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FRACASO ESCOLAR España supera en seis puntos a la media europea en
relación al bajo rendimiento académico de algunos estudiantes. Este
problema debe calar hondo en la sociedad para localizar su origen y
ponerle remedio. Los expertos recomiendan la creación de programas
globales que tengan en cuenta las dimensiones sociales, familiares y
educativas de los alumnos. Al tiempo, hacen hincapié en la importancia
del trabajo social en el sistema educativo para adecuarse al cambio
sufrido en la actual configuración de la población escolar, procedente
de diversos países, culturas y situaciones, así como combatir el
absentismo en las aulas, una de las principales causas del fracaso
escolar.
Razones del fracaso escolar Dr. Fernando García Castaño El fracaso escolar se puede deber a una variedad de
razones. Los padres de niños
con un historial escolar deficiente deben establecer la causa específica
de las dificultades escolares de sus hijos, a fin de determinar cómo
manejar la situación, seleccionar el remedio adecuado y ayudar a estos de
la forma más conveniente y eficiente posible. En gran cantidad de casos, los padres tienden a
manejar la situación de una forma que puede oscilar entre inapropiada y
desastrosa. En su esquema
mental, el niño debe aprender y sacar buenas notas “porque no es tonto”.
Por lo tanto, es responsable de su fracaso. No actúa de forma responsable -piensan- y, por ende, es
merecedor de reprimenda y castigo. El triste resultado de este planteamiento simplista
(simplista porque considera un solo factor:
el de la voluntad del hijo) es que un niño que puede estar
sufriendo irregularidades neurológicas o problemas de raíz emocional
termine siendo sancionado y hasta golpeado por una ejecución sobre la que
ejerce poco o ningún control. Algo
así como si vapuleáramos a un inválido por no abandonar la silla de
ruedas y participar en una competencia deportiva. Entre las causas más comunes del fracaso escolar se
encuentran las siguientes. Capacidad intelectual.
El perfil del desarrollo intelectual del niño puede presentar unos
rasgos que expliquen las dificultades académicas.
Resulta obvio que una persona con retraso mental leve o fronterizo
ha de confrontar serias dificultades con el trabajo intelectual.
Mas estos casos son pocos. Más
común resulta que se registren unas insuficiencias en alguna de las dos
áreas generales en que se divide la medición de la inteligencia:
el área verbal y el área de ejecución manual.
La primera incluye, entre otros factores, la comprensión y el uso
del lenguaje, así como formas específicas de memoria, juicio social,
pensamiento lógico, concentración y pensamiento asociativo.
La segunda abarca la coordinación visomotora, la organización
perceptual, la habilidad para planear una acción y otros factores. Para descartar la posibilidad de que existan
deficiencias de este tipo, es necesario administrar al niño un test de
desarrollo intelectual. Si
existe un déficit significativo en alguna de estas áreas, se puede
tratar con terapia del habla, con terapia ocupacional o con terapia
educativa, según corresponda. Motivación.
Un aprendizaje efectivo requiere una motivación adecuada de parte
del que estudia. Aunque se
disponga de altos niveles de inteligencia, pueden darse serios problemas
de aprovechamiento escolar si el estudiante no se siente apelado por el
hecho de aprender. La
saludable curiosidad intelectual hace que sea mucho más difícil dejar
pasar la oportunidad de aprender algo que invertir en ello la energía
necesaria. Lo nuevo que se ha
aprendido se convierte en un poderoso refuerzo que provoca volver a
repetir el esfuerzo. El
aprendizaje en sí mismo deviene la motivación suficiente para aprender más.
Aparte de esta realidad, el reconocimiento de las personas
significativas que rodean al niño, la aceptación social y el logro de
metas a corto plazo actúan como estímulos que invitan a seguir
manteniendo el mismo nivel de esfuerzo. Si falla la motivación, el estudio será una
molestia para el niño y los problemas escolares no tardarán en hacerse
sentir. Si éste es el caso,
corresponde averiguar qué ocasiona el bajo grado de motivación y
comenzar a trabajar para aumentarlo.
El proceso puede tomar tiempo y en muchos casos no se consiguen
cambios satisfactorios sin ayuda profesional. Técnicas y hábitos
de estudio. Además
de disponer de capacidad para el trabajo intelectual y de una motivación
adecuada, el éxito escolar requiere dominar las técnicas de estudio.
Hay que aprender a aprender. Puede
resultar altamente frustrante intentar seriamente asimilar un material sin
saber cómo memorizarlo adecuadamente, o cómo leer un libro si no se
saben distinguir las ideas primarias de las secundarias.
Una inversión de esfuerzo con un resultado pobre por no saber cómo
estudiar ha de desanimar pronto a un estudiante. Además, es preciso haber convertido el estudio en un
hábito. Estudiar es una
tarea cotidiana, que requiere una práctica constante. El estudiante ha de saber cómo organizarse día a día para
ir cumpliendo metódicamente con todos sus compromisos escolares.
Tiene que aprender a mantener un sano balance entre el trabajo y el
ocio. Naturalmente, convertir
el estudio en un hábito que forma parte de la vida de todos los días
requiere una motivación adecuada. Si
el estudio no es reconfortante en sí, la formación del hábito es más
difícil. Si se establece que los problemas escolares se deben
meramente a un desconocimiento de las técnicas y a la ausencia de un hábito
de estudio, la solución está al alcance de la mano. Basta con adiestrarse, ya que las técnicas se aprenden.
Se pueden coger cursillos sobre este tema, o bien leer alguno de
los manuales que enseñan cómo se estudia. Además de la capacidad intelectual, la motivación y
el dominio de las técnicas de estudio, hay otros factores que inciden en
el fracaso escolar y que se tratarán la semana próxima.
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©Copyright Grupo de Trabajo de Autoformación en TIC | Última actualización: 7-6-2001 |