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Llega el mes de diciembre y uno comienza a vivir el clima alegre de las fiestas. ¿Pero de que manera? Con Papás Noel que nos anuncian la grande de fin de año de tal o cual lotería, los regalos que uno está obligado a hacer pero comprados en tal o cual tienda o shopping y los brindis que unen a la familia siempre y cuando tome determinado champán o sidra o vino. Entonces uno va cayendo lentamente en una confusión de valores; se sobrestima el aspecto superfluo o secundario de la celebración (el festejo): las comidas, las BEBIDAS, los cohetes, las loterías y se olvida el verdadero motivo por el que el cristianismo festeja: El nacimiento de Cristo. Y Cristo no vino al mundo para vender loterías, tomar champán, comer pan dulce, venderle cohetes a los chicos, ni siquiera para pensar en sí mismo. Todo lo contrario, vino para compartir su pan con los que no tienen, compartir su tiempo con el que está solo, comprometer su salud con los enfermos, aún en las peores enfermedades, en una palabra, vino a brindar un mensaje de solidaridad, que es la forma de amor despojado de orgullo o interés particular: la forma más pura de amor. Dar sin pedir Yo me alegro de que la Navidad siga siendo respetada en el almanaque y que la mayoría de la gente de alguna manera se comporte o piense en hacerlo mejor porque así esta la posibilidad de rescatar los verdaderos valores y poner en su lugar a lo secundario o anecdótico. Si educamos a nuestros hijos para que sean primero solidarios antes que famosos, primero dignos antes que ricos, primero sanos antes que campeones anabólicos, primero respetuosos de la familia antes que vivir en una cápsula individualista, estaremos haciendo algo. Pero debemos dar el ejemplo, primero nuestro ejemplo. Yo recuerdo cuando era chico que si uno hacía una maldad había un latiguillo que decía: -Dios te va a castigar- ¿Hoy quién evoca a Dios? ¿Quién dice "si Dios lo permite, si Dios quiere" ¿No es momento de desterrar la soberbia y reconocer que Dios todo lo puede y todo lo permite? Y no reconocerlo o esperarlo únicamente cuando un ser querido se tiene que operar o esta pasando un mal momento. Yo creo que el mensaje de Cristo está más vigente que nunca; despojémonos de nuestro egoísmo salvaje y pensemos en los demás, relacionémonos con los otros a través del amor y no del interés. Si podemos ver que más allá de nuestras necesidades está el sufrimiento del otro y lo ayudamos, estaremos viviendo -los creyentes- en el espíritu de Cristo y los no creyentes sentirán que están construyendo un mundo mejor, más justo, que el futuro es posible y la vida merece ser vivida. Recuerde: Amaos los unos a los otros, que con amor es imposible hacer algo con maldad, esa es la ventaja del amor, cualquiera puede generarlo y acerca, no distancia. ¡... Ah! y ¡Feliz Navidad!
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