Llueve
Autor: Pilar Galindo Salmerón
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Llueve.


Como me gusta la lluvia…


Las calles mojadas, el cielo gris, este velo indeciso de agua que nos envuelve, el concierto desafinado de las gotas golpeando sobre los paraguas…, todo conforma un paisaje que me transforma, me induce a pensar y a filosofar.


La ciudad necesitaba un buen lavado y también los arboles polvorientos y la tierra cuarteada por la sequía y los edificios, melancólicos en sus colores agrisados por la mugre, todo agradece la lluvia, la disfruta…


Y yo ¿qué hago con el paraguas abierto?, lo cierro enseguida.


Me gusta sentir las gotas de lluvia, la humedad en la cara, en el pelo, poco a poco me voy empapando, recojo la lluvia y la saboreo, es un regalo precioso que nos hacen muy de tarde en tarde.


Pienso- Que bueno sería si el agua tibia que me envuelve me lavara también por dentro .-.


Y solo pensarlo empiezo a sentir una mano mágica y húmeda que penetra hasta las sentinas de mi alma, las vacía, les saca brillo…


A mi alrededor se están formando charquitos que se deshacen en regueros de colores, unos son amarillos, como la envidia, otros morados, otros rojos, como el rencor y la rabia, y azules, como los sueños muertos, y verdes como las esperanzas perdidas. Los hay negros, tan negros como nadie debiera tener los pensamientos.


Arriba, en el cielo, se empieza a dibujar el arco iris, son los mismos colores que han quedado en el suelo después de que la lluvia limpiara mi alma tan a conciencia. Todos menos el negro, ese fue rápido a la alcantarilla, demasiado pesado para subir hasta el tendedero del sol.


El arco iris es la cuerda donde el sol pone a secar el lastre que ha salido de nosotros, así se sublima todo lo que nos estorba, así podemos tener otra oportunidad.


Es por eso que la lluvia deja tras ella tanta paz, en el ambiente y en el corazón.
La ciudad recién lavada, parece sin estrenar, yo misma me siento ligera, nueva.
La vida está diciendo ¡víveme!


Y yo estoy deseando volver a empezar.