![]() | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
El año pasado un grupo de profesores interesados en atender mejor a los alumnos marroquíes y a los nacidos en España de origen marroquí realizamos un proyecto para trabajar la interculturalidad. Este grupo se acogió a un programa de Interculturalidad fomentado por la Junta de Andalucía a través de los Centros de Profesorado.
El I.E.S. Ventura Morón acoge un 20% de alumnos pertenecientes al ámbito de la cultura marroquí. Cuando llegan a nuestro centro lo hacen en diversas circunstancias, que se pueden resumir en diversas categorías: 1. El alumno acaba de llegar de Marruecos y no conoce
ni el idioma ni nuestra cultura.
La dotación económica del proyecto nos permitió obtener diversos materiales informáticos y de papelería con los que empezar a trabajar. La labor entre los compañeros del equipo fue de concienciación y de asunción del problema. Tras diversas reuniones y charlas informales, llegamos a la conclusión de que debíamos atender debidamente a todos estos alumnos buscando medidas que favorecieran su integración y su adaptación al entorno educativo español. No solamente los profesores del grupo trabajan a diario en nuestro centro en ese sentido sino que todos colaboran. Una de las medidas que se toman es sacar de clase a los niños y enseñarles español como herramienta esencial para relacionarse y para adquirir los conocimientos pertinentes en cada una de las asignaturas que se imparten en el centro en los diversos niveles.
El resultado de estas medidas es que los niños se van integrando poco a poco en el entorno. Es sorprendente su capacidad para aprender los signos de nuestro alfabeto latino primero y el idioma más tarde. Aprenden increíblemente rápido. Una vez integrados no hay diferencias entre alumnos en las aulas en cuanto a conocimientos. Dentro del grupo de trabajo se han desarrollado diversos trabajos que se resumen en una memoria informativa. Como realmente no se conoce una cultura hasta que no se visita el país del que procede, decidimos que una parte esencial del proyecto fuera un viaje del equipo de trabajo a Marruecos con el objetivo de conocer el país, su cultura y su sistema educativo. Queríamos ir allí, patear las calles, visitar institutos de enseñanza secundaria y contactar con compañeros profesores de Marruecos. Así que contactamos con "CODENAF", que es una organización de ayuda al inmigrante y que, entre otras cosas, trabaja para posibilitar intercambios de profesores y de alumnos con Marruecos. A requerimiento nuestro nos prepararon un programa de seis jornadas consistente en una estancia de dos días en la ciudad de Meknes y cuatro en la ciudad de Fez.
Llegamos a Meknes el 16 de octubre, aunque como nos cogió de camino, antes de llegar al hotel aprovechamos la oportunidad para visitar las ruinas de la ciudad romana de Volubilis, a unos 33 kms al noroeste de Meknes, al pie del monte Zerhun, y a 4 de Mulay Idris, la ciudad santa de Marruecos. El yacimiento arqueológico romano de Volubilis es posiblemente el mejor preservado de esta área del norte de África. Fue incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de UNESCO en 1997. Parece ser que la ciudad fue fundada por los cartagineses en el siglo III AC. La ciudad, con el nombre de Oulili, que parece ser una deformación de "oualili" ('adelfas' en bereber), en algún momento pasó a formar parte del reino de Mauritania y se convirtió en una de las capitales reales de Juba II. En el año 40, Roma se anexiona Mauritania tras el asesinato del rey Ptolomeo por el emperador Calígula, y Volubilis pasa a formar parte de la provincia de Mauritania Tingitana, con el estatus de municipio y gobernada por diunviros. Con una prosperidad basada en la producción y comercio de aceite (se han encontrado numerosos restos de prensas de aceite), trigo y de animales salvajes destinados a los circos, Volubilis se convirtió en la principal ciudad del interior de la provincia y en un importante centro administrativo, residencia de los procuradores de la demarcación. Como consecuencia de su prosperidad, la ciudad fue dotada de bellas construcciones, como una basílica, un foro, templos, un arco de triunfo... Según el Itinerario de Antonino Pío, Volubilis se encontraba situada a 144 millas romanas de Tingis y a 4 de la última ciudad romana del interior, Tocolocida.
