La coneccion yugoslava
Autor: Mauricio Moday (Escritor)

 
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Fue de repente, con mi esposa nos desplazábamos correcta y lentamente. Seguramente por una mala maniobra de ella que dirigía el transporte, debió volcarse totalmente. Algo obnubilados por el accidente prácticamente casi en posición invertida, con respecto a la vertical, con las puertas abiertas, me permitió escuchar el ruido del motor todavía en marcha. Sentía el calor y la aceleración del mismo, por lo cual intenté detenerlo tirando de un cable que cruzaba cerca de mí, pero ni aun con mi mano mas hábil, estirando mi brazo pude arrancarlo.
Por la posición en que quedamos tampoco fue sencillo desenganchar los cinturones que nos mantenían adheridos a la cabina. Habíamos quedado como aprisionados entre los metales, la luz interior encendida por encontrarse las puertas abiertas titilaba con nuestros movimientos, por ínfimos que éstos fuesen.
Habían saltado sobre nosotros un sinnúmero de elementos y objetos que se desplazaron en el incidente. Pensé un instante tratando de acomodar mi cerebro golpeado en el accidente, pero como me dolía mucho la cintura, lo que hice fue en voz alta llamar para que nos ayudasen, no encontrando eco de ningún tipo.
Mi recuerdo mas reciente era que mi esposa había llegado del supermercado, habiéndolo percibido por golpearme sobre la cabeza y mi brazo derecho tres latas de cerveza y un trozo congelado de cerdo, aumentando mi dolor de base por el incidente.
Escuchaba con atención la caída de líquidos en el lugar, como si las botellas de agua mineral se hubiesen abierto. Con un rabillo del ojo también observaba huevos caídos de una bandeja. Todos estos elementos nos rodearon, mojaron y ensuciaron nuestras ropas, alfombra y algunos cables que nos cruzaban por el cuerpo.
Mi esposa que lloraba por el dolor de su pierna, me informó que los cables los había visto chisporrotear. Muy preocupado por este motivo, nuevamente tironee del conductor de corriente, tratando de arrancarlo para anticiparme a un accidente mayor, lo cual me fue imposible. Por lo cual en voz alta llamé nuevamente para tratar de que alguien nos escuchase, sin contestación alguna.
Un momento después, mi esposa, me preguntó como me encontraba, fue que comencé a reír a carcajadas, todo mojado, sucio, huevos y agua por todos lados y un cable semiincandescente que se perdía en una caja pequeña de tres conectores de distintos colores que informaban a los observadores que el de color verde era la conexión croata, el rojo, la conexión servia y el amarillo la montenegrina. La caja de pequeñas dimensiones, mostraba un lugar resaltado en violeta en su borde inferior y rezaba Producto Yugoeslavo. Mi mente continuo divagando y pensé, algunos vehículos y electrodomésticos europeos, por tratarse de una comunidad, fabrican en cada país determinado, las partes correspondientes. Por ejemplo, un automóvil que yo había tenido, mostraba el burro de arranque, (austriaco), el alternador (alemán), el resto del motor (suizo) y ensamblado en España. Continuaba muy perturbado e insistí llamando cada vez mas fuerte, para que nos ayudasen a salir y a desconectar los cables, por el peligro que entrañaba.
Gabby se encontraba sentada en una especie de escalón, entre la cabina y el suelo, con la puerta abierta hacia arriba en una posición muy incomoda, pero continuo riendo al ver que el percance no era grave, y pensando que a pesar de la guerra sucia y de la guerra fría, nos había atacado la conexión yugoeslava.
También en esos instantes que esperábamos, desesperados por ayuda externa, recordé ciertamente con beneplácito tener los cinturones atados al chasis y que pese al vuelco, que nos arrastró por inercia, quedamos amarrados y prácticamente parecía que no teníamos lesiones de importancia, al contrario, permanecíamos concientes y algo risueños, seguramente nerviosos por el episodio casi demencial que nos tocó vivir.
Luego pensaríamos en los gastos ocasionados, por todo ello, por ejemplo chapa, pintura y arreglos varios.
Volvimos a gritar por ayuda, pero o no había nadie cerca o no nos escuchaban. Ya totalmente preocupados por el cable de la conexión Croata, novela ésta que comenzaba a inquietarme. Los Servios nos habían ganado al Bolley Ball, los croatas al tenis en la final de la copa Davis. Sería esto un mensaje? O Pura coincidencia, de que aquel país dividido por sus etnias intercedía en nuestro actual accidente.
Le dije entonces a mi esposa que tenia el celular a mano, lo siguiente:
--- llama a mi hija o a mi yerno que nos vengan a socorrer, ya que la puerta del departamento parecía una barrera infranqueable a nuestros gritos de auxilio.
Cuando llegó mi yerno y casi en una carcajada nos preguntó como pensábamos transportar una heladera tan grande, a través de los escalones del desnivel interno, con mi señora tan delgada, dentro del departamento y con el electrodoméstico enchufado. Por lo cual en primer término, desconectó la heladera, nos separó de las correas con las que nos ayudábamos a transportar la nevera.
Separó la cabina metálica de los escalones para liberarnos las piernas y comenzó a levantar todas las cosas caídas. Luego de sentarnos en un sillón cercano, se trasladó a buscar un vecino forzudo que le ayudase con el traslado, a su posición definitiva dentro del departamento, de la heladera.
Cuando llegó Oscar Sarkauskas, del departamento de arriba para ayudarle, pensamos que la conexión croata se había hecho presente y no había sido solo un sortilegio del destino.