía
posee muchas y buenas tierras, pensaron que sería mejor cambiar
de aires.
Una vez aquí, tuvieron otros cuatro
hijos, vivieron y viven felices y, de vez en cuando, se reúne
la familia y cuentan su estancia en Francia, aunque opinan que aquí
se vive mejor.
Hay una cosa que nunca olvidan: Que son
andaluces y siempre lo serán (por algo será).
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PRIMER CICLO.
POESÍA
Primer premio
Título: “Andalucía”
Autor: Rocío Sotelo Muñoz
Andalucía, tierra mía,
Andalucía, tierra de arte,
Andalucía, tierra de cultura
Y de alegres ciudades.
Andalucía, blanca y verde,
De gente buena y sencilla,
De alegres paisajes,
Desde la sierra a la campiña.
Andalucía mora y cristiana,
Cuna de arte y salero,
Donde hay muchos cantaores
Y muy buenos toreros.
Andalucía, madre de ocho hermanas:
Sevilla, Cádiz, Huelva, Jaén,
Málaga, Granada, Córdoba y Almería.
¡Cada una se merece una poesía!
Sevilla, ciudad de cultura y arte,
De donde nacen pueblos
Y florecen calles...
¡A Sevilla la quiero más que a nadie!
Cádiz, a la orilla del mar,
De espuma plateada
Y arena fina y dorada...
Cádiz carnavalera y pesquera.
Huelva, madre del fandango,
Rociera y almonteña
Desde donde partió Colón
Para descubrir las américas.
Jaén, tierra jornalera,
De campos de olivos
Y de gentes buenas.
Málaga dorada,
De playas de ensueño,
De luna plateada,
De noches mágicas y embrujadas.
Granada, Sierra Nevada,
Desde el Albaicín y La Alhambra...
¡Granada, ciudad guapa!
Córdoba sultana y mora,
Cuna de la alfarería,
De grandes pintores
Como Julio Romero de Torres.
Almería, Almería,
Tierra de invernaderos
Entre la sierra
y la mina.
He aquí las ocho hermanas
Hijas de una madre, madre
Con arte, llena de color,
Perfumada por sus plantas,
Con su agua cristalina...
¡He aquí Andalucía!
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PRIMER CICLO.
POESÍA
Segundo premio
Título: "Andalucía-2º”
Autor: Estefanía Hernández Guzmán
¡Te quiero Andalucía!
Playas, pinares, melancolías;
Pueblos, carreteras de romería,
Aldeas escondidas en la serranía...
¡Te quiero, Andalucía!
Bruja de noche, blanca de día;
Llena de tierra vacía,
Tristeza, llantos y poesía.
¡Cuánto te quiero, Andalucía!
¡La vida entera por ti daría!
¡Cuánto te quiero, Andalucía!
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CURSO ESCOLAR 2003-04
SEGUNDO CICLO.
PROSA
Primer premio
Título: Recuerdos
de un exiliado
Autor: Antonio Jiménez García
Desde aquel día no encuentro explicación a la vida;
siento que todo lo que me rodea es nada, un vacío infinito
que se va agrandando con el paso de los años. Cuando anochece,
encuentro añoranzas de épocas pasadas que intento ahogar
entre suspiros amargos.
Solo, sin nadie aquí, la soledad es mi aliada, mi mejor compañera;
compartimos las gélidas noches; sólo me escucha, no
me responde, y, si lo hace, el leve susurro me traiciona.
Nada se mueve ante tantos recuerdos ausentes. El corazón no
late, sólo siente recuerdos que no abraza. El silencio está
presente, es inerte, conmovido. La oscuridad me envuelve sin más,
impotente, al ver la tristeza que hunde mis ojos. Cargado de nostalgia,
duermo. Sabiendo lo que el siguiente día me aguarda.
Me despierto y espero hasta el anochecer.
Ha llegado mi hora, aguardo con sigilo el momento. Un escalofrío
recorre mi cuerpo hasta congelar mi alma. La esperanza, ya perdida,
no me acompaña; nunca me acompañó en nada. Prefiero
morir que vivir fuera de mi tierra, expulsado, exiliado. Hablo con
la luna, pero no dice nada; hablo con los pájaros pero no me
cantan; nada me habla, nada habla; y yo ya no hablo. El vacío
corrompe mi cuerpo, la nostalgia es su aliada. Un grito rompe mi alma:
¡Andalucía!
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SEGUNDO CICLO.
PROSA
Segundo premio.
Título: La
hospitalidad de mi tierra
Autor: Isabel María García Caballero
Navegaban a la deriva por las costas de Huelva cuando en la mitad
de la noche su bote sin rumbo llegó a tierra firme. Los jóvenes
aventureros procedían de Marruecos. Muertos de miedo, en sus
cuerpos una gran intranquilidad reinaba; palpitaban fuertemente sus
corazones porque llegaban a una tierra de la que no conocían
nada.