Durante el reinado de Marco Aurelio, Volubilis se rodea de una muralla. Sin embargo, hacia 285, Diocleciano decidió abandonar los territorios de la provincia situados al sur de Lixus (actual Larache) y los funcionarios romanos dejaron el área, replegándose hacia Tingis, la capital provincial. Sin embargo, la retirada del imperio no hizo que Volubilis fuese abandonada (de hecho, el latín siguió en uso hasta la conquista de la zona por los árabes en el siglo VIII), aunque sí que cambiará radicalmente la población de la ciudad. El acueducto dejó de ser mantenido y, tras su avería, los habitantes de la ciudad abandonaron las zonas altas para aproximarse al río. La población se asentó en la parte oeste de la ciudad y construyó una muralla que separaba la parte habitada de la abandonada, la cual se ocupó con cementerios.
En 631, los árabes toman la zona, instalando una guarnición en Volubilis. En 789, Idris I, el fundador de la dinastía idrisí y bisnieto de Mahoma, escapa de los abasidas y se asienta en Volubilis, que recupera su antiguo nombre de Oulili. Con la fundación de Fez por Idris II (808), Volubilis pierde su importancia, decayendo definitivamente en el siglo XVIII. A principios de siglo, el segundo sultán alauita, Muley Ismail, desmanteló prácticamente todos los edificios emblemáticos de la ciudad para aprovechar sus materiales en la construcción de los palacios de la nueva capital de Mequínez, que estaba construyendo. El terremoto de 1755 fue el golpe de gracia para la ciudad, que se encontraba prácticamente despoblada. La exploración de los restos la comenzaron los franceses en 1915. El yacimiento, que ocupa unas 20 ha. y que apenas ha sido excavado a la mitad, contiene infinidad de restos arqueológicos y monumentos.
Los más importantes son el foro, una basílica del siglo II y el templo de Júpiter Capitolino, situados, según la costumbre romana, en lo más alto de la ciudad, y el Arco de Triunfo de Caracalla, situado sobre el decumano y construido en 217 para agradecer al emperador el haber extendido la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del imperio. También se han excavado residencias -las cuales siguen el plano habitual romano con atrio e impluvio-, baños, prensas de aceite, tiendas... Se han descubierto también mosaicos que decoraban los pisos de las residencias de los ciudadanos más ricos. En 1946, se hallaron también bustos de bronce, uno de los cuales parece representar a Catón de Utica. Durante los dos días de estancia en Meknes tuvimos la posibilidad de visitar un colegio de primaria y varios de secundaria. Antes de seguir con el relato de nuestras experiencias, me gustaría decir una cosa: en Marruecos nos han colmado de cariño y de atenciones y uno de los aspectos que conservaremos en nuestra memoria es la experiencia de las relaciones humanas. Estaremos eternamente agradecidos a los compañeros de Marruecos en particular y al pueblo marroquí en general por hacer que nos sintiéramos mejor que en casa.
Bien, como iba diciendo, tuvimos la suerte de visitar algunos centros educativos. En todo momento estuvimos guiados y asesorados por Abdil, el acompañante de "CODENAF", que nos hizo las cosas más fáciles para la comunicación, ya que la mayoría de nosotros teníamos dificultades con el idioma. Pudimos ver in situ la dinámica del sistema educativo marroquí.
Como ya he mencionado antes, los directores de los centros nos acogieron con mucho afecto e hicieron gala de una hospitalidad indescriptible. Tras comentarnos las peculiaridades de los distintos institutos fuimos pasando por aulas de distintos niveles y contamos con la atención de los profesores correspondientes. Un aspecto destacado y comentado por todos nosotros fue la exquisita educación y disciplina de los alumnos, aun a pesar de que cada clase puede llegar a albergar a cincuenta de ellos. En Marruecos trabajan con pocos medios materiales, aunque los recursos humanos son de extremada calidad. Los alumnos se mostraban preocupados en igual medida tanto por la situación de sus compatriotas en España como por nuestras impresiones de su país y por la cultura árabe. Tenemos que decir que las preguntas que nos hicieron fueron en todo momento cuestiones inteligentes y razonables.
Nuestros colegas marroquíes nos explicaron la estructura del sistema educativo marroquí, que no es muy distinta del sistema educativo español. Ellos tienen un curso menos de Educación Secundaria y un curso más en Bachillerato. Estudian todas las materias en lengua árabe aunque hasta hace poco lo hacían en francés, que es el otro idioma oficial del país. Actualmente, con más del 50% de la población con menos de veinte años, todo el país está haciendo un gran esfuerzo por erradicar el abandono escolar poniendo en marcha medidas específicas de apoyo al alumnado. La gran cantidad de familias humildes y desfavorecidas hace que los niños tengan muchas dificultades para desplazarse hasta los institutos. Los sueldos bajos y las malas condiciones laborales hacen que en muchos casos los alumnos abandonen los estudios a una temprana edad y empiecen a trabajar antes incluso de la edad permitida para ello, es decir, a los quince años.
