Senderismo
en la Fuente de los Cien Caños 14-Abr-2010
Si
bien el río Guadalhorce comienza su andadura con la unión
de dos arroyos de las sierras de Villanueva del Trabuco, popularmente
se considera que su nacimiento está en la que se conoce como la
Fuente de los Cien Caños. Se trata de un impresionante manantial
situado a pocos kilómetros de este pueblo limítrofe con
la provincia de Granada. Durante todo el año de esta fuente mana
con fuerza las aguas de esta zona de sierra, enclavada en la Ruta de la
Montaña que forma la cordillera que separa la Axarquía de
la Vega de Antequera.
En sus primeros metros de recorrido pasan bajo una espesa arboleda componiendo
una imagen insólita.
La zona está llena de contrastes, ya que, por una parte, abundan
los cultivos de secano como el olivar, y, por otra, también cuenta
con pequeños bosques de vegetación mediterránea,
como pinos, encinas y alcornoques.
¿Cómo llegar?
Salimos del Castellano y tomamos la carretera del arco, pasamos el pantano
de la Viñuela. Al llegar al cruce de Riogordo – Periana,
tomamos dirección Periana hasta el cruce con Alfarnatejo. Seguimos
para tomar la antigua carretera Málaga – Granada hasta alcanzar
la Venta de los Bandoleros. Seguimos 1300 m. más por la carretera,
dejamos el autobús y junto a un almacén al lado de la carretera
iniciamos el sendero de la Ruta de los cien caños.
Otra opción es continuar por la carretera del Arco Vélez
– Casabermeja, hasta El Colmenar y allí tomar la antigua
carretera de Ganada para llegar a la Venta de los Bandoleros
Las leyendas más significativas
de estos lugares están relacionadas con el fenómeno del
bandolerismo. Entre una de las muchas habladurías o leyendas que
tienen como protagonistas los bandoleros que recorrían y se refugiaban
en los alrededores de Alfarnate, se cuenta, que José Mª. “El
Tempranillo”, uno de los más conocidos bandoleros de la época,
que llegando en cierta ocasión a la Venta de Alfarnate, se acercó
a una de las mesas donde comían tranquilamente unos lugareños,
todos de la misma olla; y les solicitó que le permitieran saciar
su hambre comiendo con ellos en su misma olla; a lo que los lugareños
respondieron que no, por no disponer en ese momento de ninguna cuchara
para prestarle. El Tempranillo que no consideró dicha excusa de
su agrado, sacó un trozo de pan duro de su bolsa y quitándole
la miga le dio forma de cuchara, y resuelto el único impedimento
se dispuso a comer con ellos. Una vez vacía la olla, el Tempranillo
dijo: “ya que hemos terminado con la comida de la olla, ahora comámonos
las cucharas” él se comió rápidamente su “cuchara”
de pan y obligó a aquellos hombres a dar algún bocado a
sus cucharas. Menos mal que en aquellos tiempos las cucharas eran de madera.
En la época en la que el bandolerismo alcanza su mayor auge, fue
prendido en la Venta otro famoso caballista llamado el “Rojo”
uno de los siete niños de Écija, y compañero por
tanto del “Tragabuches”, el bandolero Torero de Ronda. Y se
cuenta que la soledad de su calabozo, mientras esperaba ser trasladado
a prisión, el Rojo se lamentaba con este fandango:
“Una mujer fue la causa de mi perdición primera, que no hay
perdición de hombres que por mujeres no venga.”
Se cuenta así mismo que en la Venta de Alfarnate pernoctó
“Luis Candelas” detenido en Málaga por robar un correo
Real de camino a la prisión de Madrid.