BREVES APUNTES ACERCA DE DON
ALONSO SUÁREZ. VOLVER
Laura López Arandia.
Entre las personalidades más
relevantes que ha habido a lo largo de los siglos en la ciudad de Jaén podríamos
destacar a D. Alonso Suárez, quien resalta por las numerosas obras
arquitectónicas que impulsó en nuestra provincia y por encontrarse su cuerpo
momificado, sin enterrar, en la Catedral.
D. Alonso Suárez de la Fuente del
Sauce nació en la Fuente del Sauce, un pueblo de la provincia de Ávila del cual
tomó el segundo apellido, así como la fuente y el sauce de su escudo episcopal
que tan conocido sería posteriormente en la historia de la Diócesis de Jaén.
Fue obispo de Mondoñedo y más
tarde de Lugo. En 1499 era obispo electo de Málaga, pero vacante la sede de
Jaén pasó a ocuparla en el año 1500, donde permaneció hasta el 5 de Noviembre
de 1520, día en que falleció.
Durante los cuatro primeros años
de su gobierno en Jaén permaneció en la ciudad, pero posteriormente estuvo
ausente por encargo de los Reyes Católicos para atender asuntos de la
Inquisición, tribunal del que fue General. Junto a éste entre otros cargos
desempeñó el de Comisario de la Santa Cruzada y Presidente del Consejo de
Castilla. En 1506 volvió de nuevo a Jaén.
A pesar de los años de ausencia,
pronto gozó del aprecio de los giennenses.
Uno de los autores más conocidos
del siglo XVII en nuestra ciudad, Bartolomé Ximenez Patón en su obra De la
antigua y continuada nobleza de la ciudad de Jaén, señalaba entre sus
virtudes el haber prestado especial atención a los más necesitados, y entre
ellas resaltaba: “casó muchas huérfanas”, “remedió viudas y viejos”,
“particularmente tenía afecto a los pobres vergonzantes”. Incluso, llega a
llamarlo “Prelado Santo”[1]. Un siglo después, a finales del
XVIII, el deán José Martínez de Mazas en su Retrato al natural de la ciudad
y término de Jaén se refiere a D. Alonso como “Magnífico Señor”[2].
Como hombre renacentista y
humanista, fue un amante de las artes. De hecho, son numerosos los templos,
capillas, portadas y palacios cuya construcción promovió y costeó, caso de la
iglesia de S. Andrés de Baeza, el convento de la Coronada de Jaén, la Capilla
Mayor y la sillería del coro de la Catedral de Jaén; dos palacios, uno en Baeza
y otro en nuestra capital. Entre todas ellas la más conocida fue la
construcción del puente sobre el río Guadalquivir, erigido en las inmediaciones
de Baeza, y que con el tiempo pasó a ser conocido como Puente del Obispo.
Para ir de Jaén a Baeza -ciudades
en las que se encontraba dividido el cabildo eclesiástico-había que cruzar el
río Guadalquivir, a través de un puente viejo, poco sólido y en numerosas
ocasiones cortado por los frecuentes desbordamientos. D. Alonso, en su quinto
año de pontificado en Jaén, emprendió
la construcción de un puente nuevo que lo sustituyese.
Sobre el puente, de cantería, aún
puede leerse en letra gótica la siguiente inscripción:
“Este puente se llama del Obispo.
Hízola toda a su costa D. Alonso de la Fuente del Sauce, Obispo que fue de
Mondoñedo y después de Lugo y en el año 1500, de Jahen. Y dejó el paso libre de
ella. Y es libre de todos, sin pagar tributo alguno. Comenzada el año mil y
quinientos y cinco, y acabada el año mil y quinientos y ocho. Y concede a los
que pasaran y rezaren un Ave-María, quarenta días de Perdón”[3].
Junto a él se realizó una pequeña
capilla donde se encontraba una imagen de la Virgen, que para algunos autores
sería erigida tras el fallecimiento de D. Alonso. En la actualidad la capilla
no conserva la imagen de la Virgen.