Nadie les vio llegar a la playa. Los chicos
se refugiaron bajo los arbustos que encontraron en las dunas. Allí
pasaron la cálida noche; noche en la que imaginaban la nueva
vida que les esperaría. Tenían alguna idea por comentarios
e historias que muchas personas de su país contaban, historias
de un lugar imposible e inalcanzable para ellos, jóvenes oprimidos
por la dictadura de su país.
Mohamed y Aziz se miraban fijamente. No
necesitaban palabras para comunicarse lo que sentían. Era lo
que desde pequeños habían deseado, y a sus diecisiete
años lo habían conseguido. Atrás dejaban a sus
familiares, sus costumbres y todo aquello que ya echaban de menos.
Rompieron en llanto y los dos amigos se abrazaron para compartir sentimientos
que en sus adentros estaban produciéndose.
Pronto amanecería y ya los primeros
rayos del cálido sol iluminarían los rostros cansados
de Mohamed y Aziz.
En cuanto sintieron la débil claridad
que por el horizonte nacía, los chicos se despertaron, y sin
creer en dónde se hallaban, comenzaron a caminar, dejando detrás
la playa en la que pasaron la noche, para llegar a un lugar donde
encontrar algo que llevarse a la boca.
Mohamed y Aziz caminaban y caminaban entre
pinares; sus estómagos empezaban a dar señales, estaban
hambrientos. En los alrededores no encontraban nada que les saciara
el hambre y la sed. Cuando ya sus sentidos empezaron a flaquear, se
abrieron ante ellos grandes campos sembrados de fresas. Ambos se arrodillaron
junto a un surco de dichos cultivos y, bajo los plásticos,
encontraron algo maravilloso que les quitaba la sed; esos bocados
dulces les animaban a proseguir bajo el incandescente sol.
En la lejanía, un grupo de recolectores
de fresas les llamó la atención al comprobar que los
jóvenes robaban sus frutos. Los chicos no reaccionaron de ninguna
forma ante la llamada de aquellas personas, pues no entendían
su idioma. Mohamed y Aziz se acercaron y, cuando se encontraron ante
ellos, se miraron fijamente. No pasó mucho tiempo cuando Juan,
uno de los recolectores, comenzó a reírse al ver a aquellos
atemorizados e indefensos chicos. Empezaron estos a chapurrear palabras
y, con gestos, le explicaron a Juan su situación. El hombre
entendió que los jóvenes no tenían nada y que
aquel mundo que se les presentaba no les era todo lo bonito y confortable
que en realidad habían pensado. Juan los acomodó en
su casa. Su mujer e hijos compartían la decisión del
padre.
Ellos no imaginaban por qué aquella
familia andaluza les trataba tan bien a cambio de nada; y aunque no
tenía explicación, intentaban agradecer la hospitalidad
de la que eran objeto ayudando a Juan en la recolección diaria.
Mohamed y Aziz disfrutaron de aquella vida
y, aunque lejos de su tierra querida y de sus familias, ahora compartían
algo que jamás habrían imaginado que harían con
nadie, y era la cultura y el amor que entregaban a su nueva familia.
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SEGUNDO CICLO.
POESÍA
Primer premio.
Título: Fiestas
populares de Andalucía
Autor: Federico Lorente Fernández
En las tierras cortas y frías
Del invierno, que aún perdura
Entre sedas de colores,
Entre alambres y cordeles
Se entremezclan sin descanso
Los murmullos de mujeres,
Que con gracia y con salero
Ven salir de entre sus manos
Flores, rosas y claveles
Salpicados de alegría
Perfumados de azahares.
Se acerca pronto la fecha,
Hay que echarse a la calle,
Hay que engalanar las puertas
Hay que adornar el aire.
Con mantones y abanicos
Con macetas y canciones
Con guirnaldas y pañuelos
Con mil flores de colores.
Ya está la cruz en medio
Ya está puesta con esmero,
Ya está en su sitio clavada
Ya se yergue hasta el cielo.
La fiesta ya ha comenzado
Ya ha comenzado el jaleo
¡Salid, a la calle, gente!
Salid, alegres palaciegos!
Que en la noche ya se escucha
Los acordes y el rasgueo
De bailes por sevillanas,
Copas, palmas, taconeo.
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SEGUNDO CICLO.
POESÍA
Segundo premio
Título: Y
me iré...
Autor: Ana Sierra
Y me iré,
Dejando mis huellas
Para volver.
Sin llorar,
Sentiré la vida
Cómo se va.
Sin sentir,
Se quedarán mis recuerdos
Junto a ti.
Me dolerán
Las calles anchas, frías
Al caminar.
Girará
La veleta del destino
Dejándome atrás
En soledad,
Acompañado sólo
Por la gran ciudad,
Deambularé
Dando tumbos
En el ayer.
Arriba
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