Tuvimos la gran suerte de llegar a Fez y encontrarnos con la celebración de un congreso. Fuimos invitados como representantes de España y compartimos inquietudes con más compañeros marroquíes, holandeses y franceses. El encuentro estaba organizado por el principal sindicato marroquí de educación, el SNE, y el tema central era "La erradicación de la explotación infantil en el trabajo". El congreso nos dio una idea muy precisa de la proliferación en los últimos años de asociaciones civiles por todo el país. Ellas son las que están trabajando duro para ir dando forma a las reivindicaciones históricas del pueblo marroquí.
En concreto, están haciendo una labor de concienciación entre la población sobre lo importante que es estudiar y prepararse para el futuro y de lo primordial que resulta enviar a los niños a las escuelas con el objetivo de que el país sea mucho más competitivo y esté mejor preparado en un futuro próximo. Estas asociaciones están consiguiendo convenios con otros países que les están ayudando para resolver sus problemas. Por ejemplo, había habido una donación de bicicletas por parte de Francia para paliar los problemas de transporte entre el alumnado, y Corea del Sur está montando aulas multimedia en los centros, aunque aún de manera experimental. Se nota que en Marruecos algo se está moviendo y, aunque el trabajo que les queda es arduo y duro, deseamos de todo corazón que les salga bien, porque son nuestros vecinos y estamos ligados históricamente a ellos. Esperamos contribuir decisivamente en la medida en que podamos.
Por
otra parte hemos conocido otros aspectos de su cultura, como por ejemplo sus monumentos.
Visitamos algunas tumbas de personas santas y de reyes y comprobamos lo disciplinados
que son a la hora de acudir a las mezquitas. Cada día, el muecín
realiza la llamada a la oración desde el minarete de la mezquita para convocar
a los creyentes, en cada uno de los cinco momentos del día reglamentados
para la oración.
También recorrimos las medinas y los zocos, respirando el ambiente que se percibe únicamente en los mercados árabes. La Medina de Fez es el centro histórico de la vieja ciudad. Está cerrada al tráfico y protegida por la UNESCO dentro de un plan de defensa del patrimonio cultural desde 1967. Medina, en árabe, significa 'pueblo', pero en la actualidad se utiliza para designar el núcleo original desde el que se desarrollarían las poblaciones antes del protectorado francés de 1912. A la medina de Fez también se le llama Fez Bali (en árabe, 'el viejo Fez').
Desde su nacimiento, esta ciudad, una de las urbes imperiales de Marruecos, prosperó como centro comercial y religioso. Cada familia dirigente hacía de Fez la capital del país, y por ello enriquecía la medina. Se construyeron tantas mezquitas, viviendas, tiendas, molinos de harina, baños públicos y jondouks (en árabe, 'casas de dos pisos' donde se exhibían las mercancías), que al final del siglo XIII no había espacio disponible intramuros. Por ello se construyó una nueva fortaleza, llamada Fez Yedid (en árabe, 'nueva Fez'), y aún se expandió más durante el protectorado francés.
Hoy día, la medina es un laberinto de calles estrechas, delimitadas por las antiguas viviendas que se mantienen en pie gracias a la construcción de contrafuertes. Comprende 187 barrios, cada uno de los cuales debe contener, según la ley, una mezquita, una escuela del Corán, una panadería, una fuente y un hamman (en español, 'baño turco'). Acoge a muchos artesanos textiles y del cuero, trabajadores del metal y alfareros. Existe un mercado cubierto y multitud de pequeñas tiendas que venden alimentos y vestidos. Los monumentos más conocidos son la Zaouia de Moulai Idris (del siglo IX, reconstruida en el XIII), la tumba del fundador de la ciudad; la mezquita Qarawiyin (fundada en el año 859 y ampliada hasta el siglo XIII); la medersa Bu' Inaniyya, una residencia para estudiantes construida en 1355, y la mezquita de los andaluces (fundada en el 860 y ampliada en el 1200).
