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Fue de repente, con mi esposa nos desplazábamos
correcta y lentamente. Seguramente por una mala maniobra de ella que dirigía
el transporte, debió volcarse totalmente. Algo obnubilados por
el accidente prácticamente casi en posición invertida, con
respecto a la vertical, con las puertas abiertas, me permitió escuchar
el ruido del motor todavía en marcha. Sentía el calor y
la aceleración del mismo, por lo cual intenté detenerlo
tirando de un cable que cruzaba cerca de mí, pero ni aun con mi
mano mas hábil, estirando mi brazo pude arrancarlo.
Por la posición en que quedamos tampoco fue sencillo desenganchar
los cinturones que nos mantenían adheridos a la cabina. Habíamos
quedado como aprisionados entre los metales, la luz interior encendida
por encontrarse las puertas abiertas titilaba con nuestros movimientos,
por ínfimos que éstos fuesen.
Habían saltado sobre nosotros un sinnúmero de elementos
y objetos que se desplazaron en el incidente. Pensé un instante
tratando de acomodar mi cerebro golpeado en el accidente, pero como me
dolía mucho la cintura, lo que hice fue en voz alta llamar para
que nos ayudasen, no encontrando eco de ningún tipo.
Mi recuerdo mas reciente era que mi esposa había llegado del supermercado,
habiéndolo percibido por golpearme sobre la cabeza y mi brazo derecho
tres latas de cerveza y un trozo congelado de cerdo, aumentando mi dolor
de base por el incidente.
Escuchaba con atención la caída de líquidos en el
lugar, como si las botellas de agua mineral se hubiesen abierto. Con un
rabillo del ojo también observaba huevos caídos de una bandeja.
Todos estos elementos nos rodearon, mojaron y ensuciaron nuestras ropas,
alfombra y algunos cables que nos cruzaban por el cuerpo.
Mi esposa que lloraba por el dolor de su pierna, me informó que
los cables los había visto chisporrotear. Muy preocupado por este
motivo, nuevamente tironee del conductor de corriente, tratando de arrancarlo
para anticiparme a un accidente mayor, lo cual me fue imposible. Por lo
cual en voz alta llamé nuevamente para tratar de que alguien nos
escuchase, sin contestación alguna.
Un momento después, mi esposa, me preguntó como me encontraba,
fue que comencé a reír a carcajadas, todo mojado, sucio,
huevos y agua por todos lados y un cable semiincandescente que se perdía
en una caja pequeña de tres conectores de distintos colores que
informaban a los observadores que el de color verde era la conexión
croata, el rojo, la conexión servia y el amarillo la montenegrina.
La caja de pequeñas dimensiones, mostraba un lugar resaltado en
violeta en su borde inferior y rezaba Producto Yugoeslavo. Mi mente continuo
divagando y pensé, algunos vehículos y electrodomésticos
europeos, por tratarse de una comunidad, fabrican en cada país
determinado, las partes correspondientes. Por ejemplo, un automóvil
que yo había tenido, mostraba el burro de arranque, (austriaco),
el alternador (alemán), el resto del motor (suizo) y ensamblado
en España. Continuaba muy perturbado e insistí llamando
cada vez mas fuerte, para que nos ayudasen a salir y a desconectar los
cables, por el peligro que entrañaba.
Gabby se encontraba sentada en una especie de escalón, entre la
cabina y el suelo, con la puerta abierta hacia arriba en una posición
muy incomoda, pero continuo riendo al ver que el percance no era grave,
y pensando que a pesar de la guerra sucia y de la guerra fría,
nos había atacado la conexión yugoeslava.
También en esos instantes que esperábamos, desesperados
por ayuda externa, recordé ciertamente con beneplácito tener
los cinturones atados al chasis y que pese al vuelco, que nos arrastró
por inercia, quedamos amarrados y prácticamente parecía
que no teníamos lesiones de importancia, al contrario, permanecíamos
concientes y algo risueños, seguramente nerviosos por el episodio
casi demencial que nos tocó vivir.
Luego pensaríamos en los gastos ocasionados, por todo ello, por
ejemplo chapa, pintura y arreglos varios.
Volvimos a gritar por ayuda, pero o no había nadie cerca o no nos
escuchaban. Ya totalmente preocupados por el cable de la conexión
Croata, novela ésta que comenzaba a inquietarme. Los Servios nos
habían ganado al Bolley Ball, los croatas al tenis en la final
de la copa Davis. Sería esto un mensaje? O Pura coincidencia, de
que aquel país dividido por sus etnias intercedía en nuestro
actual accidente.
Le dije entonces a mi esposa que tenia el celular a mano, lo siguiente:
--- llama a mi hija o a mi yerno que nos vengan a socorrer, ya que la
puerta del departamento parecía una barrera infranqueable a nuestros
gritos de auxilio.
Cuando llegó mi yerno y casi en una carcajada nos preguntó
como pensábamos transportar una heladera tan grande, a través
de los escalones del desnivel interno, con mi señora tan delgada,
dentro del departamento y con el electrodoméstico enchufado. Por
lo cual en primer término, desconectó la heladera, nos separó
de las correas con las que nos ayudábamos a transportar la nevera.
Separó la cabina metálica de los escalones para liberarnos
las piernas y comenzó a levantar todas las cosas caídas.
Luego de sentarnos en un sillón cercano, se trasladó a buscar
un vecino forzudo que le ayudase con el traslado, a su posición
definitiva dentro del departamento, de la heladera.
Cuando llegó Oscar Sarkauskas, del departamento de arriba para
ayudarle, pensamos que la conexión croata se había hecho
presente y no había sido solo un sortilegio del destino.
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