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ALCALÁ DEL VALLE Es una de las poblaciones más apartadas de la capital, Cádiz, de la que dista 173 kilómetros. Se encuentra situada en los 36,55 grados latitud Norte y los 5,0 de longitud Oeste. Tiene una altitud de 654 metros sobre el nivel del mar y su término se extiende en 46,86 kilómetros cuadrados. La población supera los cinco mil habitantes. Los lugares más conocidos son la Sierra de Mollina, el Cerro de la Atalaya y el arroyo Tomillo, al Norte; la laguna, el arroyo de la Laguna y la Sierra de Ronda, al Este; el río Guadalporcún y la población de Torre Alháquime, al Oeste; y, al Sur, el caserío insólito de Setenil de las Bodegas. Su emplazamiento es un alto en la sierra gaditana; un hermoso valle, del que la población toma el apellido, que se ve amparado y limitado por las crestas grises y picachos de la sierra. Árboles frutales, ganado lanar, cabrío y vacuno, al limón con la agricultura, componen su mayor fuente de riqueza, juntamente con riquísimas chacinas "caseras", de las que os pueden servir variadas tapas en los numerosos bares de la población. No es muy anciana Alcalá del Valle, si la comparamos con otros pueblos de la comarca. Cuentan que allá por el año 1498, los moros que continuaban viviendo en Setenil de las Bodegas, después de la conquista por las armas cristianas, fueron expulsados del recinto amurallado, permitiéndoles que fundaran una nueva población, siempre que rindieran vasallaje a los Reyes Católicos. Veinticinco muslimes partieron de Setenil en busca de un lugar donde levantar sus nuevas viviendas, después de solicitar a la reina doña Juana, que ya reinaba, el poder cobrar algunos arbitrios para sobrevivir. La reina accedió y les concedió la quinta parte de los montes de Setenil, con lo que marcharon complacidos y comenzaron a construir casas alrededor de un castillete situado en un alto, conocido por "El Castillón", muy cercano. Los setenileros sintieron temor de que algún día aquellos moros se multiplicaran y les pudiesen atacar, por lo que les obligaron a destruir lo construido sobre el cerro y trasladar su residencia al valle, lugar con menor posibilidad de defensa.
Los moros llegaban anualmente hasta las puertas de Setenil para cobrar la quinta parte de los montes, cuyo tributo tomó pronto el nombre de "el quinto de Alcalá". No les permitían entrar en la ciudadela y se les obligaba a marchar con un pie descalzo en señal de sumisión, lo que no molestaba poco a los árabes. Al cabo de los años prefirieron abrazar la religión católica (o simularon hacerlo), y se les permitió ya la entrada en Setenil, disfrutando de todos los derechos que la corona permitía a sus vasallos. Alcalá ha llevado a lo largo de la historia los apelativos "de Setenil", "de Ronda", "de la Vega", y a partir de 1770, "del Valle". Los gastos para la guerra con Portugal motivaron que el rey Felipe II vendiera múltiples derechos y franquezas a los nobles y poderosos de la época; entre estas ventas figuró el pueblo de Alcalá del Valle, enajenado a favor del Canónigo de Sevilla, Diego Bernuy, al que sucedieron los Marqueses de Benamejí. Un ejemplo claro de confraternidad entre sus vecinos es el de la compra de la jurisdicción a los Marqueses en el año 1770, autogobernándose a partir de entonces la villa cuando tantas otras, con mayor poderío económico, seguían gobernadas por sus señores. A principios del pasado siglo existió una comunidad de poblaciones entre Alcalá del Valle, Marbella, Ronda, y Setenil de las Bodegas para el disfrute en común de las tierras que componen sus términos municipales, por lo que el vulgo las llamó "las cuatro hermanas". Entre las viejas tradiciones de Alcalá figura la que hace remontar a principios del S.XVI: la aparición de su Virgen de Caños Santos. Todos los vecinos de la villa han escuchado alguna vez cómo el vecino Tello Pascual, en el año 1512, apacentando sus vacas en Valle-Hermoso, siguió a una de ellas que se acercaba a una vieja construcción abandonada. Cuando el pastor se aproximó al lugar, descubrió una gruta resplandeciente de luz y en su interior a la imagen. Cuando dio aviso a Olvera de su descubrimiento, tanto el clero como el Ayuntamiento hicieron trasladar la imagen a la ciudad, pero en tres ocasiones que se realiza el traslado se pierde la Señora y aparece nuevamente en el lugar donde la descubrió Tello Pascual. Cuando llegó a conocimiento del conde de Ureña el prestigioso descubrimiento, propuso al franciscano Fray Martín de las Cruces la erección de una Iglesia y convento de su Orden para veneración de la Virgen, lo que se verificó, creando un artístico cenobio barroco, del que sólo quedan los muros en que anidan las águilas y los cernícalos de la sierra, y dentro de los cuales se celebra anualmente una concurrida romería. Es muy interesante la Semana Santa de Alcalá, en parte copia de la de Setenil de las Bodegas, donde