También pudimos disfrutar de la exquisita gastronomía marroquí. Es muy variada y se caracteriza por la utilización de especias como el azafrán, el pimentón o el comino. Muchos de los platos proceden del pueblo bereber, que constituye alrededor del 50% de la población. Probamos el cuscús en sus variadas formas de preparación. Es una comida de origen bereber y el plato nacional por excelencia. El cuscús tradicional marroquí consiste en una base de sémola recubierta de carne, habitualmente de cordero y vaca, aunque también los hay con pollo. También suele llevar verduras y garbanzos. Otro plato típico es el tajine. Consiste en un guiso de carne y verduras cocinado muy lentamente en un plato plano de barro con tapa cónica que también se llama tajine. La carne normalmente se coloca en el centro y luego se recubre con una montaña de verduras y aceitunas, nueces o fruta. Su secreto está en la larga y lenta cocción. El tajine se coloca en el centro de la mesa y todo el mundo se sirve ayudado de pequeños trozos de pan.
Uno de los platos más deliciosos de Marruecos es la pastella. Se trata de una sabrosa combinación de pollo o pichón despedazado, salsa de huevo al limón y almendras, colocado todo entre capas muy finas de algo parecido al hojaldre, y espolvoreado con canela y azúcar. Suele servirse sobre una base de hojas de menta. Es un plato típico de la ciudad de Fez.
La sopa marroquí o harira constituye una deliciosa experiencia para los amantes de la comida picante. Se trata de un caldo espeso repleto de cordero, pollo, garbanzos, tomates, cebollas, hierbas frescas y especias. Se le añade limón al gusto antes de servirla. Normalmente se toma por la noche.
Por todos los zocos se encuentran puestos de aceitunas repletos de cubos con montañas de ellas de todos los colores. Se utilizan mucho para cocinar con la carne o como aperitivo de la comida. Las aceitunas son muy grandes y se venden ya condimentadas con deliciosas especias. Típicas de los puestos callejeros de comida son las brochetas de carne. El truco para comer mejor está en ir al más concurrido. Las brochetas habitualmente están muy condimentadas.
Una de las costumbres más características de Marruecos es tomar té. Toman té a todas horas. Lo sirven para recibir a los invitados cuando llegan a casa, o a los clientes si se trata de una tienda. También se usa para calmar la sed. Normalmente se sirve té verde con ramas de menta y bien azucarado, en unos vasitos pequeños con el borde lacado. La manera de servirlo tiene su técnica: hay que verterlo desde arriba, con el brazo en alto, de forma que el té choque en el fondo del vaso y forme un pequeño 'turbante' de espuma.
A las mujeres marroquíes les gusta decorar su cuerpo con henna, un pigmento natural de color rojizo (a veces es muy oscuro, casi negro). Lo hacen cuando se celebra algún acontecimiento, o por simple decoración. Regatear es una de las más arraigadas costumbres de la cultura marroquí. Nada tiene un precio fijo, y habitualmente se puede conseguir el artículo que se quiere por bastante menos de lo que propone el vendedor en un primer momento. El regateo constituye todo un ritual; es un acto social muy extendido y llega a tal punto que si el turista no entra en el juego y acepta el primer precio que le dice el comerciante, éste se enfada. Lo correcto es regatear ofreciendo un precio bastante más bajo que el propuesto, pero sin pasarse, porque el comerciante puede sentirse ofendido si no se valora el producto que intenta vender.
La hospitalidad es el principal rasgo que el turista percibe de los nativos al llegar a Marruecos. Los marroquíes demuestran una gran generosidad: tras cruzar unas pocas palabras, son capaces de invitarnos a cenar o a dormir a su casa o, como mínimo, convidarnos a un té. Para un marroquí, un invitado es un regalo de Alá.
Para
concluir, he de decir que la experiencia ha sido un éxito. Ahora sabemos
mucho más de Marruecos que antes de hacer nuestro viaje. Conocemos más
sus costumbres, su cultura y su sistema educativo, que era uno de los objetivos
principales, ya que, como ya dije anteriormente, en el I.E.S. Ventura Morón
tenemos un 20 % de alumnado marroquí o de origen marroquí. Además
los lazos afectivos entre los compañeros que hemos hecho el viaje se han
reforzado, lo que seguramente nos permitirá trabajar mucho mejor en el
futuro. A partir de ahora pensamos seguir con la segunda fase del proyecto. Esto
será materia para otro artículo similar a éste. | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||