|
En cualquier lugar, en cualquier momento, conversando
en el café, en una reunión no necesariamente aburrida, a
solas o con un circunstancial confidente, uno siente de pronto como si
se fuera metiendo dentro de una botella. Paulatinamente se van apagando
los sonidos, las palabras, los sentimientos y uno sin querer esta solo.
Es una especie de manto que como un monstruo oscuro y vivo nos cubre de
pronto. Sin saber de dónde viene y porque, cada vez que nos atrapa
nos mueve resortes muy íntimos que nos hacen pensar alternativamente
en la vida y la muerte, desnudando nuestros temores y esperanzas.
Y después, a medida que vamos saliendo, como siempre, de ese estado,
vamos incorporando nuevamente nuestros afectos, porque no es necesario
no tener a nadie para estar solo, ésta es la soledad de los que
no están solos.
Mientras me baño disfrutando a cuenta de los momentos que pasaré
amando, enmudezco de pronto porque sé que está latente en
mí mi propia soledad, ante la cual se estrellará el castillo
de felicidad que haya construido y que con resignación volveré
a construir.
La vida es una sucesión de alegrías y penas y creo que se
sienten más intensamente las amarguras. Y es ahí donde nuestro
solitario sabe que sólo cuenta consigo mismo para salir de la botella.
Porque por más que se apele a los amigos o a los recuerdos, esa
llovizna fría, pegajosa y confusa, se nos adhiere a la piel de
arriba abajo y así estamos por minutos, ¿horas? Los dos
en uno solo, enfrentados, la soledad y uno mismo.
Yo he intentado muchas veces deshacerme de ella, ¿pero cómo?
¿Cuál es su origen? ¿De qué recóndito
lugar de mi alma procede? Solo sé que estará conmigo siempre
y aunque me gustaría perderla en algún recodo de mi vida,
lo confieso, sé que es imposible, por eso hay que acostumbrarse
a convivir, a amar, compartir, sabiendo que repentinamente nos atacará
y que mientras nos acompañe, estaremos muertos para los demás,
sólo estaremos con ella, solo estaremos solos.
Es probable que todos llevemos esa carga, concientes o no, por eso creo
descubrir -a veces- a alguien atrapado en sus redes: Una mirada perdida
en medio de una discusión, un gesto ausente frente a un semáforo
que ya cambió de color, el aire indiferente de una muchacha frente
a una declaración de amor. Yo lo sé y como yo, debe haber
algunos más, pero los otros, los que no saben de esto ¿Cómo
explicarles?
¿Cómo podría decirle a un amigo que mientras cree
estar conmigo, sólo hay frente suyo un maniquí, con aserrín
en la cabeza y estopa en el corazón? Cómo gritarle: ¡Estoy
Solo!... sin destruir tal vez, esa amistad.
PD/ "¿Cuánto tarda la mosca atrapada en la telaraña
en darse cuenta que su resistencia es inútil?
|