se efectuán representaciones simbólicas tales como la de "matar a Cristo" en la tarde del Viernes Santos, que se realiza dentro del Templo parroquial haciendo disparar una escopeta cargada de sal. Se aconseja al viajero que deguste en los distintos establecimientos las ricas "tapitas" que ofrecen los alcalareños, contemplen las preciosas vistas de los alrededores y disfruten de la agradable acogida que dispensan todos los vecinos a sus visitantes. ALGAR Es una de las más modernas poblaciones de la provincia de Cádiz, cuya capital dista 105 kilómetros. Está situada a 204 metros de altitud y su término lo compone una superficie de 26,900 kilómetros cuadrados. La población se acerca a los tres mil habitantes aproximadamente. Su nombre significa cueva, y es posible que esté fundamentado en las muchas que existen en su término, por otra parte interesantísimo en el terreno de estudios geológicos. Los fenómenos que en la era terciaria transformaron el relieve han dejado numerosos vestigios en la montaña y sedimentación a lo largo de todo el término municipal. Hay canteras de granito propias de la edad primaria, unidas a las rocas sedimentarias de origen más moderno como las calizas, las de cal hidratada o yeso y las tufaceas. La tierra alberiza, la arena, la cretácea y las de derrumbamiento, con las arcillosas, se encuentran formando una amalgama que llama la atención del geólogo. Merece ser estudiada la llamada "Vega Hundida", junto al manantial de Tempul, y el "Tajo del Ávila", roca de estructura caliza formada de una masa con estratificaciones, conservando las características del momento del fenómeno que la abrió para erguirse sola, abandonando su horizontalidad y tomando una vertical que admira por su altura, ya que tiene un grueso aproximado de 0,50 metros en la coronación, por una altura de unos 20 metros.
Su nombre primitivo fue el de Santa Maria de Guadalupe de Algar, situada en la falda de la colina denominada "Atalaya Bermeja", en virtud de real cédula concedida en 1773. Las tierras para la población se estableció en el reparto de veinticinco fanegas de tierra, una yunta de vacas y casa para cada uno de los noventa pobres de solemnidad que llegaron a reclutarse entre las poblaciones de Bornos, Lubrique, Vena ocas y Villaluenga del Rosario. Pero la historia siempre va ligada a la leyenda: se dice que don Domingo fundó la villa de Guadalupe al salvarse de un naufragio cuando volvía de Méjico a España. Su promesa en el momento del peligro fue la de fundar una población en lo más agreste que pudiese conocer. Los primitivos colonos fueron arrendatarios de una suerte de tierra por la que pagaban al fundador la octava parte de la cosecha y del producto del ganado. Está formada la población por una calle larga, llamada Real, de la que parten otras de menor importancia. Su plaza del Ayuntamiento ha sido remozada recientemente y se encuentra muy cuidada, con fuente central y jardines. La limitan la Casa Consistorial, la plaza de Abastos y la Iglesia Parroquial de Sta. Maria de Guadalupe, que guarda en su interior una imagen neogótica de su titular, Patrona de la Villa, de excelente factura artística. Algar fue una población muy castigada durante los sucesos del maquis y su serranía figuró entre los principales focos del contrabando de la posguerra . Aunque su principal riqueza estriba en la agricultura y la ganadería, en los últimos tiempos son numerosos los talleres de marroquinería . Es digna de ver la plaza de toros, y asistir a sus fiestas patronales que comienzan el día 8 de septiembre de cada año es muy recomendable. Su término confina al Norte y Este con los de Arcos y Jerez de la Frontera, y al Sur y Oeste con el río Majaceite y el de la primera ciudad citada. Son entidades de población pertenecientes a Algar las denominadas Benamejina, Carvajal y los Bujeos. ALGODONALES Se encuentra situada esta popular villa en los 36,54 grados de latitud Norte y 5,24 de longitud Oeste. Pertenece al partido judicial de Arcos de la frontera y dista de la capital 136 kilómetros. Alcanza una altitud de 368 metros y cuenta con una población de 6.500 habitantes. Su término municipal es muy accidentado y consta de 136 kilómetros cuadrados, limitando con los de Olvera, El Gastor, Zahara de la Sierra, Villamartin, Puerto Serrano y Morón de la Fra. Su población se sitúa al Nordeste de la provincia y en la falda de la Sierra de Lijar, asegurándose que su nombre proviene del árabe "al"-la y "cotón"-lanilla, con el plural formando a la castellana. El historiador Rodrigo Caro estima que Algodonales existió anteriormente a la época musulmana y, ante la invasión, sus vecinos huirían a las montañas, fundando Zahara de la Sierra, en la Sierra del Jaral. Se apoyaba su argumento en unos antiguos baños que aparecieron en el pueblo, aún cuando desconocía el posterior hallazgo de un cipo visigodo que sirve de protección a una esquina del templo parroquial.