Como hemos comentado, fue también
el impulsor de diversas obras en la Catedral de Jaén, destacando la
construcción de la antigua Capilla Mayor o Capilla del Santo Rostro, llamada en
un principio de S. Ildefonso o del Obispo Suárez. D. Alonso manifestó su deseo
de ser enterrado en dicha Capilla. En principio, su voluntad se cumplió
La demolición de la capilla en
1635 para darle la definitiva y actual estructura, motivó que su cuerpo fuera
trasladado provisionalmente a la sacristía donde permaneció hasta 1664 en que
se terminaron las obras. En dicho momento entre los miembros del Cabildo Catedralicio se plantea el problema
de dónde debía ser enterrado, si en dicha capilla o en el lugar destinado para
enterramiento de los obispos, el coro.
Surge entonces un pleito entre
los familiares de D. Alonso y el propio Cabildo abierto entre 1664 y 1941. El
tribunal eclesiástico ordena que se deposite el cadáver del obispo en la
Capilla, pero sin enterrar, hasta que las partes litigantes llegaran a un
acuerdo respecto a la sepultura definitiva y el reconocimiento, o no
reconocimiento, del derecho del Patronato en favor de los herederos del obispo.
Para llegar a un acuerdo en este
tema y poner fin al litigio, podían darse dos soluciones: la primera consistía
en que los familiares del obispo no ofreciesen al Cabildo ciertos dones
estipulados como cabezas de ganado vacuno y lanar, aceite, vino y miel, y
entonces el cadáver sería enterrado en el coro con los demás prelados
fallecidos; mientras la segunda solución sería que al ofrecer los familiares
dichos dones, éstos fueran aceptados por el Cabildo, reconociéndose por tanto el
derecho de Patronato pudiendo darle sepultura en la Capilla del Santo Rostro.
La oposición del Cabildo a recibir estas ofrendas, motivó que el pleito se
alargase en el tiempo[4]. Todos los años, el 1 de
noviembre, el Cabildo recibía a los representantes de los herederos del obispo,
quienes renovaban la petición y ofrecían las mencionadas donaciones. El Cabildo
levantaba acta, rechazando la petición y ofrendas y el pleito continuaba.
Situación que se repitió una y otra vez hasta bien entrado el siglo XX.
En los últimos años en que se
produjo la donación consistía en seis cirios de cera nueva, como objeto
simbólico de las tradicionales ofrendas que se sabía serían rechazadas.
Así, el obispo Suárez de la
Fuente del Sauce continuaba, a pesar del tiempo transcurrido, sin poseer
sepultura alguna.
En 1939 los familiares del
prelado no realizaron ninguna ofrenda y el Cabildo determinó que el obispo
fuera enterrado en el coro.
En 1941 se produjo una reunión
entre el Cabildo y el Conde de Benalúa y Duque de S. Pedro de Salatino,
dejándose a la voluntad de los familiares del D. Alonso la elección del lugar y
fecha para enterrar definitivamente en el coro al obispo todavía insepulto. Sin
embargo, tampoco en esta ocasión las conversaciones supusieron un acuerdo entre
las dos partes y D. Alonso aún permanece en una cajonera de la Capilla del
Santo Rostro.
El obispo se encuentra
momificado.
Su sepultura ha tenido, desde su
muerte, tres epitafios que a continuación transcribimos:
Primer epitafio: Es recogido por
Jimena Jurado en sus Annales:
“Esta sepultura
es del Muy Reverendo y Magnífico Señor, Don Alonso de la Fuente el Sa,Obispo
que fué de Mondoñedo y de Lug, y de esta Santa Iglesia. El qual hizo a su costa
esta Capilla en los años de MDIX y DX, y ansí mismo fizo a su costa en los años
MDV-MDVI y MDVII, y MDVIII años mas la Puente que se llama del Obispo, que es
entre las ciudades Jahem y Baeza, sobre el río Guadalquivir, el paso del qual
dixo y es libre sin pagar tributo alguno. Murió a cinco de Noviembre de MDXX.”
Segundo epitafio: Es el que hay
en la actualidad en la cajonera donde se encuentra el cadáver, en la Capilla
del Santo Rostro:
“Don Alonso
Suárez de la Fuente del Sauce, Obispo de Mondoñedo, Lugo y Jaén. Inquisidor
General, Gobernador del Consejo y Comisario de Cruzada.
