|
Tantas veces escuchado Joan Manuel Serrat, antes de escribir
esto encontraba tantas razones de por qué sí como excusas
buscaba de por qué no. Finalmente, decidí simplificar mi
pensamiento, hacerlo más lineal y asumir que escribiría
algo sin buscar grandes argumentos y sólo porque quería
hacerlo.
Ya conocerás de memoria, ya lo tendrás marcado en la experiencia,
esta actitud que tenemos a veces escuchantes, el público,
los que estamos abajo del escenario de querer que el que está ahí
arriba, iluminado por reflectores, amplificado por un micrófono,
sostenido en el aire por la música, que nos individualice y nos
distinga del resto, en una actitud infantil pero tan humana. Querer que
ese al que escuchamos desde hace tanto tiempo y del que conocemos su trabajo,
su vida y sus menjunges, también sepa lo mismo de nosotros,
que nos conozca de igual manera
Nunca he sido una fanática fan, de esas que escuchan
cada canción y la saben como propia. Sólo soy una
una
escuchante -y me gusta la palabra-. Una escuchante tranquila y paciente,
que he gustado tremendamente de algunas canciones tuyas así como
no llegué a comprender otras. Entre las que me estremecen, debo
contarte que siempre lloro un poco cuando escucho Pueblo Blanco.
Es la canción que habla del pueblo blanco de mi abuela
Isabel, de Andalucía. Del pueblo que alguna vez vio morir a familias
enteras en manos de una fiebre implacable-¿era el tifus?-.
El pueblo que se quedaba sin hombres cada vez que se acercaba una guerra,
no porque fueran a pelear si no porque preferían irse lejos antes
que morir bajo una bala. Algunos, como mi bisabuelo Joaquín, venían
a estas pampas duras. El pueblo que luego despedía a familias enteras
que iban al reencuentro de esos hombres, ya atrapados en la extensa llanura
de un país lejano, quién sabe si para volver a abrazarlos
o para ver con ojos propios el mar, siempre tan cercano pero tan ajeno.
También podría contarte de otras canciones, como Aquellas
pequeñas cosas, La Saeta
. Pero ahora mismo
me estoy preguntando si esta carta la estoy escribiendo al cantante popular
y reconocido en más de un continente, o al ser humano que ha tenido
como oficio de vida el cantar pero que, cuando sólo habla, sus
palabras se iluminan y se hacen certeras aún sin música
y sin escenario.
Ah, sí. Ahora reconozco cuál es la razón que me llevó
a escribirte. Fue un reportaje que te hizo Lalo Mir, y que lo transmitieron
por Radio Mitre. Fue lindo, muy sincero. Hablaron del mundo, de los países,
de los pueblos, de las personas. Como si hubieran estado conversando dentro
de la canasta de un globo aerostático en descenso, los temas generales
y más abstractos, como grandes paisajes lejanos fueron acercándose,
definiéndose, separándose en colores, más visibles
pero más pequeños, los habitantes, las personas, los individuos.
Me mostró que la persona que estaba hablando transitaba por un
camino de aplausos a la par del cantante. Y por eso quise escribirte.
Muchas gracias, por tus canciones, por tus palabras y por tu ser humano.
|