A partir de la reconquista cristiana comienzan los dimes y diretes entre Algodonales y Zahara de la Sierra por cuestión de repoblación de la primera; pleito sonadísimo que no llegaría a terminar hasta después de la invasión napoleónica. Los zahareños llegaron a pretender a tal punto la no ocupación de las tierras de Algodonales que no permitían según sus ordenanzas, la permanencia de mujeres fuera de su recinto amurallado más que en los días comprendidos entre la festividad de San Juan Bautista y la de todos los Santos, con lo cual impedían nacimientos y asentamientos familiares en el pueblo que se pretendía crear. Pero los tiempos cambiaban poco a poco y el duque de Arcos daba luz verde a la erección de un templo parroquial el 11 de Febrero de 1619, ante el convencimiento de que Algodonales era ya un hecho. Los clérigos de Zahara, ante la nueva actitud del duque, secundan el apoyo y, aunque el pleito sigue, acogen la nueva parroquia, considerándola perteneciente a la de Sta. María de la Mesa de Zahara, pero unida a ella como una sola. En 1761 la Chancillería de Granada dicta sentencia a favor de la nueva población de Algodonales, erigiéndose a partir de entonces el edificio de la parroquia actual, sin duda uno de los más bellos templos del SABIH , construidos en la Sierra Gaditana, con artistas como Antonia Matías de Figueroa, Cristóbal Ramos, Diego Meléndez y otros de menor importancia, intervinieron en levantar y exornar este bellísimo templo barroco en el que se distingue la influencia del estilo colonial que transportó a las Indias el reinado de Carlos III. El arquitecto sevillano Pedro de Silva intervino también en su construcción y las líneas de su mano de la Puerta del Perdón, donde un caprichoso tímpano partido juega elegantemente con unas soñadas volutas.
En el retablo mayor, no os lo perdáis, figura una bellísima talla policromada de Santa Ana, que muy bien pudiera ser de Pablo Legot. Sea de quien fuere, no cabe duda de que estamos pasando un agradable rato en referirnos a esta imagen policromada que es, sin duda alguna, la más lograda de la alta Sierra de Cádiz. Creemos que proceda de la anterior parroquia (1619) y que, retocada, se colocase en ésta a raíz de su inauguración en 1784. Son interesantes las piezas de orfebrería que guarda la Parroquia, originales de Antonio y Nicolás de Guzman, Vicente Gargallo Alexandre, piezas mejicanas y una original custodia rococó. Pero la epopeya de Algodonales está escrita en la historia y en el recuerdo de sus vecinos, coincidiendo con la ocupación del pueblo por el general francés Marancín, el día 2 de mayo de 1810 . Consintieron sus moradores el incendio de la población antes de entregarse al invasor, perecieron en el desastre 239 personas y la mayor parte de los edificios. En la defensa de toda la Sierra de Cádiz se distinguió Gaspar Tardío, natural de Algodonales, en el que depositaron tanta confianza algunos particulares y órdenes religiosas que les entregaron cuantas alhajas y objetos de valor tenían para que les pusiese a salvo. Tal ocurrió con la custodia procesional de Arfe, perteneciente al convento de Jerónimos de Bornos, que fue entregada al guerrillero y ocultada en el tambor de cúpula de la parroquia de Algodonales, donde fue, desgraciadamente, encontrada por los franceses. La valentía de los pobladores de Algodonales, motivó que en el año 1817, se le concediese el título de villa, con asignación de 23.000 fanegas de tierra y total independencia de Zahara de la Sierra. El término está dedicado en su mayoría a olivares, sin descartar los cereales y huertas que producen ricos frutos, como recuerda el cantar:
" A Ronda se va por peros ,
Existe una antigua ermita denominada de la Concepción, fundada en los últimos años del siglo XVI, y otra de menor valor artístico, dedicada al culto de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Agregada a Algodonales está la pequeña aldea de la Muela, distante once kilómetros de la población, que tuvo su origen en el año 1606, coincidente con la fundación del convento carmelita del Juncal, que fue suprimido por la exclaustración de 1835. El clima es ideal: de 28 a 35 grados en verano, 10 a 15 en invierno y en las estaciones medias oscilando entre los 20 y 25 grados. Sus fiestas principales son las de Santiago en Julio y la festividad del Stmo. Corpus Cristi. Pero, no os marchéis de Algodonales sin probar los ricos dulces que los comercios os ofrecerán en la plaza, y sobre todo, la variedad de formas que utilizan los vecinos para el aliño de las aceitunas. Os aseguro que es una delicia el tapear con ellas en los numerosos y limpios bares de la villa. Recomiendo para almorzar bueno, bonito y barato RESTAURANTE SIERRA DE LIJAR. ¡!QUE LO PASÉIS BIEN!!.......
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