Celebró Sínodo.
Edificó la capilla mayor de esta Santa Iglesia y la grandiosa obra del Puente
que llaman del Obispo, en el río Guadalquivir. Murió a 5 de Noviembre de 1522 y
está sepultado en esta Iglesia.”
Tercer epitafio: Consta de un
pergamino que se encontraba sobre el cuerpo momificado del obispo y que hoy se
encuentra en el Archivo Diocesano:
“Sepultura y
entierro del Iltrmo. Y Rvdmo. Señor Don Alonso Suarez de la Fuenteel Sauze, Obispo que fué de
Mondoñedo y Lugo y, electo Obispo de Málaga, fué promovido a este Obispado el
año 1500. Y estuvo en él gobernándole hasta 5 de Noviembre de 1500 que murió.
Hizo la Capilla
Mayor y Cimborrio de esta Santa Iglesia, la cual se derribó el año 1635, para
proseguir la Obra nueva de ella como hoy está.
Hizo la Puente
Baeza (que llaman del Obispo) entre las ciudades de Jaén y Baeza, que está
sobre el río Guadalquivir en los años 1505 hasta el 1508, el paso de la cual
dijo y es libre sin pagar tributo alguno.
Trasladose su
cuerpo y se restituyó a su Capilla y entierro en 24 de Octubre de 1664 años,
después de aver estado en depósito en la sacristía mayor 29 años, hasta haberse
acabado la Capilla mayor nueva.
Siendo Obispo de
Mondoñedo, fué nombrado por Inquisidor General en los Reinos y Señoríos de los
Reyes Católicos.
Fué ansi mismo
Presidente del Consejo Real del Rey Don Philipe I y fué Gobernador de estos
Reinos hasta que el Rey Católico vino a gobernarlo por la muerte del rey Don
Philippe.
Fué también Comisario General de
la Sta. Cruzada.”[5]
Muy pocas veces la cajonera ha sido abierta, únicamente en
contadas ocasiones, como cuando se le renovaron las ropas en tiempos del obispo
Monescillo, momento en que fue revestido de pontifical, con ornamentos
sacerdotales de color rojo, mitra y báculo. Sobre su cuerpo, un libro impreso
en prosa y versos latinos y una caja pequeña que encierra un pergamino
manuscrito en cuyo anverso aparecen algunos datos biográficos y en el reverso
el acuerdo Capitular sobre el cambio de los ornamentos[6].
Así mismo, el 15 de Mayo de 1904,
se descubrió el ataúd para ser mostrado a Alfonso XIII que visitaba la ciudad.
El 5 de Enero de 1968 volvió a ser abierta la cajonera para ser mostrado el
cuerpo a Carmen Polo, esposa Francisco Franco, cuando el fotógrafo José Ortega
realizó las únicas fotos que se conservan del cuerpo insepulto del obispo.
Aún hoy, transcurridos más de
cuatro siglos, el obispo continúa en una cajonera al lado izquierdo de la
Capilla del Santo Rostro.
Vid. XIMÉNEZ PATÓN, B.: Historia
de la antigua y continuada nobleza de la ciudad de Iaen, muy famosa, muy noble
y muy leal guarda y defendimiento de los Reynos de España. Y de algunos
varones famosos, hijos della. Imp. Pedro de la Cuesta. Jaén, 1628.
[2] Vid. MARTÍNEZ DE MAZAS,
J.: Retrato al natural de la ciudad y término de Jaén. Imp. Pedro de
Doblas. Jaén, 1794.
Vid. CABALLÉ COBO, F.:
“El obispo insepulto”, en Rev. Senda de los Huertos, nº 15, Jaén, 1989,
p.85.
Vid.
MONTIJANO CHICA, J: Historia de la Diócesis de Jaén y sus obispos,
Excma. Diputación Provincial, Jaén, 1986, pp. 115-116.
Vid. MONTIJANO CHICA, J., op.
cit., pp.118-119.
Vid. ESPEJO Y GARCÍA,
J.: “Un obispo insepulto”, en D. Lope de Sosa, año 1913, Jaén, p.210.