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Después de una ajetreada y ociosa mañana recorriendo las callejuelas aledañas de Al-Khalili, las de los oficios, y tras un infernal trayecto en taxi a través de las viejas y contaminadas calles de El Cairo, John Turner yacía recostado en el sofá. Con un libro en las manos, un café espeso y humeante y un pitillo consumido en el cenicero, contemplaba una de las visiones que más le relajaban: las pirámides de Giza. Siempre que podía las contemplaba desde la cristalera de la sala de descanso del hotel Mena House. Cuando apuraba el último trago de café antes de retirarse a su habitación a descansar, alguien le saludó. Era Manuel Cárdenas, un egiptólogo español a quien John había conocido cuatro años antes. Del tipo alto, rubio y atlético, apenas quedaba una sombra espectral. - ¡Manolo, qué alegría! No sabía
que anduvieras merodeando por el viejo Cairo. Después de pagar el café, John Turner sintió un escalofrío cuando de camino al ascensor vio la portada del Egypt Today. En la parte inferior izquierda podía leerse: "...el arqueólogo español ha sido repatriado
hoy a España, después de haberse realizado la autopsia en
el As Salam International Hospital. Manuel Cárdenas, agregado cultural
de la embajada española, fue encontrado hace dos días en
las inmediaciones de la Gran Pirámide con un tiro en el tórax
que le causó la muerte..."
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