Serrat
Autora: Elizabeth Pstyga

 
Google

Tantas veces escuchado Joan Manuel Serrat, antes de escribir esto encontraba tantas razones de por qué sí como excusas buscaba de por qué no. Finalmente, decidí simplificar mi pensamiento, hacerlo más lineal y asumir que escribiría algo sin buscar grandes argumentos y sólo porque quería hacerlo.


Ya conocerás de memoria, ya lo tendrás marcado en la experiencia, esta actitud que tenemos a veces “escuchantes”, el público, los que estamos abajo del escenario de querer que el que está ahí arriba, iluminado por reflectores, amplificado por un micrófono, sostenido en el aire por la música, que nos individualice y nos distinga del resto, en una actitud infantil pero tan humana. Querer que ese al que escuchamos desde hace tanto tiempo y del que conocemos su trabajo, su vida y sus “menjunges”, también sepa lo mismo de nosotros, que nos conozca de igual manera…


Nunca he sido una fanática “fan”, de esas que escuchan cada canción y la saben como propia. Sólo soy una…una escuchante -y me gusta la palabra-. Una escuchante tranquila y paciente, que he gustado tremendamente de algunas canciones tuyas así como no llegué a comprender otras. Entre las que me estremecen, debo contarte que siempre lloro un poco cuando escucho “Pueblo Blanco”. Es la canción que habla del “pueblo blanco” de mi abuela Isabel, de Andalucía. Del pueblo que alguna vez vio morir a familias enteras en manos de una “fiebre implacable”-¿era el tifus?-. El pueblo que se quedaba sin hombres cada vez que se acercaba una guerra, no porque fueran a pelear si no porque preferían irse lejos antes que morir bajo una bala. Algunos, como mi bisabuelo Joaquín, venían a estas pampas duras. El pueblo que luego despedía a familias enteras que iban al reencuentro de esos hombres, ya atrapados en la extensa llanura de un país lejano, quién sabe si para volver a abrazarlos o para ver con ojos propios el mar, siempre tan cercano pero tan ajeno.


También podría contarte de otras canciones, como “Aquellas pequeñas cosas”, “La Saeta”…. Pero ahora mismo me estoy preguntando si esta carta la estoy escribiendo al cantante popular y reconocido en más de un continente, o al ser humano que ha tenido como oficio de vida el cantar pero que, cuando sólo habla, sus palabras se iluminan y se hacen certeras aún sin música y sin escenario.


Ah, sí. Ahora reconozco cuál es la razón que me llevó a escribirte. Fue un reportaje que te hizo Lalo Mir, y que lo transmitieron por Radio Mitre. Fue lindo, muy sincero. Hablaron del mundo, de los países, de los pueblos, de las personas. Como si hubieran estado conversando dentro de la canasta de un globo aerostático en descenso, los temas generales y más abstractos, como grandes paisajes lejanos fueron acercándose, definiéndose, separándose en colores, más visibles pero más pequeños, los habitantes, las personas, los individuos. Me mostró que la persona que estaba hablando transitaba por un camino de aplausos a la par del cantante. Y por eso quise escribirte.


Muchas gracias, por tus canciones, por tus palabras y por tu ser humano.